Cargos y oficios
Médico y cronista.
Trayectoria
De origen agramontés, fue testigo directo de la conquista e integración de Navarra por parte de Castilla a partir de 1512. Si bien sabemos poco de su vida, estudios, formación, profesión y acontecimientos más importantes, destaca por haber elaborado varias obras centradas en Navarra y su historia. La más importante de ellas es la Cránica de los Reyes de los Muy Excelentes Reyes de Navarra (1534), pero también es autor de Historia Cantabrica o Emunctorium Cronicarum a Jacobo Remirio Piscinino Abalino, circa ilustrissimam navarro- rum regnum progeniem serio non minus quam diligenter editum (1526), una genealogía del emperador Carlos V en la que, frente al argumento de la conquista, proclamaba la legítima sucesión en el trono navarro del heredero de los auténticos reyes, y de Catálogo de los Reyes de Navarra hecho por mandado del rey don Phelippe, en el que insistía en este mismo argumento.
En su Crónica de los Muy Excelentes Reyes de Navarra, también llamada Crónica del Val de Ilzarbe, hereda un discurso presente en crónicas más antiguas como la de Carlos de Viana o Juan López de Palacios Rubios. De hecho, se concibe como una continuación de la primera, que gozó de fama y prestigio entre los autores españoles de la época. Escribe en un contexto de paz, concluidos ya los intentos de recuperación del reino por parte de Enrique de Navarra y marcado por el perdón general de Carlos V a los agramonteses derrotados durante la guerra (1524). Aunque se concluyó en 1534, no fue publicada hasta 1935 por Francisco de Escalada en Pamplona, si bien era conocida y se conservan aún hoy en día varios manuscritos de la misma.
El prólogo está dedicado al emperador y aprovecha para hacer una exaltación de la Monarquía Hispánica y de las muy notables cualidades del monarca. A pesar de ello, no dejan de estar presentes en la obra las implicaciones personales del autor, perteneciente al bando que resistió la entrada de Fernando el Católico en 1512. Sin embargo, integró el grupo de quienes decidieron avenirse al perdón de 1524 y optar por el acercamiento a la Corona como forma de ascenso social. Trata de obviar, en la medida de lo posible, los acontecimientos acaecidos durante la conquista. Así pues, aun conociendo seguramente la Historia de la Guerra de Navarra (c. 1513) de Luis de Correa, optó por no entrar en ese tipo de detalles y prefirió centrarse en elaborar una genealogía que restableciese «la fama de los pequeños nobles de Navarra, tan aficionados a su rey». Al fin y al cabo, los agramonteses habían quedado en una posición de riesgo tras la conquista y pretendía que no se les asimilase a los comuneros.
La defensa de su honor servía para ganarse el favor de Carlos V y para justificar el apoyo agramontés a la causa de los reyes Juan y Catalina. Destaca la fidelidad tradicional a los reyes y a la monarquía navarra y enmarca los hechos en un proceso más largo en el contexto de las luchas de bandos. Esta fidelidad, por tanto, debía servir como argumento suficiente para que el emperador perdonara los excesos recientes y para que se restableciese su confianza en ellos.
Ramírez Ávalos se remonta a tiempos de Sancho III el Mayor para justificar que Carlos V era «caballero de la ya olbidada divisa de Nauarra» en tanto que descendiente suyo. El cambio dinástico de 1512 es, por tanto, no un proceso de conquista marcado por la guerra sino una restauración del reino en la figura de su rey natural, pudiendo así los agramonteses mostrar fidelidad al nuevo monarca sin ser acusados de infieles o de traidores. Desde su perspectiva, la guerra no fue ocasionada por las pretensiones de Carlos o de su abuelo el rey católico sino por la ilegitimidad de Juan II de Aragón, al que describe como rey consorte y francés. De hecho, en su opinión, «la triste Doña Catalina perdió su reino por la falta de varón que osase morir por defenderlo», y fue el conde de Lerín, Luis de Beaumont, quien sembró la discordia y el conflicto en el seno de la sociedad regnícola. En este aspecto, algunos autores han tratado de asimilar a Ávalos con Palacios Rubios. Sin embargo, hemos de advertir un matiz: si bien ambos creían que en 1512 se había producido una restauración en la legítima dinastía de reyes de Navarra, Palacios Rubios interpretaba la historia de Navarra como una usurpación del trono a su verdadera dinastía y detentado siempre por ilegítimos monarcas, mientras que Ávalos era partidario de ligar el linaje de Carlos V a los antiguos reyes navarros sin cuestionar la legitimidad de los soberanos anteriores.
En su obra se defiende también el origen antiguo, casi mitológico, del Reino de Navarra. Sitúa su nacimiento en tiempos de los godos y aporta la novedosa figura de García Jiménez como el elegido por los doce ricos hombres de Navarra para representarles y defenderles. Así pues, se remonta siete generaciones a íñigo Arista, al que sitúa al frente del condado de Bigorra, a partir del cual comenzaría realmente a forjarse una entidad política en forma de monarquía. García Jiménez compartiría cronología con don Pelayo, aunque en ámbitos geográficos diferentes. Lejos de reclamar un protagonismo superior al asturiano, sitúa a ambos reinos de forma paralela y creados bajo circunstancias distintas en zonas geográficas distantes. Asimismo, habla de la importancia del Fuero como instrumento de codificación y plasmación del pacto voluntario de los notables del reino para que se produjera el nacimiento del mismo.
Todas estas cuestiones tuvieron una notable influencia en autores posteriores como Sancho de Alvear, Martín de Azpilcueta, Prudencio de Sandoval, Juan de Sada o José de Moret, quienes reformularon sus ideas para adaptarlas a contextos diferentes y defender así nuevos intereses de los navarros.
Obras
Historia Cantábrica o Emunctorium Cronicarum a Jacobo Remirio Piscinino Aba- lino, circa ilustrissimam navarrorum regnum progeniem serio non minus quam dili- genter editum, 1526.
Catálogo de los Reyes de Navarra hecho por mandado del rey don Phelippe, s. f.
Crónica de los Reyes de los Muy Excelentes Reyes de Navarra (1534), Escalada, F. (ed.), Pamplona: Imprenta H. Coronas, 1935.
Bibliografía
Floristán ImÍzcoz, A., «Ex hostibus et in hostes. La configuración de identidades colectivas como confrontación múltiple», García García, B. J., y Álvarez-Os- sorio Alvariño, A. (eds.), La Monarquía de las naciones: patria, nación y naturaleza en la monarquía de España, Madrid: Fundación Carlos de Amberes, 2004, pp. 327-354.
Miranda García, F., y Ramírez Vaquero, E., «De la cronística finimedieval a los Anales del reino», Martín Duque, Á. J., Signos de identidad histórica para Navarra. I, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1996, pp. 51-60.
Torres-PÉrez, J. M., «Un códice desconocido de la Crónica de los Reyes de Navarra», Príncipe de Viana, vol. 65, núm. 233 (2004), pp. 895-916.
Cita bibliográfica
Martínez Aznal, R., “Ramírez Ávalos de la Piscina, Diego de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 495-497.





