Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de vasconia continental

CHAHO LAGARDE, Joseph-Auguste (Joseph-Augustin Chaho, Agosti Chaho) (Atharratze, Sola, 10 de octubre de 1811 – 22 de octubre de Bayona, 1858).

Cargos y oficios

Escritor. Lingüista, historiador, poeta, ensayista y novelista

Trayectoria

Joseph-Auguste Chaho Lagarde —en euskera firmaba como Agosti -Chaho—, nació en Atharratze, población de la provincia de Sola, el año de 1811, y murió en Bayona en 1858. Entre estas dos fechas una vida plena, dedicada a la literatura en sus múltiples facetas de lingüista, historiador, traductor, poeta, narrador, ensayista, y en especial de periodista inmerso en el movimiento romántico y político de su tiempo.

La posición social de su padre André Chaho que era huissier —cargo específico francés, especie de agente judicial o procurador— de su pueblo natal, y su madre Rosa Lagarde nacida en Maule, capital de la provincia suletina, en la que fuera vivienda del ilustre historiador Arnaud Oihenart, le permite acceder desde niño a los libros y la cultura. Era el mayor de siete hermanos (Jean-Baptiste, 1815; Marie-Louise, 1817; Marie-Jeanne, 1819; Jean Pierre, 1821; Henriette, 1822, y Pierre-Eudore, 1825), de los cuales Jean Baptiste y Jean Pierre también nos legaron obra escrita.

Chaho, desde su infancia, fue un gran aficionado a la lectura e hizo los estudios de secundaria en el seminario de Olorón, donde recibió el apodo de Le petit philosophe. Pierre Soubielle, bachiller en letras y ciencias, fue el sacerdote director de dicho seminario durante los años 1824-1834, siendo Joseph-Auguste uno de sus discípulos preferidos. Al parecer, según su biógrafo y amigo Gustave Lambert, un familiar quiso que se dedicara a las finanzas en Pau, mas una carta recogida por Inchauspe indica que no fue en Pau sino en Donapaleu/Saint-Palais, capital de la provincia de la Baja-Navarra, donde trabajó una temporada como pasante en el despacho del notario Ganderats. Trabajo que no le plugo en demasía ya que volvió a Olorón para acabar los estudios de Humanidades, previos a los de abogacía que iniciaría en París a los diecinueve años en septiembre de 1831, tras haber aprendido —les secrets du rythme et les règles de l’harmonie du style—, es decir, a escribir con elegancia leyendo a los autores de los siglos xvii y xviii.

Entre los profesores que conocerá en París se hallan Eugène Lerminier, Charles Nodier, del que se consideraba su humilde discípulo, Antoine Pauwels, etc., y nos lo imaginamos rodeado de libros en su piso de la calle Villedo 5, cerca de la Biblioteca Nacional de la calle Richelieu, y de la del Arsenal, cuyo director era Nodier, donde se hallaba La grande boutique Romantique, y se encontraría con Alfred Musset, Víctor Hugo, Alexandre Dumas, Alfred de Vigny y otros escritores célebres. Él mismo nos confiesa su afición a la poesía en esta época: en 1832 improvisaba en París versos, unos quinientos o seiscientos que estenografiaba y marchaban sobre cuatro pies.

El retrato dado por su amigo Lambert es el siguiente. Chaho era alto, estilizado, de cuerpo hermoso y fino, cuya vestimenta se hallaba cuidada hasta en el menor detalle, llevando unas mangas bordadas. Era su imagen aristocrática y elegante, y su modo de hablar delicioso, sobresaliendo más que el modo su limpieza, y uno no se cansaba nunca de escucharle, porque tenía también un talento raro, sabía escuchar. En una palabra, era completamente encantador.

Probablemente fue en la Facultad de Derecho de la Sorbona donde trabó amistad con Antoine D’Abbadie, nacido en Dublín, hijo de irlandesa y suletino, con el que colaboraría en la edición de una de sus obras. El año de 1833 publica en la Revue du Midi de Montpellier un artículo sobre el origen de los vascos, y en 1834 comienza a editar artículos en la revista La France Littéraire, donde colaboraban entre otros Achile Jubinal, experto en poesía y teatro medieval; Théophile Gautier, poeta romántico en boga; Alfred Desessarts, periodista, novelista y bibliotecario de Sainte Geneviève; Anaïs Segalas, dramaturga, novelista, poetisa, etc.; y participaba en las famosas veladas que su protector, el escritor Charles Nodier, organizaba en el Arsenal, frecuentado por Alfred de Musset, Alexandre Dumas, Víctor Hugo…

Su primer libro publicado en 1834 se tituló Azti Begia («El ojo del adivino»), «L’oeil du devin» en francés. Como él mismo comentó más tarde, era un ensayo de cosmología vasca, donde aparecían los símbolos del Diluvio, la Serpiente, Cristo, el Cordero, la Paloma, la Mariposa, el Huevo, etc. Señala el crítico Marc Ergeldinger al analizar la Videncia anterior a Rimbaud, que el vidente se transforma en poeta, y cree ser capaz de conocer y sentir lo que el resto de los mortales no pueden. Y según él será el poeta alemán Novalis (1772-1801), con sus Canciones Nocturnas, el primero en lograr la síntesis entre videncia y poesía. Este consideraba que los poetas habían recibido la misión de ser los videntes de los pueblos, Chaho siguiendo esta escuela querrá serlo del pueblo vasco, y haciendo un juego lingüístico entre las palabras ekhia (el sol) y egia (la verdad) considerará que esa es la función primordial de los poetas, obtener dicha síntesis de videncia y poesía, de modo que la verdad brille como el sol.

Chaho edita también en 1834 Paroles d’un voyant, en respuesta a la obra del sacerdote Félicité de Lammenais titulada Paroles d’un croyant. Esta obra de -Chaho recibió críticas severas en las revistas de la época como France littéraire. El tono inspirado, el estilo profético de la misma —confiesa más tarde su autor—, no fueron sino meras figuras de lenguaje, una ficción literaria, con la función de mostrar mejor el rol de los grandes fundadores de las religiones, a los que se permitió la libertad de imitar a veces en su retórica.

Ese mismo año de 1834 publica Paroles d’un Bizkaïen aux liberaux de la reine Cristine, donde se dirige a los sofistas madrileños preguntándoles si conocen la historia de los vascos, afirmando que estos nunca han sido vencidos y que su nación no desaparecerá. Que democracia y libertad son dos palabras sinónimas y que la sociedad vasca ha sido el modelo más claro de libertad, por lo que se merece un mejor trato, y que por su historia y los restos de la antigua civilización que ha sabido conservar se ha convertido en símbolo de libertad. El periodista aragonés Braulio Foz traduce su obra (1835) y la comenta de modo polémico acabando su texto del modo siguiente: «Sí señor, este hombre es más que revolucionario y más que republicano: es por lo menos anárquico-democrático-sansimoniano. El hombre-rey en su secta política, y la tierra-el-cielo en su secta filosófica-religiosa. Ni Dios, ni rey, ni ley, esta es su profesión». No eran los sansimonianos del gusto de Chaho, como indicará más tarde, pues los considera como una secta religiosa dependiente del imperialismo ruso. Tampoco gustó a algunos parisinos ser considerados como bárbaros, y cree que un día los hombres de la República volverán a sentarse en asientos de piedra alrededor del árbol de la libertad. Su amigo Charles Lassailly, con quien frecuentaba el Palais-Royal parisino, habla en su periódico L’Independant de lo mal que se entendió su obra, y de que aunque erróneamente Chaho solo aceptaba el principio democrático, que acontecimientos posteriores fueron a demostrar de parte de quién se hallaba la evidencia de la verdad.

Chaho da a luz en 1835 otro ensayo, este de más envergadura, ya que se titula Philosophie des révélations, que más tarde lo completará en la obra Philosophie des religions comparées, donde la República se convierte en una verdadera religión laica. Así como Paroles d’un voyant fue incluida en el Index por el Vaticano, por considerar que se aboga por un sistema panteístico.

En 1836 aparece una de sus obras más famosas y que más traducciones ha tenido, al castellano, al alemán y al euskara al menos, titulada Voyage en Navarre pendant l’insurrection des Basques (1830-1835) («Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos») (1830-1835). Este viaje hecho con la intención de mostrar al mundo la situación política de Navarra durante la Primera Guerra Carlista se inicia el 15 de marzo en París y llega a Bayona el 24. Pasa por Sara, Larrun, Bera, Lesaka, Goizueta, Leitza, Ezkurra, Eratsun, Uitzi y Lekunberri será el punto final, donde tuvo una supuesta entrevista con el general Zumalacárregi, mas sin gran éxito, ya que tras pedirle las razones de la misma, una Real Orden del 8 de abril le ordena que se vuelva inmediatamente a Francia. Al parecer tuvieron que ver en este asunto los vizcondes M. Dufour y Rochemeure, consejeros del general Maroto, que no confiaban en el joven periodista romántico. La obra, dividida en doce capítulos, cuyos tres primeros se hallaban ya editados en el artículo citado de La France Littéraire, en honor del general carlista Zumalacárregui el Hombre de la Gran Espada, desarrolla la tesis de que si los vascos se habían alineado bajo la bandera del pretendiente Carlos fue simplemente porque el liberalismo había puesto en peligro los Fueros y libertades de que disfrutaban. Cuatro eran los pilares en los que Chaho basaba su tesis sobre la singularidad de los vascos: la geografía, la historia, el derecho y la lengua.

Esta obra fue anunciada en el Journal des débats politiques et littéraires (París, 20 de mayo de 1836) y recibida con tanto entusiasmo que su amigo Lassailly del L’Independant decía tras leer el libro que se consideraba navarro como antes escocés después de leer a Walter Scott. Antoine d’Abbadie en una reseña que hizo para el Bulletin de la Société de Géographie, considera que la obra poco nos enseñará de geografía navarra, ya que se halla llena de una filosofía nebulosa y mística, pero que es de admirar el amor a su tierra natal que expresa el suletino, su patriotismo que no es un defecto, sino algo que impulsa al viajero hacia grandes obras. Ese mismo año otro romántico hispanista francés, Louis Viardot (1800-1883), proponía en la Revue de Deux Mondes una especie de Suiza, para la confederación de Navarra y las Provincias Vascas. Y Karl Marx se hizo eco más tarde en el Daily Tribune de Nueva York (1854) de esta interpretación del carlismo como movimiento popular y no movimiento retrógrado realista. Obra que después de casi dos siglos se lee con agrado por su viveza, colorido y deslumbrante imaginación.

Chaho en 1836 publicó en colaboración con Abbadie la obra titulada Études grammaticales sur la langue euskarienne, dedicada a los vascos de las siete provincias vascas, Zazpi Uskal-Herrietako Uskalduner, que intenta enmarcar los estudios lingüísticos vascos dentro de la corriente europea de la filología comparatista, a la vez que realiza un estudio pormenorizado del dialecto suletino. También publica en 1836 una carta dirigida al lingüista Xavier Ramond sobre las analogías entre el vasco y el sánscrito. Y al año siguiente dos obritas, una sobre el genio de la lengua latina, y otra sobre la propaganda rusa en París.

Después dirigió una revista literaria titulada Revue des voyans (1838) en la que colaboraron sus dos hermanos, Jean Pierre y Jean Baptiste, la princesa Adelaida de Waldemar, Anaïs Segales, Alexandre Daumont y algunos más. En 1840 editó otra obra de largo título, L’Espagnolette de Saint Leu… sobre el trágico final del duque de Borbón, el príncipe de Conde.

Agotada su época parisina Chaho vuelve al País Vasco hacia 1843, año en que lo encontramos como profesor de francés de Hortense Carricaburu en el castillo de Sohüta. Joven que se llamará Mme. de Villéhelio por su casamiento y que dará a la imprenta en 1869 uno de los primeros cancioneros vascos, donde recoge algunas baladas que hacía cantar a los aldeanos y labradores de su entorno, tras llevarlos al castillo para que la acompañaran al piano con su voz.

Dejada de lado su provincia natal, Chaho ejerció de periodista, su afición más íntima, en Bayona, de 1844 a 1852. Primero empezó a trabajar en el periódico Trílby, título idéntico al de la novela de su maestro Charles Nodier de 1822. En este periódico, que se editaba bajo la protección del impresor liberal Lespès, se publicó su primera proclama de búsqueda y edición de canciones vascas, exactamente en el n.° 5 del 11 de agosto de 1844. En esta proclama dio las razones de esta recolección de canciones que expresa del modo siguiente: «C’est pour dérober à ce grand naufrage ce qui nous reste encore de nos chants nationaux et de notre mélodie primitive que nous avons résolu de hasarder cette publication, malgré des difficultés de plus d’un genre». Es decir, un intento de rescatar del naufragio el patrimonio popular musical.

El año de 1844 editó su propio periódico titulado ARIEL, Courrier des Pyrénées. Duró hasta su cierre tras el golpe de estado de Napoleón III, cuando su director tuvo que exiliarse como otros sobresalientes directores de prensa republicana. Es este diario comenzó a publicar a partir de 1845 las canciones recogidas luego en su Cancionero. En ARIEL publicó también Aïtor, légende cantabre (año 1845, VI: 8, 15, 22, 29; VII: 6), que, traducido al español por Arturo Campión en la Revista Euskara (1878-1879), tuvo un éxito enorme, porque en adelante ya no será Tubal el padre de los vascos, sino Aitor. Una muestra de su éxito es que el patronímico Aitor ha tenido una gran aceptación en las generaciones actuales. También editó Les Mystères de Madrid en 1846, como folletín en su periódico, pero es de lamentar que esta novela no del tipo oriental ni de leyenda, sino que podría considerarse como realista, esté inacabada y tenga solo siete capítulos.

En colaboración con el vizconde de Belzunce, en cuyo castillo estuvo pasando una temporada informándose, publicó una Histoire primitive des Euskariens-Basques… (1847) analizando la lengua, la poesía, las costumbres y el carácter en el primer tomo, y una historia de los vascos desde su establecimiento en los Pirineos Occidentales hasta nuestros días en el segundo, donde recopila sus investigaciones al respecto.

Chaho dio a la imprenta en 1848 el primer periódico en euskara, titulado Uscal-Herrico Gaseta, que solo tuvo dos números, en los que explica qué era ARIEL, qué era la república, recién proclamada en París, qué noticias había de España, etc. En 1851 publicó la novela titulada Lelo ou les montagnards, escrita al estilo de Walter Scott, de quien se consideró discípulo en el prólogo. Novela histórica ubicada en los tiempos de César Borgia, en 1506 para ser más exactos. El periódico creado por Chaho en 1844 a partir de 1848 se llamó Ariel Le Républicain de Vasconie, donde no dejó de escribir ni un día y donde polemizó a diestro y siniestro tanto en euskera como en castellano y francés, y donde escribió una Constitución para España y Portugal titulada Organización de la República Federal Ibérica (Ariel, 30 de septiembre de 1851), cuyo art. 3 decía expresamente: «La ley es la expresión de la voluntad del pueblo».

Habiendo visitado el consulado de Bilbao y Vitoria, tras volver del exilio, el año 1853 por la muerte de su padre y bajo la promesa jurada de no intervenir en política, escribió una serie de obras como la novela Safer ou les Houris espagnoles, novela histórica que narra las relaciones de los reyes de Navarra con el califa de Córdoba Alhaken II. Y en los dos tomos de Biarritz entre les Pyrénées et l’Océan; itinéraire pittoresque (1855) nos presenta el País Vasco tanto desde el punto de vista del historiador como del folclorista y el antropólogo de un modo colorista y muy atractivo. Una guía turística llena de noticias interesantes sobre Biarritz y sus alrededores.

Finalmente, publicó un Dictionnaire basque, français, espagnol et latin en 1857 que no pudo acabar pues solo llegó hasta la palabra Maisu de la primera parte de Neologismos. En el prólogo de dicha obra muestra sus grandes conocimientos de lingüística general y vasca, a la vez que propone «Un Instituto Nacional, una Academia por secciones de todas las artes y ciencias, es decir una civilización independiente, un ministerio de Instrucción Pública, que —nous n’aurons peut-être jamais— tal vez no tengamos jamás, el empleo exclusivo del euskera en las escuelas y al lado de esto las bibliotecas, la literatura y los libros que nos faltan».

Acabó su vida, falto de la actividad política que le era tan indispensable, como a un pájaro el aire, el 23 de octubre de 1858 en una humilde buhardilla bayonesa a la orilla del río Errobi/La Nive.

Su influencia ha sido grande. Sobre todo, a través de la leyenda de Aitor, traducida por el ya citado Campión, y de la exitosa novela Amaya o los vascos en el siglo viii (1877) de su seguidor Francisco Navarro Villoslada (Viana, 1818-1895), de las leyendas de Carmelo Etxegaray, de su influencia en Sabino Arana, de la canción Aitorren izkuntz zarra, compuesta por Ciriaco Andonegi, y de la pastoral Agosti Chaho escrita y representada por Jean Mixel Bedaxagar en 1988 en Urdiñarbe, etc. Todo lo cual nos indica, así como la reedición en francés y la traducción al euskara y castellano de sus obras que su memoria y su obra sigue viva y su influencia no se ha apagado, siendo considerado como uno de los promotores del nacionalismo vasco.

Obras

Azti-Beguia…, Paris: Dondey-Dupré, 1834.

Paroles d’un voyant, Paris: Dondey-Dupré, 1834.

Paroles d’un Bizkaïen aux liberaux de la reine Cristine, Paris: Dondey-Dupré, 1834.

Philosophie des révélations…, Paris: Vve. Dondey-Dupré, 1835.

Études grammaticales sur la langue euskarienne, Paris: A. Bertrand, 1836.

Revue de Voyans, Paris, 1838.

L’Espagnolette de Saint Leu…, Paris, Jaillet, 1840.

Ariel. Courrier des Pyrénées, Bayonne, 1844-1852.

Aïtor, légende cantabre, Bayonne, 1845.

Les Mystères de Madrid, Bayonne: Ariel, 1846.

Histoire primitive des Euskariens-Basques, langue poesie, moeurs et caractere de ce peuple, Madrid y Bayonne, 1847.

Uscal-herrico Gaseta, Bayonne: Ariel, 1848.

Lélo ou les montagnards, Bayonne: Jules Laisné, 1851.

Organización de la República Federal Ibérica, Ariel, 30 de septiembre de 1851.

Safer ou les Houris espagnoles, Bayonne: P. Lespès, 1853.

Biarritz entre les Pyrénées et l’Océan; itinéraire pittoresque, Bayonne: A. Andreossey, 1855.

Dictionnaire basque, français, espagnol et latin, Bayonne: P. Lespès, 1857.

Bibliografía

Arkotxa, F., «Contribution à la connaissance de l’oeuvre journalistique d’Augustin Chaho: L’Ariel du 6 octobre 1844 à janvier 1846», Anuario del Seminario de Filología Julio de Urquijo (1999), pp. 313-393.

Bedaxagar, J. M., Agosti Chaho, Urdiñarbe, 1988.

Drouin, J.-C., «La place de la Philosophie des Révélations d’Augustin Chaho (1835) dans l’histoire des idées au xixe siècle», Actes du XXXIIIe Congrès d’études régionales. Bayonne 4-5 avril 1981, Bayonne, 1983, pp. 389-401.

Dupré-Moretti, E., «Esquisses biographique et bibliographique d’Augustin Chaho», Ikuska, 11 (1995), pp. 1-33.

Iturriotz, A. et al., «Agosti Chaho, berrehun urte», Hegats, 48 (2011).

Lambert, G., Étude sur A. Chaho, Paris, 1861.

Urkizu, P., Agosti Chahoren bizitza eta idazlanak 1811-1858, Bilbao: Euskaltzaindia; BBK, 1992.

— Agosti Chahoren kantutegia, Zarautz: Susa, 2006.

Zavalo, J., Xaho el genio de Zuberoa, Tafalla: Txalaparta, 2004.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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