Cargos y oficios
Cronista y escritor
Trayectoria
Hijo de Manuel Ruperto de Trueba, natural del concejo de Sopuerta, y de Hipólita Marta de la Quintana, procedente de Montellano, campesinos muy pobres. Poco después de nacer la familia se trasladó al barrio de Santa Gadea, en Sopuerta, donde Antonio comenzó sus estudios, que tuvo que abandonar muy pronto para ayudar en las labores del campo y trabajar en las cercanas minas de los Montes de Triano. A los quince años (1834) marchó a Madrid para evitar ser alistado por los carlistas en la Primera Guerra Carlista. Empleado en la capital en la ferretería de su tío José Vicente de la Quintana, pasó diez años como dependiente, pero aprovechó el tiempo para instruirse de forma autodidacta en su verdadera vocación, la literatura, leyendo a los románticos españoles (Larra, Espronceda, Zorrilla, Mesonero Romanos…).
Varios son los especialistas que mantienen que su afición por las letras le llegó de chaval, cuando su padre le traía romances de ciego de las ferias que visitaba, o él las oía en las romerías de la comarca y con ellas complementaba las escasas lecturas disponibles en su casa: el catecismo del padre Astete, el Año Cristiano y el Quijote. Cabe suponer que no menor sería la influencia de su tío Manuel de Quintana, «el vasco», autor de coplas y romances.
En 1845 logró colocarse como escribiente en el Ayuntamiento de Madrid, lo que le proporciona más tiempo para dedicarse a la literatura. En 1851 publica su primer libro, El libro de los cantares, versos de temas variopintos en lo que se entremezcla lo popular y lo oral y que le proporcionan cierto nombre, pues se hicieron varias ediciones y se tradujo al alemán (1860), al catalán (1862), al italiano y otros idiomas europeos. De esta obra suele decirse que influyó en los Cantares gallegos de Rosalía de Castro. Ese mismo año publicó también una novela histórica, El campeador.
En 1853 se colocó en la redacción de La Correspondencia de España (publicación que tiraba más de 25.000 ejemplares), donde permaneció hasta 1862. También colaboró en esos años con poemas, cuentos y otros escritos en El Museo Universal, Correo de la Moda y La Ilustración Española y Americana. Y comenzó su pasión por las publicaciones infantiles algo más tarde, con obras como Cuentos populares (1853), Cuentos de color rosa (1859), Las hijas del Cid (1859) y Cuentos campesinos (1860), entre otras.
Durante estos años madrileños estableció amistad con escritores como Antonio Arnao, Luis de Eguílaz, Vicente Barrantes, José Selgás, Carlos de Pravia y otros, con quienes participa en las tertulias del Café del Príncipe, las del Nuevo Café Suizo o las de la Esmeralda.
En 1859 contrajo matrimonio en Madrid con Teresa Prado, de la que nació su única hija, Ascensión Angelina Josefa María Marta Leoncia de Trueba y Prado (Madrid, 1860).
Debió de alcanzar ya cierto prestigio pues, aunque carecía de formación histórica alguna, en 1862 fue nombrado (a petición de Cándido González de Mendía y Antonio de Arguinzóniz) por las Juntas Generales de Bizkaia cronista y archivero del Señorío, por lo que se trasladó a Bilbao. Una de sus primeras acciones fue comenzar una historia de Bizkaia que, sin embargo, por los disturbios políticos del momento, no pudo concluir. Se quedó en Capítulos de un libro, sentidos y pensados viajando por las Provincias Vascongadas (1864). También en esta época escribió otros trabajos alternando la historia, la crónica política y la literatura, como son los titulados Defensa de un muerto atacado (los fueros) por el Excmo. Sr. D. Manuel Sánchez Silva (1865), La paloma y los halcones (1865), novela histórica ambientada en los tumultuosos tiempos medievales de las Guerras de Bandos, Cuentos de varios colores (1866), El libro a las montañas (1867) o Resumen descriptivo e histórico de la M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya (1872).
Desde un punto de vista literario, puede calificársele como un autor romántico, con una sensibilidad costumbrista cercana a las gentes rurales y el habla local, que apela a la descripción de la vida cotidiana y sus sentimientos, los dos pilares sobre los que descansa su obra. De hecho, se vinculó desde sus inicios al grupo de poetas influidos por el romanticismo alemán colaboradores de la revista El Correo de la Moda; más tarde, coincidiendo con Ramón Campoamor, buscó superar ese movimiento mostrando mayor interés por la cuestión nacional y social. De todos modos, nunca dejó de alternar la lírica con la novela histórica o la costumbrista, pasando por los cuentos infantiles. Es precisamente en la novela corta donde más destaca, con vivos retratos de las condiciones de la vida rural en Castilla o en el País Vasco, aspecto que también le aproximan a la Generación del 98, mientras que sus trabajos de leyendas suele considerarse lo peor de su producción.
En este sentido, su costumbrismo se explica como una reflexión melancólica y reivindicativa ante el impacto que suponía la incipiente pero imparable revolución industrial, que en Bilbao era ya una realidad. Esta suponía la desaparición de un modo de vida rural, económicamente agrario, socialmente tradicional y dotado de una serie de valores y tradiciones ahora amenazados. Por eso buscó inspiración en la literatura popular. Así, puede relacionarse con la obra y pensamiento de José Selgás, Vicente Barrantes, José María Pereda, Fernán Caballero o incluso Emilia Pardo Bazán.
Al comenzar la Segunda Guerra Carlista dimite de sus cargos en la Diputación de Bizkaia y vuelve a Madrid (1873), ya que la Diputación liberal le acusa de simpatía con el carlismo dada su acérrima defensa de los Fueros; tanto es así que él mismo es el encargado de redactar —en nombre de las tres provincias vascongadas— la petición al rey Alfonso XII para que se negara a sancionar la ley propuesta por el gobierno de Cánovas de Castillo para la definitiva abolición foral, petición que fue desoída. Con el final del conflicto y vuelto a Bilbao fue rehabilitado y nombrado padre de la provincia en 1876. Por su visión patriarcal y candorosa de la sociedad vasca tuvo, junto a Navarro Villoslada, Goizueta y Araquistáin, gran influencia en los llamados «euskalerriacos», la generación fuerista que vivió el final del viejo sistema foral en Euskal Herria.
En esta nueva etapa se multiplican sus colaboraciones en la prensa. Funda la sección literaria del diario fuerista intransigente El Noticiero Bilbaíno, que llegará a dirigir; también firma algunos artículos en Irurac-bat, en la Revista Euskara de Pamplona y, sobre todo, en La Ilustración Española y Americana. Además, continúa con su intensa labor literaria con obras dedicadas a distintas temáticas: historia, genealogía, literatura, leyendas, etcétera.
En 1883 enviudó y da comienzo su enfermedad, de la que buscó remedio en diferentes aguas medicinales. Murió en Bilbao el 10 de marzo de 1889, pobre, como vivió, a pesar de su larga trayectoria literaria. Según datos de la Biblioteca Nacional de España, dejó un total de 107 obras.
A su muerte no fueron pocos ni los actos de homenaje ni el deseo de la villa bilbaína por conservar su memoria, empezando por el propio ayuntamiento. En ellos participaron importantes personalidades de los siglos xix-xx, como Juan E. Delmas, José M.ª de Lizana, Carmelo de Echegaray, Miguel de Unamuno o Juan José de Lecanda, entre otros.
Y poco después de su muerte, en 1896, se levantó por suscripción pública un monumento escultórico obra de Mariano Benlliure en los Jardines de Albia de Bilbao, donde aún hoy continúa, frente a la iglesia de San Vicente de Abando, donde Antonio el de los Cantares fue enterrado.
También puede considerarse un homenaje póstumo el hecho de que desde 2019 el Ayuntamiento de Galdames esté consolidando y rehabilitando los restos de la vieja casa familiar de Montellano como parte de su patrimonio cultural.
Obras
Defensa de un muerto atacado (los fueros) por el Excmo. Sr. D. Manuel Sánchez Silva, Bilbao: Imp. y Litografía de Juan E. Delmas, 1865.
El libro de las montañas, Bilbao: Imprenta de Larombe, 1867.
Bosquejo de la organización social de Vizcaya, Bilbao: Juan E. Delmas Imp., 1870.
Cielo con nubecillas, recuerdo de la vida rural y familiar en Vizcaya, Madrid: A. Pérez Dubrull, 1871.
La familia cristiana, Madrid: A. Pérez Dubrull, 1871-1872.
Resumen descriptivo e histórico de la M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya, Bilbao: Imprenta litográfica y Librería de Juan E. Delmas, 1872.
Exposición dirigida a las Cortes de la nación por las Diputaciones de las Provincias Vascongadas en 16 de junio de 1876, Madrid: Infante, 1876.
Historia de dos almas, una negra y otra blanca, Madrid: A. de Carlos, 1876.
Curiosidades histórico-literarias de Vizcaya, Bilbao: Imprenta de C. Pérez, 1878.
Obras, Madrid: Antonio Romero, 1905-1914. 10 vols.
Bibliografía
Amores, M., Antonio Trueba y el cuento popular, Bilbao: Diputación Foral de Bizkaia, 1999.
— «Luchando contra la novela: los novelistas antinovelistas del siglo xix», España Contemporánea, vol. 16, núm. 1 (2003), pp. 77-98.
Caja de Ahorros Vizcaína, Centenario de Antonio Trueba, Bilbao: Caja de Ahorros Vizcaína, 1989.
Chacón Delgado, P. J., Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca, Bilbao: Atxular Atea, 2015.
Ereño Altuna, J. A., Antonio de Trueba: literatura, historia, política, Bilbao: ed. del autor, 1998.
— «A propósito de dos textos desconocidos de Antonio de Trueba», Letras de Deusto, 97 vol. 32 (2002), pp. 27-62.





