Cargos y oficios
Periodista y novelista
Trayectoria
Era hijo del secretario de Lesaka e ingresó muy joven en el seminario de Pamplona, donde permaneció varios años. Ya entonces mostró «ser poeta y declamador de sentimiento», en una oda dedicada a Santo Tomás en 1905, o en poesías publicadas en La Hormiga de Oro de Barcelona, en 1905 y 1906. De regreso a Lesaka a comienzos de 1911 se dedicó a la literatura y el periodismo, incorporándose a la redacción de El Pensamiento Navarro de inmediato, donde publicó bajo el seudónimo Ramuncho. Fue un activo animador cultural, especialmente mediante la escritura de obras dramáticas y la dirección de la sociedad de teatro local. Casado el 18 de febrero de 1912 con la maestra Ramona Viela, ya había comenzado sus colaboraciones con El Correo Español de Madrid desde 1908, y en agosto de 1912 fue nombrado redactor de El Pueblo Vasco. Colaboraba también en Diario de Navarra con el seudónimo Javier de Miranda. En los años veinte pasó a dirigir el diario vasquista La Voz de Navarra (entre 1923 y 1925), con el sueldo más elevado de todos los directores del momento en Navarra. Los últimos días del año 1923 fue detenido junto a los redactores del periódico y puestos a disposición de la autoridad militar por la publicación de un artículo traducido de Le Matin. La causa solo fue sobreseída a mediados del mes de abril de 1924. Fueron años en los que mantuvo una campaña de defensa de la foralidad frente a las disposiciones del gobierno de la Dictadura, sobre todo en relación con el Estatuto Municipal de 1924. Tras incorporarse como jefe de redacción en 1929, en agosto de 1930 fue nombrado subdirector de Diario de Navarra, cargo en el que permaneció hasta su muerte.
Además, compatibilizó sus labores periodísticas con la gestión, pues fue nombrado secretario interino del Ayuntamiento de Lesaka entre 1917 y 1921 y de nuevo desde abril de 1925. Unos años más tarde, en junio de 1930, resultó elegido miembro del Consejo Foral Administrativo con el voto de los ayuntamientos. Impugnada inicialmente la decisión por recurso de Manuel Irujo, fue finalmente admitido por el plenario del Consejo en agosto del mismo año.
Siguiendo su inclinación literaria escribió varias obras teatrales desde 1911, de reducida difusión generalmente, pero mantuvo el contacto con los escenarios buena parte de su vida, sobre todo como autor. Sirva como ejemplo el estreno de Las manos milagrosas (1916), muy alabada en su crítica por Raimundo García, director de Diario de Navarra, que destacó las varias ocasiones en que tuvo que salir el autor a saludar tras las ovaciones del público. En 1924 estrenó Cabecita de muñeca, con similar acogida a la anterior. Durante la Segunda República fundó el grupo El Lebrel Blanco en Pamplona. Además, entre 1910 y 1911 había publicado tres novelas, principalmente dentro de iniciativas vinculadas a «buenas lecturas», es decir, aquellas que puso en marcha el catolicismo social frente a libros a los que se consideraba perjudiciales. Esparza mantuvo una relación estable con la Biblioteca Patria, del Patronato Social de Buenas Lecturas, fundada en 1904, donde aparecieron buena parte de sus novelas. Fueron bien acogidas en la prensa católica y recomendada su difusión por los valores que contenían, didáctico-moralizantes y con la mujer, el amor y el matrimonio como sus tres ejes temáticos fundamentales. Así, de Oro en mármoles (1917) se decía: «Es recomendable, por las sanas doctrinas de que está nutrido y por sus tendencias, altamente educadoras, de sana moral cristiana en que su autor se inspiró al escribirlo» (La Acción, 30 de enero de 1918: 2). Pese a haber publicado nueve novelas y un estudio crítico sobre las obras de Navarro Villoslada premiado en el Centenario del escritor de Viana (1927), su mayor éxito literario le llegó con la décima: Nere (1928). Fue acogida como una obra primeriza, pese a las ya publicadas, y le abrió las puertas a un marco literario más amplio, y a mayor atención de la crítica y el público. De hecho, se habló de que su siguiente novela, La dama del lebrel blanco, aparecería de forma simultánea en italiano, para lo que viajó a Milán en septiembre de 1928.
Muchas de sus obras tenían como trasfondo su pueblo natal, donde recogía ambientes, expresiones y circunstancias vasquistas, por más que viera todo ello a través de la nostalgia hacia un mundo en trance de desaparición. Políticamente pudo estar próximo a ciertas formas tradicionalistas en el inicio de su carrera periodística, aunque ya en la época de la Dictadura no era esta su opción ideológica. Se afirmó en posiciones navarristas, defensoras de la foralidad como esencia o espíritu más que como texto legal, aunque con una evolución que le llevó desde la resignación y la sensación de pérdida, tras dejar de ser reino, a otra muy deudora de Víctor Pradera, de inserción de Navarra en una España para la que habría sido el depósito de las esencias y con la que la relación habría de ser pactista. Pasó del rechazo a las leyes del siglo xix a su plena aceptación, sobre todo la de 1841. En vísperas de la proclamación de la Segunda República criticaba el acercamiento de los jaimistas al nacionalismo vasco y hablaba de un paso incomprensible para «vuestra Causa» (Diario de Navarra, 14 de febrero de 1931: 1), en una línea de escasa cercanía al carlismo. Pese a ello, apareció en actos tradicionalistas. Esta actitud la hacía compatible con un vasquismo que publicitaba La dama del lebrel blanco como «el libro de Vasconia, escrito con el alma encendida de amor a la tierra vasca» (El Heraldo de Madrid, 16 de julio de 1931: 9) y en el que los dos protagonistas tratan de infundir a su compañera «el sentimiento de su raza» y se juramentan para «realizar algo grande por Vasconia». En paralelo, Esparza rechazaba con fuerza, y probablemente él fue el responsable principal de la campaña de Diario de Navarra, en junio de 1932, el proyecto de Estatuto. Y ello pese a admitir que Navarra, «aunque vasca», debía ir sola y, una vez conseguidos los respectivos estatutos, podían las cuatro provincias «concertar una federación, una hermandad, una mancomunidad», «con nuestros hermanos de las Provincias Vascongadas». Esta actitud la reflejó en la calificación de «sinvergüenza» recogida en la correspondencia entre José Antonio Aguirre y Ramón de Goñi en diciembre de 1931. Se ha analizado su postura como la de los fueros en versión fascista, en referencia a su folleto de 1935. En él dejaba ya asentados algunos de los elementos de la visión esencialista de lo foral y de la plena inserción de Navarra en España.
Llegada la guerra, se situó claramente al lado de los sublevados, con varios de sus hijos en el frente, y vestido con uniforme de requeté, desde muy pronto él mismo o sus textos se difundieron desde Radio Castilla de Burgos. Era además secretario de la Junta Superior de Educación y en una intervención ante un congreso de maestros habló sobre el elemento foral en la enseñanza primaria. Era enero de 1937 y afirmó que «España es una, que el Fuero es parte integrante de Navarra y Navarra parte integrante de España». También colaboró con la sección de propaganda de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra en diversos actos durante la primavera de 1937. Pronto dio el salto a posiciones más políticas y el 6 de mayo de 1937, en parte por su amistad con Fermín Izurdiaga, fue designado vocal del Primer Consejo Nacional de Prensa y Propaganda del Movimiento, en el que resultó elegido secretario general de Prensa. A finales de agosto de ese mismo año recibió el nombramiento como gobernador civil de Álava, en una plena ortodoxia ideológica con el nuevo régimen y el nuevo partido único, al verse enfrentado a la labor de implantarlo en Álava, para lo que se apoyó primordialmente en un sector minoritario y colaboracionista del carlismo, el núcleo Lealtad. Las discrepancias y enfrentamientos internos llevaron al cese de Esparza en agosto de 1938. De regreso a Navarra, además del periodismo y de múltiples participaciones en actos diversos, siguió recibiendo nombramientos en instituciones de carácter cultural e incluso una condecoración italiana, la de comendador de la Orden de la Corona de Italia en 1939.
De 1940 a 1943 fue director de la revista Príncipe de Viana, en la que publicó varios artículos. De marzo a diciembre de 1944 fue concejal en el Ayuntamiento de Pamplona, respaldado por el sector octavista del carlismo, y aunque lo intentó de nuevo en 1951, frente a la candidatura oficial y la falcondista, no obtuvo apoyos suficientes. En 1952 fue nombrado vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Pamplona, pero en octubre de ese año sufrió un quebranto serio de salud que le llevó a retirarse del periodismo. En 1956, en la conmemoración del vigésimo aniversario del levantamiento militar, se le otorgó el título de periodista de honor, recordando su campaña contra el Estatuto como mérito añadido. En estos años siguió publicando, especialmente temas históricos y de respaldo a su navarrismo en la línea de Víctor Pradera.
Obras
La novia: novela original, Madrid: Biblioteca Patria, 1910.
Junto a las nieblas: prosas, Madrid: Biblioteca Patria, 1911.
Tierra que florece (novela algo rara de unos amores que florecen), Madrid: Patronato Social de Buenas Lecturas, 1911. Reed. Pamplona: Imp. de La Acción Social, 1913.
La sombra del pecado: Novela (Glosario de unos versos antiguos de don Rodrigo Cota), Madrid: Biblioteca Patria, 1916; Córdoba: Imp. de Biblioteca Patria, 1930.
Oro en mármoles (impresiones y discursos), Madrid: Patronato Social de Buenas Lecturas, 1917.
In via lucis (Breves anotaciones sobre motivos religiosos), Madrid: Patronato social de Buenas lecturas, 1919.
La isla de los sueños: novelas dialogadas, Madrid: Biblioteca Patria, 1920.
Tu hermosura, Madrid: Biblioteca Patria, 1921.
Los caminos del Señor: novela original, Madrid: Fuencarral, 1922.
Nere, Barcelona, Ed. Mentora, 1928; Pamplona: Fundación Diario de Navarra-Ediciones y Libros, 2002. Edición de Carlos Mata.
La actitud fundamental del hombre; conferencia por Eladio Esparza, Tudela: Imp. Castilla, 1930.
La dama del lebrel blanco, Barcelona: Juventud-Publicaciones Calasancias, 1930.
Tierra que florece (novela), Madrid [s. n.], 1930.
Discurso sobre el fuero de Navarra, Pamplona: Ediciones «Príncipe de Viana», 1935.
Dos discursos en el II Año Triunfal. Los Mártires de la Tradición, Vitoria: Ed. Social Católica, 1938.
Pequeña historia del Reino de Navarra: el rey, el fuero, la cruzada, Madrid: Ediciones españolas, 1940.
Nuestro Francisco Javier, Pamplona: Leyre-Aramburu, 1941.
Blanca de Navarra, Pamplona: Leyre, 1942.
De cuando éramos novios, Pamplona: Ed. Gómez, 1943.
Blanca de Navarra: hija sin padre, esposa sin marido, reina sin trono, Madrid: Editora Nacional, 1947.
Hubo Pirineos, o, Entre Juanas anda el reino, Pamplona: Gómez, 1950.
Bibliografía
Iriarte López, I., Tramas de identidad. Literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960), Madrid: Biblioteca Nueva, 2000.
Leoné Puncel, S., Los Fueros de Navarra como lugar de la memoria, Donostia-San Sebastián: FEDHAV/EHZHAAF, 2005.
Mata Induráin, C., «Eladio Esparza (1888-1961), Poeta sin versos del atardecer», Río Arga, núm. 101 (2002), pp. 32-35.
— «La producción narrativa de Eladio Esparza (1888-1961)», Pregón, núm. 19 (2002), pp. 45-47.
Mikelarena Peña, F., «El vasquismo espiritual de Eladio Esparza», Memoria y Civilización, 24 (2021), pp. 565-589.





