Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores alaveses

LÓPEZ Y LÓPEZ DE TORRE, Blas Domingo (Nanclares de la Oca, Álava, 3 de febrero de 1781 – Vitoria, 23 de diciembre de 1861).

Cargos y oficios

Jurisconsulto, magistrado, político fuerista liberal, padre de provincia

Trayectoria

Gran defensor de los Fueros vascos, fue apoderado de las Juntas Generales de Álava en 1814, alcalde de Vitoria en 1843-44 y diputado a Cortes en cuatro legislaturas entre 1837 y 1853. Excelente jurista, fue magistrado honorario de la Audiencia de Barcelona, consultor de la Diputación de Álava y en el desempeño de su actividad redactó el Fuero consuetudinario. A pesar de su origen humilde logró convertirse en uno de los hombres públicos más importantes del País Vasco en el siglo xix. En mérito a sus servicios fue honrado con la distinción de padre de provincia.

Sus padres fueron Lázaro Tomás López, nacido en Nanclares de la Oca (Álava), y Rosa López de Torre, nacida en La Puebla de Arganzón (enclave de Treviño, Burgos), población en la que residía. Fue hijo y nieto de los posaderos de la venta de Lupierro, situada en el camino de postas junto a Nanclares de la Oca. Se licenció en Derecho en la Universidad de Oñati y en la de Valladolid, estableciéndose posteriormente en Vitoria como abogado.

Se casó el 12 de octubre de 1810 con Marcelina Íñiguez y Lazcano, natural de La Puebla de Arganzón, quien falleció repentinamente el 3 de julio de 1861, y con quien tuvo dos hijas: Joaquina y Matilde; esta última se casó en 1843 con Francisco Javier Palacios y Balzola, hermano de Francisco María, quien fue senador por Gipuzkoa entre 1876 y 1879.

Su actividad política arrancó con su presencia en las Juntas Generales de Álava de 1814 como procurador y consultor de la provincia, para «evacuar negocios graves pendientes y otros que puedan sobrevenir». Su labor en las Juntas estuvo dominada por su papel de jurista, experto en cuestiones forales. De su mano salió un importante número de informes presentados ante las Juntas y en algunas ocasiones se le cita para dar información de las reuniones de las tres diputaciones, a las que había acudido en representación de Álava. Blas Domingo López era habitual en las reuniones que congregaban a las «tres hermanas».

Llegado el Trienio liberal (1820-1823), fue nombrado alcalde segundo de Vitoria el 4 de abril de 1820, permaneciendo poco tiempo en el cargo ya que el día 21 de julio daba cuenta al consistorio de haber recibido su nombramiento como juez de primera instancia de Vitoria y sus 43 aldeas, razón por la que dejaba el puesto. El 6 de agosto de 1822 fue nombrado interinamente fiscal del jurado previsto en la ley sobre libertad de imprenta.

A pesar de su presencia en cargos públicos durante el Trienio liberal no sufrió marginación durante la restauración absolutista de la Década Ominosa, siendo uno de los apoyos fundamentales en la puesta en funcionamiento de la Diputación Foral de Álava, en la que pronto ocupó el puesto vitalicio de asesor y primer consultor de provincia y Juntas Generales de Álava. Sus intervenciones en la defensa de los Fueros se plasmaron en su Instrucción para la defensa de los Fueros de la M. N. y M. L. Provincia de Álava (1827). A partir de ese año y hasta 1857 consta su presencia en casi todas las reuniones celebradas por las tres diputaciones vascas. El 21 de noviembre de 1831 las Juntas Generales de Álava, en agradecimiento, solicitaron al rey que otorgase a Blas Domingo un reconocimiento por los servicios que había prestado en su puesto de consultor. Más adelante, en abril de 1833 logró la concesión de la plaza honorífica de alcalde del crimen de la Real Audiencia de Cataluña.

Durante la Primera Guerra Carlista, Blas López remitió diversos escritos a la prensa madrileña y comisiones parlamentarias. En los inicios de octubre de 1833, cuando llegaron las noticias de las primeras sublevaciones carlistas, Blas López fue de los que trataron de evitar que la provincia de Álava se sublevara a favor del pretendiente carlista, a cuyo fin se entrevistaron con Valentín de Verástegui (1789-1878), que se encontraba al frente de los «naturales armados». Durante dicho mes convivieron en Álava los poderes de la Diputación y los de la Junta Carlista, que ostentaba la fuerza armada, en medio de graves tensiones como la ocurrida en la noche del 20 al 21 de octubre, en que fueron detenidas varias «personas respetables», entre las que se hallaba Blas López, quien, en abril de 1834, fue desterrado a Burgos, destierro que duró muy poco tiempo porque a finales de mayo se desplazó a Madrid y el 10 de junio salía en dirección a Vitoria.

En su calidad de consultor de la Diputación de Álava, fue uno de los autores de la mayoría de los escritos y uno de los negociadores más importantes en las discusiones forales del reinado de Isabel II. En 1834 la Diputación alavesa envió a Fausto Otazu como comisionado en Cortes, para la defensa de los intereses de la provincia, y Blas López se convirtió en su principal corresponsal en todas las cuestiones técnicas para dicha comisión y quien da todos los argumentos jurídicos para la defensa del mantenimiento foral. A través de la correspondencia de Otazu se puede ver que la pretensión de Blas López respecto al sistema foral consistía en tratar de evitar una discusión frontal e ir perviviendo, en esta difícil y belicosa etapa, para poder plantear la discusión en una situación más tranquila y por ende favorable.

López resultó elegido para representar a Álava en las elecciones convocadas por Francisco Javier de Istúriz en mayo de 1836, pero las Cortes no llegaron a abrirse. A pesar de perder su condición de diputado se mantuvo en Madrid un largo periodo, durante el cual no permaneció inactivo, ya que sus visitas a altos cargos y sus escritos fueron bastante frecuentes. En la primavera de 1837 regresó a Vitoria. Al producirse el amotinamiento de tropas en Vitoria el 17 de agosto de 1837, salvó su vida ocultándose.

Aprobada la Constitución de 1837, López obtuvo un acta de diputado para las legislaturas 1837-1838 y 1838-1839 y retornó a Madrid. Durante su permanencia en el Congreso de los Diputados, la corporación alavesa le encomendó realizase gestiones destinadas al «posible alivio de los acerbos males que oprimen a ese país desgraciado». Se trataba fundamentalmente de conseguir una disminución en la presión fiscal. De mayor calado político fue su participación en las gestiones destinadas a materializar, de forma favorable a las instituciones vascas, la aplicación de las cláusulas contenidas en el Convenio de Bergara. Junto con Pedro Egaña y Fausto Otazu se afanaron en el mantenimiento, lo más amplio posible, de la normativa foral. Al finalizar su estancia parlamentaria, la Diputación envió el 11 de junio de 1839 una comisión para que le felicitase por sus servicios a la provincia y el 17 de diciembre de 1839 fue nombrado «padre de provincia», en atención «al celo, interés y eficacia de sus servicios a la provincia de Álava». Tomó parte en los preparativos de la creación del Colegio de Abogados de Álava, que tuvo lugar el 12 de noviembre de 1839, siendo uno de los veintidós abogados que se integraron en él.

A principios de mayo de 1840, Blas López se trasladó con su familia a Madrid, en calidad de comisionado en Cortes, a fin de seguir las negociaciones que se estaban realizando con el gobierno para el mantenimiento de los Fueros. Su actuación mereció la felicitación de la corporación alavesa el 18 de noviembre de 1841. El 1 de enero de 1843 tomó posesión del puesto de alcalde primero de Vitoria. Su mandato fue un periodo en el que no se produjeron graves problemas en la ciudad, que luchaba por acomodarse a la nueva situación de eliminación de los Fueros.

Tras la sublevación moderada de 1843 que derribó al regente Espartero, cesó en la alcaldía el 31 de marzo de 1844. En julio de 1846 formó nuevamente parte de la comisión alavesa encargada de discutir con las restantes provincias la cuestión de la contribución exigida por el gobierno central. El 20 de octubre de 1846 escribió una breve reseña del Fuero consuetudinario de la provincia de Álava («documentada síntesis del Fuero alavés»), publicado en 1926. En 1848 López redactó las bases para el arreglo foral de las tres provincias, al que cada una de ellas haría las modificaciones convenientes. La intransigencia de Biz-kaia paralizó el proceso, al rechazar las «bases de negociación» redactadas por López, que Álava y Gipuzkoa habían aprobado. Fue un momento crítico, porque las bases de Blas López trataban de estabilizar el régimen foral en la situación de hecho en que entonces se encontraba, aceptando algunos contrafueros irreversibles. Era un proyecto de mínimos, que rechazó el maximalismo fuerista que había triunfado en Bizkaia.

En 1850 fue nombrado comisionado representante de Álava en Madrid, que compatibilizó con el empleo de diputado en las Cortes por Laguardia (Álava) en 1851, 1852 y 1853. Redactó, como consultor de la Diputación de Álava, junto con Pedro Egaña, un proyecto de acomodación de los Fueros a la realidad política y jurídica-constitucional vigente en el Estado español. Se trataba de fijar sobre bases jurídicas firmes, el estatuto político autónomo de las tres Provincias Vascongadas. La memoria fue presentada en 1851 a la «comisión magna de arreglo de Fueros», nombrada por el presidente del Consejo de Ministros Juan Bravo Murillo. Su papel más importante en este periodo lo desempeñó en las reuniones mantenidas por las tres diputaciones con el gobierno durante el año 1852, en el curso de las cuales los representantes alaveses (Pedro de Egaña y Blas López) mantenían el principio de que no había contradicción entre el sistema foral y la constitución.

Su muerte fue hondamente sentida. La Diputación de Álava fue convocada en sesión extraordinaria para celebrar una sesión en homenaje a su figura. Diversos elogios calificaban a Blas Domingo López de «eminente y virtuoso jurisconsulto» o «ilustre alavés de imperecedero recuerdo».

Obras

Instrucción para la defensa de los fueros, grandezas y privilegios, buenos usos y costumbres de la M. N. y M. L. Provincia de Álava, en el expediente que pende en el Real y Supremo Consejo de Hacienda, sobre la Intendencia de Ejército de Navarra, y establecimiento de sus oficinas en la ciudad de Vitoria, Vitoria: Agapito Manteli, 1827.

Observaciones sobre la necesidad de examinar el régimen administrativo de las Provincias Vascongadas para fallar con acierto en esta materia, Madrid: Imprenta de D. Miguel de Burgos, 1834.

Fuero consuetudinario de la provincia de Álava, Vitoria: Imprenta provincial, 1926.

Bibliografía

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Vidal-Abarca, J.; Verástegui, F. de, y Otazu, A. de (eds.), Fausto de Otazu a Íñigo Ortés de Velasco. Cartas 1834-1841, pról. de M. Herrero de Miñón, Vitoria: Diputación Foral de Álava, 1995, 2 vols.

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