Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

ALTADILL Y TORRONTERAS DE SANCHO, Julio (Toledo, 14 de mayo de 1858 – Pamplona, 4 de mayo de 1935).

Cargos y oficios

Militar, historiador, geógrafo y fotógrafo

Trayectoria

Hijo de madrileña y aragonés, el oficio del padre, ingeniero militar destinado en Toledo, le hizo nacer allí. Al poco tiempo la familia se trasladó a Pamplona, donde Julio cursó sus estudios, primero, en el Seminario Conciliar de San Miguel, interrumpidos por la guerra carlista, y, más tarde, el bachillerato en el Instituto. En 1875 ingresó con el número uno en la Academia de Intendencia Militar, que al poco se trasladó de Madrid a Ávila, donde terminó sus estudios dos años más tarde.

Desarrolló su carrera militar en diversos destinos, incluido Pamplona, y cada vez con mayores responsabilidades profesionales dentro de la Intendencia del Ejército, plasmadas en sus sucesivos ascensos. Intervino, por ejemplo, en el envío de tropas con motivo de las guerras de Cuba y del Rif, en este caso, desde su destino en Melilla. En 1918, siendo coronel de Intendencia, pidió el pase a la reserva por motivos de salud, en la que permanecía cuando en 1920 fue nombrado intendente de División honorario. En septiembre de ese mismo año, le fue concedida la Gran Cruz Blanca del Mérito Militar, otra más de sus múltiples condecoraciones. Tuvo una breve andadura profesional al margen del Ejército. En 1912 fue el primer director en Pamplona de La Vasco Navarra, dedicada a los seguros de trabajo. Asentada la empresa, volvió al Cuerpo de Intendencia.

Esos diversos destinos profesionales no le impidieron que siempre fuera Pamplona el lugar al que terminó volviendo y donde permaneció la mayor parte de su vida. Polifacético y de indudables inquietudes culturales, desde muy joven se dedicó a la investigación histórica, artística, geográfica… de Navarra, siendo autor de más de un centenar de trabajos y artículos: conferencias, semblanzas, recensiones, efemérides, trabajos bibliográficos y de carácter militar, ensayos… Su producción vio la luz en multitud de publicaciones, especialmente en el Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. A modo de entregas publicó, por ejemplo, la series Índice de los documentos existentes en el Archivo General de Simancas que afectan a la historia de Navarra; Documentos inéditos para la historia de Navarra y artistas exhumados; Geografía histórica de Navarra. Los despoblados y Datos para la historia del arte en Navarra.

Entre sus monografías se pueden destacar: Memorias de Sarasate (1909), editada poco después de la muerte del violinista y su monumental Provincia de Navarra, iniciada en 1910 y terminada en 1916, dos volúmenes de más de mil páginas cada uno, abundantemente ilustrados, y que el Ministerio de Guerra premió atendiendo a su utilidad y, en especial, a sus aplicaciones militares. En 1923 vio la luz De re geographico-histórica. Vías y vestigios romanos en Navarra, fruto de quince años de estudios; y en 1934-1936, Castillos medioevales de Nabarra.

El 4 de mayo de 1902 fue nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia y el 13 de diciembre de 1909 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. También fue miembro de la Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes, presidente del Consejo de Conferencias de San Vicente de Paúl y en 1920 secretario del Segundo Congreso de Estudios Vascos. El 4 de mayo de 1902 ingresó en la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Fue su secretario desde esa fecha hasta el 29 de marzo de 1915. El 9 de diciembre de 1918 sus compañeros de comisión lo eligieron vicepresidente. Fue además director de su boletín desde el inicio de su segunda etapa en enero de 1910 hasta el 11 de diciembre de 1923. Su amplia y variada labor intelectual e investigadora, su gran abanico de iniciativas, su multitud de cargos, nombramientos… culturales, sus múltiples premios, reconocimientos, medallas…, lo sitúan como pilar de la intelectualidad navarra de la época. Sin ir más lejos, fue junto a sus dos amigos, Campión y Olóriz, uno de los encargados por la Diputación de definir la bandera de Navarra en 1912.

El propio Altadill resumió su trabajo intelectual. Se había lanzado a publicar apuntes que, aun siendo incompletos, eran novedosos en la historia y el arte navarros. Se enorgullecía de haber puesto las bases de ciertos temas, convencido de que no solo había abierto camino y metodizado estudios, sino que también había facilitado que algún día, otros más preparados, se animasen a revelar más sobre los temas iniciados y la suma de noticias resolviera no pocos enigmas. Él, como otros compañeros y discípulos, habían continuado la senda de «nuestro venerado e inolvidable maestro» Juan Iturralde y Suit, que había trazado un enorme programa e iniciado no escasos asuntos.

Aficionado a la fotografía, su fondo donado al Gobierno de Navarra consta de 1.364 fotografías sobre paisajes y naturaleza, patrimonio artístico, arqueológico y documental, además de fotografía familiar. El autor utilizó fotografías de carácter paisajístico para ilustrar su obra sobre la geografía de Navarra.

El primer fruto de sus inquietudes culturales y de su interés por la historia fue el premio obtenido en el certamen organizado por el Ayuntamiento de Pamplona durante los Sanfermines de 1883. El concurso, celebrado ya el año anterior a propuesta de Iturralde, culminaba los esfuerzos eúskaros por oficializar sus inquietudes y sirvió para impulsar a la élite cultural. En ese ambiente se presentó y alimentó el joven militar que anudó contactos y relaciones con lo más granado de la intelectualidad navarra.

Respondiendo a los temas del certamen, el estudio premiado en 1883 analizaba hasta qué punto el descubrimiento y conquista de América había sido gloria para España; el trabajo galardonado en 1884, traducido al alemán el mismo año, se acercaba a la primera imprenta de Pamplona y obras editadas en la capital y la biografía premiada en 1886 se adentraba en la vida y obras del padre Moret, primer cronista de Navarra.

Siendo Julio Altadill militar de carrera, parece difícil que entendiera la polémica que rodeó una de sus propuestas, que no dejaba de recoger otro de los anhelos de Iturralde, fallecido más de diez años atrás. Durante la sesión que la Comisión de Monumentos celebró el 15 de mayo de 1920, leyó una moción sobre la erección de un obelisco en Amaiur, en memoria y honor de los últimos defensores de la independencia de Navarra. La moción, aprobada por unanimidad, «únicamente deseaba rendir un sencillo tributo de justicia». El monumento se inauguró en 1922, pero las acusaciones de traidores hacia los defensores de Amaiur y la colocación de los escudos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa alentaron la polémica. La situación explotó en la Comisión de 23 de mayo de 1924 cuando dos nuevos miembros solicitaron colocar el escudo de España en el monolito.

El 17 de julio Altadill tuvo que defender su monumento y en su defensa se puede rastrear mejor la visión histórica-jurídica del retirado militar. Consideraba «verdad universal» que todos los heroísmos realizados por sus componentes eran patrimonio común de España, como el triunfo de Covadonga, la batalla de las Navas de Tolosa, la conquista de Granada o el descubrimiento del Nuevo Mundo, aunque todavía no existiera la España actual. No había que ir más lejos ni buscar arteras explicaciones: se quiso levantar un monumento puramente histórico sobre unos hechos que habían sido loados por autores navarros y no navarros. Como argumento, Altadill ponía encima de la mesa la andadura personal y profesional de los integrantes de la Comisión y la suya propia, incluida su condición social y todas sus obras, conferencias y labor cultural desde 1880.

Altadill, sirviendo a la patria, explicaba, había recibido múltiples recompensas, otorgadas por méritos científicos, profesionales, literarios, económicos, de profesorado y de campaña. Había luchado bajo el pabellón español y presentaba una intachable hoja de servicios, avalada por superiores y subordinados. Con esa perfecta idea de sus deberes militares y sociales, despreciaba los juicios de los «patrioteros de ocasión» y por eso consideraba patriotas y no traidores a los defensores de Amaiur, que en 1522 se sacrificaron con vidas y haciendas por su patria y su rey. Amaiur, abundó Altadill en 1925, había empezado mucho antes, fue el último eco de la conquista iniciada en el verano de 1512, cuando sonó «la hora postrera en el reloj del viejo Reino de Navarra» y cayó «la presa», acechada y debilitada por guerras civiles y rivalidades, infieles cortesanos, traidores ambiciosos y un enemigo invencible. Los fieles a sus reyes, finaliza Altadill, tramaron desde el destierro «el reparador desquite», pero el entusiasta intento fracasó.

Esa visión histórica tan navarra no le llevaba a renegar de la idea de España, sobre todo de una España respetuosa con la historia del antiguo reino. En su memoria premiada en 1883, sin ir más lejos, tras ensalzar a los Reyes Católicos y antes de recoger las luces y sombras de la llegada a América, Altadill también criticaba la expulsión de los musulmanes y recordaba, con la obra de Hermilio de Olóriz en mente, «la deslealtad» de Fernando para con Navarra. En su trabajo galardonado en 1884 sobre la implantación de la imprenta en Pamplona su amor por la tierra adoptiva se traducía en su deseo de haber colocado la primera piedra de la Biblioteca Navarra Universal, destinada a recoger todos los libros que narrasen sus glorias artísticas, militares y científicas, y que se ha considerado el primer intento de bibliografía navarra. Y en 1886 se acercó a la figura del padre Moret, «uno de los más grandes ornamentos literarios y científicos del antiguo solar de los Vascones».

Como conociendo las arenas movedizas, o mejor políticas de la historia y más en Navarra, en su estudio sobre el séquito de Sancho el Fuerte en la batalla de las Navas de Tolosa enseguida destacó que el tema no hubiese originado todavía controversia. Aunque el propio Altadill enseguida hallaba la explicación en que fuese un rincón no estudiado de la historia. Detrás de la hazaña del monarca navarro se encontraba la inexplicable decisión de otro rey. Cuando se hallaba consolidada la monarquía navarra gracias al «espíritu sapientísimo y democrático del Fuero», el reino fue dividido por el testamento de Sancho el Mayor, «su primero y tal vez único error, momento del que parte la desmembración de la raza» y el fin de su hegemonía: Navarra perdía su peso político, su condición internacional y sus fronteras con los musulmanes, convirtiéndose en rivales los reinos cristianos. El germen de Amaiur.

En su propuesta de creación de una Sociedad Navarra de Excursiones, fechada el 15 de octubre de 1916, Altadill marcaba como objetivos estudiar el Reino desde un punto de vista artístico, histórico, étnico, científico y literario, conocer su naturaleza, observar su desarrollo económico, trabajar por el engrandecimiento cultural, dar a conocer sus antepasados ilustres, perpetuar su recuerdo mediante monumentos y nombres de lugares y estrechar la unión de sus pueblos. En la sociedad cabían todos. Solo había que acudir con «el fuego sagrado de amor al terruño patrio» y el deseo de trabajar por el bien común, desechando antagonismos, la política fratricida, pueriles recelos y nimiedades vanas. Se trataba de ensalzar el soy navarro, llenándolo de contenido.

Como escribió Altadill, había que dejar de lado los apasionamientos, incompatibles con la verdad histórica. Quizá ahí estaba la clave. La verdad histórica era la que era y la política o los deseos ni la empañaban ni la empeñaban. La política no podía escribir o reescribir la historia. Tampoco la política debía erigirse en arma histórica o la historia en arma política. La unanimidad en la interpretación del pasado no debía impedir mirar al futuro de forma distinta o al revés. Futuro distinto que no debía impedir mirar al pasado de la misma manera. Entre otras cosas, porque Altadill no hacía una relación directa entre el ayer y el hoy, o entre la historia del ayer y la política del hoy. Se podía acudir al pasado para ensalzar el Reino navarro y criticar el actuar castellano y/o español si así lo merecían. Y eso hizo.

Obras

«Hasta qué punto el descubrimiento, conquista y dominación de los españoles en América fue gloria y bien para España», Certamen científico, literario y artístico en la ciudad de Pamplona, Pamplona: Imp. y Libª. de Joaquín Lorda, 1883, pp. 21-52.

«Estudio bibliográfico: primera imprenta y catálogo de obras editadas en Pamplona», Certamen científico, literario y artístico en la ciudad de Pamplona, Pamplona: Imp. y Libª. de Regino Bescansa, 1884, pp. 21-96.

Biografía y obras del P. Joseph de Morete, primer cronista de Navarra: memoria, Pamplona: Imp. y Libª. de Joaquín Lorda, 1887.

Memorias de Sarasate, Pamplona: Aramendía y Onsalo, 1909.

El séquito del rey de Navarra Don Sancho el Fuerte en la Batalla de Navas de Tolosa, Pamplona: Imp. provincial, 1912.

«Provincia de Navarra», en Carreras i Candi, F. (dir.), Geografía General del País Vasco-Navarro, Barcelona: Establecimiento editorial de Alberto Martín, 1918, 2 vols.

De re geographico-historica: vías y vestigios romanos en Navarra, San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1923.

«La marquesa de Falces», Navarra, núm. 1 (1925).

Castillos medioevales [sic] de Nabarra, Donostia: Beñat Idaztiak; Zarautz: Itxaropena, 1934-1936, 3 vols.

Bibliografía

Auñamendi, «Altadill y Torrontera de Sancho San Román, Julio», Auñamendi Euskal Entziklopedia. Ed. en línea: http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/altadill-y-torrontera-de-sancho-san-roman-julio/ar-9064/ (consultado el 1 de diciembre de 2020).

Biblioteca Nacional de España, «Julio Altadill (1858-1935)», Escritores de la Biblioteca Nacional de España. Ed. en línea: https://escritores.bne.es/web/authors/julio-altadill-1858-1935/ (consultado el 1 de diciembre de 2020).

Campión, A., «Prólogo», en Altadill, J., Memorias de Sarasate, Pamplona: Aramendía y Onsalo, 1909.

Fototeca de Navarra, «Julio Altadill», Fototeca de Navarra. Ed. en línea: https://www.fototecanavarra.es/es/altadill-julio/ficha-completa (consultado el 1 de diciembre de 2020).

Gran Enciclopedia de Navarra, «Altadill y Torronteras de Sancho, Julio», Gran Enciclopedia de Navarra. Ed. en línea: http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=2971 (consultado el 1 de diciembre de 2020).

Teijeiro de la Rosa, J. M., «Altadill Torronteras, Julio», Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Ed. en línea: http://dbe.rah.es/biografias/45586/julio-altadill-torronteras (consultado el 1 de diciembre de 2020).

Zalba, J., «Necrología: Don Julio Altadill», BCMHAN, núm. 19 (1935), pp. 159-170.

Fuentes. Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, Pamplona, 1895-1936.

El Eco de Navarra, Pamplona, 1876-1913.


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