Cargos y oficios
Sacerdote, teólogo, profesor eclesiástico e historiador aficionado.
Trayectoria
Julián Cantera Orive nació en la localidad riojana de Anguciana en 1889. Estudió primero en Logroño, luego en la Universidad Gregoriana de Roma y se doctoró en Sagrada Escritura en el Instituto Bíblico de la capital italiana. Se ordenó sacerdote en 1912 y en 1914 fue nombrado profesor de Teología Fundamental y director del seminario de Logroño, donde impartía clases de Sagrada Escritura, Patrología y Oratoria Sagrada, teniendo allí de alumno durante cierto tiempo al fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer. En 1919 fue nombrado canónigo por oposición en la catedral de Santo Domingo de la Calzada, llegando a ser allí Magistral. En 1938 se convierte en canónigo lectoral de la catedral de Vitoria-Gasteiz, ejerciendo de profesor de Sagrada Escritura y Arte en el seminario de la capital alavesa, alcanzando la categoría de arcediano de la catedral.
Hombre inquieto y activo, sumamente trabajador, aprendió lenguas orientales como el hebreo y el árabe, residiendo varios años en Palestina, donde visitó los Santos Lugares y recopiló abundante información de la zona. A lo largo de su vida rastreó incansablemente los archivos locales de toda La Rioja, y por sus notables esfuerzos fue reconocido con diversos honores civiles y académicos, siendo nombrado hijo predilecto de Anguciana y adoptivo de Clavijo, académico de la Real Academia de Historia, presidente de la Comisión Diocesana de Arte Sacro, miembro del Consejo de Cultura de la Diputación Foral de Álava y de la Comisión Provincial de Monumentos. No terminan aquí sus muchos títulos pues, por ejemplo, en junio de 1968 también fue nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, recibiendo un gran homenaje personal por parte de la Diputación Provincial de Logroño en mayo de 1970.
Falleció en Vitoria-Gasteiz el 8 de mayo de 1972, colocándose el 28 del mismo mes y año una placa póstuma conmemorativa en su honor en la localidad de Clavijo, en el marco del «IV Día de Clavijo», acto que se convirtió en un sentido homenaje a toda su trayectoria vital.
Julián Cantera fue un típico historiador regional de mediados del siglo XX, época en la que la disciplina estaba ocupada por gran cantidad de miembros de la Iglesia que, apoyados por sus conocimientos en arte sacro, lengua latina y paleografía, dedicaban esfuerzos a la investigación histórica en su tiempo libre o tras su jubilación, sucediendo con frecuencia que las creencias religiosas y el encendido ambiente de la España de entonces influían fuertemente en sus escritos, resultando a ojos del analista actual más bien apologistas de determinadas ideas que historiadores exigentes según los criterios académicos y científicos modernos.
En este sentido, la obra más emblemática y que mejor caracteriza la personalidad de Cantera Orive tal vez sea la monografía que dedicó a la batalla de Clavijo, publicada a mediados de los años cuarenta en un contexto sociopolítico en el que se vivía el apogeo del fervor nacionalcatólico, celebrándose hechos como la reinstauración de manera simbólica por parte del general Franco del Voto de Santiago en 1936. El resultado fue que Cantera defendió con ardor en aquel libro la autenticidad de esta batalla mítica y hasta la aparición en ella del apóstol Santiago, legitimando el Voto y considerando que era inaceptable pensar que se tratase de una historia enteramente inventada como sistema de propaganda cristiana y de apoyo a la financiación de la catedral compostelana, tal y como han venido defendiendo los historiadores críticos desde el siglo XVIII. Aparte de estos sesgos ideológicos, señalemos que el padre Cantera fue un buen conocedor de la lengua árabe, y en esta misma obra dedicó bastante atención a estudiar la situación de La Rioja bajo dominación musulmana, aunque su trabajo adolece de las carencias documentales y estereotipos de la época.
La obra le valió ser apodado el «cruzado de Clavijo» por su amigo, paisano y biógrafo el también sacerdote e historiador arnedano Felipe Abad León. De hecho, cada 23 de mayo y hasta el mismo año anterior a su muerte don Julián estuvo capitaneando la peregrinación al legendario castillo de la denominada Hermandad de Sacerdotes devotos de Nuestro Señor Santiago en Clavijo (archicofradía fundada por él mismo en 1962), siempre rodeado de sacerdotes alaveses, riojanos y aragoneses que lo admiraban por sus grandes cualidades personales y el celo con el que defendía el culto santiaguista.
Las contribuciones académicas más destacadas de don Julián se encuentran en el terreno de la historia del arte, por un lado, y del análisis y publicación de documentación medieval, por el otro, siendo la revista riojana Berceo el medio que albergó la mayor parte de sus artículos, centrándose su actividad principal en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Sus mejores trabajos en estos campos son las dos largas series de artículos dedicados a la documentación del Monasterio de Albelda y al cartulario de Santa María la Real de Nájera, en los que destaca su carácter minucioso y detallista.
Aunque muy arraigado a su tierra natal (todavía se le recuerda en Anguciana como uno de sus hijos más ilustres, donde cuenta con una plaza y un centro cultural a su nombre), los muchos años en los que trabajó en el seminario de la capital alavesa favorecieron que don Julián dedicara algunos esfuerzos a estudiar el arte alavés, aunque incluso en esto se exteriorizan a veces sus raíces riojanas. Buen ejemplo de ello es la colaboración que hizo en el primer tomo del Catálogo monumental de la diócesis de Vitoria, donde su labor se circunscribió a los monumentos y piezas conservadas en los municipios de Labastida y Salinillas de Buradón, ambas localidades situadas en la Rioja alavesa o Sonsierra.
También realizó trabajos en el terreno de las biografías de algunos personajes, destacando su obra dedicada a don Fortunio II, último obispo de la desaparecida diócesis de Armentia. Añadamos a ello pequeños trabajos acerca de aspectos de su localidad natal, elementos de arte en pueblos riojanos e incluso alguna cuestión arqueológica.
En conjunto Julián Cantera se perfila ante nosotros como un clásico historiador eclesiástico de mediados del siglo XX, fuertemente influido por las corrientes ideológicas de aquellas décadas, pero del que aún resultan aprovechables algunas de sus obras por su vocación de precisión documental, su buena formación humanística y solvencia intelectual.
Obras
La batalla de Clavijo y aparición en ella de nuestro patrón Santiago: undécimo centenario 23 mayo 844-23 mayo 1944, Vitoria: Editorial Social Católica, 1944.
«Un fragmento epigráfico en Marañón (Navarra)», PV, 40-41 (1950), pp. 329-331.
«El primer siglo del Monasterio de Albelda (Logroño, 924-1024)», Berceo, 14 (1950), pp. 13-24; 15 (1950), pp. 313-326; 16 (1950), pp. 509-522; 19 (1951), pp. 175-186; 21 (1951), pp. 531-542; 23 (1952), pp. 293-308; 58 (1961), pp. 81-98; 61 (1961), pp. 437-448; 63 (1962), pp. 201-208; 64 (1962), pp. 327-342; 66 (1963), pp. 7-20; 69 (1963), pp. 377-386.
El pórtico y la portada de la Catedral de Vitoria, Vitoria: Editorial Social Católica, 1951.
Un pintor de Vitoria de mediados del siglo diecinueve, D. Juan Ángel Sáez y García (1811-1873), Vitoria: Caja de Ahorros y Monte de Piedad, 1952.
«La ermita de San Pedro de Torrecilla de Cameros», Berceo, 44 (1957), pp. 295-310; 45 (1957), pp. 429-442.
«Un cartulario de Santa María la Real de Nájera, del año 1209», Berceo, 45 (1957), pp. 477-494; 46 (1958), pp. 25-48; 47 (1958), pp. 197-214; 48 (1958), pp. 305-320; 49 (1958), pp. 457-470; 50 (1959), pp. 45-56; 51 (1959), pp. 209-224; 52 (1959), pp. 321-338; 53 (1959), pp. 481-512; 54 (1960), pp. 25-40; 55 (1960), pp. 201-220.
Anguciana. El castillo y sus señores, Vitoria: Seminario Diocesano, 1960.
Un obispo alavés en el siglo XI, Vitoria: Diputación Foral de Álava, 1960.
«El retablo mayor de Santiago el Real de Logroño», Berceo, 56 (1960), pp. 331-346.
«Diviseros riojano-alaveses, Santa María de la Piscina en San Vicente de la Sonsierra», Rioja Industrial, 1962-1963 y 1964.
«El Retablo Mayor de la Parroquia de Anguciana», Berceo, 67 (1963), pp. 185-210.
«Buscando a Atiliana», Berceo, 71 (1964), pp. 133-150.
«Atiliana-Ventas de Valpierre», Berceo, 73 (1964), pp. 373-386.
Con ENCISO VIANA, E., Catálogo Monumental. Diócesis de Vitoria. Vol. I: Rioja alavesa, Vitoria: Cultural de la Caja de Ahorros Municipal, 1967.
«Señores de Labastida», Boletín de la Institución Sancho el Sabio, 11 (1967), pp. 89-93.
Bibliografía
ABAD LEÓN, F., «Don Julián Cantera, un hombre forjado de lealtades», La Gaceta del Norte, edición Logroño, 9 de mayo de 1972, p. 3.
— «IV Día de Clavijo. Homenaje póstumo a monseñor Julián Cantera Orive», Clavijo. Revista de La Rioja, 3-4 (1972), pp. 16-24.
TOLDRÁ PARÉS, J., «Los estudios de Josemaría Escrivá en Logroño (1915-1920)», Anuario de Historia de la Iglesia, 6 (1997), pp. 607-674.
Fuentes.
BOLETÍN OFICIAL DEL OBISPADO DE VITORIA, LXXXIV, 7 (1948), pp. 360-361.
GARCÍA SEPÚLVEDA, M.ª P., y NAVARRETE MARTÍNEZ, E., Relación general de académicos (1752-2020), Departamento de Archivo, Biblioteca y Publicaciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 2021. Ed. en línea: https://www.realacademiabellasartessanfernando.com/es/archivo-biblioteca/archivo/relacion-general-de-academicos (consultado el 22 de junio de 2022).





