Cargos y oficios
Eclesiástico e historiador
Trayectoria
Francisco Laphitz, también llamado Frantxua, aunque nació en la localidad navarra de Arizkun, está considerado como un escritor y clérigo de la Baja Navarra, ya que creció en Irissarry/Irisarri, tierra natal de su padre, el cual había vivido durante un tiempo en Arizkun, donde contrajo matrimonio con María Josefa Arriaga. La partida de bautismo firmada por el párroco Tomás Iribarren indica que Francisco nació en Navarra, pero que sus padres se mudaron de inmediato a Irissarry.
Tras estudiar en el seminario de Ustaritz, Francisco fue nombrado párroco de Saint-Étienne de Baigorry/Baigorri y, más tarde, de Alçay/Altzai, ingresando luego en la congregación betharramita fundada por Michel Garicoits, originario también de la Baja Navarra, partiendo a Sudamérica como misionero, donde murió en 1905. Dedicó su vida esencialmente a labores religiosas, junto con los numerosos vascos que se encontraban en Sudamérica, pero actuó también como intermediario en los conflictos que azotaron Paraguay. Contribuyó a la creación de una importante Casa Vasca cerca de Buenos Aires y para ello obtuvo la ayuda de las religiosas de la congregación de las Hermanas Siervas de María de Anglet/Angelu. Según Álvarez Gila, Francisco Laphitz fue, desde el punto de vista religioso, un pilar de la presencia vasca en Sudamérica. Mandó llamar a monjas de Anglet/Angelu para que dirigieran varios establecimientos de carácter social.
Su obra más importante data de 1867 y fue publicada en Bayona en su juventud, antes de que partiera a las Américas. Es un libro de vocación pastoral que trata de la vida de los dos santos vascos, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, como su título indica: Bi saindu hescualdunen bizia: San Iñazio Loiolacoarena eta San Frantzizko Zabierrecoarena.
El libro no tiene pretensiones históricas; la intención de Laphitz no es, en modo alguno, desempolvar la biografía de estas dos figuras, ni desarrollar ningún punto de vista teórico o teológico. Entre las fuentes a las que Laphitz recurre están Ribaneidera y Bouhours, y sobre todo Daurignac, especialistas en los dos santos recientemente citados y en la historia de los jesuitas. Laphitz construye un relato que pueda avivar la fe. El libro destaca sobre todo por la excelente calidad del lenguaje, expresado en el dialecto de la Baja Navarra, que el autor domina a la perfección. Así resume Ibon Sarasola sus cualidades: «Un dotado prosista con sentido del drama y de las situaciones» (Sarasola, 1971: 116). Del mismo modo, Patri Urkizu et allii la ven como «una obra escrita con especial habilidad y destreza, con el desarrollo dramático de una pluma concisa y directa» (Urkizu, 2000: 346). También Pello Salaburu se deshace en halagos al referirse a Laphitz: «Nos mostró la facilidad y la claridad de un escritor confirmado». Pello Salaburu encontró el estilo de Laphitz tan convincente que lo presentó como modelo. En su notable artículo sobre su compatriota de Arizkun, Pello Salaburu examina muchos de los giros lingüísticos de Laphitz y hace una especie de reivindicación ante la visión de una lengua demasiado encorsetada: «En mi opinión, esta debería ser la referencia para toda persona que quiera escribir en euskera» (Salaburu, 2005). Esta ensalzada calidad resulta tanto más sorprendente habida cuenta de que Laphitz solo escribió un libro.
Estos elogios se refieren exclusivamente a la forma, no al fondo histórico, aunque también merezca ser destacado.
El lugar que ocupa Ignacio de Loyola en la religión y en la cultura vasca es de sobra conocido. También otros escritores vascos se han ocupado de la biografía de San Ignacio; es el caso, por ejemplo, de Kardaberaz (1901), de Gregorio de Arrue (1866) y de José I. Arana (1872). La obra de Pedro de Ribaneidera fue traducida al euskera por José Goenaga en 1886.
La obra de Laphitz se divide en cinco partes: San Ignacio mundano y soldado, San Ignacio pobre y peregrino, San Ignacio estudiante y profesor, San Ignacio fundador de la Compañía de Jesús, y la confesión y las obras de San Francisco Javier. La propia estructura pone de manifiesto un evidente desequilibrio a favor de Ignacio de Loyola. Desde el principio del libro, Laphitz recurre con frecuencia a los diálogos de gran viveza. Empleó un estilo narrativo inusual en la literatura vasca de la época. Sin duda, su obra encaja más en la novela histórica y en la hagiografía que en el estudio histórico. El libro fue traducido al francés por Mayi Milhou.
Obras
Bi saindu hescualdunen bizia: san Inazio Loiolacoarena eta san Franzizko Zabierecoarena, Bayonan: Lamaignère alargunaren imprimerian, 1867, 252 pp. (reed. facs. por Hordago, Lur, en 1978; reeditado en la colección Klasikoak en 1986). Se puede consultar el libro en la página web Armiarma.
La vie de deux saints basques: saint Ignace de Loyola et Saint-François Xavier, traducción de Mayi Milhou, Hendaya: Laffontan, 2002, 96 pp.
Bibliografía
Álvarez Gila, O., La contribución europea a la iglesia en el Río de la Plata: la presencia religiosa vasca (1835-1965), Tesis, Bilbao: Universidad del País Vasco, 1997.
— Frantzisko Laphitz (1832-1905), Gasteiz-Vitoria: Eusko Jaurlaritza, Bidegileak 39, 2005, 28 pp.
Charriton, P., «Frantzisko Laphitz-Arriadaren bizia eta lanak», Euskera, 2, t. 50 (2.ª época) (2005), pp. 527-532.
Salaburu, P., «Euskara batua eta euskara ereduak», Euskera, 2, t. 50 (2.ª época) (2005), pp. 533-546.
Sarasola, I., Euskal literaturaren historia, Lur, 1971, 152 pp.
Urquizu, P.; Olaciregui, M. J.; Altzibar, X.; Aldecoa, I.; García, J. R., y Chueca, J., Historia de la literatura vasca, Madrid, UNED, 2000, 686 pp.
Villasante, L., Historia de la literatura vasca, 1979, Arantzazu: Aránzazu, 490 pp.





