Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores alaveses

FORONDA Y GONZÁLEZ DE ECHÁVARRI, Valentín Tadeo de (Valentín de Foronda) (Vitoria, 14 de febrero de 1751 – Pamplona, 24 de diciembre de 1821).

Cargos y oficios

). Economista, político y diplomático

Trayectoria

Valentín de Foronda nació en el seno de una familia noble, propietaria de un notable patrimonio inmobiliario. Su padre, Luis Antonio de Foronda, era caballero de la Orden de Santiago y había desempeñado el cargo de tesorero general de la Santa Cruzada en el Obispado de La Paz; su madre, Catalina de Echávarri, era a su vez hija del regidor de Vitoria.

Nada se conoce de la etapa formativa de Valentín de Foronda, aunque resulta posible que hubiera podido educarse en Francia, donde aprendería la lengua gala y presumiblemente llegaría a conocer algunas de las obras más influyentes de la ilustración francesa que luego serían determinantes en su ideario económico y político, como los textos fisiócratas y las doctrinas de Condillac, Mably o Batteux.

Los primeros rastros públicos de Foronda se remontan a 1776, fecha en la que se afilió a la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, de la que fue un importante activo hasta 1778. En 1777 daría comienzo su actividad política, al ser elegido concejal del Ayuntamiento de Vitoria, donde desempeñó el cargo de juez de policía, en el que intentó implantar medidas de salubridad pública, también procuradas a través del patrocinio de la Sociedad Caritativa de Vitoria. Estas medidas filantrópicas le llevarían a entrar en conflicto con el alcalde Lorea, quien se puso de parte de los mesoneros de Vitoria, opuestos a las severas medidas higiénicas instauradas por Valentín de Foronda. Un conflicto que le depararía una multa, impuesta por la Chancillería de Valladolid.

Sus tempranos intereses ilustrados —con especial inclinación hacia la economía política, explícitos en su participación en la creación del Banco de San Carlos y en la Compañía de Filipinas— le llevaron en 1782 a trasladarse a Bergara y entablar allí relaciones con el Seminario Patriótico de esta localidad, al que habían pertenecido otros reputados miembros de la Ilustración, como el penalista Manuel de Lardizábal y Uribe, y que contaba con una extensa biblioteca que contribuyó a la formación intelectual de Valentín de Foronda. Una formación que, siguiendo el patrón ilustrado, abrazaba las más diversas disciplinas, lo que le permitió integrarse desde 1786 en la Academia Real de Ciencias y Artes de Burdeos y a la Sociedad de Ciencias Naturales de Barcelona, así como elaborar unas Lecciones ligeras de química (1791) y hacerse cargo de una edición en castellano de la Lógica de Condillac (1794). Esa misma vocación universalista se aprecia en su obra Miscelánea o Colección de varios discursos, con ediciones en 1787 y 1793, y en la que recogía varios de sus primeros textos, principalmente de contenido económico, pero en los que no faltaban incursiones en disciplinas tan variadas como las matemáticas y la física.

En 1788 Valentín de Foronda comienza una etapa de colaboración con la prensa, en particular con el Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa de Cladera, en el que participó hasta 1791. Sus escritos —redactados a modo de cartas, según un uso ilustrado común— verían luego la luz en forma de libro: Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la Economía Política y sobre las leyes criminales. Una obra cuyo primer volumen data de 1789, postergándose el segundo hasta 1794, y que volvería a ser editado en 1821, aunque con modificaciones sustanciales.

La obra muestra una deriva de Foronda hacia el radicalismo. Antaño deudor de Montesquieu y el humanismo de Gaetano Filangieri, el texto de las Cartas se sitúa dentro del espectro de la ilustración liberal, insatisfecha con el despotismo ilustrado de Carlos III y más aún con el absolutismo de Carlos IV. En esa obra, el ilustrado vasco forjaría una de sus más famosas frases, al definir los derechos de propiedad, libertad y seguridad como «los tres manantiales de la felicidad de todos los Estados»; en la edición de 1821, con una postura aún más radicalizada e influida por Mably y Rousseau, a esta tríada añadiría la igualdad.

Antes de llegar a ese nivel de radicalización, Valentín de Foronda ya había sido objetivo inquisitorial por sus ideas avanzadas. En 1790 el Santo Tribunal lo citó a declarar por la tenencia de libros prohibidos, y cuatro años más tarde se le acusó de connivencia con el ideario revolucionario francés. Aunque finalmente no resultó condenado, su amigo el marqués de Narros sí sufrió ese destino, lo que contribuyó a que entre 1795 y 1798 optase por no imprimir obra alguna.

Paralelamente a la radicalización intelectual de Foronda, este comenzó la búsqueda de un empleo público, solicitado a Floridablanca, Urquijo, Cevallos e incluso al propio Carlos IV. Tal interés respondía a su delicada situación pecuniaria, fruto del fracaso de dos de sus proyectos económicos más ambiciosos: los ya referidos del Banco de San Carlos y la Compañía de Filipinas. La respuesta a sus requerimientos no llegaría hasta mayo de 1801, cuando obtuvo el nombramiento como cónsul de Venecia; si bien el 29 de septiembre de ese mismo año se le confiaría el consulado general de Filadelfia, tras la dimisión de su titular, José Ignacio Viar. Con el nombramiento de Foronda, el gobierno español pretendía, además, suavizar las relaciones del marqués de Casa Irujo —al frente de la legación española en Estados Unidos— con el gobierno norte-americano. Unas relaciones que se hallaban deterioradas por el tono imperativo del marqués, que no contaba con el beneplácito de Jefferson y Madison.

Valentín de Foronda se mantuvo en el cargo de cónsul hasta 1808, desempeñando un importante papel en un momento clave de las relaciones hispano-estadounidenses, debido a la venta de Luisiana que había llevado a cabo Napoleón, tras obtener el territorio a través del Tratado de San Ildefonso. La estancia —en la que no faltarían problemas personales debido a la mutua animadversión entre él y el marqués de Casa Irujo— le permitió al ilustrado vasco conocer de primera mano la política, cultura y economía de Estados Unidos, aspectos a los que dedicó su obra Apuntes ligeros sobre los Estados Unidos de la América Septentrional (1804). Su juicio sobre el país no resultó excesivamente benévolo, desagradándole tanto la división de facciones políticas, que a su parecer perturbaban la paz pública, como incluso la libertad de imprenta que, aunque él había defendido denodadamente, consideraba que en Estados Unidos se había convertido en «una licencia desmesurada, un frenesí». Más simpatía pareció sentir por Jefferson y Madison; un sentimiento mutuo, seguramente propiciado por el exquisito tacto con el que el político alavés gestionaba la defensa de los intereses españoles.

En 1804, Valentín de Foronda solicitó regresar a España pero, lejos de atender a su petición, el gobierno lo designó en julio de 1807 encargado de negocios en Estados Unidos, relegando al marqués de Casa Irujo. El estallido de la Guerra de la Independencia española le sorprendió aún en aquel país, donde su ambigua actitud sobre la presunta legitimidad del gobierno josefino le valió una inmerecida calificación de afrancesado; postura que él mismo desmintió en dos escritos publicados en Filadelfia en 1808 y enero de 1809. Todavía en Estados Unidos redactó unos Apuntes ligeros sobre la nueva Constitución (1809) en los que ofrecía su visión de la forma más conveniente de organizar el Estado español en la vacancia regia, aun cuando en realidad la Junta Central —que había sustituido a Fernando VII, retenido por Napoleón en Bayona— no había por aquel entonces acordado elaborar Constitución alguna, sino que simplemente había expedido una convocatoria de Cortes en la que, además, había solicitado a particulares e instituciones su parecer respecto de las reformas que debían operarse en las Leyes Fundamentales.

Ese mismo año de 1809 Valentín de Foronda intentó nuevamente regresar a España, pero hubo de sufrir algunos contratiempos. A pesar de que él mismo creía haber limpiado su nombre respecto de la acusación de afrancesado, su hijo único, Fausto de Foronda y Vidarte (que había sido cónsul de Baltimore hasta 1804), había aceptado un cargo en la administración josefina, lo que hizo que la mancha de colaboracionista volviese a pesar sobre él. Por ese motivo, optó por residir provisionalmente en Lisboa, donde comenzó una activa etapa de apoyo a la causa patriótica, proponiendo los cambios políticos que a su parecer necesitaba acometer el país. Así, en 1810 publicaría en la capital lusa sus Cartas sobre varias materias políticas en las que se vislumbra un Valentín de Foronda portador de un liberalismo radical. Sus principales fuentes doctrinales eran John Locke, Jean-Jacques Rousseau y Gabriel Bonnot de Mably, con una clarísima inclinación hacia el modelo constitucional francés, en detrimento del estadounidense —que había conocido de primera mano pero que no apreciaba— y el británico. Ello le llevó a defender sin tapujos un modelo iusracionalista, alejado de la argumentación historicista que fue habitual entre los liberales de las Cortes de Cádiz. Valentín de Foronda abrazó sin recato las teorías del estado de naturaleza y del pacto social, el origen preestatal de los derechos individuales y la soberanía popular. Su vinculación a Locke resulta palmaria en la consideración del derecho de propiedad como fulcro de los demás derechos individuales, que no serían sino una concreción suya. A la seguridad personal (es decir, la propiedad sobre el propio cuerpo, según las tesis de Foronda) dedicaría también diversas reflexiones, defendiendo el procedimiento de habeas corpus y el principio nulla poena sine previa lege. Reflexionaría también sobre la necesidad de suavizar el Derecho penal —prohibiendo las torturas y mejorando los presidios— muy influido por Cesare Beccaria y en una línea que ya había defendido en 1788 en un discurso sobre las leyes criminales. Esta circunstancia muestra la enorme coherencia de Valentín de Foronda, cuyas ideas sustanciales permanecen desde el siglo xviii hasta la Guerra de la Independencia; algo perceptible igualmente en su defensa férrea de la libertad de imprenta, a la que había dedicado uno de los más tempranos textos elaborados en España. Así, en su Disertación sobre la libertad de escribir, presentada en la Sociedad de Valladolid en 1786 y publicada en 1789 en el Espíritu de los mejores diarios, definía esa libertad como el «árbol de la vida social»; y durante la Guerra de la Independencia sus escritos mantendrían la misma veneración por esa libertad.

En febrero de 1811, tras haberse trasladado a La Coruña, incrementó su producción política escribiendo en diarios como El Patriota compostelano, El ciudadano por la Constitución y la Gaceta Marcial y Política de Santiago, en los que verían la luz algunos de sus más relevantes escritos. En ellos seguía manteniendo sus posturas iusracionalistas, y su propuesta sobre la forma de gobierno difería de la que las Cortes de Cádiz estaban discutiendo para la Constitución de 1812. El principal punto de discrepancia residía en el Parlamento: los liberales gaditanos habían apostado por una asamblea unicameral que mantuviese el nombre histórico de Cortes; sin embargo, Valentín de Foronda huía del historicismo y proponía que el Parlamento se denominase «intérprete de la voluntad general» —en un sentido claramente rousseauniano— y que asumiese una estructura bicameral. Esta última no seguía, sin embargo, el modelo británico, sino el del Directorio francés, contando con una Cámara de Jóvenes y otra de Ancianos. Una propuesta que, mutatis mutandis, había planteado también Álvaro Flórez Estrada en su proyecto constitucional de 1809, enviado a la Junta Central.

Los escritos publicados por Foronda en 1811 contarían sin embargo con un frontal rechazo del absolutismo gallego, liderado por clérigos y que sometieron al ilustrado vasco a las más descarnadas críticas, a las que él respondió siempre a través de la prensa y con manifiesta ironía. Nunca llegó a utilizar, sin embargo, su puesto como vocal de la Junta de Censura de Galicia (para el que fue elegido en 1813) como instrumento para frenar las ácidas críticas de las que era objeto.

La pertinaz oposición al vitoriano surtió efecto en 1814, con el regreso de Fernando VII, que enseguida apuntó a Valentín de Foronda como uno de los integrantes del bando liberal y, de resultas, digno de represión. Padeció el alavés el mismo destino que otros reputados liberales como Agustín Argüelles o Martínez de la Rosa: el presidio. En agosto de 1814 sufrió encierro en la prisión de La Coruña, donde permaneció incomunicado durante más de dos meses en una insalubre celda. Justamente en las condiciones que él mismo —con su visión humanista del Derecho penal y penitenciario— había querido desterrar de España.

En los meses sucesivos, Valentín de Foronda trató de obtener el perdón regio. En marzo de 1815 envió una misiva al propio rey, en la que confesaba rectificar sus «errores políticos». Ese mismo mes le fueron leídos los cargos inculpatorios —acusándolo de difundir la idea de que la soberanía pertenecía al pueblo, y no al rey, y de ser desafecto a Fernando VII—, a lo que Foronda respondió con el escrito Defensa de los dieciséis cargos hechos por D. José de Valdenebro, que no vería la luz hasta el Trienio liberal. El texto exculpatorio encaja en la misma línea del que publicaría también el célebre liberal Manuel José Quintana, si bien este último intentaría —con nulo éxito— dar a sus principios políticos liberales una pátina historicista, a fin de justificar que nada había de novedoso en ellos. Las tesis de Foronda fueron, sin embargo, mucho más confusas, acompañadas de una renuncia expresa a sus ideales políticos más radicales, incluido el de soberanía popular. Para justificar esos «errores» acudía a diversos argumentos con los que intentaba contextualizar sus opiniones políticas. Así, por ejemplo, advertía que sus escritos no tenían un sentido lapidario y apodíctico, sino que estaban formulados como simples opiniones que sometía al parecer de terceros en un incentivo al diálogo. En otras ocasiones se escudaba en la invitación que la Comisión de Constitución había cursado para que los ciudadanos debatiesen sobre cuestiones políticas, amparados en la casi total inimputabilidad que traía consigo la generosa regulación de la libertad de imprenta.

Ninguno de estos argumentos convenció al tribunal, que lo obligó a residir por diez años en Pamplona, bajo la estricta vigilancia del gobernador, que tendría que velar por su rectitud política. Lo que no le impidió asesorar a las Cortes de Navarra de 1817-1818 en asuntos económicos.

Con la llegada del Trienio liberal, Foronda intentó sin éxito obtener el consulado general de Francia, o al menos que se le computase su tiempo de presidio como años en activo. Esto último le fue reconocido el 17 de junio de 1821 por la Comisión ordinaria de Hacienda, que añadió como justificación para concedérsela «las luces y talentos de este ciudadano benemérito, sus grandes trabajos en obsequio de la literatura y honor de la nación, su infatigable celo por ilustrarla y los riesgos que en todo tiempo ha corrido por esta causa». El alavés intentó en este periodo recuperar su crédito político como liberal comprometido y, tras publicar sus argumentos ante el tribunal que lo había condenado, reeditó con alguna reforma de calado —en sentido liberal— las Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la Economía Política y sobre las leyes criminales (1821), que verían la luz poco antes de su fallecimiento, en diciembre de 1821.

Obras

Cartas escritas por Mr. De Fer al autor del Correo de Europa en que le da noticias de lo que ha observado en España, Burdeos: Luis Boudrie, ¿1783?

Miscelánea o colección de varios discursos, Madrid: Imprenta de Benito Cano, 1787.

Proyecto sobre la supresión de billetes, s. l., s. n., ¿1787-1799?

«Sobre que los derechos de propiedad, libertad y seguridad deben ser la basa de las leyes (Vergara, 15 de mayo de 1788)», Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa, núm. 155 (17 de noviembre de 1811).

«Disertación sobre la moderada libertad de escribir, esto es, en todos los asuntos, excepto los que miran a las verdades reveladas, a los puntos de nuestra santa Religión, que no admiten discusiones, y a las determinaciones del gobierno, acreedoras a nuestro respeto y silencio», Espíritu de los Mejores Diarios, núm. 179 (4 de mayo de 1789), t. VI, pp. 1-14.

Lecciones ligeras de química, puestas en diálogo, Madrid: Imprenta de González, 1791.

Memorias leídas en la Real Academia de las Ciencias de París sobre la edificación de hospitales, Madrid: Imprenta de Manuel González, 1793.

Lógica de Condillac, puesta en diálogo, Madrid: Imprenta de González, 1794.

Carta sobre los asuntos más exquisitos de la economía política y sobre las leyes criminales, Madrid: Imprenta de Manuel González, 1789 (vol. I), 1794 (vol. II).

Carta sobre contribuciones: las verdades políticas se engendran en la fermentación que producen las opiniones contraídas, s. l.: s. n., ¿1800?

Colección de máximas, preceptos y consejos para los señores intendentes, corregidores y alcaldes, Madrid: s. n., 1801.

Apuntes ligeros sobre los Estados Unidos de América septentrional (Philadelphia, 12 de marzo de 1804) [Selección].

Cartas presentadas a la Sociedad Filosófica de Philadelphia, Philadelphia: Thomas y Guillermo Bradford, 1807.

Cartas escritas por D. Valentín de Foronda, encargado de negocios y cónsul general de SMC. Fernando VII cerca de los Estados Unidos de la América septentrional, relativas a lo acontecido en España con el motivo de haber nombrado el Emperador Napoleón I a su hermano Josef rey de las Españas y las Indias, Philadelphia: Thomas y Guillermo Bradford, 1808.

Apuntes ligeros sobre la nueva Constitución, proyectada por la Majestad de la Junta Suprema Española, y reforma que intenta hacer en las leyes, Philadelphia: Thomas y Guillermo Bradford, 1809.

Cartas sobre varias materias políticas (Lisboa, 1810), Santiago de Compostela: D. Manuel Antonio Rey, 1811.

Carta sobre el modo que tal vez convendría a las Cortes seguir en el examen de los objetos que conducen a su fin, y dictamen sobre ellos (Lisboa, 29 de julio de 1810), Cádiz: Imprenta de D. Manuel Ximénez Carreño, 1811.

Libera opus meum alabiis iniquis et a lingua dolorosa. Carta a D. Juan de Madrid Dávila (14 de diciembre de 1810), Cádiz: Imprenta de D. Manuel Ximénez Carreño, 1811.

«[Sobre las reformas de las Cortes en materia de seguridad personal]», El Patriota Compostelano, núm. 165, 14 de junio de 1811, pp. 673-680.

«[Sobre la soberanía popular] (La Coruña, 12 de junio de 1811)», El Patriota Compostelano, núm. 182, 21 de junio de 1811, pp. 705-708.

«[Sobre la necesidad de unas buenas elecciones]», El Patriota Compostelano, núm. 8, 8 de julio de 1811, pp. 30-32.

«[Sobre la necesidad de unas buenas elecciones (continuación)]», El Patriota Compostelano, núm. 9, 9 de julio de 1811, pp. 34-36.

«[Sobre la fórmula en que deben expedirse las resoluciones y el juramento regio] (La Coruña, 8 de julio de 1811)», El Patriota Compostelano, núm. 17, 17 de julio de 1811, pp. 66-72.

Contestación de D. Valentín de Foronda a las ideas llamadas instructivas sobre tres cosas, etc. (La Coruña, 13 de julio de 1811), Santiago de Compostela: Oficina de D. Manuel Antonio Rey, 1811.

Respuesta a Beaujour, Cónsul General de Francia en Estados Unidos rechazando la Constitución de Bayona (Philadelphia, 14 de enero de 1809). En El Patriota Compostelano, núm. 65, 3 de septiembre de 1811, p. 262.

Ligeras observaciones sobre el proyecto de la nueva Constitución (La Coruña, 24 de septiembre de 1811), La Coruña: Oficina de D. Antonio Rodríguez, 1811.

Respuesta de gracias de D. Valentín de Foronda al reverendo padre Misionero Sin Máscara, Fray Vicente de Santa María, por los elogios con que le honró en la respuesta que dio a un cierto sujeto de La Coruña, y es D. Manuel Losada sobre su carta relativa al papel impreso en Cádiz, intitulado «La Inquisición sin Máscara, o disertación en que se prueba hasta la evidencia los vicios de este tribunal y la necesidad de que se suprima» (19 de abril de 1812), La Coruña: Oficina del Editor del Exacto Correo y Postillón, 1812.

«[Sobre la libertad personal]», Gaceta Marcial y Política de Santiago, núm. 83, 14 de noviembre de 1812, pp. 1013-1017.

Continuación de las advertencias de un ciudadano a los diputados de Cortes, La Coruña: Oficina de D. Antonio Rodríguez, 1813.

Carta sobre lo que debe hacer un Príncipe que tenga colonias a gran distancia, 1800, La Coruña: Oficina de D. Antonio Rodríguez, 1813.

«[Sobre el ceremonial de la Constitución de Cádiz] (La Coruña, 13 de abril de 1813)», El Ciudadano por la Constitución, núm. 62, 17 de abril de 1813, pp. 419-420.

«[Sobre las Cortes ordinarias de 1813 y la previsible paralización de las reformas] (La Coruña, 18 de abril de 1813)», El Ciudadano por la Constitución, núm. 66, 24 de abril de 1813, pp. 431-433.

Carta de Foronda a S. M. Fernando VII [rectificando sus ideas políticas] (La Coruña, 4 de marzo de 1815).

Lógica de Condillac (s. n.), Madrid, 1820 (3.ª ed.).

Carta sobre los asuntos más exquisitos de la economía política y sobre las leyes criminales, Madrid: Imprenta de Ramón Domingo, 1821.

Bibliografía

Barrenechea, J. M., Valentín de Foronda, reformador y economista ilustrado, Vitoria-Gasteiz: Diputación Foral de Álava, 1984.

Benavides, M., y Rollán, C., Valentín de Foronda. Los sueños de la razón, Madrid: Editora Nacional, 1984.

Fernández Sarasola, I., Valentín de Foronda. Escritos políticos y constitucionales, Textos Clásicos del Pensamiento Político y Social en el País Vasco, Bilbao: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, 2002.

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