Cargos y oficios
Un intercambio epistolar entre el papa Hilario y el obispo metropolitano de la Tarraconense Ascanio entre el 463 y el 465 hace referencia a la actitud indisciplinada del obispo Silvano de Calahorra respecto a sus superiores.
Trayectoria
Hacia el 463, Ascanio, el obispo metropolitano de la Tarraconense, escribió una carta en su nombre y en el de todos los demás obispos de la provincia, al papa Hilario solicitando su arbitraje ante el comportamiento insubordinado del obispo Silvano de Calahorra, ubicado en la región más alejada y periférica de la provincia —in ultima parte nostrae Provinciae constitutus—. En la epístola, Ascanio relata que Silvano, siete u ocho años antes, consagró a un obispo —episcopus—, cuyo nombre y la sede a la que iba destinado no se mencionan, sin el consentimiento de las autoridades eclesiásticas y sin que lo pidiera la comunidad —populis— interesada. El calagurritano fue amonestado fraternalmente —fraterna et pacifica posse admonitione— por sus compañeros y el recién ordenado episcopus fue admitido como tal. Sin embargo, algunos años más tarde, Silvano reincidió ordenando ilícitamente como obispo para la misma sede a un presbítero de otra circunscripción, yendo incluso contra la voluntad del consagrado. Denunciado por el episcopus de Caesaraugusta, los obispos de la provincia decidieron pedir la intervención del Sumo Pontífice para que anulase las arbitrarias decisiones de Silvano. Al año siguiente, al ver que no recibían respuesta, Ascanio y los demás obispos, en una misiva que enviaron a Hilario informándole en torno a la peculiar sucesión del difunto obispo de Barcelona y solicitándole que ratificase la decisión tomada, aprovecharon para señalar al final del escrito su desconcierto ante la falta de respuesta de la carta enviada con anterioridad en torno al obispo Silvano.
La tardanza de la respuesta a Ascanio se debía a que el papa Hilario quería exponer el tema en el Sínodo Romano celebrado el 19 de noviembre de 465 en Santa María la Mayor. En las actas de dicha reunión se lee que el Sumo Pontífice presentó el problema ante los asistentes leyendo las cartas enviadas por el metropolitano de la Tarraconense. El 30 de diciembre de ese mismo año Hilario escribió a Ascanio informándole de que también había recibido varias cartas —litera— con la firma de varios honorati y possessores (aristócratas y grandes propietarios) de algunas civitates del valle del Ebro, entre las que menciona las de los Turiasonensium (Tarazona, Zaragoza), Cascantensium (Cascante, Navarra), Calagurritanorum, Varegensium (Varea-Logroño), Tritiensium (Tricio, La Rioja), Liviensium (Herramélluri, La Rioja) et Verovicensium (Bri- viesca, Burgos) exponiendo su propia versión de los hechos. A continuación, elpapa admite que la actitud de Silvano no fue la adecuada, ya que no se ciñó a las normas establecidas. No obstante, teniendo en consideración las necesidades de índole coyuntural de los tiempos que vivían —temporum necessitas—, Hilario decide perdonar al calagurritano dando por válidos los ordenamientos que realizó, pero con la condición de que no volviera a cometer ninguna acción que fuese en contra de las normas del Beato Apóstol y de lo establecido en los cánones de Nicea.
Los documentos que exponen el caso de Silvano de Calahorra dejan entrever la existencia y afianzamiento de una poderosa red nobiliaria y eclesiástica coordinada y cohesionada en el Alto y parte del Medio Valle del Ebro, con la sede episcopal de Calagurris como eje de la misma, señalando a su vez el arraigo del que gozaba el cristianismo para mediados del siglo v en estas tierras. Se ha escrito mucho en torno a la posible identificación de la sede a donde fueron destinados los obispos ordenados por Silvano y de las razones que le impulsaron a actuar de forma independiente respecto al metropolitano de la Tarraconense. Lo cierto es que la diócesis eclesiástica calagurritana, in ultimae parte nostrae Provinciae, atravesaba una situación excepcional debido a su posición geográfica marginal y fronteriza, alterada recientemente por los movimientos bagáudicos, las correrías de los suevos y las intervenciones armadas de los visigodos.
Obras
Larranaga, K., Euskal Herria Antzinatean. Materiale eta agiriak, Donostia: Kriselu, 1988.
Ruiz de Loizaga, S.; Díaz Bodegas, P., y Sainz Ripa, E., Documentación Vaticana sobre la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño (463-1342), Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 1995.
Segura MunguÍa, S., Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina. De Aníbal a Carlomagno, Bilbao: Universidad de Deusto, 1997.
Bibliografía
Castellanos, S., «Aristocracias y dependientes en el Alto Ebro (siglos v- viii)», Studia historica. Historia medieval, 14 (1996), pp. 29-46.
Escribano, M. V., «La iglesia calagurritana entre Ca. 457 y 465: El caso del obispo Silvano», Ministerio de Cultura (ed.), Calahorra: bimilenario de su fundación: actas del I Symposium de historia de Calahorra, Madrid: Subdirección general de arqueología y etnografía, 1984, pp. 265-272.
Espinosa, U., Calagurris Iulia, Logroño: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de La Rioja; Ayuntamiento de Calahorra, 1984.
Larranaga, K., «En torno al caso del obispo Silvano de Calagurris: Consideraciones sobre el estado de la iglesia del alto y medio Ebro a fines del imperio», Veleia, 6 (1989), pp. 171-192.
Cita bibliográfica
Lanz, J. «El caso del obispo Silvano de Calahorra», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 95-96.





