Cargos y oficios
Jurista y consultor del Señorío de Bizkaia.
Trayectoria
Pedro de Fontecha y Salazar nació en Nograro (Valdegobía, Álava). La fecha exacta no la conocemos, pues el libro de bautismo fue destruido en un incendio. El año de nacimiento sería próximo a 1673, pues sabemos con seguridad que era octogenario cuando falleció en Bilbao la noche del 3 de septiembre de 1753. Fueron sus padres, Pedro de Fontecha y Mariana de Astúliz, originarios también del mismo valle de Valdegobia, de Villanañe y Nograro, respectivamente. Contaría con unos treinta años cuando casó con María Jacinta de Bozo, el 28 de agosto de 1704, en Orduña. Vivieron en esa ciudad y en ella nacieron sus cinco primeros hijos, entre 1706 y 1718. Entre los cargos y actividades que desarrolló mientras vivió allí, destaca la de alcalde primero, que ejerció en 1713. Después pasó a ser vecino de Bilbao, pero siguió actuando a veces como apoderado de Orduña en la Juntas Generales.
No hemos llegado a conocer dónde y cómo adquirió su formación como jurista, aunque es seguro que llegó a la condición de licenciado en Leyes, que ejerció a lo largo de su vida. Lo hizo como abogado en la villa de Bilbao, si bien lo que destaca en su vida como jurista es la función de consultor del Señorío que llevó a cabo durante varios bienios: 1718-1720, 1724-1726, 1728-1730, 1732-1734, 17381740 y 1746-1748. Durante una gran parte de todo este tiempo ejerció también el cargo de cartero del Señorío. Los consultores, dos abogados nombrados para un bienio con ocasión de la renovación de cargos que se hacía en Junta General cada año, tenían la importante función de elaborar sus dictámenes para responder a cuantas dudas de derecho y a cuantas cuestiones que requirieran respuesta jurídica se plantearan en el círculo institucional central del Señorío. Tales dictámenes servían directamente para las alegaciones que procediera interponer por el Síndico Procurador General del Señorío, especialmente cuando estaba en juego la concesión o no del uso (más conocido como «pase foral») a una resolución procedente de la Corte para su ejecución en el Señorío. Significa ello que los consultores intervenían en todos los asuntos necesitados de análisis jurídico que se suscitaran tanto en el plano de las Juntas Generales como en la actividad cotidiana de la Diputación.
Se conoce bastante bien la actividad de Fontecha como abogado en la villa, a través de los dictámenes que se conservan y que dan cuenta de la continua intervención de este licenciado en asuntos varios. También fue asesor del duque de Veragua, quizá como uno de los varios clientes que recurrieron a él por su fama y competencia en el foro. Este dato resulta muy significativo, pues pone de manifiesto que contaba con la confianza de la clase nobiliaria de mayor arraigo en el Señorío y en las tierras de las que Fontecha era originario.
La faceta más destacable de su vida es, sin duda, el largo periodo que abarca su actividad como consultor del Señorío, que se extiende desde 1718 hasta prácticamente su muerte en 1753. El primer nombramiento de Fontecha como consultor tuvo lugar en la Junta General de marzo de 1718, junto con Manuel Diago. Asistieron ambos a la Diputación General el 22 de septiembre de 1718. El estreno en esa función, tendría entonces unos cuarenta y cinco años, no pudo ser más impactante, pues le tocó intervenir en el debate aduanero iniciado precisamente en esas fechas. Se trataba de uno de las más intensas confrontaciones, si no la que más, entre la Monarquía y el Señorío, que dio lugar no solo a la polémica jurídica sino también a diversos levantamientos populares. Seguramente fue el autor de varios de los documentos que elaboró el Señorío en ese periodo, desde la Representación de petición de perdón (septiembre de 1718) hasta la concesión del indulto (1726). En la primera fase de este conflicto tuvieron lugar los dramáticos acontecimientos del 5 y 6 de septiembre de 1718, de modo que seguramente Fontecha atendió a la cuestión de las medidas que hubieron de tomarse para la recuperación de la normalidad a lo largo del mes de noviembre. El 3 de diciembre se estuvo en condiciones de elaborar una Representación sobre la materia, «exponiendo con verdad todas las circunstancias de las aduanas». Esta Representación tiene ya todo el tono y estilo que caracteriza a Fontecha, por el orden y exactitud de los datos expuestos y por las referencias a tópicos historiográficos y argumentales relacionados con la pobreza del terreno y la necesidad de la libertad del comercio. A la citada exposición de la situación del Señorío en relación a las aduanas, siguió otra de 24 de diciembre del mismo 1718, elevada por la Diputación para su reivindicación de la libertad en el comercio del tabaco, cacao y azúcar para los naturales. Todas estas iniciativas tuvieron lugar en el bienio 1718-1720, en que Fontecha fue consultor junto con don Manuel Diago. Volvió a ser nombrado consultor para el bienio 1724-1726, lo que le permitió intervenir también en la finalización del conflicto de las aduanas con la obtención de un indulto general, si bien esta denominación resulta dudosa teniendo en cuenta que fue precedido de la ejecución de 16 personas. En ese caso, el consultor que le acompañaba, formando pareja ambos por primera vez, era Roque José de Borica. Se iniciaba así la que sería una larga colaboración entre estos dos consultores, sobre la que se asienta la actividad que andando el tiempo daría lugar a la iniciativa de redactar y publicar un texto como el Escudo de la más constante fe y lealtad, sobre cuya autoría y contenido trataremos con más detalle.
A la intensa actividad como consultor en esa década decisiva, se añade el nombramiento, en sesión de la Diputación de 30 de julio de 1720, como cartero, encargado de «despachar las cartas que se ofrecen a este Señorío», si bien desde dos años antes ya ejercía esta función. Desempeñó este cargo durante al menos veinticinco años, durante los cuales, como hemos visto, ocupó la con- sultoría en varios bienios, sin que sea de extrañar que siguiera siendo influyente en los intervalos en que, en esa década tan importante en la historia del Señorío (1718-1728) no fue titular directo de la consultoría. El cargo de cartero era aparentemente limitado e instrumental (despachar las cartas que llegaban al Señorío), pero cabe reparar en que desde esa posición tenía la posibilidad de estar al corriente de todas las comunicaciones entre el Señorío y la Corte. Si se tienen en cuenta todas las circunstancias que concurrían en Fontecha en ese periodo cabe concluir que la función de cartero acercaba a Fontecha a la más clásica y acendrada de «canciller», es decir, la de responsable de la documentación oficial del Señorío, y no mero registrador de la correspondencia o de «escritor de cartas». Sin duda Fontecha pudo disfrutar de esa posición en su continua labor de investigación y defensa de los Fueros. Tenía acceso directo al archivo y a todo el fondo documental que tanto le sirvió para sus dictámenes, memoriales, cartas y otros documentos.
Fue también dentro de esa década, en 1726, cuando se pretendió desde la Corte el nombramiento de un juez especial de contrabando. La resistencia a ese nombramiento fue muy firme desde el principio con el argumento de que «se oponía a las leyes del Fuero que prefinen los jueces que ha de haber en el Señorío, y no poderse obrar de otro modo, mediante lo acordado en Junta general el 7 de noviembre de 1680 y el 5 de julio de 1702. Se aprobó este acuerdo y se mandó que en adelante se deniegue el uso absolutamente a tales despachos». De ese modo quedaban fijadas las bases en que se sustentará la oposición al nombramiento, en 1740, de Manuel Antonio de Horcasitas, que pasó a ser, a su vez, el motivo de la elaboración y publicación del Escudo.
En la siguiente década, abierta en 1728, Fontecha fue nombrado consultor para el bienio 1728-1730. Le tocó intervenir en la cuestión de los extranjeros naturalizados, importante e interesante asunto iniciado por la Casa de Contratación y Consulado de Bilbao, debido a las reclamaciones que algunos comerciantes extranjeros planteaban, en la medida en que se les excluía de ejercer ciertos cargos.
La colaboración entre Fontecha y Roque José de Borica tomó aún mayor cuerpo en la década de 1730, en la que Fontecha fue consultor durante dos bienios. En ese periodo se inicia el uso del concepto de la unión principal del Señorío con la Corona, al exigir el primero, seguramente apoyado en las ya claras ideas de Fontecha, «cumplir y guardar lo mandado en todo lo compatible con las leyes del Fuero, juradas y confirmadas por los Reyes desde la unión igualmente principal y no accesoria del Señorío a los Reinos de Castilla». Todos estos argumentos, e incluso la redacción específica que se iba adoptando en un lenguaje cada vez más codificado, tendrán cumplida presencia en el Escudo, lo que nos permite afirmar que los argumentos típicos del Escudo aparecen en los años treinta del siglo en dictámenes de los consultores de todo este tiempo, pero especialmente de Borica y Fontecha. Si se mide la intervención conjunta se observa claramente que estos dos consultores formaron parte, de forma rotatoria, de una larga cadena.
Sin duda fue intensa su actividad en esos años, si bien la de carácter extraordinario bien pudo tener relación con un intenso debate surgido en torno a la incorporación de las Encartaciones al Señorío. El problema de la incorporación de las Encartaciones, la forma de llevarla a cabo y sus consecuencias, estuvo muy presente en esos años y condicionó mucho el debate intenso y bronco que se abrió en torno a cuál habría de ser el puerto de conexión de Bilbao con América. En la corte madrileña existía un grupo de encartados muy influyente, con Sebastián de la Cuadra, marqués de Villarías, a la cabeza, muy activo en la defensa de los intereses de su tierra de origen.
En esas fechas Fontecha usaba ya argumentos iuspublicistas tanto si intervenía como abogado particular como si lo hacía como consultor, siempre en la línea de la preservación de la autonomía jurisdiccional del Señorío. Fontecha la eleva a la equiparación con la que tienen los franceses e ingleses respecto a la justicia castellana. El fundamento alegado por Fontecha constantemente será el de la forma de unión que tiene el Señorío con la Corona: aeque principaliter, es decir, en plano de igualdad. Gran parte de esta argumentación la tomaron Fontecha y sus colegas de la obra de Juan Gutiérrez (Practicarum Quaestionum Civilium) sin tener conocimiento ni conciencia de que Gutiérrez, por su parte, estaba reproduciendo literalmente lo que había escrito al respecto el licenciado Andrés de Poza.
Podemos, pues, llegar a la conclusión de que, tomando la veintena larga de años que va de 1718 a 1740, la defensa de las instituciones vizcaínas en la interlocución con la Corte corrió a cargo de varios consultores, de los cuales los que incrementaron continuamente su intervención fueron Fontecha y Borica. Intervinieron en 1740 en la oposición al nombramiento de Manuel Antonio de Horcasitas, auspiciado por don Cenón de Somodevilla, como juez de Contrabando, juntamente con el de comisario de Marina, en la persona de don Manuel de Olarte, que pretendía ejercer la jurisdicción del Almirantazgo en Bi- zkaia. Un tercer nombramiento recaía en don Manuel de Gautúa como guarda y visitador del Contrabando.
La oposición a ese nuevo juez de Contrabando, en la persona de Manuel Antonio de Horcasitas, surtió efecto y derivó en el triunfo de las tesis de los consultores, razón por la cual dejaron constancia de todo el proceso en el Escudo. Había en esas mismas fechas, sin embargo, otro frente abierto, en este caso en una materia que afectaba al comercio vizcaíno y, en cierto modo, a toda su economía, pues se trataba del proyecto de dinamización del puerto de Bilbao, propiciado especialmente por el Consulado, en medio de una gran preocupación por «remediar la decadencia que se notaba en el comercio de Bilbao». Para ello el Señorío había encargado a José de Zavala y Miranda, por acuerdo de la Diputación, de 22 de septiembre de 1737, que, como natural de Bilbao y residente en la Corte, iniciara las gestiones necesarias, para lo que se otorgaron los poderes oportunos. Pero ocurrió algo inesperado: el apoderado Zavala, en lugar de seguir las instrucciones de los poderdantes, que consistían en promocionar el puerto de Buenos Aires como destino y punto de regreso del tráfico con Bilbao, se puso al servicio de la idea de que fuera Honduras el punto de conexión, pero desviando también la sede bilbaína a la vecina Castro Urdiales. El Señorío tardó mucho en reaccionar ante este cambio de postura y en darse cuenta de que Zavala no estaba solo, sino que contaba con el apoyo del grupo que defendía los intereses de las Encartaciones en la Corte, comandado por el marqués de Villarías.
A las primeras medidas del Señorío para recuperar su posición, José de Zavala respondió pasando a la ofensiva, organizada y apoyada desde la Corte. Lo hizo mediante la difusión de un «Manifiesto, que al M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya, en su Junta General de Guernica, presenta su diputado en la Corte de Madrid Don José de Zavala y Miranda». Fue entonces cuando el Señorío fue consciente del contenido fuertemente crítico del Manifiesto, muy duro en sus denuncias contra los órganos de gobierno y especialmente con los consultores. Destaca la lucidez y dureza con que trata a Fontecha, a quien considera «admirable y singular por el diestro manejo de las leyes, pues las halla oportunas siempre que quiere complacer a sus amigos, y para indemnizar el Fuero, aunque lo vea por tantas veces violado, si conduce la violación a su negocio». Para Zavala, Fonte- cha, los consultores, los ocupantes de los cargos más importantes del Señorío, se habían hecho con el gobierno de Bizkaia, de modo que formaron una oligarquía concentrada en Bilbao en unas pocas manos y en perjuicio de las anteiglesias, que eran el destino del Manifiesto citado. El ataque contra Fontecha era tan claro y tan directo, que no pudo este por menos de responder con un amplio escrito: su «Verídica puntual representación al Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya contra el Manifiesto de Don José de Zavala y Miranda», que los diputados y los padres de la Provincia propusieron llevar a la siguiente Junta General, en otoño de 1743, conscientes de que no solo contenía una detalladísima respuesta de Fontecha a todas las alegaciones de Zavala, una por una, sino que sacaba la cara prácticamente a todo el gobierno del Señorío, algunos de cuyos más destacados representantes tenían claras relaciones de parentesco entre sí.
Las denuncias de Zavala se centraban en Fontecha y «sus consortes», por sus intereses en la defensa de la conexión bonaerense con el puerto de Bilbao, pero también por el aprovechamiento de su posición y de la información de que disponían, incluyendo su dominio sobre los recursos que la foralidad les reportaba, para la creación de una compañía para la explotación de las minas de cobre de Aspe, Arrázola y otros lugares.
En esta pugna personalista se reflejaba la que se estaba jugando en la Corte entre los intereses de las Encartaciones, defendidos por el marqués de Villarías con el apoyo explícito del marqués de la Ensenada, y los del Señorío y su grupo dirigente. Zavala y Fontecha eran los respectivos combatientes, y a fe que se batieron con intensidad. El conflicto alcanzó tal virulencia que fue necesario ordenar un proceso de visita que sería girada por un magistrado de la Corte. Fue nombrado para ello, con arreglo a una instrucción de 20 de noviembre de 1746, Pedro Samaniego Montemayor, que era alcalde de Casa y Corte. La visita de Samaniego contribuyó a pacificar la situación y dio lugar a una normalización del estado de cosas, que los consultores del Señorío, sobre todo los que habían sufrido mayores críticas, es decir, Fontecha y Borica, aprovecharon para sacar a la luz la primera versión del Escudo, con la vista puesta en proporcionar una amplia visión de la historia de Bizkaia y la defensa de sus instituciones, con clara voluntad de poner fin a los conflictos que habían presidido los ocho años anteriores. Poco antes había subido al trono Fernando VI y era importante, como se dice en la exposición de motivos del Escudo, congraciarse con él, especialmente en la medida en que las disensiones pasadas pudieran crear dificultades en la relación que se abría en esas fechas con el nuevo monarca. Seguramente no fue ajeno a la decisión de imprimir el Escudo, o, para ser más exactos, los 287 primeros párrafos del mismo, el nombramiento de Fontecha y Borica como consultores para un nuevo bienio (1748-1750).
Cuatro años más tarde, el Señorío, con la habitual intervención de los consultores, elevó una Representación, de 3 de julio de 1752, que pone de manifiesto que se habían normalizado las relaciones con la Corte. Este documento ya era posterior a la primera impresión del Escudo, por lo que su contenido incorporaba en bloque toda la argumentación oficial del Señorío, ya plenamente consolidada.
Por todos los datos con los que contamos, en lo que se refiere a la autoría del Escudo, aunque sea procedente destacar a Fontecha, existen bases más que suficientes como para sacar a Borica del casi anonimato en el que había quedado relegado. Sagarmínaba nos había dado alguna señal interesante, pues al afirmar que la citada Representación de 3 de julio de 1752 «abarca todos los puntos fundamentales del Derecho público de Vizcaya», añadía que era fruto de la labor de los entonces consultores vitalicios Fontecha y Borica, «sobre todo el primero, que es más conocido en la posteridad, muy versados en el estudio y práctica de los asuntos forales del Señorío».
Poco después cayó Fontecha enfermo. Ante el sentimiento de la cercanía de su fallecimiento, se le recompensó nuevamente con 4.500 reales por «lo mucho que en cosas extraordinarias ha trabajado, reuniendo noticias e instrumentos de antigüedades, que han servido en negocios muy importantes y en representaciones que se han hecho, dejando asuntos de particulares que le hubieran producido muchos beneficios». Al año siguiente, 1753, le sustituyó como consultor Juan de Dudagoitia, su yerno, con el apoyo decisivo del padre de su mujer.
El fallecimiento de Fontecha se produjo el 5 de septiembre de 1753, quedando como herederos sus hijos Manuel y Elena, esta última casada con Juan de Dudagoitia.
En esas fechas tan solo se habían publicado, seguramente sin la finalidad de su difusión pública, los 287 primeros párrafos del Escudo. Todo parece indicar que después de la intensa fase de debate y confrontación que media entre la primera impresión del Escudo, 1749, y la segunda, 1762, no se procedió de forma inmediata a la labor de completar su contenido o, en el supuesto de que estuviera lista para la imprenta la parte que da continuidad al párrafo 287, no se dieron pasos decisivos para culminar el proceso hasta después del ascenso al trono de Carlos III, en 1760. Una vez más, fue el hecho del cambio de monarca por sucesión el que puso en marcha el proceso de juramento y confirmación del Fuero, en este caso quizá dotado de ciertas peculiaridades por tratarse de un rey que había ejercido como tal en Nápoles durante los veinticinco años anteriores.
Pedro de Fontecha y Salazar ha sido considerado de forma continua autor del Escudo de la más constante fe y lealtad. Sin embargo, como se desprende de sus actividades e intervenciones, entre las que hemos destacado su continua labor de redacción de escritos muy elaborados en la defensa del Fuero, fue muy importante la colaboración de otros consultores, especialmente la de Roque José de Borica. Entre todos ellos dieron a la luz una obra en la que se plasmó, como primera parte, una versión que podríamos llamar «oficial» de la historia de Bi- zkaia, obra tal vez del propio Fontecha, pero con una fidelidad plena a Gabriel de Henao. La versión completa del Escudo, con sus 448 párrafos, vio la luz en 1762, junto con el Fuero de Bizkaia del que, en cierto modo, era complemento interpretativo. Los consultores de Bizkaia, conseguían de esta manera su propósito de poder contar con un libro que pudieran consultar y utilizar para la funda- mentación más y mejor cumplida de sus dictámenes y alegaciones en Derecho.
Obras
(atribuido), Escudo de la más constante fe y lealtad [del Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya]. Arrieta Alberdi, J. (estudio introductorio y ed.), Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 2015.
Bibliografía
Arrieta Alberdi, J., «Estudio introductorio», Fontecha y Salazar, P. (atribuido), Escudo de la más constante fe y lealtad [del Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya], Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 2015.
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Cita bibliográfica
Arrieta Alberdi, J., “Fontecha y Salazar, Pedro de», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 392-398.





