Cargos y oficios
Industrial y político republicano.
Trayectoria
Se hace necesaria una breve contextualización para el lector del siglo XXI. Se trata de un bilbaíno excepcional, pero de quien nunca se habla o con medias palabras. Ha sido castigado con el olvido porque desde su juventud, al paso del siglo XIX al XX, se declaraba en voz alta republicano, liberal progresista, materialista, y racionalmente, ateo anticlerical y antimilitarista. ¿Un anarquista, un bohemio sin techo? En absoluto, un hombre de orden y sumamente trabajador y honesto.
Titulado profesor mercantil en el Instituto de Bilbao, el joven republicano y socio de «El Sitio» se acompañó de sus amigos escolares para liberar sus «impulsos». Formaban parte de una «Asociación de los 100» nacionalistas «puros», con el objetivo de derrocar el régimen monárquico centralista y conservador de la Constitución de 1876, «la de Cánovas». Unos muchachos que se carteaban con los héroes independentistas de Cuba y Filipinas… La etapa culminó rechazando el conservadurismo, adoptando el Progresismo y formando el Partido Republicano de Bilbao junto con sus amigos Meabe, Madinabeitia, Linacero, Larrea, etc., los primeros «izquierdistas vascos». En 1917 ganaron las elecciones municipales y Luis Aranguren, segundo en votos, fue teniente alcalde de Arana, relevando a su amigo alcalde en múltiples funciones. Los republicanos contaban con el apoyo económico de Horacio Echevarrieta, hijo de Cosme (los millonarios).
Hoy en día, las biografías del millonario Horacio Echevarrieta evitan señalar que su joven apoderado Aranguren gestionaba y administraba sus incontables negocios (cuando no los creaba). Es fácil comprender el silencio que oculta a los vascos la personalidad de Luis Aranguren. La mayoría política conservadora e integrista de Bizkaia y Bilbao, en su tiempo como en la actualidad, solo puede apagar la luz que desprende el «hombre de acción», muy inteligente y observador (léanse sus Memorias de un exilado vasco), viajero por Europa, trilingüe, animoso y optimista.
Con fina ironía londinense se reía del snobismo de los nuevos ricos de 1920 y sus fijaciones: la «distinción personal», las «relaciones nobiliarias» y bromeaba del poder y riquezas inmensas de la santa Iglesia y sus órdenes religiosas, mientras la mayor parte de la población española vivía y moría analfabeta y en la miseria absoluta. Para los católicos, la miseria era «voluntad de Dios» y su consuegra Pepita Barrutieta, hija de carlistas, mi abuela paterna, le llamaba «Lusifer», desde la «cultura política» del integrismo vasco: como a Pío Baroja, le veía cuernos, rabo y tenedor.
Sostenía su aparato crítico ante un viandante, un ministro o la reina Victoria Eugenia, siempre con un lenguaje liberal, crítico, alternativo y respetuoso, manera de ser que le hacía extraordinariamente respetado por algunos. La «prueba del nueve» de su honestidad fue que Abd-el-Krim, después de sufrir durante años las falsas promesas de los políticos madrileños de turno, cuando se llegó a redactar unas paces aceptables, exigió la presencia y firma de Luis Aranguren como aval de cumplimiento y sinceridad de los términos… No preguntó el lúcido marroquí por los populares patriotas Alfonso XIII, el general Miguel Primo de Rivera, etc., solo fiaba de los vascos Aranguren y su patrón Echevarrieta.
Nos dejó sus Memorias… con categorías de testimonio vital y testamento político, evocando desde la dedicatoria el mensaje valeroso de los Liberales bilbaínos de El Sitio: «No los lloréis, imitadles». Lema esculpido en el monumento del cementerio de Mallona, donde se dio sepultura a muchos defensores liberales de la villa: fue destruido por los antidemócratas bilbaínos (tradicionalistas) que promoverían la rebelión contra la Segunda República.
Su personalidad humana y profesional queda reflejada en el libro, junto con facetas de la Historia de Bilbao, Madrid y España. Durante las tres primeras décadas del siglo XX. Aranguren, el apoderado de Echevarrieta, era un emprendedor y gestor de primera categoría, con grandes dosis de inteligencia, curiosidad y capacidad de descripción. De su juventud en Bilbao nos ha dejado unos cuadros excelentes de la vida cotidiana en Siete Calles y el primer Ensanche; por ejemplo, un aguafuerte de las sirgueras, las mujeres miserables que arrastraban por los caminos de las orillas del Nervión las gabarras cargadas, contracorriente… O del Madrid insustancial y la ineptitud administrativa para concluir la flamante Gran Vía, hasta que acordaron la obra a Luis Aranguren.
Un aspecto profundo de su personalidad progresista y positiva se pone de relieve en la lectura de sus Memorias… que sostienen la misma frescura y vitalidad rossiniana en las primeras y últimas páginas del libro. Al comienzo de su vida detalla la vida feliz en el valle de Orozko y en el caserío de sus abuelos, donde tuvo que refugiarse su madre viuda con los niños, él y su hermana (la madre del filósofo López Aranguren), en donde sus sentidos se abrieron a la naturaleza. Pues bien, en las páginas finales, el setentón Luis Aranguren describe con el mismo espíritu curioso y gozoso de su infancia los territorios inmensos de Venezuela, subyugado por la grandeza de la naturaleza y soñando el porvenir espléndido que aguardaba a aquella nación, si no tenía la desgracia de caer en manos de algunos sinvergüenzas…
Obras
Memorias de un exiliado vasco, México: Editorial Vasca, 1957. Reed. Bilbao: Ayuntamiento de Bilbao, 2010.
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