Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras guipuzcoanos

ALVAREZ ENPARANTZA, Jose Luis (Txillardegi, José Luis Álvarez Emparanza) (Donostia-San Sebastián, 29 de septiembre de 1927 – Donostia-San Sebastián, 14 de enero de 2012)

Cargos y oficios

Lingüista, pensador, escritor, político e ingeniero.

Trayectoria


Txillardegi creció en una familia pequeñoburguesa del barrio donostiarra del Antiguo. Era el mayor de dos hermanos. Aunque su madre era euskaldun, él no aprendió euskera en casa, sino que empezó a hacerlo por su cuenta. Después se dedicaría al euskera como lingüista, pensador y político, en favor de una Euskal Herria vertebrada en torno al euskera, y forjando un nuevo nacionalismo de izquierdas. Influyente pensador, trabajó bajo un sinfín de seudónimos, entre todos los cuales destacó el de Txillardegi, haciendo de este modo suyo el nombre de una casa del Antiguo.

Recibió las primeras clases de euskera de parte de militantes del PNV clandestinamente en Donostia-San Sebastián, con quienes se acercó a la militancia política. Comenzó repartiendo pasquines y terminó creando un grupo clandestino para jóvenes llamado Eup Pelixier, para poder aprender bailes vascos y euskera. Comenzó a militar también con Eusko Ikasle Alkartasuna en Gipuzkoa, y publicó sus primeros artículos en la revista Erne de este grupo (escribiría más de 1.500 artículos a lo largo de su vida, 47 en revistas y periódicos).

En 1949 se traslada a Bilbao para estudiar ingeniería. Allí conoció a varios estudiantes vascófilos que cursaban en la universidad: Julen Madariaga, José Manu Agirre, José María Benito del Valle, Alfonso Irigoien… Estos eran muy críticos con la manera folclorista de entender la vasquidad del PNV de ese momento. Más que la raza, el caserío o la religión, empezaron a pensar y a reivindicar el vasquismo moderno ligado al euskera (casi todos lo habían aprendido siendo adultos), ya que desde el principio tuvieron claro que la cuestión del euskera era política. Por ello, además de aprender euskera, comenzaron a leer de forma militante la historia y otros contenidos relacionados con Euskal Herria. También devoraban autores, especialmente existencialistas, que venían de Europa y que podían conseguir clandestinamente.

Por esa militancia fue detenido por primera vez en 1950. Sin embargo, lejos de acobardarse, en la primavera de 1953 Benito del Valle, Madariaga, Agirre, Irigoien y Txillardegi fundaron Ekin. Convencidos de que en plena guerra fría no llegaría la ayuda internacional contra el franquismo, formaron un grupo para pasar a la acción; más que contra el PNV, para ser su alternativa. Los jóvenes comenzaron a dar cursos clandestinos de formación en torno al euskera y a Euskal Herria.

Txillardegi conoció también de estudiante en Bilbao a Federiko Krutwig, pionero en la reivindicación del euskera batua y culto. Krutwig quería como modelo el labortano clásico. Txillardegi, sin embargo, buscaba un lenguaje adaptado a la actualidad, estandarizado, moderno y consensuado, y en ese sentid también era pionero porque coincidía con su visión política: una Euskal Herria unida y contemporánea necesitaba un euskera actualizado y unificado. Con esa idea en mente escribió la primera novela moderna en euskera que acercaría la literatura vasca a las formas europeas: Leturiaren Egunkari ezkutua (1957). Y a Euskaltzaindia, con la que colaboraba desde 1957, le hizo varias propuestas para crear el euskera batua, como el informe Batasunaren bidea (El camino de la unidad), germen del euskera batua actual.

En diciembre de 1958 se disolvió Ekin y se decidió crear el grupo ETA. Ekin tuvo enfrentamientos con responsables del PNV en Bizkaia, y Txillardegi y los demás vieron la necesidad de crear una organización que se distanciara de las líneas jeltzales desde la aconfesionalidad y el socialismo, entre otros pilares. En 1959 Txillardegi envió una carta al lehendakari José Antonio Agirre a París para informarle de la creación de la organización; se conocían desde su exilio en París.

Poco después Txillardegi se convertiría en el primer huido de ETA: cruzó la frontera con Iparralde en 1961. Pasó tres meses detenido, y viendo que la Guardia Civil ya tenía conocimiento de ETA, decidió marcharse.

Tras una breve estancia en Hasparren/Hazparne, se trasladó a París para trabajar como ingeniero y tuvo la oportunidad de conocer tanto las corrientes políticas más innovadoras de la época como a los principales autores. Entre otros, a Jean-Paul Sartre y su idea de intelectual comprometido, clave en el pensamiento y la conducta de Txillardegi, que tomaría como modelo hasta el final. Al mismo tiempo, en 1962 participó en el primer Congreso de ETA en el monasterio de Belloc. A él se debe gran parte de la redacción de los primeros principios de la organización, sobre todo la aportación ligada a la centralidad concedida al euskera.

Poco después abandonó París y regresó a Iparralde. En el Aberri Eguna de Itxassou/Itsasu de 1963 encontró una unión entre abertzales que no encontraba en el sur de Euskal Herria: celebraron el día los miembros de Enbata, PNV y ETA conjuntamente. Ante sus ojos tenía al Frente Abertzale que tantas veces había defendido: Txillardegi estaba convencido de que Euskal Herria necesitaba la unión de todos los abertzales, porque la cuestión de clase no podía prevalecer sobre la opresión nacional (este era uno de los principales debates de la época) ya que los conflictos nacionales ya tienen en cuenta por sí solos la opresión económica, decía, y por eso defendería hasta el final el Frente Abertzale para lograr el Estado vasco.

También encontró en Iparralde un ambiente propicio para el euskera batua, ya que Euskaltzaindia seguía sin avanzar. Formó la Secretaría de Bayona con miembros de ETA, PNV, la Iglesia y Enbata, y trabajaron durante un año a partir de los informes elaborados por Txillardegi para Euskaltzaindia. En 1964 se presentó y aprobó en el Congreso de Bayona la propuesta que serviría de base al actual euskera batua. El lingüista y académico Koldo Mitxelena recibió la propuesta a través de las cartas enviadas por Txillardegi, y gracias a su impulso fue aprobada en el Congreso de Arantzazu de 1968 (Txillardegi no podía cruzar la frontera).

Txillardegi huyó a Bruselas en 1965, como consecuencia de la orden de expulsión emitida en su contra. Pasaba las tardes leyendo en la biblioteca y así conoció tanto el estructuralismo como las corrientes de pensamientos de la época. También conoció al autor Bertrand Russell. Decía que era un autor que debían leer todos los intelectuales vascos porque dejaba al descubierto los fundamentos dogmáticos y anacrónicos del marxismo. A finales de los años sesenta existía una gran confrontación entre socialismo y marxismo, tanto en la izquierda del País Vasco como en el seno de ETA. Para Txillardegi el error era que, como el marxismo fomentaba una mentalidad unilateral, resultaba incompatible con el Frente Nacional, y situaba la opresión nacional en un segundo plano. Recordemos que el libro Vasconia de Krutwig (1963) no produjo tanta fascinación en Txillardegi como en Euskal Herria. La teorización sobre la historia y la lengua de Euskal Herria y el colonialismo cultural que recoge el libro le era de sobra conocida, y sin negar la opresión que denunciaba el libro, defendió que había que apostar por el socialismo. También defendería esta visión, junto a otros etarras exiliados en Bruselas, en la revista Branka.

En el V Congreso de ETA de 1967 presentó su dimisión, junto a otros miembros fundadores de ETA; consideró que la organización se había alineado con el frente marxista-leninista. Pronto lo tacharon de traidor y vivió años duros en el exilio. En ese ambiente publicó Elsa Scheelen, la primera novela en euskera que tiene como protagonista a una mujer (1968). Afectado por las malas críticas, pasó once años sin publicar nada de ficción (en total publicaría ocho obras de ficción).

En 1970 consiguió el puesto de profesor en la Universidad de Burdeos gracias a los académicos Jean Haritxelar y Koldo Mitxelena. Poco después recibió la orden del gobierno francés de expulsarle del departamento, pero hizo caso omiso y decidió acercarse a Iparralde con su familia. Como el Proceso de Burgos hizo flexibilizar las órdenes de excepción, Txillardegi pudo recuperar muchas relaciones. También recuperó la militancia política: participó en innumerables huelgas de hambre y manifestaciones, y se dedicó con Telesforo Monzón a aunar fuerzas para formar el Frente Abertzale, creyendo que, al estar la muerte de Franco cerca, había oportunidad. Sin embargo, en 1971 Txillardegi y Monzón tuvieron que «exiliarse» durante seis meses: estuvieron juntos en una granja de un pueblecito de Nogaro, y así lo relataron en un ensayo que recoge las bases del Frente Abertzale, el Proyecto de Manifiesto Vasco (1973).

Desde su base en Hendaya, en los años posteriores publicó también varias obras sobre lingüística, como Hizkuntza eta pentsakera (1972). También en los periódicos escribió sin cesar una gran cantidad de artículos. En 1976, para afianzar su conocimiento de la lingüística, inició estudios en la Universidad de la Sorbona de París, conociendo allí al sociólogo y filósofo Edgar Morin, al que tanto admiraría; crítico con el marxismo, hablaba de la importancia del imaginario. Junto a Sartre y Russell, el propio Txillardegi confesaba que era un autor imprescindible para entender su pensamiento.

En 1976 regresa a Hego Euskal Herria y comienza a trabajar como profesor en la Universidad de Deusto. Muy preocupado por el desarrollo del euskera batua, reivindicó de forma pionera la necesidad de contar con un euskera batua oral, y comenzó su tesis sobre el acento vasco. La Real Academia de la Lengua Vasca, sin embargo, no estaba dispuesta a nombrar a Txillardegi académico; los criterios políticos se imponían, y aunque fuera candidato en dos ocasiones, nunca sería miembro de Euskaltzaindia (la academia le homenajearía en 2005).

En el ámbito político, prefirió el partido ESB. Ante el fracaso de las conversaciones de Xiberta de 1977, participó esperanzado en la mesa de Alsasua confiando en que sirviera para reorganizar el nacionalismo de izquierdas, y en la misma línea se posicionó con la coalición Herri Batasuna (HB) (fue expulsa– do de ESB en 1978 al considerar que la dirección debía hablar en euskera). En 1986 fue nombrado miembro de la mesa nacional de HB y en 1986 fue candidato al senado de Madrid; Txillardegi estaba en el atentado de Madrid en el que fue asesinado Josu Muguruza, miembro de HB.

Sin embargo, siempre se mostró muy crítico con los partidos, incluso con el suyo, por el escaso tratamiento y preferencia que se le daba al euskera, sobre todo; estaba convencido de que un Estado vasco sin euskera era absurdo. También abogó por la acción social y la independencia de los movimientos sociales, reflejo de su forma de entender la política, y fue uno de los fundadores del grupo Euskal Herrian Euskaraz (1979), con el que participaría en numerosas iniciativas en los años posteriores.

Llevó la lucha del euskera a la universidad. En 1983 obtuvo su plaza en el campus de Zorroaga de la UPV, y fue pionero en impartir la asignatura de sociolingüística. De hecho, para Txillardegi era igual de importante saber que utilizar el euskera: decía que la supervivencia de una lengua dependía de los niveles de uso. Esta era una visión nueva, y fue pionero también a la hora de expresar el uso y la fidelidad de los hablantes a través de las matemáticas. Sobre este tema publicaría varios artículos en la revista Bat, de la que era director.

Se mostró más crítico que nunca con ETA a finales de los años noventa, especialmente a raíz de los siguientes asesinatos de 1997: el del funcionario de prisiones y miembro de ELA Francisco Javier Gómez Elósegui, y los de los concejales del PP Miguel Ángel Blanco y José Luis Caso. Comenzó diciendo que los atentados obstaculizaban los planes de los abertzales y beneficiaban a las autoridades y partidos españoles, porque ETA no era consciente de las consecuencias de sus acciones, según decía. Le resultaba tan incomprensible la actuación de la organización que incluso preguntó si no habría infiltrados.

Por eso, acogió con alegría el acuerdo de Lizarra-Garazi: vio cómo cobraba forma el Frente Abertzale y la posibilidad de rechazar la violencia. También por eso le supuso un duro golpe la ruptura del acuerdo. Acuciado por esa decepción y crítico con la violencia de ETA, en 2001 se unió, entre otros, al recién creado partido Aralar.

Su pesimismo no hizo más que aumentar en los años siguientes, por causa del cierre del periódico Euskaldunon Egunkaria, el fracaso del Plan Ibarretxe o la negativa al Estatuto catalán. En 2007 decidió abandonar Aralar porque la formación había acordado una coalición con Ezker Batua y había decidido participar en una iniciativa a favor de las víctimas de ETA; él seguía defendiendo la idea del Frente Abertzale. Un año más tarde se postuló como candidato al Senado por EAE-ANV, a la edad de ochenta años.

Falleció el 14 de enero de 2012 en San Sebastián, tras pasar el último año muy enfermo. Hacía tres meses que ETA había anunciado su decisión de abandonar la violencia. Txillardegi, además de expresar su alegría, aprovechó la ocasión para reivindicar el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco.

Desde entonces ha dejado una larga huella, una prolífica obra: 40 libros, 173 fragmentos de libros, 1.500 artículos… No obstante, su trayectoria política ha eclipsado esta aportación. Ha sido uno de los protagonistas de los principales debates de la segunda mitad del siglo XX en Euskal Herria, ha aportado una nueva forma de pensar y de hacer Euskal Herria que sitúa la lengua en el centro de la nación y que ha perdurado hasta la fecha. Así revolucionó y modernize la literatura vasca, la izquierda abertzale y el propio euskera batua, como un intelectual comprometido vasco.

Obras

Leturiaren egunkari ezkutua, Bilbo: Euskal Idazlanak, 1957.

Huntaz eta hartaz (Hamar saiaketa labur), Baiona: Goiztiri, 1965.

Elsa Scheelen, Bilbo: Kriseilu, 1969.

Sustrai bila. Zenbait euskal korapilo, Bilbo: Sendo, 1970.

Hizkuntza eta pentsakera, Bilbo: Gero (Mensajero), 1972.

Euskal kulturaren zapalketa 1956­-1981, Donostia: Elkar, AEK, 1984.

Euskal Herria helburu, Tafalla: Txalaparta, 1994. Traducción: Euskal Herria en el horizonte, Tafalla: Txalaparta, 1997.

Euskararen aldeko borrokan. Euskalgintzan eta euskalaritzako idazlan hautatuak, 1956­-1983, Donostia: Elkar, 2004.

Horretaz. Zazpi saiakera labur, Donostia: Elkar, 2007.

Las obras completas de Txillardegi están digitalizadas en la web Euskal Pentsamendua de Jakin Fundazioa (https://www.jakin.eus/digitalizazioa/txillardegi).


Bibliografía

AGIRRE ODRIOZOLA, J., Hitza hitz. Txillardegirekin solasean, Donostia: Elkar, 1996.

RUBIO ITURRIA, M., Txillardegi. Batasunaren pentsalaria, Andoain: Jakin, 2019.

SUDUPE ELORZA, P., Txillardegi. Borroka abertzalea, Donostia: Elkar, 2016.


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