Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras de la Corona de Castilla

ARGAIZ, Gregorio de (Arnedo, La Rioja, 1602 – Madrid, 1678).

Cargos y oficios

Cronista de la orden de san Benito.

Trayectoria

Bautizado en Arnedo el 17 de marzo de 1602, se inició en Gramática latina en Logroño, para después ingresar en la orden de San Benito, en el monaste­rio de San Salvador de Oña de Burgos, donde profesó el 11 de marzo de 1618. Estudió Teología y Filosofía en el monasterio de Samos y en el colegio de San Vicente de Salamanca. Desempeñó el cargo de archivero en los monasterios de Oña, San Pedro del Romeral y Nájera, entre otros. El 25 de julio de 1659 se trasladó a Osma, llamado por su obispo, Juan de Palafox, con encargo de cata­logar el rico archivo de la catedral de El Burgo de Osma y de escribir la historia de aquella sede. Fallecido Palafox en 1659, de quien Argaiz fue biógrafo, el benedictino continuó en Osma hasta 1661. Desde 1665 fue cronista de la Con­gregación de San Benito de Valladolid. Residió desde 1667 en el monasterio de San Martín de Madrid hasta su muerte a los setenta y seis años.

Fue un autor especialmente interesado por la historia antigua y los prime­ros tiempos del cristianismo en España —Argaiz fue apodado por un abad de su orden como «segundo Noé»—; pero fue criticado —especialmente por su contemporáneo José Pellicer— por utilizar como fuente algunos falsos croni­cones, como los del dominico Annio de Viterbo, Jerónimo Román de la Hi­guera o Antonio Lupián y Zapaga (Antonio de Nobis), entre otros, que vindicó vehementemente frente a sus contradictores, lo que influyó en su ostracismo historiográfico posterior. 

Inspirado por un «misticismo patriótico» y por los falsos cronicones de Hauberto, Luitprando, el Beroso, Dextro, etc., en su monumental obra, en siete volúmenes, La soledad laureada —en donde pretendía divulgar el origen de las diócesis españolas y la temprana presencia de la orden benedictina— prestó especial atención a Navarra y a Gipuzkoa (en el tomo segundo sobre la provin­cia Tarraconense), a Bizkaia y Álava en su tomo VI (sobre Asturias y Cantabria) y de nuevo a Navarra en su tomo VII (sobre la iglesia de Tarazona). En estos volúmenes identifica la santa iglesia de Flaviabriga con Bilbao. Sigue a Gari- bay, Ocampo y otros para afirmar que fue el patriarca Túbal y sus hijos quienes poblaron Bizkaia, a quienes después «llamaron antrigones» o «moradores de los antros y cavernas» y en quienes «comenzaron las hidalguías vizcaínas». Aventura, con Liberato, que la Iglesia de Pamplona, «metrópoli de los vascones ibéricos», habría sido fundada por los almonuces o almonides en el año 3171 de la Creación, o por los hijos de Noé y su mismo padre, 1.800 años después de la Creación, o por Pompeyo, según otros. Santiago habría sido el primer maes­tro de Pamplona, ciudad que también contó con la predicación de san Pablo (como Calahorra), y más tarde, la de san Honesto y san Saturnino, primer obispo de la ciudad, san Fermín, y otros, conforme a los datos aportados por Prudencio Sandoval. Se ocupará también de la fundación de los monasterios de Irache, Leire, etc. En San Sebastián del Pasaje, había predicado el evangelio san Felipe y san León, obispo de Bayona, «contemporáneos del apóstol San Pe­dro». Dedica también algunas páginas a la santa iglesia de Falses o Falces, por «haber sido catedral». Tudela, en la diócesis de Tarazona, habría sido fundada por Túbal o por los griegos.

Además de una relación de numerosos mártires en tierras de Vasconia re­cogidos en los volúmenes de su Población eclesiástica, especula sobre el origen de la voz «Navarra» (derivada de Sabaria), e identifica a los navarros como cán­tabros. Además, comparte la opinión de que, en las luchas con los godos, «los vascones ibéricos que habitaban las tierras de Álava, Vizcaya, Ipúzcoa y Navarra eran dueños de sus acciones y gozaban de libertad, sin conocer a godos ni sue­vos, conservándose confederados con los romanos». También reflexiona, en la misma obra, sobre la lengua, el vascuence, que no sería la lengua de los antiguos cántabros, sino que habría sido introducido por «antiguos vascones franceses».

Autor de gran erudición (dejó inéditas varias obras), cae, sin embargo, en la divagación o en la invención cuando, alejado de fuentes manuscritas fiables (que maneja también con asiduidad y rigor), se deja convencer por las fanta­sías historicistas de los falsos cronicones que ambicionaban hurgar en la más profunda Antigüedad.

Obras

Población eclesiástica de España y noticia de sus primeras honras, hallada en los escritos de San Gregorio, obispo de Granada y en el Chronicón de Hauberto, monge de S. Benito, Madrid: Melchor Sánchez, 1667 (tomo primero, parte primera).


Población eclesiástica de España y noticia de sus primeras honras, continuada en los es­critos y Chronicón de Hauberto, monge de San Benito, Madrid: Imprenta Real, 1668 (tomo primero, parte segunda).


Población eclesiástica de España y noticia de sus primeras honras, continuada en el Chro- nicón de Flavio Lucio Dextro y su varia historia, Madrid: Lucas de Vedmar, 1669 (tomo segundo, parte primera).


Población eclesiástica de España y noticia de sus primeras honras, continuada en los escritos de Marco Máximo, obispo de Zaragoza y defendida de la vulgar embidia el Be- roso Aniano, Flavio Lucio Dextro, Auberto Hispalense y Walabonso, con el cronicón de Liberato abad, Madrid: Francisco Nieto, 1669.


Corona real de España por España fundada en el crédito de los muertos y vida de San Hye- roteo, obispo de Atenas y Segovia, Madrid: Melchor Alegre, 1668.


La soledad y el campo laureados por el solitario de Roma y labrador de Madrid San Benito y San Isidro, Madrid: Francisco Nieto, 1671.


La soledad laureada por San Benito y sus hijos en las iglesias de España: teatro monástico de la provincia cartaginense, Madrid: Bernardo de Herbada, 1675; Teatro monástico de la provincia tarraconense. Tomo segundo, Madrid: Bernardo de Herbada, 1675; Teatro monástico de la provincia Bracharense. Tomo tercero, Alcalá: Francisco García Fernández, 1675; Teatro monástico de la provincia Bética. Tomo cuarto, Madrid: Ioseph Fernández de Buendía, 1675; Teatro monástico de la provincia lusitana. Tomo quinto, Madrid: Ioseph Fernández de Buendía, 1675; Teatro monástico de la pro­vincia de Asturias y Cantabria. Tomo sexto, Madrid: Antonio de Zafra, 1675; Teatro monástico de la santa iglesia, ciudad y obispado de Tarazona. Tomo séptimo, Madrid: Antonio de Zafra, 1675.


Instrucción histórica y apologética para religiosos, eclesiásticos y seglares, Madrid: Anto­nio de Zafra, 1675.

La verdad en su punto y averiguación de la que hay en la Segunda parte de Marco Máxi­mo, obispo de Zaragoza, que ha sacado impresa don Ioseph Pellizer, Madrid: Melchor Álvarez, 1676.

La Perla de Cataluña: historia de Nuestra Señora de Monserrate, Madrid: Imprenta de Andrés García de la Iglesia, 1677.


López, G., Vida y escritos del venerable varón Gregorio López, dispuesta por diligencia del maestro fr. Gregorio de Argaiz, para los devotos y doctos, Argaiz, G. de (ed.), Madrid: Antonio Francisco de Zafra, 1678.

Bibliografía

Abad León, F., «Expansión de la vida eremítica y monástica en La Rio- ja», Antigüedad y cristianismo. Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía, 16 (1999), pp. 285-312.


Caro Baroja, J., Las falsificaciones de la Historia (en relación con la de España), Barce­lona: Seix Barral, 1992.


Fernández Gracia, R., «Introducción», Argaiz, G., Vida de don Juan de Palafox, Pamplo­na: Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero, 2000, pp. 13-43.


Zaragoza Pascual, E., «Gregorio de Argaiz», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/28833/gregorio-de-argaiz (consultado el 10 de octubre de 2018).

Cita bibliográfica

Usunáriz, J. M., “Argaiz, Gregorio de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 648-650.

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