Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

MENCOS Y MANSO DE ZÚÑIGA AREIZAGA, Joaquín Ignacio. Conde de Guenduláin y barón de Bigüezal (Pamplona, 6 de agosto de 1799 – 20 de enero de 1882).

Cargos y oficios

Político y literato

Trayectoria

El conde de Guenduláin pertenecía a una de las pocas familias de la antigua nobleza navarra que sobrevivieron a la creación del Estado liberal, teniendo un papel destacable tanto en la política nacional como en la local a lo largo del siglo xix. En este sentido, sus antepasados fueron entroncando con lo más granado de los grupos pertenecientes a las élites de las tierras vascas y La Rioja. De la parte paterna provenía de los Mencos (conde de Guenduláin y barón de Bigüezal), Ayanz, Eslava (conde de Fresno Fuente y marqués de la Real Defensa). De la materna descendía de los Manso-Zúñiga (conde de Hervías, vizconde de Neguerela), Villarreal de Bérriz (conde de Monterrón), mientras por ambas ramas, debido a emparejamientos dobles, era originario de los Areizaga (barón de Areizaga). Una tía suya estaba enlazada con el marqués de Lozoya. Casado en dos ocasiones, por parte de su primera esposa María Concepción de Elío y Leizaur estaba unido a los Elío (marqués de la Lealtad). Igualmente, una hermana suya también estaba casada con otro Elío, siendo su cuñado el marqués de Vesolla. Por parte de su segunda esposa María Pilar de Ezpeleta Aguirre y Zuazo, condesa del Vado e hija de la marquesa de Montehermoso, Mencos conectaba con los Ezpeleta (conde de Ezpeleta de Veire). Por último, era concuñado de Pedro Agustín de Girón de Las Casas, marqués de las Amarillas y duque de Ahumada.

Su padre, casado con Manuela María Manso de Zúñiga y Areizaga, era Joaquín María de Mencos y Eslava (Pamplona, 1771-Pamplona, 1852). Durante la ocupación napoleónica llegó a ser alcalde de la capital navarra. No obstante, su activa participación en la administración josefina no le acarreó serias consecuencias, puesto que una vez instaurado el absolutismo seguiría participando en las Cortes de Navarra y fue nombrado por Fernando VII gentilhombre de su cámara en ejercicio. Tras el fallecimiento del rey, la reina regente María Cristina lo designó prócer del reino. Entre sus tíos paternos abundaban militares que se forjaron a finales del siglo xviii en las guardias reales, el cuerpo más prestigioso del ejército español. Entre ellos, destacó el absolutista José María de Mencos y Eslava (Pamplona, 1773-Madrid, 1833), mariscal de campo y gentilhombre de cámara de Francisco de Asís y Borbón y Enrique de Borbón. Asimismo, entre sus tíos maternos también se encontraban notorios militares que labraron su carrera en las guardias reales, como el brigadier de infantería Manuel María de Manso Zúñiga y Areizaga (Santo Domingo de la Calzada, 1783-1840). La tradición de participar al servicio de las armas fue llevada a cabo por dos de los hermanos del conde de Guenduláin, Manuel de Mencos y Manso de Zúñiga, marqués del Amparo y Lucio de Mencos y Manso de Zúñiga.

En su juventud, Joaquín Ignacio tuvo como preceptor al ilustrado Alberto Lista. Bajo su enseñanza, realizada junto a sus primos, estudiaría matemáticas, historia, lenguas y literatura. Bajo la mediación de Lista conocería a Manuel Quintana, confinado en aquellos años en la ciudadela de Pamplona. Gracias a la influencia de sus dos maestros cultivaría su afición por la poesía. Poco después, entre 1817-1818, participaría en la Cortes Generales de Navarra en representación del brazo militar. En ellas, manifestaría su disconformidad por la posibilidad de trasladar las aduanas del Ebro a la costa.

Tras la llegada de la Revolución liberal, en 1820, mostró una actitud muy crítica por la restauración de la Constitución de 1812. Por ello, se alistó en la Milicia Nacional, que en Navarra operó como contrapeso al liberalismo más exaltado dirigido por el guerrillero Espoz y Mina. Por otro lado, tras perseguir a las partidas realistas por el reino y las Provincias Vascas, a finales de 1821 debido a las tensiones políticas del momento, su padre y tíos le recomendaron trasladarse a Madrid y de paso continuar sus estudios con Alberto Lista. Residiría en la Corte hasta 1825, siendo testigo de primera mano de la política madrileña del Trienio liberal. La experiencia constitucional reafirmaría sus postulados moderados, incluso llegó a justificar, en parte, el levantamiento rea-lista de julio de 1822. En su caso, el padre de la que sería en 1828 su primera esposa, sería fusilado en Valencia ese mismo año acusado de conspirar contra el gobierno liberal. Era el teniente general Francisco Javier de Elío y Olóndriz.

Una vez derrocado el régimen constitucional regresó a Navarra, aunque se dedicaría a realizar viajes por Aragón, Andalucía, Madrid y Cataluña. En vísperas de la guerra civil de 1833 sería elegido regidor del Ayuntamiento de Pamplona, de mayoría carlista. Ello no fue óbice para que Joaquín Ignacio mostrase su total adhesión a la reina regente María Cristina. Un año más tarde sería escogido por el propio consistorio para representar al ayuntamiento en la Diputación del reino de Navarra, cuyos miembros fueron condenados a muerte por el general Zumalacárregui. El protagonismo político de Mencos fue ampliándose al ser la cabeza visible de una de las grandes familias que se mantuvieron fieles al gobierno isabelino. En 1834 estuvo comisionado por la Diputación en la Corte para tratar los asuntos de Navarra y dar parte sobre la situación de la guerra. Dimitiría de su cargo en 1835. Sin embargo, en las elecciones del siguiente año fue elegido diputado a Cortes. Tras la sublevación de La Granja en agosto de 1836, Mencos, consciente de que sus adversarios políticos habían asaltado el poder y que en su tierra natal la situación bélica iba empeorando, decidió partir hacia Francia. Desde Pau, colaboraría con otros representantes de las élites vascas refugiados en el país galo en la empresa de Paz y Fueros, aunque posteriormente no se involucraría. En octubre de 1838 retornaría a Madrid pero se alejaría de toda labor política, hasta que al año siguiente fue electo de nuevo diputado a Cortes por Navarra.

Finalizada la Guerra Carlista se instalaría entre Madrid, Pamplona y San Sebastián. Sería elegido secretario de la comisión para la elaboración de la Ley de Ayuntamientos. Una vez ascendido el general Espartero a la Regencia (1840), Mencos volvió a Navarra, donde se estaba urdiendo una conspiración para que los moderados retomasen el poder. Justamente, en su vivienda se reu-nirían los intrigantes, entre ellos el general O’Donnell, máximo responsable del alzamiento antiesparterista en Navarra. A pesar de que en sus memorias aseguró no haber participado directamente en los acontecimientos, estaba al corriente de todos los planes, manteniendo pleno contacto con O’Donnell y todo su Estado Mayor. Incluso los sublevados le ofrecieron la presidencia de la Diputación Foral, convirtiéndose así en la máxima autoridad política del reino. Sin embargo, fracasado el motín, tuvo que huir de manera apresurada a Francia junto con parte de su familia y los marqueses de Vesolla. En su ausencia, sería sentenciado a muerte por un consejo de guerra debido a su destacado papel en los hechos. Pudo regresar a la Península una vez derrocada la Regencia en 1843.

Debido a su fidelidad a favor de la causa cristina, la reina madre lo nombró gentilhombre de la real cámara en ejercicio. Igualmente, volvería a ocupar puestos a nivel local y provincial: alcalde de Pamplona (1844) y diputado a Cortes por Navarra (1844). En la discusión para la elaboración de la nueva Constitución de cariz moderado, defendió la excepcionalidad fiscal de Navarra. En 1849 Isabel II lo designaría senador vitalicio. Ante la paulatina inestabilidad que se estaba generando en los gabinetes moderados que desembocarían en la Revolución de 1854, decidió regresar a Pamplona abandonando cautelarmente su actividad en la vida pública.

En 1858, estando Istúriz como presidente del Consejo de Ministros, ocupó su puesto de mayor responsabilidad hasta la fecha, al ser nombrado ministro de Fomento, mientras su familiar Fermín de Ezpeleta ocupaba la cartera de guerra. Sin embargo, su ministerio sería efímero. A los pocos meses, debido a las tensiones internas del gobierno y la presión de O’Donnell y sus seguidores, cayó el gabinete de Istúriz entrando al poder la Unión Liberal. Con O’Donnell, su viejo amigo, al mando de la presidencia, Mencos se limitó a sus labores representativas en el Senado. En 1866, con Narváez al frente de la jefatura, el conde de Guenduláin fue elevado como vocal en el Consejo de Instrucción Pública. Con todo, la crisis del sistema político y la del propio partido moderado era cada vez más acusada. Una vez materializada la Revolución de la Gloriosa, en 1868, mantuvo su lealtad a Isabel II, siendo uno de sus consejeros en el exilio.

En la vertiente artística, Joaquín Ignacio destacó por su faceta como poeta, afición cultivada desde su niñez, aunque nunca fue proclive a publicar sus trabajos en la prensa. Sin embargo, sus Memorias editadas tras su muerte representan un valioso testimonio sobre la vida política y acontecimientos ocurridos en los dos primeros tercios del siglo xix.

En 1831 ganó el concurso organizado por la Real Academia de la Lengua sobre el tema del cerco de Zamora por Sancho II. Su poema redactado en octavas reales se impuso a 33 competidores, entre los que se encontraba Donoso Cortés. En 1836 pudo entrar en la institución de la Lengua en clase de honorario, hasta que en 1840 consiguió ser miembro de pleno derecho. Acudió a 403 sesiones de la misma. Otra célebre obra escrita en verso fue la dedicada a su amigo el conde de Campo Alange, leída en la sesión de la Academia en 1837.

En sus primeros escritos se puede atestiguar la influencia del clasicismo debido a la influencia de sus profesores ilustrados Lista y Quintana. Posteriormente, evolucionaría hacia el romanticismo. Concretamente, analizó el romanticismo de los poemas épicos castellanos.

En su fallecimiento, el marqués de Molina leyó en la Academia de la Lengua su necrológica en la cual sintetizó el pensamiento político del conde: «La monarquía y el parlamento; su rumbo, aquella línea estrecha y difícil, lindera entre la libertad, que es naturaleza en el individuo, y el orden, que es necesidad del Estado». A pesar de su gran proyección estatal y de encuadrarse dentro del partido moderado, Guenduláin siempre defendió la pervivencia de los particularismos forales para Navarra. Entre otras distinciones, recibió la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (1852) y la Grandeza de España de Primera Clase (1864).

Obras

Memorias de don Joaquín Ignacio Mencos, Conde de Guenduláin, 1799-1882: del manuscrito original que se conserva en el Archivo de los Condes de Guenduláin en Pamplona, en Iribarren, J. M. (ed.), Pamplona: Aramburu, 1952.

El cerco de Zamora por el Rey D. Sancho II de Castilla. Poema premiado por la Real Academia Española, Madrid: Imprenta Real, 1833.

Poema a la muerte del Conde de Campo-Alange, 1837.

«Inés o guerras civiles de Navarra en 1452», Revista de Madrid, 1 (1841), pp. 413-435.

Discurso que con ocasión de la apertura del curso escolástico de 1848 a 1849 en el Instituto provincial de 2.ª Enseñanza y de 1.ª clase de Pamplona leyó el M. I. Sr. D., Pamplona: F. Erasun y Rada, 1848.

«Memoria leída por el Sr. presidente [de la Asociación Euskara] el Excmo. Barón de Bigüezal en el Batzarre de 11 de julio de 1880», Revista Euskara, 2 (1880), pp. 212-216.

«Romances históricos. El príncipe de Viana, octubre del año de 1452», Revista Euskara, 3 (1880), pp. 289-298. También en Euskal Erria, 17 (1887), pp. 333-336 y 364-369; y parte en Boletín de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Navarra, 11 (1920), pp. 33-36.

A la que vi en el templo (traducida al francés, obra inédita).

El trono y el pueblo (obra inédita).

El guerrillero (obra inédita).

Reseña histórica del estamento de próceres.

Bibliografía

Agirreazkuenaga, J. (dir.), Diccionario biográfico de los parlamentarios de Vasconia (1808-1876), Vitoria-Gasteiz: Parlamento Vasco, 1993, pp. 615-621.

Argamasilla de la Cerda y Bayona, J., Nobiliario y armería general de Nabarra, vol. 3, Madrid: Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés, 1906, pp. 6-60.

Cadenas y Vicent, V., Caballeros de la orden de Alcántara que efectuaron sus pruebas de ingreso durante el siglo xix, Madrid: Hidalguía, 1956, pp. 61 y 114.

Gran Enciclopedia de Navarra, «Mencos y Manso de Zúñiga, Joaquín Ignacio», Gran Enciclopedia de Navarra. Edición en línea: http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=14216 (consultado el 21 de julio de 2019).

Urquijo Goitia, J. R., «Joaquín Ignacio Mencos y Manso de Zúñiga», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/20415/joaquin-ignacio-mencos-y-manso-de-zuniga (consultado el 21 de julio de 2019).

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