Cargos y oficios
Historiador y abogado
Trayectoria
Paul Labrouche nació en Bayona en 1858 y murió en esa misma ciudad en 1921. Hijo de una antigua familia de Bayona, estudió en el colegio Saint-Louis de Gonzague y después en París, de la mano de los jesuitas. Se licenció en Derecho. Aunque se dio de alta en el colegio de abogados, lo cierto es que pleiteó poco. Desde muy joven fue un asiduo montañero y miembro activo del Club Alpino, aunque aquí no citaremos los artículos que escribió sobre esa actividad. Tras cursar Derecho, se interesó por la historia y preparó su ingreso en la famosa École National des Chartes, en la que fue admitido en 1882. Escribió una tesis —no publicada— de la promoción de 1887, sobre la Baja Navarra y obtuvo el título de archivero-paleógrafo. Antes de elaborar su tesis había desempeñado un destacado papel en la creación de dos revistas, en 1883: la Revue des Basses-Pyrénées et des Landes, dedicada sobre todo a la literatura, y la Revue de Béarn, más orientada hacia la historia.
Debido a sus actividades profesionales y a sus nombramientos, gran parte de su obra no versa sobre Vasconia. Al haber sido nombrado archivero de los Altos Pirineos en Tarbes, realizó un gran trabajo de inventario. Tras retirarse a Bayona, se puso a trabajar, ya tardíamente, en la documentación relativa al País Vasco, en particular sobre los papeles de Arnaud Oihenart, que había conseguido gracias a un descendiente del mismo de la familia Brancion.
Aunque su tesis no fue publicada, conocemos el contenido de su investigación por su proyecto de tesis, una especie de plan que el doctorando debía presentar bastante desarrollado antes de su defensa. La École National des Chartes, publicaba cada año los proyectos de las tesis de los alumnos de cada promoción. La tesis de Paul Labrouche se titulaba: États souverains de Basse-Navarre. xviè siècle. Se citaba al autor como abogado. En la introducción, Labrouche insistía en la fecha del edicto de unión de 1620, que en su opinión partió en dos la historia de los estados de la Baja Navarra, una fecha que el autor no rebasó en su trabajo. En el siglo xvii se eliminó la cancillería y se abandonó la lengua gascona en los actos de la Baja Navarra. El autor señala que utilizó los fondos de Oihenart y los de los archivos de Pau. Describe la organización de la Baja Navarra en «países» (valles) conocidos, pero presenta estas divisiones como de tipo federativo, meramente administrativas que no se corresponden exactamente con las divisiones judiciales. Se trata de los siguientes países: Arberoue/Donamartiri, Baïgorry/Baigorri, Cize/Garazi, Irissary/Irisarri, Iholdy/Iholdi, Armendaritz, Mixe/Amikuze, Ossès/Ortzaize, Ostabaret/Oztibarre; las cinco villas: Garris/Garrüze, Labastide-Clairence/Bastida, Larceveau/Larzabale, Saint-Jean-Pied-de-Port/Donibane Garazi, Saint-Palais/Donapaleu; y las tres mandes (mandas) del País de Mixe: Ahetze, Barhoue, Outre-Bidouze. El autor discute las hipótesis sobre el origen de los primeros estados en Navarra en 1202, 1277, 1255 y 1385 y en la Baja Navarra en 1523 en Saint-Palais/Donapaleu. Labrouche demuestra empatía con su tema y habla de la «perfecta organización» de los estados de la Baja Navarra y explica su estructura, formada por el clero (el obispo de Dax forma parte de él), la nobleza en un país alodial, no feudal, según Labrouche, y el tercer estado que representa a cada ciudad y país con dos procuradores para cada uno. Las sesiones eran bienales o trienales, y más tarde anuales; solían celebrarse en mayo y septiembre, a veces en un lugar llamado Cap de la Caussade. Labrouche describe cómo se desarrollaban estos estados (convocatorias, presidencia, consejo, síndico, entradas, representantes, emolumentos). Entre sus actos, se citan las peticiones y reprimendas, las interlocutorias (es decir, las respuestas del presidente), su publicación, su ejecución y su conservación. Hay un capítulo entero dedicado a las atribuciones de los estados, desde la agricultura, el comercio, los cultos, las finanzas hasta la guerra, la policía y las obras públicas. Cabe señalar que en el artículo «Policía», los tres puntos tratados son los agotes, los gitanos y los brujos. Además, los apéndices de la tesis están dedicados precisamente a los agotes y los brujos.
Manex Goyenetche señala que con Paul Labrouche podemos ver en la producción historiográfica el inicio de la llegada de profesionales que cuentan con una sólida formación inicial. Labrouche muestra el interés de una erudición historiográfica basada en la ciencia, en la que la historia suele pedir ayuda a la erudición y en la que el documento original apoya con su autoridad hechos ya conocidos o sospechados. En otras palabras, no se puede clasificar a Labrouche entre aquellos para los que la historia es una afición, como puede ocurrir con algunos nobles y terratenientes de la época.
Su posición profesional le hacía muy sensible a la situación de los archivos, tanto los del suyo como los de las ciudades vecinas. Defendía el papel crucial de estos archivos para conocer el pasado de un país y también para asentar su futuro. En este sentido, protestó y avisó de las muy malas condiciones materiales en las que se conservaban los archivos. Hay que decir que no faltaron incendios que desgraciadamente le dieron la razón. En un artículo de 1909 hizo una valoración del que destruyó los archivos del País Vasco en Bayona, en 1889, en el siniestro que afectó al ayuntamiento. El incendio no fue una sorpresa total y el tono de Labrouche fue duro, censurando la impericia de funcionarios y concejales. Los archivos habían sido trasladados finalmente al ayuntamiento, y Dulaurens, otro profesional concienzudo, había realizado una buena clasificación de ellos, aunque a veces sumaria debido al plan impuesto por las autoridades ministeriales. De los 1.971 legajos relativos a los archivos antiguos, 318 fueron presa de las llamas. También se quemaron decenas de objetos de los archivos modernos, así como parte de los archivos de Saint-Esprit que estaban depositados en el mismo lugar. De los 19.000 volúmenes que existían en la biblioteca, se perdieron más de 14.000. Se quemaron una gran parte de los animales y colecciones del museo de historia natural, incluidos cientos de aves, mamíferos, 3.000 insectos, etc. Labrouche explicó que el mismo drama se había producido en Tarbes, Foix, Pau y Perpiñán, lo que suponía demasiado para un espacio pirenaico limitado, y reprochó al Estado que no prestara atención a los archivos, no sin dejar de ver en ello cierto empeño en hacer desaparecer sobre todo los documentos de la época de la Revolución francesa y de la época moderna. La crítica debe entenderse, sin duda, en su contexto político. Labrouche se quejaba: «Bayona inventa (!) colocar sus archivos en la cúspide de su teatro: naturalmente, arden un buen día y toda la historia de la ciudad en el siglo xix queda aniquilada».
El euskera no era totalmente desconocido para Labrouche, aunque este campo lo abordó tardíamente. En su artículo de 1912 sobre el uso del euskera en las actas labortanas, Paul Labrouche hace sociolingüística, anticipándose a su tiempo. Se basa en una documentación relativa a la casa de Sainte-Marie, situada no lejos de Bayona, cerca del Nive/Errobi y de Proudines, de la que recuerda un famoso incidente según el cual, en 1343, unos caballeros labortanos fueron atados a los pilotes del puente por las tropas de Pès de Puyane y murieron ahogados al subir la marea, que según ellos no se adentraba tan lejos en Lapurdi. La historia es casi mitológica o etiológica en la noción de frontera. Más pedestres, los archivos de la casa Sainte-Marie proporcionan un documento seguro de 1591 o 1581 en el que se indica: «Explicándoselo en francés y en euskera». En consecuencia, el acta está firmada por un agente judicial que había venido de Bayona en una tillole, una antigua chalupa bayonesa; el marinero que le llevó hizo de testigo. La misma precisión sociolingüística sobre la necesidad de leer el acta en francés y en euskera se encuentra en otro documento de 1720. Labrouche ve en ello, con razón, un reflejo del hecho de que el euskera era la lengua cotidiana de muchos habitantes a las mismas puertas de Bayona. A este expediente hay que sumarle la espinosa cuestión del contacto de los idiomas en las zonas urbanas o periurbanas y prefigura la noción de diglosia.
Obras
Inventaire sommaire des archives départementales antérieures à 1790, rédigé par Charles Durier et Paul Labrouche,… Hautes-Pyrénées. Archives ecclésiastiques. Séries G et H, Tarbes: Imp. de Larrieu, 1892.
Inventaire sommaire des archives départementales antérieures à 1790, rédigé par Charles Durier, Paul Labrouche et Maurice Lanore,… Hautes-Pyrénées. Archives civiles. Série A (19 art.) et B (art. 1-426), t. I, Tarbes: Imp. de Larrieu, 1904.
«La langue basque sous le ministre Waldeck-Rousseau», Le Courrier, Bayonne, 6 de junio de 1904.
«Archives d’Oihenart. Documents sur les Gramont d’Asté», Bulletin de la Société Académique des Hautes-Pyrénées, t. VI (1906-1909), pp. 143-144.
Incendies d’archives pyrénéennes. Foix, Tarbes, Bayonne, Perpignan, Pau, extracto del Bulletin de la Société Académique des Hautes-Pyrénées, Tarbes: Croharé, 1909, 49 pp.
«L’emploi du basque dans les actes labourdins», RIEV, VI (1912), pp. 285-291.
Bibliografía
Couderec, C., «Paul Labrouche (1858-1921)», Bibliothèque de l’École des Chartes, 83 (1922), pp. 459-461.
Goyenetche, J., Les Basques et leur histoire. Mythes et réalités, Donostia-Bayonne: -Elkar, 1992.
Fuentes. École nationale des thèses: Positions des thèses soutenues par les élèves de la promotion de 1887 pour obtenir le diplôme d’archiviste-paléographe, Saint-Omer: Imp. du Mémorial Artésien, 1887, 134 pp.





