Cargos y oficios
Diputado y catedrático de instituto
Trayectoria
Era el tercer hijo del matrimonio formado por Rufino Landa Albizu y Joaquina Álvarez de Carballo Goizueta. Su padre fue un conocido médico que trabajó en diversas localidades navarras y en el Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia de Navarra. Entre sus hermanos es necesario mencionar a Nicasio, médico militar y uno de los creadores de la Cruz Roja Española, proyecto en el que también colaboró Bonifacio, inspector de montes de Navarra. Contrajo matrimonio con Petra Blanco García, y en su partida de defunción se menciona el nombre de cinco hijos.
Su formación preuniversitaria transcurrió en el Seminario Conciliar de Pamplona (1854-1855) y en el Instituto de Pamplona (1856-1860). Inicialmente pensó seguir la carrera militar optando por el ingreso (3 de septiembre de 1862) en la Escuela del Cuerpo Administrativo del Ejército, estudios que no finalizó. En 1864 se matriculó en la Universidad de Zaragoza alternando los estudios de Derecho y Filosofía y Letras, especialidad esta última en la que consiguió el título de bachiller (15 de junio de 1867). Al finalizar el curso decidió trasladar su expediente a la Universidad Central, en donde se centró en Filosofía y Letras, alcanzando la licenciatura (14 de noviembre de 1868) y el doctorado (4 de junio de 1869).
Recién finalizados los estudios opositó a una plaza de Geografía e Historia (17 de julio de 1869) del Cuerpo de Catedráticos de Institutos de Segunda Enseñanza, con destino en el Instituto de Tudela. El Tribunal no logró alcanzar una decisión entre los dos candidatos finalistas, por lo que fue finalmente el Ministerio quien inclinó (14 de septiembre de 1870) la balanza en favor de Santos Landa. El 23 de septiembre de 1870 tomó posesión de su plaza. Antes de un año empezó a solicitar plazas por traslado a distintos institutos de la Península e incluso firmó oposiciones para universidades (Granada, Oviedo y Sevilla).
En septiembre de 1873 fue suprimido el Instituto de Tudela y Landa fue declarado (12 de septiembre de 1873) excedente con una reducción del sueldo de un tercio, pero inmediatamente (20 de septiembre de 1873) se le concedió la plaza que había quedado vacante en el Instituto de Lorca, aunque alegando motivos de salud consiguió destino en Jerez de la Frontera, cambiando su especialidad a la de Psicología, Lógica y Ética. Nuevamente inició el proceso de solicitudes de traslado y finalmente consiguió una permuta para irse a Santander (posesión 10 de octubre de 1978). En los últimos años de su vida fue nombrado vicedirector del Instituto de Santander (18 de abril de 1902).
A lo largo de su ejercicio docente varió el título de la plaza que desempeñaba, según la Guía Oficial de España: Geografía e Historia (1873), Lógica (1874-1878), Retórica (1879), Retórica y Poética (1880-1900), Preceptiva e Historia literaria (1901) y Lengua y Literatura castellana (1902-1904).
En el mes de abril de 1904 la prensa dio información sobre su delicado estado de salud señalando que se encontraba «enfermo de alguna gravedad». Tres meses más tarde, el 28 de julio de 1904, falleció en Santander, como consecuencia de una «hemorragia por úlcera cancerosa».
Tras su muerte diversos medios publicaron semblanzas del finado. El Cantábrico, además de publicar la esquela, insertó un encendido elogio de su figura, vida y obra. Tras resaltar sus cualidades personales e intelectuales, lo calificaba como «un navarro, de carácter franco y decidor, de sano ingenio, muy leal, muy noble, muy hidalgo». Alababa su oratoria, y señalaba que, tras su abandono del parlamento, centró su actividad en la docencia, sin olvidar el cultivo del arte.
Landa siempre mantuvo su relación con la realidad política y cultural de Navarra.
En 1864 la lectura de La reacción y la revolución le empujó a adquirir un compromiso político en el republicanismo federal. A principios del Sexenio trabajó políticamente en Pamplona, razón por la que empezó a ser conocido en los medios republicanos. Este hecho facilitó que recibiese algunos votos en Tafalla en las elecciones de agosto de 1872, a pesar de no haber presentado su candidatura. Tras la proclamación de la República fue elegido diputado por el distrito de Tafalla.
Si bien su actividad parlamentaria fue escasa, su papel tiene una cierta importancia debido a su dimisión (21 de junio de 1873) motivada por la defensa de Navarra como un cantón independiente en el seno de la España federal. Landa se sintió traicionado por sus compañeros republicanos que ni aceptaron proponer que Navarra fuese un cantón, ni apoyaron la candidatura de un diputado navarro para formar parte de la Comisión Constitucional. Tampoco estaba muy satisfecho de la actuación de los parlamentarios de su provincia.
Tras regresar a Navarra no se le conocen actividades políticas hasta su llegada a Santander. Su primera actuación pública fue participar en la defensa del retraimiento ante las elecciones de 1879, porque se había eliminado el sufragio universal, expulsando de las listas a una parte importante de la población. A partir de ese momento Landa trabajó activamente en la reconstrucción del Partido Republicano Federal en Cantabria, trabajo en el que participó con personajes como Antonio María Coll y Puig y Enrique Rodríguez Solís.
Como consecuencia de ese compromiso desempeñó importantes responsabilidades en los comités provincial y local del Partido y se presentó en un par de ocasiones (1883 y 1891) como candidato en las elecciones municipales. En los años finales de su vida, si bien continuó militando en el republicanismo federal, quizá solo por una inercia sentimental, colaboró de forma manifiesta con el recién creado Partido Socialista, al que consideraba la única esperanza de la regeneración política.
Landa fue, además, un referente cultural en Santander. Participó en tertulias culturales, colaboró con el Casino Montañés, el Círculo de Recreo, el Casino Republicano y el Centro Obrero socialista. Pero, sin duda, su actuación más importante fue el papel desempeñado en los actos del Centenario de Calderón.
Navarra estuvo siempre en la mente y en el corazón de Landa. Se emocionó con la visita del Orfeón de Pamplona, se esforzó para que sus poesías se publicasen también en la prensa navarra, y a través de estas y otras colaboraciones logró mantener viva su conexión con el territorio. Pero, sin duda, el nexo más importante fueron sus dos publicaciones en verso sobre la historia de su tierra.
Con Don Sancho el de Peñalén: Leyenda tradicional de la historia de Navarra y con Páginas de la Historia de Navarra puestas en verso para uso de las escuelas quiso sellar su compromiso con Navarra y con la enseñanza. La segunda la concibió muy especialmente para que se convirtiese en un cauce de formación del público estudiantil, al que se pretendía instruir en el conocimiento de su glorioso pasado. Según Pérez Goyena el texto tiene como fuente «los principales hechos de cada rey sacados de Moret», pero el producto es sencillo, muy adecuado para un público infantil pero pobre.
Azcona le define como uno de los escritores del género didáctico, especialmente por esta obra y se centra sobre todo en su concepto del Fuero como posibilidad de «administrar nuestra casa sin intervención de extraños», es decir, el elemento nuclear tras desprenderse de otros elementos que define como privilegios.
Obras
Landa publicó diversas colaboraciones en prensa (poesías, reseñas de libros y otros textos). Entre los textos cabe destacar dos artículos y un discurso sobre la educación.
«Discurso leído por su autor en el acto de la adjudicación de los premios», Centenario de Calderón. Certamen literario promovido por el Excmo. Ayuntamiento de Santander, Santander: Imp. y litografía de J. M. Martínez, 1881, pp. 11-28.
Páginas de la Historia de Navarra puestas en verso para uso de las escuelas, Pamplona: Imp. y Libª. de Joaquín Lorda, 1886.
Don Sancho el de Peñalén: Leyenda tradicional de la historia de Navarra, 2.ª ed., Sevilla: Rasco, 1887.
Fenómenos que se verifican en el mar. Memoria presentada para la oposición a la cátedra de Instituto (AGA Educación 32/8270).
Programa de Retórica y Poética, Santander: Imp. La Voz de la Montaña, 1891.
Bibliografía
Layana Ilundáin, C., «Biografías de los Parlamentarios de Navarra (1869-1889)», Huarte de San Juan. Geografía e Historia, núms. 3-4 (1996-1997); pp. 299-388.
Pérez Ollo, F., «Landa Álvarez de Carballo, Santos», Gran Enciclopedia de Navarra, Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, t. VI, 1990, p. 400.
Urquijo Goitia, M., «Landa Álvarez del Carballo, Santos», Diccionario biográfico español. Volumen 28. De «Jiménez del Guazo» a «Larcius Priscus», Madrid: Real Academia de la Historia, 2012, p. 730.
Urquijo Goitia, J. R., «Santos Landa, Un republicano federal entre la política y la docencia», BRAH, CCXVIII-I (2021), pp. 185-241.
Fuentes. Archivo Catedralicio y Diocesano de Santander, Parroquia de Santa Lucía. Finados, 1900-1906, libro 7954.
Archivo del Congreso de los Diputados, Credenciales, legajo 174, expediente 73.
Archivo General de la Administración, Educación, legajos 32/8270; 32/7620, expedientes 2, 5, 6, 7, 8 y 14; 32/7621, expediente 28.
Archivo General Militar de Segovia, Sección, 1.ª legajo L-216, exp. 0.
Archivo Histórico Nacional, Universidades, legajos 4304, expediente 7 y 6618, expediente 4.
Archivo Real y General de Navarra, Fe Pública Echaide 1890.
Archivo del Registro Civil de Santander, Sección 3.ª, libro II.
Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española, Madrid: Imp. de J. Antonio García, 1874.





