Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores alaveses

ORTIZ DE ZÁRATE MARTÍNEZ DE GALARRETA, Ramón (Arriola, Álava, 22 de marzo de 1817 – Vitoria, 12 de agosto de 1883).

Cargos y oficios

Abogado, consejero provincial de Álava, procurador síndico del Ayuntamiento de Vitoria, diputado general de Álava, diputado en Cortes

Trayectoria

Ramón Ortiz de Zárate era el hijo primogénito del teniente coronel de caballería Bruno Ortiz de Zárate Ladrón de Guevara, patrono y señor de la iglesia y lugar de Igoroin, señor del Palacio de Quitapechos de Quintanilla de la Rivera, de la Torre de Aguirre en Vitoriano y de la Torre Blanca de Oreitia, y de Magdalena Martínez de Galarreta López de Gordoa, también de ascendencia hidalga rural. Contrajo matrimonio con Ignacia de Amarica González de Otazu el 21 de noviembre de 1846, con la que no tuvo descendencia.

Su padre luchó en el bando liberal durante la Primera Guerra Carlista y él mismo se mostró leal al régimen liberal hasta que la libertad de cultos de 1869 le obligó a alinearse con el pretendiente Carlos, apoyándolo en los actos que desencadenarían la Tercera Guerra Carlista.

Inició sus estudios en su localidad natal para continuarlos en Vitoria, Ataun y Marquina de Zuya, hasta que ingresó en la Universidad de Oñati donde estudió los correspondientes años de Filosofía y comenzó los estudios de Leyes que inició en el curso 1833-1834, aunque los tuvo que abandonar por verse obligado a salir de la ciudad de Oñati tras el estallido de la Guerra Carlista. Trasladada la Universidad de Oñati a Vitoria, Ortiz de Zárate reanudó allí sus estudios hasta alcanzar el título de bachiller en Leyes en 1839. Cursó el séptimo año de carrera en la Universidad de Zaragoza y culminó la licenciatura en la Central de Madrid en el curso 1840-1841, y el 23 de junio de 1841 fue recibido como abogado en la Audiencia de la capital. Al terminar la carrera, regresó a Vitoria donde abrió su despacho de abogado en el que poco a poco fue granjeándose fama de buen jurista, sobre todo a partir del temprano escrito Análisis histórico-crítico de la legislación, que redactó y publicó en 1848, con veinticuatro años, y que fue incluido en la lista de libros de textos universitarios del año 1849. En el mismo año de 1848 se publica su reivindicativa y erudita obra Jamás los romanos conquistaron completamente las Vascongadas. En ambas se observa la línea que seguirá en casi todos sus escritos, caracterizados por una pluma ágil pero de sólida base doctrinal. Ya desde su paso por Zaragoza se destacó por sus escritos en prensa, con colaboraciones en muchas y diversas publicaciones, desde el ámbito socio-político hasta el más jurídicamente especializado, práctica esta que no abandonará en toda su vida.

Siendo abogado en Vitoria, de cuyo Colegio de Abogados también fue decano, ocupó en 1844 el cargo de censor del teatro Victoria y el de vocal de la Comisión de Monumentos Históricos de Vitoria, y formó parte desde 1845 del recién creado Consejo Provincial. En 1847 fue designado vocal del Cuerpo de Disciplina del Instituto Provincial y de la Comisión Superior de Instrucción Primaria de Álava, y en 1848 fue nombrado procurador síndico del Ayuntamiento de Vitoria. Comienza así su carrera pública que va a definirse por la defensa de los Fueros e instituciones, tanto alaveses como vascos. En el ejercicio de estos cargos en el municipio alavés va a esculpirse su línea de defensa de los Fueros, que seguirá más tarde cuando ejerza responsabilidades públicas provinciales de Álava y nacionales como diputado a Cortes representando los distritos de La Guardia primero y de Álava desde 1858, siempre en la circunscripción de Vitoria.

Su vocación por el servicio público trae consigo una actividad imparable tanto en el ámbito de la actuación pública como en el más puramente intelectual, y un buen ejemplo de ello son sus observaciones particulares al Proyecto de Código Civil de 1851, publicadas en Burgos en 1852 y encaminadas «principalmente a robustecer y desarrollar los principios de familia, de moralidad, de igualdad y de progreso; y a dar al Código esa unidad filosófica fundamental y general que debe haber en el todo y sus menores detalles».

Ortiz de Zárate fue miembro, así mismo, de la Junta General de Álava en calidad de procurador de la Hermandad de Vitoria desde noviembre de 1854, aunque en este cargo no estuvo exento de polémica, pues una ordenanza del siglo xv impedía a los letrados representar a las Hermandades en Junta. Sin embargo, Ortiz de Zárate logró levantar este veto en 1855 consiguiendo la derogación de la ordenanza, y a partir de entonces se permitió a los abogados representar a las Hermandades en Junta General. Su prestigio también consiguió salvar su cuestionada candidatura para la elección del cargo de diputado general de Álava, pues no siendo natural de Vitoria, se dudó de que fuera válida, pero también en este caso pudo imponerse a las disposiciones que los Fueros establecían, siendo elegido además por unanimidad el 29 de noviembre de 1861. Su reconocimiento social le sirvió a su vez para formar parte de la Comisión de bienvenida a los reyes en su visita al País Vasco en septiembre de 1865, después de la cual no dudó en dejar por escrito el relato de aquellos días. Dos años más tarde fue nombrado presidente de la Comisión de Monumentos Históricos, nombrada para asesorar en la recuperación de las tradiciones forales al diputado general, por entonces Pedro de Egaña, contra quien no tuvo reparo en enfrentarse para hacer valer los Fueros frente a la pretensión de Egaña de ser reelegido diputado general.

En el ejercicio del cargo de procurador síndico inició la defensa activa de los Fueros al tener que oponerse a la Ley de Teatros que, en su opinión, contradecía el derecho foral alavés. Esta oposición le valió su destitución por el gobernador civil en 1849, un año después de su nombramiento. Ortiz de Zárate reaccionó inaugurando una colección de obras escritas que llevaba por nombre «Biblioteca Bascongada». La comienza con sus Consejos al pueblo vascongado sobre el sistema que debe seguirse en la defensa de los Fueros, publicada la primera parte en 1850, lo que le supuso el secuestro de la edición y su denuncia ante los tribunales por sedicioso. Finalmente fue absuelto y este suceso trajo como consecuencia una reacción contraria a lo que desde el gobierno central se pretendía: el reforzamiento de la figura de Ortiz de Zárate en Álava y su consideración como uno de los mejores defensores de la legalidad vasca.

Precisamente en esta obra planteó la propuesta que le distinguía de los liberales moderados como Egaña, formulando lo que él mismo denominó un «partido vascongado» o «partido foralista», aunque no se trataba estrictamente de un partido político, sino de una estructura de carácter horizontal aglutinante de personalidades de todas las tendencias políticas. La misma publicación trajo como consecuencia un grave enfrentamiento con Pedro Egaña hasta llegar a ser denunciada por el propio gobierno, pero este suceso fortaleció aún más la firmeza de su pensamiento, pues en 1857 se reafirmó en su postura con el escrito dirigido a las diputaciones forales vascas Apuntes sobre la defensa legal del País vascongado.

En su defensa de los Fueros e instituciones del País Vasco apostó por seguir dando prevalencia a las Juntas Generales frente al diputado general y a preservar la autonomía de los municipios, a diferencia de otros coetáneos como el ya citado Egaña, que desde el partido conservador defendía la prevalencia del diputado general sobre las Juntas. La postura adoptada por Ortiz de Zárate fue finalmente la que marcó la estrategia de los comisionados y representantes vascos en Madrid. No en vano logró ser elegido diputado a Cortes para defender los Fueros por encima de las luchas partidistas pues, en su opinión, «nuestra política debe ser vascongada, y no progresista, moderada ni realista ni demócrata» ya que «todos los partidos prometen respetar nuestras instituciones cuando necesitan atraerse hacia sí a los vascongados, y que todos olvidan sus palabras y las quebrantan cuando se juzgan fuertes y seguros». Desde 1858 hasta 1872 fue representante en Cortes con victorias electorales muy amplias, pese a no ser nunca «candidato oficial», pues hasta 1868 siempre se presentó como independiente. En el Congreso de los Diputados Ortiz de Zárate se dedicó a «leyes de interés general y de la defensa de las libertades vascas» siguiendo el triple objetivo que debía segur, a su entender, la política vasca: «1.º conservar el Fuero; 2.º no inmiscuirse en las discordias civiles de nuestros hermanos de allende el Ebro, y 3.º defender con valor, perseverancia y lealtad la nacionalidad española». Tuvo una participación muy activa en las Cortes de Madrid para el cumplimiento de este triple objetivo, con contribuciones que avalan su formación jurídica dedicadas, entre otras, a la organización de los tribunales, al procedimiento civil y a la instrucción pública, como queda reflejado en sus discursos parlamentarios.

A la tarea de defensa de la legalidad foral se unió la otra tarea que ocupó a Ortiz de Zárate como diputado en sus últimas legislaturas: la defensa de la unidad católica española. La amenaza a la unidad católica de España que suponía la libertad de culto establecida tras la Revolución de 1868 vino a relevar el objeto principal de su acción política, desde la convicción de que «después de Dios, nada reverenciamos, ni amamos con mayor ardor, que nuestros Fueros, buenos usos y costumbres», siendo para él la unión católica base del fuerismo. En las Cortes Constituyentes inauguradas el 11 de febrero de 1869, Ortiz de Zárate se alinea con la Comunión Católica-Monárquica, a pesar de que en sus notas biográficas se afirme que «no es diputado de tal o cual partido de los muchos que hoy dividen a España. Representa únicamente los deseos y aspiraciones de la inmensa mayoría de los alaveses: la integridad de los Fueros vascos y la unidad de la Iglesia católica», y bien es cierto que fue de la mayoría de los alaveses, pues logró obtener más del 88 por 100 de los votos emitidos en las elecciones a Cortes. A esta doble misión se dedicará Ortiz de Zárate en sus últimos años como diputado en el Congreso, hasta que deje el escaño en la segunda legislatura de 1872. A modo de epílogo, su paso por el Congreso se completará con las legislaturas de 1881-1882 y de 1882-1883, que no culminó por sorprenderle la muerte en agosto de ese mismo año en Vitoria, tras quedarse paralítico por un ataque que sufrió precisamente en un pleno del Congreso en junio de 1882.

Durante el paréntesis de años que va desde 1872 hasta 1881 Ortiz de Zárate se trasladó a Francia para prestar su servicio al pretendiente Carlos como miembro de la Junta reservada de frontera, aunque rechazó encabezar un ministerio de los creados por Don Carlos. Acabada la guerra en 1876 no se incorporó inmediatamente a la vida pública en Madrid. Ausente en las Cortes, su pensamiento y convicción estarán inspirando el famoso discurso que pronunció su correligionario Mateo Benigno de Moraza en el Congreso de los Diputados cuando intentó evitar la aprobación de la Ley de 1876 de abolición de los Fueros vascos.

Ramón Ortiz de Zárate fue un destacado impulsor del espíritu del Laurak-bat o Unión Vasco-Navarra entre 1865 y 1870. Desde la autoridad moral que se había ganado en Álava, apostó decididamente por «impulsar el patriótico pensamiento de reunir en estrecho abrazo a las cuatro provincias hermanas», elevándolo a una «necesidad social de la raza vasca». Retomó con esta ocasión aquel proyecto de fundar una Biblioteca Bascongada, abortado años atrás desde el gobierno central, y propició las conferencias periódicas de los representantes de los cuatro territorios.

Todas las iniciativas que tomaba Ramón Ortiz de Zárate pretendían demostrar, sobre su sólida formación jurídica y su experiencia en las instituciones, el perjuicio que acarrearía la abolición de los Fueros. Asentado en las bases jurídicas, sociales y políticas de los mismos, incidía siempre en el buen funcionamiento de las instituciones vascas. Se armaba de este modo con los instrumentos de la palabra y de los hechos para demostrar a quienes atacaban los Fueros el valor del régimen foral desde su fundamentación histórica y, sobre todo, desde su eficaz gestión y su perfecto engranaje en el régimen constitucional, como bien se encarga de explicar, junto con Benigno de Moraza, en su Vindicación de los ataques a los Fueros de las Provincias Vascongadas insertos en el periódico La Nación, publicado en Madrid en 1852. Por muchos de sus escritos el gobierno decretó su destierro en 1856, pero lo pudo sortear por la intervención del gobernador civil, quien anuló dicha condena.

El balance que Ortiz de Zárate presenta de su actuación pública podemos calificarlo de eficiente y eficaz, pues su paso por los diversos cargos municipales y provinciales dieron unos frutos destacables. En primer lugar, habría que señalar el paso del ferrocarril por Vitoria en 1862, así como, en ese mismo año, la reinstauración de la diócesis episcopal de Vitoria a la que facilitó la dotación de medios adecuados para satisfacer las necesidades de la nueva diócesis. Muy significativa es en este ámbito la orden que como diputado general dio para traducir al idioma vasco la bula Ineffabilis Deus de Pío IX. El fomento de la agricultura y ganadería alavesas fue también impulsado durante su mandato de diputado general a través de la instauración de una granja modelo que sirvió de medio de instrucción de agricultores y ganaderos, junto con la Escuela de Agricultura que logró establecer en el Instituto de Segunda Enseñanza de Vitoria. Respecto a la enseñanza general, bajo su mandato se erigieron los edificios de las Escuelas Normales para maestros y maestras en Vitoria y destinó los recursos necesarios para rehabilitar las escuelas de toda la provincia y dotarlas de suficiente profesorado y material científico. Álava también le debe a Ortiz de Zárate la iniciativa pionera de la explotación de aguas termales en la provincia. Coherente con su premisa «todo para el país, nada para las personalidades», nunca aceptó una condecoración ni reconocimiento oficial personal por toda su labor.

Obras

Son numerosos sus escritos de prensa, que se publicaron, entre otros, en El museo de la Familia, El Labrador, Boletín del Comercio, Semanario Católico Vasco-Navarro, El Fuerista, El Lirio, El País Vasco-Navarro. También fueron publicados sus discursos como diputado general de Álava.

Análisis histórico-crítico de la Legislación Española, Vitoria: Imprenta de D. Ignacio Egaña, 1844, 2 vols.

Del espíritu de la ley de organización y atribuciones de los Ayuntamientos y de los funestos resultados que produciría si se hiciera extensiva a las provincias vascongadas, 1845.

Un marido como un ángel, 1846 (representado en el Teatro de Vitoria el 22 de enero de 1846) (inédita).

Indicaciones sobre la organización y atribuciones que deben darse a los tribunales españoles, sobre la elección, inamovilidad y responsabilidad de los encargados de la administración de justicia, Vitoria: Impreso por D. Ignacio Egaña, 1848.

Jamás los romanos conquistaron completamente a los vascongados, nunca estos belicosos pueblos formaron parte integrante del imperio de los Césares, Vitoria: Impreso por D. Ignacio Egaña, 1848.

Consejos al pueblo vascongado sobre el sistema que debe seguirse en la defensa de los Fueros, Vitoria, 1850.

Observaciones al proyecto del Código Civil de España, Burgos: D. Sergio Villanueva, 1852.

Vindicación a los ataques de los Fueros de las Provincias Vascongadas, insertos en el periódico La Nación por los señores D. Ramón Ortiz de Zárate y Mateo Benigno Moraza, Imp. de La España, 1852.

Examen de la instrucción del procedimiento civil con respecto a la real jurisdicción ordinaria, Burgos: Villanueva, 1853.

Fueros. Política Vascongada, Bilbao, 1856 (inserto después en el periódico Irurac-bat).

Consideraciones al proyecto de ley constitucional de los tribunales del Fuero Común de 19 de mayo de 1854, y concordancias con los otros cinco proyectos anteriores de 7 de enero de 1842, 12 de junio de 1846, 21 de diciembre de 1847, 23 de noviembre de 1850 y 6 de diciembre de 1853, Burgos: Villanueva, 1856.

Ferro-carril de Bilbao á Tudela por Vitoria o Miranda de Ebro, Vitoria, 1857.

Compendio foral de la provincia de Álava, Bilbao: D. Juan E. Delmas, 1858.

Viage de la Real familia a las provincias vascongadas Recibimiento y festejos en la provincia de Álava el 30 de agosto, 12, 13, 14 y 15 de setiembre de 1865, Vitoria: Imprenta de Cipriano Guinea, 1865.

Celebridades vasco-navarras. El Excmo. Señor Don Estanislao de Urquijo, Padre de la Provincia de Álava, Vitoria: Imprenta de los Hijos de Manteli, 1871.

Escritos de D. Ramón Ortiz de Zárate (2 vols.), con pról. de Fermín de la Herrán, Bilbao: Imp. y Enc. de D. Andrés P. Cardenal, 1899.

Bibliografía

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Fuentes: Congreso de los Diputados, Diario de Sesiones, https://app.congreso.es/est_sesiones/ (última visita: enero de 2020).


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