Cargos y oficios
Abogado, político tradicionalista, diputado a Cortes, escritor vascófilo y fuerista
Trayectoria
Fue un político español que gozó de prestigiosos cargos en la gobernación colonial de las Islas Filipinas. De regreso a la Península, en 1891 fue elegido diputado a Cortes con el Partido Integrista por el distrito de Zumaia. Fue tío y mentor ideológico de Juan de Olazábal y Ramery, jefe del Partido Integrista tras la muerte de Ramón Nocedal (1842-1907).
Nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza guipuzcoana, los lazos de sangre fueron fundamentales en el solterón Liborio, al extremo de cambiar de domicilio a las localidades donde iban a estudiar sus sobrinos. Fueron sus padres Melitón Ramery Yrarreta y Rita Zuzuarregui Delgado, domiciliados en Hondarribia hasta que edificaron una magnífica casa en San Sebastián (barrio de Mundaiz, parroquia San Ignacio de Loyola) hacia 1880. En Hondarribia se bautizaron cinco de los seis hijos entre 1830 y 1842, excepto la benjamina Martina Felicia Alejandra Magdalena Gabriela, que fue bautizada el 30 de enero de 1847 en la parroquia Santa María de Tolosa, a donde se había trasladado la familia para acompañar a los hijos mayores que estaban estudiando el bachillerato.
Sus padres tuvieron que emigrar a Hendaya durante la Primera Guerra Carlista, poco después de nacer Liborio, y en esta villa francesa pasó sus primeros años. Vuelto a su ciudad natal después de concluida la Primera Guerra Carlista, cursó allí las primeras letras; y el bachillerato en el afamado Colegio de los señores Fano, de Tolosa, pasando luego a estudiar las carreras de Derecho, Filosofía y Letras y la de Administración en las Universidades de Oñati, Zaragoza, Valladolid y Madrid, sacando en todos los centros docentes que frecuentó notas brillantísimas, y llevando siempre una conducta ejemplar. Se licenció en Derecho civil, canónico y administrativo el mes de junio de 1858, siéndole aprobados los ejercicios por unanimidad, y se le expidió el título el 14 de julio del mismo año. Quedaba facultado para ejercer su profesión de abogado días antes de haber cumplido los veinticinco años.
Terminada su carrera literaria, volvió al lado de sus padres y con ellos permaneció dos años (1838-1840), que empleó en estudiar la historia y la legislación del pueblo vascongado. Como no estaba satisfecho con el ocio a que le condenaban los escasos trabajos de bufete que en su pueblo se ofrecían, buscó otra colocación. Se hallaban por entonces vacantes algunos cargos de la administración en Filipinas, y Ramery consiguió el de teniente gobernador de la isla de Zamboanga, siendo nombrado por Real Decreto de 7 de mayo de 1860. Salió para Filipinas en agosto del mismo año, aprovechando el largo viaje para estudiar detenidamente la legislación de Ultramar, que recopiló en grandes cuadernos.
Desde entonces empezó una fulgurante carrera en Filipinas, tanto en la magistratura como en el foro, siendo frecuentes los traslados y ascensos. A los pocos días de haber sido nombrado teniente gobernador de Zamboanga, el 31 de octubre del mismo fue destinado de teniente gobernador en comisión, a la provincia de Nueva Vizcaya, cargo en el que cesó el 7 de marzo de 1861. Le siguieron los empleos de alcalde mayor en comisión a la provincia de Mindoro, alcalde mayor en comisión a la provincia de Nueva Vizcaya, el de teniente fiscal, en comisión, de la Real Audiencia-Chancillería de Manila (1862), ciudad en la que permanecerá el resto de su estancia en Filipinas hasta su regreso a España en 1874. El 25 de febrero de 1863 fue nombrado abogado defensor del Gobierno superior civil de Filipinas, vocal de la comisión permanente de Censura de libros y fiscal del Tribunal Superior Territorial de Cuentas de las Islas Filipinas, en cuyo cargo cesó cuando fue suprimido. El capitán general le ofreció un cargo de la misma categoría que el que venía desempeñando, que Liborio no aceptó, solicitando, en cambio, permiso para poderse dedicar a su profesión de abogado. Así, a los siete años de haber entrado al servicio del Estado, después de haber hecho una de las carreras más brillantes y rápidas, en la flor de la juventud, a los treinta y cuatro años, se retiró a su bufete, dejando en todos los puestos que había desempeñado grato recuerdo de su honradez e inteligencia.
Según militares, magistrados y marinos que habían estado en el archipiélago filipino, el bufete de abogados de Liborio de Ramery gozaba de gran prestigio en Manila y era uno de los más acreditados. Fue el abogado de las grandes casas de comercio, banca y navegación, y de las sociedades mercantiles más importantes de la isla, y el defensor de casi todos los generales y altos funcionarios en sus juicios de residencia. Como abogado rayó a gran altura y se captó la consideración y el afecto de sus compañeros. Como español estuvo siempre de todo corazón al lado de la autoridad con sus consejos y con su conducta. Como ferviente católico, trató con lo más ilustrado y virtuoso del clero local.
A Liborio le costó bastante aclimatarse en Filipinas, sufriendo no pocos quebrantos en su salud. Allí fueron sus mejores amigos las Órdenes religiosas y muy especialmente los jesuitas, con quienes pasaba sus mejores ratos de ocio. Al margen de los tribunales, el funcionario Liborio tuvo gran actividad en la sociedad civil filipina. Fue socio de La Real Sociedad Económica Filipina de Amigos del País (16 de agosto de 1862), vocal del convento hospital de San Juan de Dios (23 de diciembre de 1863), vocal de la Comisión superior de Instrucción primaria (1864), presidente de la Comisión encargada de reformar el Gobierno político-militar de la provincia de Nueva Vizcaya (25 de mayo de 1864), vocal de la Comisión encargada de examinar la parte que pudiera ser aplicable al Archipiélago, del plan de estudios de Cuba (8 de agosto de 1864), vocal de la Comisión constituida para redactar una ley local de vagos y maleantes. Finalmente, en enero de 1868 fue nombrado regidor del ayuntamiento de Manila, pero tuvo que renunciar el cargo al poco tiempo, por sus muchas ocupaciones.
El 7 de febrero de 1874, a los catorce años de haber marchado a Filipinas, se embarcó para Europa, llegando a Ciboure/Ziburu, en donde residía su familia, emigrada a causa de la Tercera Guerra Carlista. Allí vivió Liborio varios años más, después de terminada la guerra civil, consagrado muy especialmente a la educación de sus sobrinos, con quienes hizo verdaderos oficios de padre. Cuando estos tuvieron que trasladarse a la Corte a continuar los estudios que habían comenzado en Orduña, se trasladó también él a Madrid hasta 1885, tutelando a sus sobrinos estudiantes. En la Corte Liborio renovó antiguas y numerosas amistades contraídas en Filipinas con importantes hombres públicos.
Ansioso de fijar su residencia en el País Vasco, levantó, en unión de sus hermanos, una hermosa casa en Mundaiz, en los contornos de San Sebastián, adonde la familia de Olazábal-Ramery se trasladó definitivamente. La vida de Liborio fue totalmente privada, desentendiéndose de la actividad política hasta 1888. Contrasta notablemente esta vida de reposo y de retraimiento con la activa y laboriosa que hizo en Filipinas. Se limitaba a ser mero espectador no tomando parte alguna en los sucesos de la restauración alfonsina, a cuyos políticos miraba con desprecio, por sus ruines disputas, escepticismo religioso, férrea disciplina de partido y principios revolucionarios, como recordó en su magnífico artículo «Ajuste de cuentas», publicado póstumamente en El Siglo Futuro del 6 de enero de 1894. En cambio, participaba con agrado en los ritos de varias congregaciones y cofradías religiosas, como la Orden Terciaria de San Francisco, la Sociedad de San Vicente de Paúl, los jesuitas de Loiola o los capuchinos de Hondarribia (cuyo convento ayudó a implantar en dicha ciudad).
Esta tranquilidad hogareña de Liborio se rompió en 1888, en que se hizo político y periodista militante del carlismo integrista. Pertenecía al partido carlista, pero se separó del mismo para adherirse a la escisión integrista de su amigo Ramón Nocedal, al que ayudó en los trabajos de organización y propaganda del nuevo partido. Con él formó parte de la Junta Central, como secretario general, y trabajó en la fundación de la Asociación integrista de Madrid. En San Sebastián siguió constantemente Liborio, como siempre, dedicado a sus trabajos en pro del catolicismo y los Fueros.
Era una de las personas de mayor influencia y más legítimo prestigio de Gipuzkoa, pero se negó constantemente a formar parte de las corporaciones populares y representación en el Congreso y Senado, lo que se le ofreció gran número de veces, desde que regresó de Filipinas, habiendo aceptado únicamente, en las elecciones legislativas de 1891, el ser proclamado diputado a Cortes por Zumaia.
En el Parlamento ayudó a Nocedal en sus trabajos, firmando cuantos proyectos de ley, proposiciones y enmiendas presentó. Anunció al Gobierno una interpelación sobre el hecho de permitirse en la Universidad de Madrid una cátedra de krausismo, de fundación particular; interpelación que no pudo desarrollar a causa de no haber señalado el Gobierno día para debatirla.
Fruto de su amor entrañable al País Vasco fueron los artículos reunidos en su libro El liberalismo y los fueros vascongados. En ellos se aprecia una ferviente devoción a los lemas carlistas de «Dios y Patria», y en su conjunto son un verdadero tratado del fuerismo posterior a las Cortes de Cádiz. Cuando falleció Liborio, a principios de 1894, llevaba muy adelantada la publicación de los numerosos artículos que consagró a la cuestión Bascongada, y le faltaba completarlos con algunos más acerca de la actitud que, a su juicio, debía de observar el país para reivindicar sus derechos, que no llegaron a publicarse.
El libro recoge 60 artículos y 4 apéndices, incluida una biografía de Liborio Ramery por el prologuista. Está estructurado en nueve partes, en las que solo podemos citar los títulos de los artículos más significativos. Parte I: «Juicios favorables sobre los Fueros»; Parte II: «Incorporación de las Provincias Vascongadas a la corona de Castilla», «Origen y fundamento de los Fueros»; «Respeto de los Reyes de España a nuestros Fueros». Parte III: «Las cargas generales del Estado o los deberes constitucionales». Parte IV: «Perfidia y deslealtad liberal con las instituciones vascongadas»; «Servilismo liberal y altivez euskara»; «Nuestros Fueros y las Cortes de Cádiz»; «El liberalismo y la Guerra civil»; «Paz y Fueros»; «El Convenio de Vergara y la Ley de 25 de octubre de 1839»; «El Real Decreto orgánico de 16 de noviembre de 1839 y la regencia de Espartero»; «El Real Decreto de 29 de octubre de 1841»; «Real Decreto de 8 de febrero de 1844»; «Más agravios de los gobiernos liberales»; «La prensa antifuerista». Parte V: «La Guerra Civil»; «El liberalismo y los liberales vascongados»; «El carlismo de las Provincias Vascongadas no pudo ser causa de la abolición de sus Fueros»; «Termínase el examen de la guerra civil en sus relaciones con la pérdida de los Fueros». Parte VI: «Auxiliares del gobierno en su empresa de abatir los fueros»; «Proyecto de modificación de Fueros»; «Más pruebas de fanatismo liberal»; «Actitud nobilísima de las Provincias Vascongadas enfrente de la hostilidad del Partido Liberal y de los innumerables agravios inferidos por el mismo». Parte VI: «Abolición Foral»; «Más pruebas del talento político del señor Cánovas del Castillo»; «Cómo se votó el proyecto de supresión de fueros de las Provincias Vascongadas»; «Actos del gobierno en estas Provincias, posteriores a la ley de 21 de julio de 1876»; «Verdadero objeto que el liberalismo se ha propuesto al derogar los Fueros». Parte VII: «Excelencias de la unidad católica». Parte VIII: «Ajuste de cuentas»; «Al Árbol de Guernica (Himno por don José Miguel de Arrieta-Mascarua)».
Son capítulos de distinta extensión, de entre cinco y diez páginas aproximadamente, que vieron la luz en el periódico El Fuerista, publicado en San Sebastián desde el 19 de enero de 1888 y que continuó hasta mayo de 1898, año en que dejaba su filiación integrista para convertirse en el primer diario del Partido Nacionalista Vasco, después de un largo periodo de transformación debida a las disensiones internas del integrismo. Engracio de Aranzadi cuenta los hechos en su obra Ereintza (1935: 61-91) con todo lujo de detalles.
La mayoría fueron redactados en los dos últimos años de vida de Liborio. No podemos extendernos en el análisis de todos los artículos, pero en el primero comienza atacando al Liberalismo: «El reinado del liberalismo en esta tierra clásica de la libertad cristiana nos ha conducido poco a poco, y antes de lo que nos imaginamos, a la más vergonzosa esclavitud».
Para los vascongados, los artículos de Liborio tienen especial interés, porque son un hito en la llamada «cuestión Bascongada», por su reivindicación de los Fueros, injustamente arrebatados por los liberales, yendo más allá de la autonomía administrativa y económica, más o menos restringida, de las tres Provincias. Liborio fundamentó los derechos forales en un contrato solemne, cuya observancia juraron los reyes de Castilla muchas veces, que los liberales rompieron violentamente. En El liberalismo y los fueros vascongados se trata la cuestión Bascongada desde varios puntos de vista, para demostrar hasta qué punto eran calumniosos, injustos y absurdos los ataques y la legislación del Gobierno español al suprimir los Fueros.
Sin embargo, no creemos que Liborio fuese un fanático político sino, como relatan las dos biografías conservadas, un «hombre de fe ardiente», bondadoso en extremo, empático, familiar, laborioso e infatigable, parco, sobrio y modesto. De elevada estatura, rubio, de constitución vigorosa, minada hacía algunos años por una tenaz enfermedad del estómago, adquirida en Filipinas, su bondad, su amabilidad, sus finos modales, le comunicaban un sentimiento de verdadera simpatía. Hombre de vivo ingenio, de vasta ilustración, y que había viajado mucho, reunía excepcionales cualidades de carácter y trato, por las que se captó la estimación y el aprecio, no solo de sus amigos políticos, sino también de sus adversarios, que siempre le tributaron la mayor consideración y respeto, como reconoce Pedro M. de Soraluce en su cariñosa necrológica, encargada por Euskal-Erria. Revista Bascongada, a la que estaba suscrito Liborio, y para la que, poco antes de fallecer, había comprometido a su director Antonio Arzac un estudio sociológico-histórico sobre la familia patriarcal euskara en la Edad-Media y en la época contemporánea.
Obras
El liberalismo y los fueros vascongados […] artículos que vieron la luz pública en el periódico «El Fuerista» y mandados coleccionar por acuerdo de la junta regional del Partido Tradicionalista de Guipúzcoa a la muerte de su autor, con una biografía del mismo. Madrid: Imp. de San Francisco de Sales, 1896, X, 628 pp.
Bibliografía
Aranzadi y Etxeberria, E. («Kizkitza»), Ereintza. Siembra de nacionalismo vasco (1894-1912), Zarauz: Ed. Vasca, Celaya y Cía., 1935, 351 pp. (2.ª ed. Auñamendi, 1980).
J. M. V. de E., «Biografía», El Liberalismo y los Fueros vascongados, 1896, pp. 591-624 (firmada en San Sebastián en diciembre de 1895).
— «Prólogo», El Liberalismo y los Fueros vascongados, 1896, pp. V-X.
Soraluce, P. M. de, «Apuntes necrológicos: El Iltmo. Sr. D. Liborio de Ramery y Zuzuarregui (1833-1894)», Euskal-Erria, 1894, pp. 18-28.





