Cargos y oficios
Cronista del reino de Navarra. Jesuita.
Trayectoria
La historiografía para el estudio de la Navarra del siglo xvii, su cultura política y la creación de la identidad regnícola, ha atendido con atención la figura clave del jesuita José de Moret. La profunda erudición y afán vindicativo de los particularismos y antigüedad del reino pirenaico ya fueron advertidos por J. Altadill y A. Campión, en plena efervescencia del positivismo histórico, para ser posteriormente analizados con detalle por A. Pérez Goyena o A. J. Martín Duque, aparte de servir de objeto de análisis político e identitario para los más recientes historiadores de la Edad Moderna sobre este reino hispano (A. Floristán Imízcoz).
Natural de Pamplona, donde fue bautizado en 10 de julio de 1615, José de Moret (o Morete) era hijo de un letrado de la Corte Real navarra, dependiente de la familia Redín, poseedora de la baronía de Bigüezal. En 1629 ingresó en la Compañía de Jesús. Culminaría su formación humanística, filosófica y teológica en la Universidad de Salamanca. Siguiendo el cursus honorum jesuístico, el padre Moret fue destinado a la enseñanza en los colegios de la Compañía en las ciudades de Pamplona, Soria, Oviedo y Segovia, para terminar por dirigir su centro palentino desde 1655. En su madurez, en 1664 (y hasta 1671), fue nombrado rector del colegio de Pamplona.
En 1654 la Diputación de Navarra le eligió cronista del reino, una dignidad de nueva creación. Un año más tarde, Moret, poco antes de aceptar tal encargo, dio a la imprenta su primera obra historiográfica, De obsidione Fontirabiaí, una crónica latina donde desgranaba los pormenores del asedio francés contra Fuenterrabía, plaza guipuzcoana liberada en 1638 por tropas reales y —en gran medida— milicias navarras. Tras esta publicación, Moret dedicará su labor erudita a componer textos que articulasen una renovada narración del pasado del reino pirenaico, la búsqueda de la verdad histórica, la vindicación de la antigüedad y preeminencias del reino y el expurgo de fantasías o falsedades agregadas a la memoria de su pasado, como se acordaría con los brazos reunidos en Cortes.
La labor cronística de Moret, todavía en proceso de culminación cuando falleciera en 1687, se jalona con la aparición de varias obras impresas en Pamplona. La primera de las mismas fue las Investigaciones históricas de las antigüedades del reyno de Navarra (1665), una primera síntesis del pasado navarro hasta la muerte de Sancho VII el Fuerte, que se acompañó de las Congressiones apologéticas sobre la verdad de las investigaciones históricas de las antigüedades del reyno de Navarra (1677), profundo y elaborado alegato de respuesta a la obra sobrarbista del aragonés fray Domingo La Ripa. En ambas obras, Moret demostró una hábil labor de búsqueda y crítica documental y un apasionamiento y marcado afán polémico en defensa de una Navarra inserta dentro de la historia peninsular y del complejo mosaico territorial de la monarquía austriaca de España.
El carácter polémico del padre Moret provocó diversos conflictos con sus patronos regnícolas y otros eruditos navarros. En 1666, como se infiere de un proceso judicial pamplonés, los miembros de la Diputación le recriminaron su deliberado olvido en la dedicatoria de las Investigaciones históricas —terminadas en 1662—, al considerarse que no tanto el reino sino sus diputados merecían tal distinción panegírica. En paralelo se fraguó un conflicto entre el ignaciano y el licenciado José Conchillos. Amparado por censuras favorables aragonesas, este canónigo de la colegiata de Tudela dio a la imprenta su Propugnáculo histórico y jurídico en defensa de la antigüedad de dicha población. El recurso a su supuesta fundación por Túbal alarmó a Moret, quien vio en la publicación del Propugnáculo una ofensa a la preeminencia política de Pamplona como cabeza de Navarra. Para atajar cualquier menosprecio a la historia oficial que configuraba desde su cargo de cronista del reino, el jesuita escribió un opúsculo censurando los argumentos de Conchillos. El bodoque, título del impreso, se articuló según los modelos de falsos diálogos satírico-eruditos entre personajes y se dotó de un falso pie de imprenta («En Colonia Agripina, por Severino Clariey»), aunque pudo ser publicado en Pamplona o en la vecina Ba- yonne. La querella erudita no terminó con esta aparición, dado que Conchillos trató de justificar sus tesis contra un «Trifauce Cerbero» que, de forma colegiada, había atacado su primer libro. Recurriendo a otra localización e imprenta falsas («En Amberes, por Sebastián Sterlin») y bajo el pseudónimo de Jorge Al- ceo de Torres, el mismo año 1667 surgieron los Desagravios del Propugnáculo de Tudela como pieza final de su pugna contra el jesuita, cuyo natural «no dexaría de hazer de las suyas y el apellido no le ayuda, que suele ser el verdadero índice de las obras». La respuesta a esta última obra no corrió a cargo de Moret, sino del Consejo Real de Navarra y del propio virrey, quienes dictaminaron su recopilación y destrucción judicial.
En 1674, superada esta etapa conflictiva, Moret culminó el primer volumen de los Annales del reyno de Navarra, que solo sería publicado un decenio después. La obra cumbre de Joseph de Moret evoca el complejo proceso de creación de la memoria oficial del reino navarro durante la preconfiguración identitaria del siglo xviii. El encargo de la Diputación del Reino no solo pasaba por la búsqueda y selección de fuentes fidedignas, sino que la pluma del jesuita lograse resituar a Navarra en una posición preeminente en los discursos políticos ibéricos. Para ello, se hacía preciso que Moret produjese artefactos eruditos que emulasen a la tradicional cronística aragonesa o a las obras corográficas vascongadas y castellanas. El redescubrimiento del pasado del territorio y la superación de las obras canónicas del príncipe de Viana o de Ávalos de la Piscina subyace en la planificación y elaboración de los Annales. Pesquisas en archivos y bibliotecas conventuales, monacales o de los tribunales del reino, una activa correspondencia con otros jesuitas y un abanico amplio de lecturas sobre historias de uno y otro lado de los Pirineos posibilitarían la labor del ignaciano. Su prosa, del gusto de su tiempo, sería objeto de críticas durante los siglos postreros, tanto por la construcción de la narración como por la profusión de detalles y la inserción de datos o recursos históricos apócrifos o falsarios. Conocida es la censura contra su defensa de los reyes descendientes de García Jiménez («reyes duendes») por parte del también jesuita y corresponsal Pedro Abarca, y la crítica de Gaspar Ibáñez de Segovia, marqués de Mondéjar, a su defensa a ultranza de Navarra, lo que juzgaba oscurecerle su labor obligándole «a discurrir tantos sucesos fantásticos con que suplir la ignorancia de los que primero le poseyeron [el reino]».
La linealidad del opus magnum de José de Moret no solamente buscaba la dilucidación de los pasajes de la historia navarra escasamente aclarados por los historiógrafos precedentes, sino crear un método historiográfico a la manera de Zurita, Uztarroz o Blancas, e incluso dotar al pasado del territorio de una continuidad política entre los orígenes míticos o fehacientes del espacio navarro hasta los reinados de Felipe IV (VI de Navarra) y su hijo Carlos II (V de Navarra). Especial incidencia, por su combatividad, se observa en las narraciones de dos de los periodos clave en la imaginación histórica del reino por Moret: Sobrarbe y la dominación capeta.
Para el primer aspecto, la «verdad» perseguida por el cronista insertó a Navarra dentro de una disputa erudita que trascendía su área al ponerle en liza con las Provincias Vascas y el reino de Aragón. La antigüedad del reino (y su preeminencia política frente a sus vecinos) se había considerado un elemento de salvaguarda o crítica en los inicios de la disputa, durante la década de 1620. Tras la escritura y difusión de las obras de los bearneses Oihenart y Marca, aquella se encontraba en plena efervescencia de discusión al albur de los conflictos entre las monarquías francesa y española. A la Historia apologética publicada por Juan de Sada en 1628, se sumaba ahora la justificación de Moret como voz de los intereses regnícolas y de sus elites. Los orígenes tubalistas, la problemática identificación de Cantabria-Vasconia-Navarra y el nacimiento de la realeza tras la invasión musulmana en el siglo viii. Como equilibrio perfecto con el discurso goticista castellano, pivotando sobre Pelayo de Asturias, Moret defendió la figura mítica del vascón García Jiménez como el padre de la resistencia cristiana pirenaica y su proclamación como rey se vinculaba al origen directo de la soberanía pactista navarra con su legitimidad de «españoles originarios».
Respecto a la segunda temática, habría que esperar a su tomo tercero para que se analizase de forma crítica la sucesión de los monarcas de origen francés del siglo xiii y comienzos del siglo xiv. El fin de la dinastía Jimena franqueó el acceso de dinastas de las casas de Champagne que, vía matrimonial, enlazaron con la casa real de Francia, los Capetos. La descripción de los diferentes reinados franceses a cargo de Moret plantea no una mera vindicación de la nava- rridad de la realeza y de sus instrumentos de poder, sino un espejo presentista para evaluar los peligros a los que podría enfrentarse nuevamente Navarra si tomaran cuerpo las amenazas y presiones militares borbónicas. De esta forma, José de Moret no solo actuaría como un eje de transmisión del pasado medieval a sus potenciales lectores, sino también asumía una labor de advertencia política contra las posibles lesiones del sistema pactista asumido y defendido por sus patrones en la Diputación y las Cortes del reino, y subrayando la legitimidad dinástica del monarca reinante, el austriaco Carlos II (V).
Una última obra del jesuita fue publicada en 1925 a cargo de José María de Azcona, a través de un único manuscrito conservado en su biblioteca privada. Se trata de las Castigaciones a la historia del padre Juan de Mariana en los puntos que pertenecen a Navarra, una abierta censura contra la obra cronística del también jesuita y autor de una de las obras historiográficas decisivas en la construcción del pasado peninsular. En su razonamiento inicial, Moret no dudó en calificar a Mariana de ser poco noticioso de las cuestiones navarras, con «ierros bien ordinarios en su historia y la aversión de ánimo a ellas, descubierta frequentemente en omissiones indignas de historia general, en censuras desmedidas y libres poco decentes a la profesión de historiador y religioso, en la narración diminuta y poco fiel en las cosas que son de algún lustre de aquel reyno». Para ello, el pamplonés elaboraría su estudio a través de doce capítulos repasando todas las alusiones de Juan de Mariana sobre este espacio pirenaico, deteniéndose en los lugares comunes más controvertidos en la configuración ideológica de la Antigüedad y Medievo navarros y oponiéndose a todas las mi- nusvaloraciones goticistas y castellanistas del cronista talaverano.
El padre Moret falleció en su Pamplona natal el 12 de noviembre de 1687.
Su cargo de cronista del reino fue encomendado al jesuita Francisco de Alesón (1634-1715), natural de Viana. Este preparó el manuscrito dejado por su antecesor y concordó con el impresor pamplonés Bernardo de Huarte la segunda parte de los Annales. Alesón, rector del colegio de San Ignacio de Valladolid, prosiguió la labor historiográfica no solamente con los materiales y borradores de Moret, sino también recopilando otros nuevos para continuar la narración de los primeros soberanos Évreux, último objeto de estudio del difunto. Así, el tercer tomo, ya terminado en 1701 e impreso en 1704, reúne textos del jesuita pamplonés y preludia los dos volúmenes que Alesón escribiría manu propria para culminar el ciclo cronístico navarro que asentó la memoria del reino hasta bien entrada la Contemporaneidad.
Obras
De obsidione Fontirabie libri tres, s. l., 1655. Trad. castellana: Empeños de valor y bizarros desempeños o sitio de Fuenterrabía que escribió en latín el R. P. Joseph Moret de la Compañía de Jesús, Pamplona: en la oficina de Joseph Miguel de Ezquerro, impressor de los Reales Tribunales de Navarra, 1763; Tolosa: Establecimiento Tipográfico y Casa Editorial de Eusebio López, 1893.
Investigaciones históricas de las antigüedades del reyno de Navarra, Pamplona: por Gaspar Martínez, impressor del Reyno de Navarra, 1665.
El bodoque contra el Propugnáculo histórico y jurídico del licenciado Conchillos, Colonia Agripina [sic], 1667.
Congressiones apologéticas sobre la verdad de las investigaciones históricas de las antigüedades del reyno de Navarra, Pamplona: por Martín Gregorio de Zabala, impressor del Reyno de Navarra, 1677.
Annales del reyno de Navarra, Pamplona: en la Imprenta de Martín Gregorio de Zabala, impressor del Reyno, 1684.
Tomo segundo de los Annales del reyno de Navarra, compuesto por el R. R. M. Joseph de Moret. Obra pósthuma, dispuesta en otra forma por el P. Francisco de Alesón, ambos de la Compañía de Jesús, y chronistas del mismo reyno, Pamplona: por Bernardo de Huarte, impressor de la muy noble y muy leal provincia de Guypuzcoa, 1695.
Tomo tercero de los Anales de Navarra. Obra pósthuma y última del padre Joseph de Moret, con scholios y adiciones al fin del padre Francisco de Alesón, ambos de la Compañía de Jesús y chronistas del mismo reyno, Pamplona: en la Imprenta del ilustríssimo Reyno, 1704.
[Reediciones conjuntas de los Anales del reino de Navarra de Moret, Pamplona, 1757 y 1766; Tolosa: Establecimiento Tipográfico y Casa Editorial de Eusebio López, 1890 , 1892; Pamplona: Gobierno de Navarra, 1988].
Castigaciones a la historia del padre Juan de Mariana en los puntos que pertenecen a Navarra, por Joseph de Moret, natural de Pamplona, Tafalla: s. i., 1925.
Bibliografía
Altadill, J., Biografía y obras del P. Joseph de Morete, cronista de Navarra, Pamplona: Lorda, 1887.
Campión, A., Ensayo apologético, histórico y crítico acerca del P. Moret y de los orígenes de la monarquía nabarra, Tolosa: Establecimiento Tipográfico y Casa Editorial de Eusebio López, 1892.
Castro Álava, J. R., Historiografía: los cronistas Moret y Alesón, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1971.
FloristÁn ImÍzcoz, A., El reino de Navarra y la conformación política de España (15121841), Madrid: Akal, 2014.
Martín Duque, A. J., «José de Moret, primer cronista del reino», Príncipe de Viana, vol. 63, núm. 227 (2002), pp. 1045-1053.
Martínez de la Escalera, J. (SI), «José de Morete», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biogra- fias/13318/jose-de-morete (consultado el 6 de mayo de 2018).
Pérez Goyena, A., «Fecha de la muerte del insigne historiador P. José Moret», Razón y Fe, 121 (1940), pp. 141-149.
— «Rectificaciones a la bibliografía del P. José Moret», Príncipe de Viana, vol. 7, núm. 22 (1946), pp. 131-143.
Quirós Rosado, R., «Ley Sálica. Historiografía y crítica antifrancesa en la Navarra de Carlos II de Austria», Bravo Lozano, C., y Quirós Rosado, R. (eds.), La corte de los chapines. Mujer y sociedad política en la Monarquía de España, 1649-1714, Milán: EDUCatt, 2018, pp. 97-117.
Cita bibliográfica
Quirós Rosado, R., “Moret y Mendi, José de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 546-551.





