Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

HUMBOLDT, Wilhelm von (Potsdam, Alemania, 22 de junio de 1767 – Tegel, Alemania, 8 de abril de 1835).

Cargos y oficios

Humanista, político y lingüista

Trayectoria

Wilhelm von Humboldt, hermano mayor del geógrafo y naturalista Alexander, estuvo dos veces en el País Vasco, tanto en el francés como en el español, y su obra presenta una importante cantidad de textos sobre «la lengua y la nación de los vascos». Con todo, y antes de nada, es necesario dar cuenta de una decisión terminológica que él mismo adopta al constatar la falta de un nombre que aglutine al conjunto de los vascos: «Uno cae en la perplejidad cuando quiere nombrar la totalidad de la etnia». Humboldt da cuenta del problema así: los vascos se conocen a sí mismos como «euscaldunac», pero se nombran «según las provincias particulares»; los franceses utilizan los nombres «Biscayens» y «Basques», pero el primero designa solo a los vasco-españoles y el segundo solo a los vasco-franceses; y los españoles hablan de «Provincias Vascongadas», pero para referirse únicamente a los vasco-españoles. Ante esto Humboldt se reconoce desconcertado: «Así ha perdido esta desdichada etnia, incluso, la unidad de su nombre». El objeto de sus estudios, sin embargo, no se ciñe a una parte de los territorios en los que viven los vascos —las fronteras no dejan de ser algo circunstancial— y por esto mismo necesita disponer de un nombre común a y compartido por todos los vascos. Por ello —y siguiendo a Schlözer— decide usar estos términos: «Cuando se trate de toda la etnia esparcida por el País Vasco Francés, Provincias Vascongadas y Navarra: Vasken; cuando hable de la parte española de este país: Biscaya; cuando hable de los vascos some-tidos a la República Francesa: Basques». La elección de estos nombres puede ser discutible, sí, pero lo importante es que Humboldt ve necesario —al margen de toda controversia sobre el sujeto político— poder considerar a los vascos, en su totalidad, como un objeto de conocimiento histórico y cultural.

El interés de Humboldt por los vascos, en cualquier caso, solo se explica desde su propia forma de entender y de estudiar lo humano, a saber, en el marco de una «antropología comparada» que él mismo desarrolla con ese nombre entre 1796 y 1797. Es la época en la que Herder —criticando y completando el formalismo de Kant— descubre la historicidad como elemento constitutivo del ser humano y, con ello, revoluciona el modo de concebir la cultura y de abordar sus diversas manifestaciones. El aquí y el ahora de cada individuo son la condición de posibilidad tanto de su ser real como de su devenir real y, en este sentido, el humanista Humboldt ve claro que «lo que más necesitamos es un conocimiento individualizador del ser humano». Es así que su antropología, ciertamente, no aspira a un conocimiento conceptual cerrado sino a una comprensión imaginativa abierta de lo humano que, desde la comparación, proporcione pistas para la realización y el desarrollo de todas las personas. Humboldt no olvida, en cualquier caso, que el ser humano histórico —además de no ser una entelequia teórica— es siempre y en todo lugar un ser social que, sin excepción, forma parte de colectivos humanos concretos con identidades culturales diversas. De esta forma estos colectivos, que él por lo general denomina naciones, pueblos o etnias, constituyen un ineludible objeto de estudio de su antropología comparada que, de hecho, entiende los viajes como un insustituible medio de investigación. Humboldt, primando las «imágenes vivas» y relegando las «palabras muertas», lo explica así: «Para comprender una nación extraña, para obtener la clave de explicación de su singularidad, es absolutamente necesario haberla visto con los propios ojos».

Entre noviembre de 1798 y agosto de 1801 Humboldt reside en París —donde busca comprender, desde el contraste franco-alemán, lo que es un «carácter nacional»— y es entonces cuando conoce al labortano Garat y viaja al País Vasco en dos ocasiones. La primera visita, del 10 al 18 de octubre de 1799, forma parte de un amplio «viaje a España» que él emprende con toda su familia; la segunda, del 27 de abril al 3 de junio de 1801, corresponde a un exclusivo «viaje vasco» que él realiza solo en su mayor parte. En cualquier caso conviene subrayar que estos viajes de Humboldt son ante todo y sobre todo científicos —podemos hablar, al respecto, de estudios de campo— y es por ello que él los prepara antes con mucho detalle y elabora después sus notas con sumo cuidado. Su objetivo en este caso no es otro que el de caracterizar a los vascos en su conjunto y como conjunto —al margen de divisiones fronterizas o pertenencias estatales— y dar cuenta de su identidad colectiva después de compararlos tanto entre sí como con otros. Durante sus viajes vascos Humboldt realiza así múltiples observaciones que, fundamentalmente, atienden a rasgos fisionómicos y paisajísticos, a aspectos culturales y etnográficos, así como, muy especialmente, a cuestiones políticas e históricas. Cabe señalar, además, que desde el comienzo de sus viajes —e incluso desde meses antes— muestra gran interés por el euskara y, en este sentido, se plantea como tarea recoger in situ diverso material lingüístico que, de hecho, estudiará minuciosamente durante dos décadas. Durante sus viajes por el País Vasco, en definitiva, Humboldt recoge sus observaciones en varios textos —diarios de viaje y cartas a su mujer— y poco después elabora dos relatos de viaje, de los cuales Die Vasken es el más completo y el más importante.

Lo primero que llama la atención de Humboldt, en general, es que los vascos presentan una singularidad propia como pueblo y, de hecho, una y otra vez se refiere a ellos utilizando expresiones como «carácter étnico» y «carácter nacional». Al mismo tiempo, sin embargo, subraya la idea de que estos en modo alguno son «pobres pastores de montaña» o «siervos oprimidos», muy al contrario, los vascos se han dotado de una «constitución política autónoma» y han obtenido un «floreciente bienestar». Humboldt llega incluso a decir que los vascos, contra viento y marea, han logrado «trasplantar felizmente muchos de los frutos más benéficos de la ilustración europea en su páramo, sin por ello abandonar su singularidad y su sencillez originaria». Todo ello hace crecer su interés por estudiarlos como pueblo o nación: «Lengua, constitución, costumbres, aspecto del rostro, en una palabra, todo lo que rodea a los vascos, sin excluir el aspecto de su tierra, los caracteriza como una etnia pura y separada». Pero Humboldt no es especialmente optimista con el futuro de los vascos y, de hecho, constata —muy especialmente en el País Vasco Francés pero también en el País Vasco Español— la existencia de «lentas influencias que preparan su ocaso». Él mismo, vinculando lengua y nación, lo detalla así: «Estas influencias arrinconan poco a poco su lengua y, así, se pierde necesariamente su singularidad nacional. […] Es de prever que su decadencia tomará de aquí en adelante una velocidad aún más acelerada». Humboldt, resignado, cree que esta posibilidad es real —el habla incluso de que «en menos de un siglo» eso puede suceder— y esto mismo acrecienta en él la idea de llevar a cabo cuanto antes una caracterización completa y definitiva de la nación de los vascos.

De las muchas observaciones que Humboldt hace durante sus viajes, y que anota y elabora en sus escritos, merecen aquí una consideración especial aquellas que tienen que ver con la ya mencionada «constitución política autónoma» de los vascos. Con todo es necesario subrayar, en general, que su interés por la teoría y la práctica política —presente a lo largo de toda su vida— nace de su propio proyecto antropológico que, ciertamente, ve la política ante todo y sobre todo como un medio y no como un fin en sí mismo. En concreto Humboldt se fija en los «Fueros» de los territorios vascos y constata, con gozo, que estos regulan desde antiguo la vida social y política, se basan en la «libertad personal» de cada uno y constituyen «el verdadero código legislativo de la nación». También le sorprenden las «Juntas Generales» y, por ejemplo, habla en Gipuzkoa de «democracia perfecta y pura» —frente a «un sistema representativo»— y en Bizkaia de «libre constitución de campesinos» —frente a «una constitución feudal de caballeros»—. No cabe duda de que Humboldt, en cierta medida, cuenta en sus textos lo que a él le cuentan —con todo lo que ello supone de subjetivismo— pero tampoco hay duda de que él ve en el País Vasco algo que no ha visto ni en Berlín, ni en París, ni en Madrid. Valga la siguiente cita como ejemplo de su valoración: «El derecho del verdadero poder supremo, aquí, no se halla en las manos de una sola clase separada, al contrario, ese derecho descansa en la misma nación y, por regla general, en su parte labradora». Lo cierto es que, al margen de posibles incorrecciones en sus notas, Humboldt ve claro que los vascos han desarrollado una organización política propia que, lejos del «despotismo» y de la «anarquía», les ha permitido preservar su identidad como pueblo.

Pero el porvenir de las «Provincias Vascas en España y Francia» es incierto —ya hemos hablado de las «influencias» que ponen en peligro su «singularidad»— y esto hace que Humboldt reflexione en general sobre la difícil gestión política de la diversidad. En sus viajes, por de pronto, constata que «la Revolución Francesa ha derribado las constituciones particulares» de Labort, Baja Navarra y Sola y, además, observa que «el Gobierno Español trata con dureza y celos a las provincias de Biscaya». Es por ello que Humboldt —dando casi por perdidos a los vasco-franceses— plantea una pregunta de gran interés político: «¿Cómo debe tratar la Monarquía Española a la nación vasca para que su fuerza y su actividad sean lo más provechosas posibles?». En cualquier caso este hecho apunta a un problema más general, es decir, a un dilema al que todo político debe enfrentarse, a saber, optar entre eliminar las diferencias en nombre de la eficiencia o desarrollar las diferencias en nombre de la riqueza. Se trata de una cuestión fundamental que, según el propio Humboldt, es tan actual como ineludible —y de hecho cada vez más— precisamente porque «ahora es frecuente el caso en el que diferentes pueblos o etnias se unen en un mismo estado». El hecho es que, por desgracia, el político suele optar no por cuidar la diversidad sino por impulsar la homogeneidad y, por esto mismo, le parece urgente conocer bien los «caracteres individuales» y ver así cómo estos pueden enriquecer a las «grandes masas». Merece la pena subrayar, con todo, que Humboldt entiende la «nación» como una entidad antropológica y el «estado» como una institución auxiliar y, por esto mismo, no tiene problemas conceptuales para hablar de una misma nación vasca dividida en dos estados diferentes.

El hecho de que haya vascos en España y en Francia constituye un reto para su caracterización antropológica como nación, ciertamente, pero también una ocasión para que Humboldt reflexione en general sobre el significado de la fronteras políticas. Por de pronto constata que la Guerra de la Convención (1793-1795) ha traído muchos problemas y, por ejemplo, habla de que los habitantes de Hendaya y Hondarribia —«que pertenecen a la misma etnia y hablan la misma lengua»— ya no conviven igual. En el fondo se trata, según Humboldt, de algo ajeno a los vascos, es decir, de «una guerra entre estados a los que ellos pertenecen solo por casualidad» pero que, de hecho, «les ha sacado de sus relaciones habituales y les ha prescrito sus sentimientos». Es así que, partiendo de este ejemplo pero yendo más allá, se pregunta en general por lo que supone y lo que es «una frontera», a saber, «una pared divisoria que, arbitrariamente o casualmente, condena a dos grupos humanos a destinos diferentes». Es significativo, en este sentido, que Humboldt —al hablar de las fronteras y de su proceso de formación— insiste en la idea de que «la diversidad de lengua y de cultura» constituye, ciertamente, «otra especie de frontera natural entre las diversas naciones». Esto explica que los vascos, en su conjunto, puedan ser considerados como miembros de una unidad propia y diferenciada: «El rudo Vizcaíno y el delicado Suletino […] hablan una lengua […] y se reconocen como hermanos de una y la misma nación». Por tanto, y obviando la frontera, Humboldt concluye: «La identidad de una etnia no se deja demostrar más allá de la identidad de su lengua, y lo único que la investigación debe aceptar sin dudas ni discusiones es que todos los Vascos forman Una nación».

Los vascos se convierten así en «un objeto de estudio muy interesante» para la antropología comparada y, de hecho, Humboldt mismo publica en 1812 un texto clave que anuncia «una descripción completa, una verdadera monografía de la etnia vasca». La idea de centrarse en los vascos, con todo, la expresa ya poco después de sus viajes y, de hecho, en 1802 toma una «decisión definitiva» en ese sentido que, a su vez, le lleva a renunciar a la idea anterior de elaborar una descripción completa de su «viaje a España». El objetivo de Humboldt no es otro que el de ofrecer una «imagen» de los vascos como comunidad —busca dar cuenta de cómo y en qué se les reconoce como nación— y para ello plantea y prevé una investigación a desarrollar en tres grandes bloques. El primero tiene que «proporcionar al lector un concepto claro del país y de sus habitantes» y, para ello, piensa dar cuenta de las observaciones etnográficas que él mismo ha recogido en sus viajes por «el País Vasco Español y el País Vasco Francés». El siguiente bloque de la monografía, el más importante y el más extenso, debe ofrecer según Humboldt un riguroso y sistemático «análisis de la lengua vasca», a saber, «un concepto claro» tanto de su «estructura gramatical» como de su «estructura lexical». El tercero, por último, tiene que partir de los dos anteriores y reunir toda una serie de «investigaciones históricas y filosóficas sobre la nación y la lengua vascas» que, a su vez, puedan dar cuenta de su lugar en el conjunto de las diferentes naciones y lenguas. Humboldt no terminó la monografía vasca, no al menos como tal, pero sí nos ha dejado textos importantes: el citado Die Vasken sobre su segundo viaje, Berichtigungen und Zusätze sobre el euskara y Prüfung der Untersuchungen sobre el vascoiberismo.

A la hora de explicar su proyecto monográfico, y desde el principio mismo, Humboldt subraya que «describir la etnia de los vascos» —y caracterizarlos como nación— constituye una tarea esencial e ineludible de la «historia universal». Esta estudia el desarrollo de la humanidad en su conjunto, ciertamente, pero no debe caer en tentaciones uniformizadoras: «La historia universal, sin duda alguna, permite y exige reunir diversas historias contadas desde diferentes puntos de vista». Es así que Humboldt reflexiona sobre la labor del historiador y, concretamente, advierte de que este —en contra de lo que ha sido habitual— no solo tiene que buscar regularidades, sino atender también a lo singular y a lo específico de cada manifestación humana. El objetivo, acorde con su concepción antropológica, no es otro que el de llevar a cabo una investigación comparada de los diversos individuos y colectivos humanos, a saber, una que no se olvide de dar cuenta, en cada caso, de su realidad histórica concreta. Y esto mismo, según Humboldt, significa también considerar el papel de lo natural en lo humano: «El individuo es libre y autónomo en todas partes […] Pero el género humano, tal y como ocurre con los géneros vegetales y animales, es de la naturaleza». Se trata de una idea básica y, de hecho, en otros textos posteriores vuelve a recordar que la historia humana no deja de ser un apartado de la historia natural: «El género humano es una planta natural […] y sus diversas etnias y naciones son productos naturales». Esto explica, en definitiva, por qué Humboldt ve las naciones culturales como entidades cuasi naturales —a diferencia de los estados que son creaciones políticas ad hoc— y por qué la historia universal de la humanidad debe estudiar también la de los vascos.

En cualquier caso, y al hilo de esta dimensión natural de las naciones, Humboldt tiene claro que una investigación histórica de los vascos —como la que pretende con su monografía— debe pivotar en torno a un estudio amplio y detallado de su lengua. En este sentido conviene anotar, de nuevo, que su interés por el euskara se percibe ya desde el principio y, de hecho, él mismo recuerda que su segunda estancia en el País Vasco se debe en gran parte a ello: «El foco principal de este viaje era la lengua». El caso es que Humboldt considera, en general, que toda caracterización nacional conlleva una caracterización lingüística pues, según él mismo, «la diferencia entre las naciones se expresa, de la forma más precisa y más clara, en sus lenguas». Es así que aboga explícitamente por un «estudio histórico y lingüístico conjunto» —consciente de que se trata de algo nuevo— y que a la postre permita comprender «cómo la lengua de una nación es, al mismo tiempo, escala y medio de su formación». De esta forma Humboldt sueña, por decirlo de alguna manera, con la idea de ir elaborando una «enciclopedia general de las lenguas» que, a su vez, permita comparar describiendo y describir comparando las historias de las naciones del género humano. Es en este contexto de centralidad del lenguaje donde hay que entender tanto su «análisis» del euskara como su «examen» del vascoiberismo que, al margen de su discutible actualidad, en modo alguno pierden el valor de su sentido antropológico. La importancia del euskara para esta monografía, de hecho, es consecuencia del giro lingüístico que Humboldt —a raíz de sus viajes vascos— da en general a su antropología que, ahora sí, considera el lenguaje como algo propio de la naturaleza humana.

La pregunta por lo que es o por lo que se llama nación —y no solo en relación a los vascos— es una de las que Humboldt se plantea más veces y, en este sentido, podemos concluir diciendo que él la entiende en general como «comunidad lingüística». En un texto escrito hacia el final de su vida, entre 1827 y 1829, repite por ejemplo la clásica idea de que «las lenguas separan las naciones»: «La distribución del género humano según las naciones, ciertamente, solo es su distribución según las lenguas». Humboldt, además, define por comparación diferentes conceptos: el de «pueblo» se refiere a «domicilio y convivencia», el de «estado» se entiende desde una «constitución civil» y el de «nación» apunta a un «origen» y, sobre todo, a una «lengua» común. De hecho, y en consonancia con el conjunto de sus reflexiones antropológicas y lingüísticas, vemos que él opera siempre desde un paralelismo en tres niveles: en el más general tenemos el binomio ser humano y lenguaje humano —hablar de lo uno implica hablar de lo otro—; en el nivel más concreto nos encontramos con individuos particulares y con actos de habla —que son de hecho lo que vemos y oímos—; y en una posición intermedia aparece la pareja nación cultural y lengua histórica —que son la condición de posibilidad de todo lo humano y de todo lo lingüístico—. Esto explica, en definitiva, por qué Humboldt ve necesario atender también a la realidad cultural e histórica del pueblo de los vascos —desde una perspectiva transfronteriza— y dar cuenta con naturalidad de su identidad nacional y lingüística.

Obras

Obra. Ediciones generales. [GS] Gesammelte Schriften (I-XVII), Leitzmann, A. et al. (eds.), Berlin: Behr, 1903-1936.

[WfB] Werke in fünf Bänden (I-V), Flitner, A., y Giel, K. (eds.), Stuttgart: Cotta, 1960-1981.

[SAB] Schriften zur Anthropologie der Basken, Hurch, B. (ed.), Paderborn: Schöningh, 2010.

[BWG] Baskische Wortstudien und Grammatik, Hurch, B. (ed.), Paderborn: Schöningh, 2012.

Textos de Humboldt directamente mencionados. 1804: «Die Vasken, oder Bemerkungen auf einer Reise durch Biscaya und das französische Basquenland im Frühling des Jahrs 1801», en GS, XIII, 1-196, WfB, II, 418-627, SAB, 103-264.

1811: «Berichtigungen und Zusätze zum ersten Abschnitte des zweiten Bandes des Mithridates über die Cantabrische oder baskische Sprache», en GS, III, 222-287, BWG, 291-363.

1812: «Ankündigung einer Schrift über die Vaskische Sprache und Nation, nebst Angabe des Gesichtspunctes und Inhalts derselben», en GS, III, 288-299, WfB, V, 113-126, SAB, 39-57.

1821: «Prüfung der Untersuchungen über die Urbewohner Hispaniens vermittelst der vaskischen Sprach», en GS, IV, 57-232.

Bibliografía

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— Wilhelm von Humboldt: Euskal Herria arakatzen, 1801; investiga en Vasconia, 1801; Untersuchungen im Baskenland, 1801. Monográfico Revista Internacional de los Estudios Vascos, vol. 48, núm. 1 (2003).

Azurmendi Otaegi, J., Humboldt, hizkuntza eta pentsamendua, Bilbo: Udako Euskal Unibertsitatea, 2007.

Caro Baroja, J., Sobre la lengua vasca y el vasco-iberismo, Donostia: Txertoa, 1988.

Gárate Arriola, J., Guillermo de Humboldt. Estudio de sus trabajos sobre Vasconia, Bilbo: Imprenta Provincial de Vizcaya, 1933.

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Zabaleta Gorrotxategi, I., Wilhelm von Humboldt: hezkuntza eta hizkuntza, Donostia: Jakin, 2005.

— Wilhelm von Humboldt eta Euskal Herria, Bilbo: UPV/EHU, 2017.

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