Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores guipuzcoanos

MOGUEL URQUIZA, Juan Antonio (Éibar, Gipuzkoa, 6 de diciembre de 1745 – Markina, Bizkaia, 11 de mayo de 1804).

Cargos y oficios

Sacerdote, lingüista, literato

Trayectoria

Hijo de un activo miembro de la Bascongada, nació en Éibar precisamente porque su padre aceptó ser médico de dicha población, a pesar de que la familia residía en Markina. Esas raíces ilustradas marcaron fuertemente a Juan Antonio, si bien, como era habitual entonces, ello no contradecía una fuerte vocación religiosa. Así, si su hermano mayor siguió la profesión médica del padre, nuestro protagonista fue el destinado al oficio sacerdotal. Estudió en Calatayud, en el Real Colegio de Nobles de los jesuitas de dicha localidad, y completó su formación con estudios en Teología, finalizados los cuales se ordenó sacerdote y volvió a Markina en 1770. Desde 1788 fue párroco de la iglesia de Xemein, cargo que ocupó hasta su muerte en 1804.

Compartió entorno y vivencias con su amigo Astarloa, tanto en su visión del país como en su polémica contra los enemigos del euskera y de los Fueros, si bien fue mucho más moderado y menos apasionado que aquel. Socio literario de la RSBAP desde 1802, mantuvo cordiales relaciones con la élite intelectual del momento (Peñaflorida, Samaniego, Añíbarro, Astarloa) incluyendo a los foráneos como Humboldt o Vargas Ponce.

Junto al euskera, su otra obsesión fue la religión. Fue particularmente agresivo en su ataque a las danzas vascas, ejerció como censor de libros y aspiró a ser nombrado familiar de la Inquisición. Esta última vocación no se cumplió; al contrario, llegó a ser acusado en un proceso inquisitorial en 1777 por un asunto relativo a apariciones de la Virgen a una de sus feligresas. En línea con su conservadurismo moral, aunque Moguel no tuvo tiempo de experimentar todas las consecuencias de la Revolución francesa, sí conoció las suficientes como para acoger en su casa a un cura francés exiliado en 1792, lo cual deja pocas dudas acerca de sus posturas contrarrevolucionarias.

Muy influido por Larramendi, siguió defendiendo el vascoiberismo y otros tópicos como la autenticidad del Canto de Lelo (sobre el cual ya le había advertido Vargas Ponce). Formó parte de la contestación a quienes atacaron, como Traggia, las teorías vascoiberistas, pero criticó los extremos de algunos autores como Astarloa. Así, aunque defendió que el euskera fue la primera lengua de la península, no llegó a admitir su condición de lengua anterior a la confusión babélica. Eso no le impidió una defensa a ultranza de la pureza del idioma, afirmando Mitxelena que fue el que primero y de manera más explícita defendió la prioridad de la lengua sobre el Fuero.

Su obra más afamada, y también la más notable en orden a desentrañar sus claves sociales, es Peru Abarca. En ella, el protagonista, hombre culto procedente de un entorno rural, adoctrina en múltiples materias a Maisu Juan, el inculto representante del mundo urbano. Los contrastes entre ambos son totales: manera de vestirse, costumbres cristianas, moral del trabajo, respeto a la tradición…, en todo ello se propone una dualidad casi maniquea que se resuelve con el arrepentimiento y conversión de Maisu Juan, tras unos días en el caserío de Peru.

Las interpretaciones de los especialistas sobre Peru Abarca son variadas. Juaristi o Altuna señalan sus conexiones con el Romanticismo; otros la tildan de neoclásica (Altzibar) o resaltan infuencias ilustradas como la de Rousseau y su prototipo de «buen salvaje» (Lojendio, Díez Ezkerra…). Huyendo de dualismos exagerados, Javier Esteban ha insistido recientemente en su vinculación con un cierto tipo de Ilustración que no se entiende como oposición frontal al Romanticismo sino como algo menos rígido y que también encarnaría el propio Humboldt. Lo relaciona también con las obras de Campomanes en España y con el proyecto de instruir a las clases más populares en la laboriosidad, recta moralidad y buenas costumbres. Todo ello muy acorde con el discurso civilizador ilustrado, aunque teniendo también en cuenta el «giro agrario» protagonizado por la segunda generación de la Bascongada. Esa Ilustración veía en algunos valores populares el símbolo de lo auténtico, de lo originario, siendo la búsqueda de esas «esencias» algo más habitual de lo que habitualmente pensamos entre los ilustrados europeos, dando así forma a una Ilustración de tintes más conservadores. Esta idea conecta claramente Peru Abarca con las otras obras de Moguel en busca de la pureza lingüística o moral.

Peru Abarca es una idealización del mundo campesino en la más pura tradición oeconomica, en la que el pater familias debe ser ejemplo de buen gobierno sobre la casa y los suyos. Por supuesto, Peru es consciente de que ese orden tiene su base en el Fuero de Bizkaia. Conoce este al detalle, así como su importancia para la consolidación del estatus hidalgo entre los vizcaínos. En su momento, la obra parece haber sido escrita para un público culto compuesto por élites rurales, queriendo ser para ellas una suerte de manual, ya no solo del buen etxeko jaun sino incluso del buen dirigente de una comunidad vascongada. En esto, sus intenciones eran semejantes a las de otros escritos contemporáneos como los de Umérez u Oxangoiti. La lectura que se hizo ochenta años después, en el momento de su publicación, la convirtieron en algo más, en concreto en la primera pieza de una larga tradición de sublimación del caserío y el agro vascos como esencia de las purezas de la raza, visión que quedaría acentuada por el nacionalismo sabiniano.

Moguel escribió en euskera y castellano. Su obra religiosa se publicó rápidamente pero sus textos literarios y apologéticos tardaron entre ochenta y cien años en ver la luz. Le continuaron en el cultivo de la lengua vasca su sobrino Juan José y su sobrina Vicenta Antonia. Esta última es la autora de Ipui Onac, obra en la que colaboró activamente Juan Antonio y que recoge un conjunto de 50 fábulas de Esopo, Samaniego e Ibáñez de la Rentería. El libro ilustra las intenciones de tío y sobrina de sustituir antiguos cuentos considerados de moral dudosa por otros que supusieran enseñanzas útiles y piadosas para niños, pero también para labradores. Para ello, llegaron a modificar las moralejas de algunas de las fábulas traducidas, cristianizándolas.

Obras

Confesio ta Comunioco Sacramentuen gañean Eracasteac, Pamplona: Viuda de Ezquerro, 1800. Escrito en dialecto guipuzcoano.

Confesiño ona edo Ceimbat gauzac lagundu biar deutseen Confesinuari ondo eguiña izateco, Vitoria: Fermín Larumbe, 1803. Escrito en dialecto vizcaíno.

Versiones bascongadas de varias arengas y oraciones selectas de los mejores autores latinos o Demostración práctica de la pureza, fecundidad y elocuencia del idioma Bascuence contra las preocupaciones de varios escritores extraños y contra algunos bascongados, que solo tienen una noticia superficial del idioma patrio, Tolosa: Francisco de Lama, 1802.

El catequista vascongado / Cristau aracasle euscalduna [1800-1804], en A. Arejita (ed.), Bilbao: Labayen Ikastegia, 1994, a partir de un manuscrito con el mismo título que se conserva en la Biblioteca de la Diputación vizcaína.

Nomenclatura de las voces guipuzcoanas, sus correspondientes vizcainas y castellanas, para que se puedan entender ambos dialectos, 1802.

Cristinauaren jaquinvidea [1805], traducción del catecismo de Astete, publicada varias veces y con distintos títulos (Cristiñau Doctriñia, por ejemplo), Bilbao: Pedro Antonio Apraiz, 1819; Bilbao: José Basozábal, 1821; Bilbao: Adolfo Depont, 1838. Hay edición moderna: Christinaubaren ikasbidea edo doctrina cristiania, a cargo de Luis Villasante, Bilbo: Euskaltzaindia, 1987.

La Historia y Geografía de España ilustradas por el Idioma Vascuence. En la que trata de la Religión de los antiguos Cántabros, de la unidad del idioma primitivo español contra el sistema particular del Abate Masdeu. Demostración de los vocablos vascongados que se hallan en toda la Península según el mapa general de España. Nombres de la Historia antigua de ella. Nomenclatura de Cataluña [1800]. Publicada la primera parte por Justo Gárate en la revista Euskera, 16 (1935), pp. 187-354, y en tirada aparte en Bermeo, 1936. La segunda parte no llegó a ver la luz a pesar de estar parcialmente impresa y preparada para ser publicada en la revista Euskera, 18 (1937), pp. 1-71.

Cartas y disertaciones de don Juan Antonio Moguel sobre la lengua vascongada, por el Dr. Heine Berlín-Leipzig, 1847; Real Academia de la Historia, Memorial Histórico Español, t. VII, pp. 703-753, Madrid: Imprenta de José Rodríguez, 1854. Incluye la correspondencia con Vargas Ponce. Se publica también esta correspondencia en Moguel, J. A., Cartas y disertaciones sobre la lengua vascongada, Bilbao: Imprenta del Euskalduna, 1870; Seoane, M. de, «Correspondencia epistolar entre D. José Vargas Ponce y Ponce y D. Juan Antonio Moguel sobre etimologías vascongadas», en varias páginas de la revista Euskal Erria, 65 (1911); 66 (1912); 67 (1912); Gárate, J., La época, pp. 76-97. J. Gárate publicó también otras cinco cartas inéditas en Ensayos euskarianos, Bilbao, 1935, pp. 215-229.

El doctor Peru Abarca, catedrático de la lengua bascongada en la Universidad de Basarte o Diálogos entre un rústico solitario bascongado y un barbero callejero llamado Maisu Juan, [1802], Durango: Julio Elizalde, 1881. En castellano aparece en 1898 de la mano de R. M. de Azkue en las páginas de la revista Euskalzale. Gregorio Arrúe publica la versión en dialecto guipuzcoano en el Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, años 1948 y ss. Ediciones modernas en Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, t. IV, 1970; Durango: Euskal Editoreen Elkartea Klasikoak, 1984; bilingüe en San Sebastián: Orain, 1995, con presentación de I. Urdanibia.

Apología de la Lengua Bascuence contra las erradas ideas y congeturas de D. Joaquín Traggia, autor del artículo del origen de dicha lengua en el Diccionario Histórico-Geográfico de la Real Academia: V. Navarra [c. 1802-1803]. Se publicó como «Apología de la lengua Bascuence», Euskal Erria, XXV, 2.º semestre de 1891, pp. 38, 69, 116, 137, 212, 244, 270, 297, 336, 369, 390, 442, 474, 497 y 524.

Análisis filológico de un sermón euskerico escrito en 1792, por don Juan Antonio Moguel, cura párroco de Markina, e inédito hasta la fecha, [1792]. Publ. por Sabino Arana en Bizkaitarra, 1895-1896.

Pascalen Gogamenak, traducción de pensamientos de Pascal publicada por R. M. de Azkue en Euskalzale, 1899.

Soraluce y Zubizarreta, N. de, Más biografías y catálogo de Obras Vasco-navarras, Vitoria, 1871, p. 26, le atribuye unos Estudios gramaticales sobre el vascuence, Vitoria: F. Larumbe, 1803, y unos Diálogos vascongados, Bilbao: Apraiz, 1816.

Bibliografía

Altuna, B., El buen vasco. Génesis de la tradición «Euskaldun fededun», Donostia: Hiria, 2012.

Arejita, A., La obra de Juan Antonio Moguel. Tesis doctoral dirigida por A. Irigoyen, Bilbao: Universidad de Deusto, 1995.

Díaz Ezkerra, M., «Peru Abarca como acto comunicativo», Euskera, vol. 27, núm. 1 (1982), pp. 13-57.

Esteban Ochoa de Eribe, J., Discursos civilizadores. Escritores, lectores y lecturas de textos en euskera (c. 1767 – c. 1833), Madrid: Sílex, 2018.

Gárate, J., La época de Pablo Astarloa y Juan Antonio Moguel, Bilbao: Junta de Cultura Vasca, 1936.

Madariaga, J., Apologistas y detractores de la lengua vasca, Donostia-San Sebastián: Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 2008.

Mañaricúa, A. E. de, Historiografía de Vizcaya. Desde Lope García de Salazar a Labayru [1971], Bilbao: Universidad de Deusto, 2012, 3.ª ed.

Tovar, A., Mitología e ideología sobre la lengua vasca, Madrid: Alianza, 1980.

Villasante, L., Historia de la Literatura Vasca, 2.ª ed., Burgos: Aránzazu, 1979

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