Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y Obras Franco-Carolingios

EGINHARDO (EGINARDO, EINHARDO, EINHARD) (s. l., c. 775 – Seligenstad, Alemania, 840). (c. 829-836).

Cargos y oficios

Miembro de la corte regia carolingia, maestro en la escuela palatina de Aquisgrán y autor de Vita Karoli Imperatoris 

Trayectoria

El trazado biográfico sobre Eginhardo proviene del prefacio a su obra sobre el emperador Carlomagno y del que años después, en el segundo tercio del si­glo ix, elaboró el también erudito y monje de Reichenau, Walafredo Estrabón, que recoge significativos datos sobre su origen, dotes intelectuales, trayectoria y actividad cultural, cortesana y política. No se sabe con certeza cuándo nació, si bien el medievalista Louis Halphen se inclinó por el año 775. Su procedencia se vincula a una estirpe nobiliaria del valle inferior del río Main (Franconia), y su primigenia educación se asocia a la abadía benedictina de Fulda, nacida bajo el impulso de San Bonifacio. Sus capacidades técnicas y científicas le con­dujeron tempranamente a formar parte de la escuela palatina de Aquisgrán (c. 791-792), bajo la dirección de Alcuino de York. En ella desarrolló su principal faceta al servicio de la monarquía en calidad de nutritor, esto es, maestro de los funcionarios de palacio y responsable de la educación superior de algunos de ellos, así como de la familia imperial, mediante la enseñanza de las artes libera­les, los libros sagrados, la patrística y la tradición clásica. En este entorno regio pudo conocer a su esposa Emma, con la que tuvo un hijo de nombre Vussinus. Las altas capacidades y cualidades de su persona, reflejadas en los escritos de admiración de sus contemporáneos, no fueron óbices para que Alcuino, o el obispo de procedencia hispana, Teodulfo de Orléans, remarcaran su baja es­tatura, rasgo físico que le valió el apodo de nardulus (aféresis de Einhardus), pequeño nardo, haciendo un juego alegórico sobre una flor diminuta, pero de gran esencia. Sus dotes arquitectónicas, puestas al servicio de Carlomagno, le valieron, igualmente, el pseudónimo de Beseleel, uno de los constructores del Arca de la Alianza.

Los servicios políticos prestados a la monarquía francocarolingia revelan, por otro lado, que alcanzó altas cotas de cercanía y confianza tanto con Carlo- magno como con su hijo y sucesor Luis, con el que presume haber trabado una gran amistad. Se sabe que participó en la embajada que llevó a Roma, el año 806, las disposiciones sucesorias del primero, diseñadas para hacer partícipes de las propuestas a sus tres hijos: Luis, Carlos y Pipino. Siete años después parece que volvió a tomar partido en estos asuntos dinásticos, según relata el poema In honorem Hludowici (c. 826), de Ermoldus Nigellus, al solicitar a Carlomagno el nombramiento como único sucesor asociado al trono, a su hijo Luis, posterior a la muerte de sus hermanos. En la corte de Ludovico ostentó las funciones de su secretario personal y de preceptor de Lotario, su hijo primo­génito (817), si bien abandonó la vida política hacia el año 830 una vez se in­tensificaron las disputas hereditarias del linaje, a partir del nacimiento de Car­los, hijo de Luis, pero hermanastro de Lotario, al ser fruto de su unión con la princesa bávara Judith. Compensado con las posesiones de Michelstadt (selva de Odenwald) y Mülheim (Main), también rigió como abad laico San Pedro de Mont Blandin y San Bavón (Gante), Fontanelle y San Servasio (Maastrich). Re­tirado con su esposa a Mülheim, fundó la abadía de Seligensadt, que custodió las reliquias de los mártires San Marcelino y San Pedro, a quienes dedicó una obra hagiográfica (Translatio et miracula sanctorum Marcellini et Petri, c. 830). Falleció el 14 de marzo del 849, cuatro años después que su mujer, siendo en­terrado en dicha basílica. Su epitafio fue escrito por Rabano Mauro, abad de Fulda, centro monástico en el que se iniciaron sus primeros pasos.

La principal y más conocida obra de Eginhardo es la biografía que realizó del emperador Carlomagno, y que escribió posiblemente tras su retiro a Seli- gensadt, al igual que el resto de su producción literaria. Se conservan poco más de sesenta epístolas (Epistolae), escritas a partir del 823, que se hallaron en San Bavón de Gante. La atribución a su autoría de los Annales regni Francorum (801-829), que también se han denominado Annales Eginhardi, así como un tratado sobre los sajones, es errónea, como se ha venido demostrando en las últimas décadas. La Vita Karoli, inspirada en gran parte los modelos clásicos biográficos de las Vidas de los doce cesares de Gayo Suetonio, es uno de los textos más paradig­máticos e influyentes del género biográfico medieval. Compuesto años después de la muerte del emperador, entre los años 829 y 836, es un relato con unas características especiales ya que irrumpió en un ámbito literario dominado por las hagiografías, y modificando algunos estereotipos. La mano personalísima de Eginhardo le permitió construir una narración novedosa, motivada, según hace constar en el prefacio, por el agradecimiento al rey Carlos a quien trató en primera persona y a quien había de hacer justicia manteniendo viva su me­moria. De manera que la estructura, amén de contener las glorias militares, coronación o testamento de Carlos incide sobremanera en su figura soberana, virtuosa y arrogada de admirables dotes personales, diplomáticas y religiosas. Los treinta y tres capítulos de la narración refieren con un ánimo enaltecedor su obra política, pero la originalidad de Eginhardo descansa en la riqueza de los pasajes centrados en recoger el retrato del hombre que había detrás de una figura monárquica y que proviene de los años que convivieron juntos en la corte (caps. 18-27). Se nos dibuja un rey cercano a su familia, preocupado por su lengua materna, con un físico y voz particulares, insomne, aficionado a la caza, torpe en la escritura o aficionado a los guisos, entre otras cosas. En defi­nitiva, todo un cuadro costumbrista que refiere el talento de un autor capaz de observar más allá de lo anecdótico o heroico para acercarnos a la humanidad, carácter y entorno familiar del biografiado.

El capítulo noveno tiene un interés privativo porque narra la campaña de Carlomagno a Zaragoza y el descalabro de su ejército en los pasos pirenaicos de Roncesvalles tras el precipitado regreso el verano del año 778. La descrip­ción de la emboscada y la perfidia de los vascones, que van a infringir una derrota a las huestes carolingias, contrasta con el tono triunfalista del resto de la biografía, lo que ha llevado a muchos de los especialistas de la materia a no tener pruebas concluyentes sobre la intencionalidad del episodio narrado por Eginhardo y la identidad segura de los atacantes; y más si se tiene en cuenta que nuestro autor no fue contemporáneo a los hechos. Incluso se ha llegado a pensar que algunos de los pasajes de esta sección pudieron ser añadiduras pos­teriores o retoques al relato originario, pues llama la atención que recoja con detalle los nombres de los notables francos muertos en combate y que fueron el senescal Egihardo, el conde de palacio Anselmo y Roldán, prefecto de la marca de Bretaña; mientras que para otros episodios bélicos de la Vita Karoli no se mencionen sus protagonistas.

Robert Fawtier, Ramón d’Abadal, Ramón Menéndez Pidal, Paul Aebischer y José María Lacarra han estudiado y analizado monográficamente el menciona­do capítulo en su faceta histórica, teniendo en cuenta también la trascendencia del episodio de Roncesvalles en la literatura épica europea, a partir de La Chan- son de Roland y otras canciones del ciclo carolingio. Sus hipótesis, basadas en el minucioso análisis comparativo de los anales carolingios y los textos árabes, han puesto sobre el tapete la complejidad y contradicciones del relato de un episodio confeccionado a finales del siglo viii y versionado con posterioridad en el siglo ix con los más variados ingredientes históricos e historiográficos. De estos primeros se pueden significar, por ejemplo: la presencia musulmana en el valle del Ebro, el interés de Carlomagno por dilatar sus dominios al sur de los Pirineos, el contexto europeo en el que se inscribe el acontecimiento pro­tagonizado por la conquista de Sajonia, la dudosa fidelidad o problemática de ensamblamiento de Gascuña; y de los segundos destaca la intencionalidad de construir los textos posteriores al encuentro armado para modelar la imagen de un Carlos defensor del Cristianismo y levemente azuzado por un grupo de asaltantes vascones. De manera que no solo se trataba de contar lo sucedido, sino de reconstruir e interpretar lo ocurrido con un propósito concreto, el de salvaguardar la imagen del monarca y su modelo político de gobierno.

Sin entrar al detalle de una temática ampliamente discutida por los autores mencionados, así como por A. J. Martín Duque, queda discernir sobre quiénes fueron los vascones que derrotaron al futuro emperador. Ya fuera debido al re­clamo de la entrega de la Zaragoza sarracena u otra razón, no hay duda de que Carlomagno entró en el mes de abril del 778 en los territorios hispanos, y que la columna que personalmente dirigió pasó por Pamplona, Navarrorum oppidum, una ciudad regida por un destacamento militar, no se sabe si en sintonía con las mismas fuerzas musulmanas que le atrajeron o bajo gobierno de algún líder vascón. El incumplimiento de sus expectativas ante la ciudad ribereña motivó el regreso a su reino y la destrucción de las murallas del emplazamiento pam­plonés, posiblemente aliado de quien había decepcionado al carolingio. La re­taguardia del ejército franco, al paso por los collados pirenaicos el 15 de agosto, entre el puerto de Ibañeta y Lepoeder, sufrió el asalto y derrota por parte de un grupo de Wascones, amparados por la espesura de los boques y un mejor conocimiento del terreno. Esta concreta designación de Wascones resuelve la cuestión para d’Abadal y Aebischer ya que, para las crónicas del siglo ix, estos eran los habitantes de Gascuña, los gascones, distintos de los Hispani wasco- nes, voz utilizada claramente por las fuentes de la época para designar a los vascones del Pirineo meridional. Asimismo, no cabe desdeñar la circunstancia de las dificultades previas de los francos para someter Gascuña (769), bajo el liderazgo del príncipe Lupo, que señala el Astrónomo, así como las duras me­didas tomadas con respecto al espacio gascón, inmediatamente después del retorno de Carlomagno, a finales de septiembre, al proceder a la destitución y recambio de los condes aquitanos (Burdeos y Tolouse), como ha recalcado plausiblemente Martín Duque. No obstante, Menéndez Pidal y Lacarra argu­mentan lo contrario, identificando a los vencedores con los vascones hispanos, debido a las circunstancias político-estratégicas y basándose en explicaciones sobre la evolución del uso del término a lo largo del siglo ix.

Sean cuales fueren los atacantes, fue construyéndose un recuerdo heroico, dando lugar a versiones cantadas y legendarias del episodio centralizándose alrededor de uno de estos jefes regionales, Roldán, la Chanson de Roland, y remarcando la malevolencia de esos vascones, retratados lógicamente como gentes ajenas a los territorios imperiales.

Obras

Dutton, P. E. (ed. y trad.), Charlemagne’s Courtier: The Complete Einhard, Peter- borough: Borad view Press.

Halphen, L., Einhard, Vie de Charlemagne, Paris: Les Belles Letres, 1967 (4.a ed.). Ham- pe, K., Monumenta Germaniae Historica. Epistolarum tomus V. Epistolae Karolini aevi. Tomus III, Berlín: Weidmann, 1899, 105-149.

JaffÉ, P. H, «Einhardi Vita Karoli Magni», Bibliotheca Rerum Germanicarum, IV, Monu­menta Carolina, Berlin: Weidmann, 1867, pp. 487-541.

Pertz, G. H., Waitz, G. (recensuit) y Holder-Egger, O. (curavit), «Einhardi Vita Karoli Magni», Monumenta Germaniae Histórica. Scriptores rerum Germanicarum in usum scholarum separatim editi XXV, Hannover: Impensis Bibliopolii Hahniani, Editio sexta, 1965.

 

Riquer, A. de (trad. e introd.), Eginhardo. Vida de Carlomagno, Gredos: Madrid, 1999.

Bibliografía

Brunholzl, F., Histoire de la littérature latine du Moyen Age. 1,2, De Cas- siodore a la fin de la Renaissance Carolingienne: L’époque carolingienne, Turhout: Bre- pols, 1991, pp. 77-82 y 280-281 (recoge la bibliografía relativa al autor, la edición de sus obras y los principales estudios).

Halphen, L., Carlomagno y el imperio carolingio, México: Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, 1955.

Lacarra, J. M.a, La Expedición de Carlomagno a Zaragoza y su derrota en Roncesvalles: Discurso leído por el Excmo. Sr. D. José M.aLacarra y de Miguel en el acto de su recep­ción académica del día 3 de diciembre de 1980 y contestación al mismo por el Excmo. Sr. Miguel Sancho Izquierdo, Zaragoza: Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, 1980.

Martín Duque, A. J., «El reino de Pamplona», Historia de España Ramón Menéndez Pi- dal. La España cristiana de los siglos viii al xi. Los núcleos prepirenaicos (718-1035). Navarra, Aragón, Cataluña, Madrid: Espasa-Calpe, 1999, vol. VII-2, pp. 92-95.

Cita bibliográfica

 Pavón Benito, J., “Eginhardo», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 188-192.

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