Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

CARROQUINO SERRANO, Julio (Zaragoza, 1911 – ?, s. f.).

Cargos y oficios

Historiador y docente

Trayectoria

Hijo de Francisco Carroquino y de María Serrano, terminó en junio de 1929 sus estudios de Filosofía y Letras, sección de Historia, en la Universidad de Zaragoza, título que recogió un año después. En 1931 se presentó, con el también zaragozano y licenciado en Derecho Ángel Ximénez de Embun González-Arnao, al premio del patronato de la Biblioteca Olave, grupo de Historia. Obtuvieron el galardón de 2.000 pesetas con el trabajo titulado: Compendio de historia de Navarra, título que cambió en la edición posterior.

Ya para entonces se venía dedicando a la enseñanza en diversos colegios como el de San Felipe de la capital aragonesa, en 1930, pero sobre todo con el Colegio Academia Estudio de Zaragoza desde el curso 1933-1934, y que, además de la enseñanza básica y bachillerato, preparaba para cursillos y oposiciones. También en estos años previos a la guerra civil estuvo al frente del Colegio de Doctores y Licenciados, colaborando con instituciones como la Federación Católica de Padres de Familia y acudiendo a la asamblea celebrada en Madrid en abril de 1935, de la que fue nombrado vicepresidente.

Ya ese mismo año comenzaron sus dificultades judiciales, que se mantuvieron en los años cincuenta, cuando residía en Madrid y figuraba como industrial, llegando a pasar por prisión en 1965. En 1971 aún mantenía negocios en la capital nacional.

El libro que publicaron buscaba hacer la historia de un pueblo, el navarro, no la de sus reyes o la del reino, y además reclamaban su carácter de compendio que recogiera su cultura y la civilización. Así, consideraban Navarra vascona, en lucha permanente contra los invasores, pero no contra el cristianismo, al que acogieron y con el que se apoyaron contra «la más espantosa catástrofe de la Historia de España» (p. 33), la invasión musulmana, que contó con algunos visigodos y los judíos, señalaban. Siguiendo lo establecido por la historiografía decimonónica, afirmaban la identidad nacional en la lucha contra los invasores: «La patria española es hija de aquellos valerosos cristianos, indiscutibles fundadores y padres de nuestro pueblo. […] nosotros, los españoles de hoy, no nacimos a la vida histórica hasta que en los riscos asturianos desplegó Pelayo el estandarte de la Cruz» (p. 35). Y en esa lucha participaron los primeros monarcas de tierras pirenaicas, de los que hacían relación, insistiendo especialmente en los contactos con Aragón. Respecto a la conquista, la explicaban a partir del cronista aragonés Jerónimo de Zurita, considerando que la responsabilidad fue del rey navarro, por sus «pretensiones exageradas y torpe política» (p. 218). Hablaban de la cuestión de las bulas para justificar la que consideraban una «unión» o «anexión», concluyendo que «si todas las conquistas se fueran a juzgar por el derecho, pocas podrían ser declaradas legítimas; mas esta, que tan provechosas consecuencias había de acarrear a España y que realizaba la unidad nacional, bien puede, si alguna insuficiencia hubiera en la parte de su justicia, ser contrarrestada por la grandiosidad del fin» (p. 222). El resto de la historia la elaboraron de forma muy esquemática, pero avanzando por todo el siglo xix a través de las guerras de la Independencia y las carlistas, considerando a Navarra «la patria» de estos (p. 242); y llegando hasta el momento de redacción, en el que afirmaban que «los navarros, reunidos bajo el histórico árbol de Guernica, con el lema «Dios y Fueros», acordaron redactar un Estatuto que, en íntima unión con los vascongados, mantenga esas libertades sagradas por las que Navarra luchó constantemente» (p. 249). Terminaban señalando los dos elementos centrales de la historia de Navarra, la independencia y la libertad defendidas con firmeza, con unos fueros «que forman algo consustancial a su esencia misma» (p. 264).

Obras

Compendio histórico de Navarra, Zaragoza: Imp. de M. Embid, 1932.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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