Cargos y oficios
Monje benedictino, historiador y cronista de Aragón
Trayectoria
Obtuvo una beca de Teología en el Colegio de San Vicente de la Universidad Sertoriana de Huesca, en la que después fue catedrático. A los veintiocho años de edad, tras salvarse de un accidente que creyeron sería mortal, abandonó la mencionada cátedra, así como un cargo que le ofreció una catedral aragonesa, e ingresó en el monasterio de San Juan de la Peña. Más tarde fue designado visitador general de su congregación en la provincia Tarraconense y Cesaraugustana. En dicho monasterio desempeñó además diversos cargos, pues fue prior mayor, limosnero, vicario general varias veces y síndico de su convento en las Cortes celebradas en Zaragoza en 1678. Autor de algún libro de temática religiosa, es sin embargo especialmente recordado por su producción historiográfica, en la que destacan principalmente dos obras: Defensa Histórica por la Antigüedad del Reino de Sobrarbe y Corona Real del Pirineo, Establecida y Disputada.
La figura del benedictino aragonés Domingo de La Ripa se halla estrechamente vinculada a la del jesuita navarro José de Moret. La vida de ambos discurre paralelamente a lo largo del siglo xvii, época en la que Aragón y Navarra, al igual que otros territorios, trataban de reforzar su identidad dentro de la macroestructura que constituía la Monarquía Hispánica. Cada reino pugnaba por demostrar que era más antiguo que los demás y era necesario contar con instrumentos historiográficos que apoyaran tal pretensión. Con este fin, en 1654 las Cortes navarras designaron cronista del Reino al mencionado padre Moret, a quien encomendaron dicho cometido. En Aragón, este oficio se había creado ya un siglo antes, en 1547. Las Cortes reunidas en Calatayud y Zaragoza en 1677-1678 nombraron a fray Domingo de La Ripa Coronista Honorario de el Reyno, y da facultad a los Diputados para mandar imprimir a expensas de el mismo Rey no los Libros, o Obras que el dicho Doctor Fray Domingo la Ripa sacare d la luz en defensa de el Reyno, y de el Libro que ha escrito, intitulado: Defensa Historica por la antigüedad de el Reyno de Sobrarbe: Y esto sin perjuicio de el Doctor Iosef Dormer, Coronista de Su Magestad, y Ordinario de el Reyno, y de sus honores, y salario… Esta designación de La Ripa, a pesar de que existía ya la figura del cronista ordinario del reino, da idea del gran interés y deseo que las Cortes aragonesas tenían de contar con una obra autorizada que justificara la antigüedad y singularidad histórica del reino.
Ambos eclesiásticos, el benedictino y el jesuita, protagonizaron, durante buena parte de la segunda mitad del siglo xvii, un incruento pero apasionante «duelo de cronistas», en el que las armas se tornaron plumas; la sangre, tinta; la estrategia de ataque, ingenio y sarcasmo. Los dos clérigos intercambiaron innumerables reproches, críticas y acusaciones. Si en el tono del navarro se pudo percibir con frecuencia cierta acritud, su homólogo aragonés respondió con firmeza, aunque no exenta de benevolencia y de fina ironía en muchas ocasiones, excusando al padre Moret y atribuyendo sus «desvaríos» a pérdidas de memoria debidas a su avanzada edad. He aquí unas breves muestras de ello: «Padre Moret —señala el cronista aragonés—, todos tenemos obligación de decir verdad, especialmente los historiadores y coronistas; en estos cualquier defecto es digno de reparo, y se debe corregir, cuando otro lo advierte, para que se limpie mas el campo de la Historia». En otra ocasión, llegó a decirle: «Padre Moret, en el Tribunal Verdadero nos veremos, vivamos prevenidos, porque es contingente una arrebatada muerte. Este consejo le doy, porque le tengo escrito en mi corazón, y admítale, porque es de amigo, que no le olvida día alguno en el Memento de los Vivos en el Sacrificio de la Misa». El padre La Ripa, refiriéndose a su antagonista, señaló también que no advertía muchos de los errores que cometía… «aunque es Lince en algunas ocasiones».
En 1665 publicó el cronista navarro sus Investigaciones de las Antigüedades del Reino de Navarra, obra a la que La Ripa respondió con su Defensa Historica por la Antigüedad del Reyno de Sobrarbe, editada en Zaragoza diez años después, a pesar de las amenazas que su autor recibió si se imprimía. Contraatacó Moret con dos obras, Anales del Reino de Navarra y Congresiones Apologéticas sobre la Verdad de las Investigaciones Históricas de las Antigüedades del Reino de Navarra, publicada en Pamplona en 1678, a las cuales el benedictino aragonés correspondió con su Corona Real del Pirineo, Establecida y Disputada, en dos tomos e impresa en Zaragoza en 1687 y 1688.
Si bien el navarro se remontaba en sus obras a épocas anteriores, es realmente durante la invasión musulmana y los primeros siglos de la reconquista cuando ambos cronistas consideraban que se configuraba la verdadera identidad de sus respectivos reinos. Tratar de establecer la mayor antigüedad y preeminencia de uno u otro presentaba graves inconvenientes y obligaba a salvar innumerables escollos dado que, en época altomedieval, Aragón y Navarra habían compartido historia y monarcas en diversas ocasiones. En esencia, los principales puntos de discordia entre ambos cronistas son los siguientes: en primer lugar, el origen del título de «rey de Sobrarbe», que diferentes autores y cronistas aragoneses habían otorgado ya a García Ximénez, elegido en San Juan de La Peña en el año 724, mientras que, apoyándose en Esteban de Gari- bay, escritor guipuzcoano oriundo de Mondragón, Moret decía no haber hallado indicios de su existencia hasta la época de Sancho el Mayor (siglo xi), y que el título de Pamplona es el primitivo, y el más principal de estas tierras. Además, el cronista navarro cuestionaba la antigüedad de los Fueros de Sobrarbe, defendida por varios escritores aragoneses, calificándolos de cosas fabulosas, al igual que el origen del Blason antiguo de la Cruz roja sobre la encina verde en campo dorado que lleva nuestro Inclito Reyno Aragones. Moret negaba también que el reino de Pamplona hubiera sido ocupado por asturianos, francos, musulmanes y sobrarbienses, idea que defendían, entre otros autores, los aragoneses Gerónimo de Blancas y el abad Juan Briz, además de Arnaldo Oihenart, etcétera.
El 13 de agosto de 1613, durante unas obras realizadas en el monasterio navarro de San Salvador de Leire, se hallaron, junto con trozos de tela tejida en seda, oro y plata y cetros en madera labrada y marfil, los restos óseos de dieciséis cadáveres, mezclados y sin inscripción alguna, que José de Moret adjudicó a otros tantos reyes de Navarra y Aragón, desde García Jiménez hasta Sancho Ramírez. A ello se opuso enérgicamente el benedictino aragonés argumentando que, como se había comprobado en San Juan de la Peña, donde se habían hallado veintisiete túmulos reales, los monarcas eran enterrados individualmente y con epitafios. Decía La Ripa «que Nuestros Sepulcros claman contra estos excesos del padre Moret, pues los deja vacíos contra la mesma Verdad que ellos publican». Por último, en su afán por ensalzar la antigüedad del reino de Navarra, el jesuita también hizo referencia a la lengua vascónica, hablada por sus habitantes y de la cual hizo derivar los nombres de muchos pueblos prerromanos, lugares y ríos de la península ibérica, como el río Ebro (que derivaría de UR-BERO o «agua caliente»), los ilergetes (de ELURGEA, que significaría «nieve menuda o granizo» y ELURGETA, o «pueblo que habita en zonas de nieve»), los Lacetanos (de LAZTA, es decir «aspereza y fragosidad», y hace referencia a «pueblos que habitan en zonas ásperas»), etc. «Estas derivaciones —dijo el padre La Ripa— son imaginarias, y no tienen otra autoridad de la que les da el P. Moret».
En 1683, la Diputación de Aragón encargó a su cronista que comprobara la veracidad de los documentos y fuentes citados por Moret, por lo que el benedictino se dirigió a los monasterios riojanos de San Millán de la Cogolla y Santa María la Real de Nájera, deteniéndose en su camino en el navarro de Santa María de Iratxe, para terminar en el aragonés de San Juan de la Peña. Un minucioso estudio paleográfico, diplomático y filológico de diversos documentos custodiados en dichos archivos le llevó a dudar de la autenticidad de buena parte de ellos, y a poner de manifiesto la gran cantidad de errores cometidos por el cronista navarro en la traducción e interpretación de los textos y la cronología. Hiló muy fino La Ripa en este sentido, pues en cierta ocasión llegó a reprochar a su «adversario» que había errado en un día al fechar un documento del año 1040, conservado en el mencionado monasterio najerense. Con frecuencia, el cronista navarro quitó importancia a estos errores, de los cuales decía que «son puramente pelillos subtiles, y tenuisimos, que en ningun semblante, por liso que sea, dejan de nacer», a lo que socarronamente le respondió su homólogo aragonés llamándole Restador de Pelota e indicando que le parecían pelillos porque estaban en su propia cara, y que «si los viera en cara agena, dijera que no eran pelitos, sino berrugones, que necesitan de pujavantes».
El cronista aragonés, sin embargo, reconoció que resultaba muy difícil probar la historicidad de los primeros reyes de Sobrarbe y la antigüedad de dicho reino ya que, especialmente durante el primero de los tres incendios que desde su fundación había sufrido el monasterio de San Juan de la Peña, se habían perdido muchos documentos con los que se habría podido probar su existencia.
Obras
Defensa Histórica por la Antigüedad del Reino de Sobrarbe, Zaragoza: Imprenta de Herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, 1675.
Corona Real del Pireneo, Establecida, y Disputada, Zaragoza: Pasqual Bueno, 1688.
Bibliografía
López Calvo, V. M., «Historia compartida, memoria disputada:
La Ripa y Moret como baluartes de una identidad comparada entre Navarra y Aragón», Huarte de San Juan, Geografía e Historia, 24 (2017), pp. 51-75.
Vallejo GarcÍa-Hevia, J. M.a, «Domingo La Ripa», Diccionario Biográfico Español,
Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biogra- fias/111964/domingo-la-ripa (consultado el 22 de septiembre de 2018).
Zaragoza i Pascual, E., Historia de la Congregació Benedictina Claustral Tarraconense i Cesaraugustana (1215-1835), Montserrat: L’Abadia de Montserrat, 2004.
Fueros y Actos de Corte de el Reyno de Aragon hechos por la Sacra, Catolica, y Real Magestad del Rey Don Carlos II Nuestro Señor, en las Cortes convocadas en la Ciudad de Calatayud, y prorrogadas a la de Zaragoza, y en ella fenecidas en los años MDCLXXVII y MDCLXXVIII, Zaragoza: Pasqual Bueno Impressor, 1678.
Cita bibliográfica
Noain Irisarri, J.J., “Abarca, Pedro de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 696-699.





