Cargos y oficios
Facultativo de minas, político e historiador
Trayectoria
Nació en la casa Dantzari de Olabeaga (Bizkaia), actual barrio de Deusto, un 26 de diciembre de 1877. Su padre, también Anacleto, fue carpintero de barcos, contratista y sobrestante de la Diputación Foral de Bizkaia. En algunas ocasiones, utilizó el seudónimo de Maortua, al ser este el apellido familiar originario del caserío. El cambio para recuperar el apellido Ortueta se produjo dos generaciones antes de nacer Anacleto. Estuvo casado con Eulalia Arana y Valle, prima carnal de Sabino Arana Goiri (fundador del Partido Nacionalista Vasco), con quien tuvo cinco hijos.
Sus estudios no estuvieron precisamente vinculados con la historia. Al pertenecer a una familia numerosa, 13 hermanos, y ser uno de los más pequeños, Anacleto se tuvo que conformar con estudiar la carrera de facultativo de minas en la Escuela de Artes y Oficios de Atxuri en vez de la de ingeniero. Tras graduarse, trabajó en la Compañía Minera de Sierra Menera (propiedad de José Ramón de la Sota y Eduardo Aznar), participando además en las obras del sondeo del pantano de Ordunte (valle de Mena). Después de estas labores iniciales, recorrió parte de la geografía peninsular, llegando incluso a trabajar en las minas del Rif y Marruecos. En paralelo a todo esto, comenzó a introducirse en el mundo financiero, se convirtió en representante de una empresa sueca encargada de realizar sondeos mineros y representó a la compañía de motores Volvo-Penta.
En el ámbito político, llegó al nacionalismo vasco de manos de Ramón de la Sota. Participó tempranamente como vocal y miembro de la Junta Directiva elegida el 3 de enero de 1904 en Euzko Gaztedi (Juventud Vasca) de Bilbao. Tras su paso por esta organización, entró en el Consejo Regional del Partido Nacionalista Vasco (PNV) el 16 de agosto de 1908. Ocho años más tarde, fue nombrado presidente por aclamación de Eusko Gaztedi, teniendo por contador a Gabriel Barandica, de secretario a Manuel Arechabala y como vocales a Enrique de Orueta, Javier Gortázar y Eduardo Urrutia. En 1918 obtuvo el acta de diputado en Cortes por Gernika y participó hacia 1922 en el Ateneo Nacionalista Vasco.
Los primeros momentos de éxito electoral del PNV pronto se tornaron en problemas. En 1913, siguiendo la moda política del momento, el PNV pasó a denominarse Comunión Nacionalista Vasca (CNV). Las escisiones producidas a partir de 1921 dentro de la CNV (aberrianos, con el viejo nombre de PNV, y comunionistas) provocaron que Ortueta tomase una postura aparentemente neutral, aunque no perdió contacto con los miembros de Comunión. Las diferencias básicas entre aberrianos y comunionistas se basaban en la cuestión independentista —los aberrianos abogaban por la independencia pura y dura sin negociar ni pactar con partidos foráneos o el Estado— y en la forma de la configuración interna de Euskadi (federalistas los aberrianos, frente al modelo unitario defendido por Comunión).
Tras la llegada de la dictadura de Primo de Rivera en septiembre de 1923, el periódico de filiación nacionalista vasca Aberri fue incautado, prohibiéndose su publicación. En el caso de Euzkadi, otro diario de tendencia nacionalista controlado por el Euzkadi Buru Batzar (EBB) de la corriente comunionista, se le permitió seguir a la venta con la condición de que evitase en sus artículos las polémicas políticas. Pese a todo, la mala situación económica del periódico obligó a nombrar en 1925 un Consejo de Administración al que se le entregarían las acciones de la empresa. Así fue cómo 55 de las 100 acciones de –Euzkadi quedaron en manos de Anacleto de Ortueta, nombrado gerente del diario, mientras las otras 45 pasaron a estar controladas por otros dos miembros del consejo: Gustavo Scheifler y Javier Gortázar. En 1929, con la dictadura primorriverista en plena decadencia, Ignacio de Rotaeche, presidente del EBB, solicitó a los tres consejeros la devolución de las acciones para que así quedasen de nuevo en manos del partido. Gortázar y Scheifler devolvieron los activos inmediatamente, pero Ortueta se negó a entregarlos alegando que las acciones eran propiedad del nacionalismo vasco y no solamente del EBB.
Asociada a esta cuestión estuvo la propia división interna del partido. Para 1930 Manuel de Aranzadi ya había abogado por la reunificación del nacionalismo vasco en un artículo titulado «La unión» y publicado en Euzkadi el 2 de marzo de 1930. En el mismo, defendía la reunificación «sacrificando, si fuera preciso, hasta particulares convicciones, y desde luego, personalismos, agravios y recuerdos amargos. Todo, todo lo que sea necesario, hasta la anulación propia». Pese a las trabas y no pocas disensiones, las dos corrientes volverían a unirse en la asamblea de Bergara el 16 de noviembre de 1930, bajo el lema Jaun Goikua eta Lagi Zarra (JEL). Sin embargo, una parte de los miembros del partido no estuvo de acuerdo con dicha unificación, provocando con ello una nueva escisión. Tras publicarse el conocido como Manifiesto de San Andrés, el 30 de noviembre de 1930, nació Acción Nacionalista Vasca (ANV), partido de corte progresista, aconfesional y republicano en el que se integrarían entre otros Anacleto de Ortueta, Tomás Bilbao, Justo Gárate, Luis Urregoechea (diputado provincial por Bizkaia), Julián Arrien (diputado provincial), José Ignacio Arana (diputado provincial y presidente del Consejo de Administración del diario Euzkadi), José Domingo Arana (ex dirigente de la Juventud Nacionalista de Bilbao) o José María Belausteguigoitia.
El hecho de que Ortueta se negase a entregar las acciones provino precisamente de esta escisión, ya que consideraba que los activos pertenecían a las dos facciones del nacionalismo. Ortueta era en aquel momento presidente del Consejo de Administración de la publicación La Tarde y depositario de las acciones de Euzko Pizkundia y Tipográfica General, editora e impresora de los diarios Euzkadi, La Tarde y Excelsior. Finalmente, el 7 de abril de 1931, Jesús María Leizaola se haría con 20 de las 55 acciones controladas por Ortueta, de modo que la polémica acabaría con una sonora derrota de la nueva corriente nacionalista de ANV. En todo caso, la polémica se mantendría en los juzgados hasta 1933.
La llegada de la Segunda República y las tendencias cada vez más de izquierdas de ANV hicieron que Ortueta abandonase el partido en 1932, pese a que había sido en su casa donde se había confeccionado la primera bandera del mismo. Esta salida fue el fin de su carrera política, dedicándose a partir de entonces a sus labores como historiador. Sus largas estadías en Cataluña le influirán notablemente en su interpretación de la Historia de Vasconia, siendo Antoni Rovira i Virgili (lingüista y político de Esquerra Republicana de Catalunya) una de sus principales fuentes de inspiración.
El golpe militar y la posterior guerra civil alcanzaron a Ortueta ya sexagenario y dedicado por completo a sus trabajos históricos. Pese a ello, aceptó el cargo de jefe de la policía interior de las milicias vascas y participó en las negociaciones llevadas a cabo en junio de 1937 para llegar a un acuerdo y conseguir la rendición de los batallones pertenecientes a Eusko Gudarostea. Tras el conocido como Pacto de Santoña, 25 de agosto, Ortueta se mantuvo en Bilbao a la espera de la reacción franquista. Fue perseguido, detenido y finalmente juzgado en 1940. Se vio obligado a exiliarse, perder sus propiedades y pagar una multa de 10.000 pesetas. Durante un tiempo residió en diferentes localidades de Asturias (Gijón) y Cantabria hasta que pudo volver a su Bilbao natal, donde falleció el 7 de noviembre de 1959.
Sus trabajos históricos pueden circunscribirse dentro de la corriente historiográfica que entiende al reino de Navarra como único sujeto histórico político independiente dentro de las tierras de Vasconia. Ávido lector de los Anales de José de Moret y Francisco de Alesón, se verá influenciado también por los trabajos de Serafín Olave o Arturo Campión, por quien profesaba una profunda admiración. Ortueta se convertiría así en el continuador de unas teorías que retomarían años después autores como Tomás Urzainki, Pedro Mari Esarte o Mikel Sorauren, entre otros. Su primera obra, Nabarra y la unidad política vasca, vería la luz en Barcelona (1931) y sería el comienzo de su interpretación en torno a la importancia del reino de Navarra como única y verdadera representación política de una Vasconia independiente:
«El asunto de que me he de ocupar no se refiere a investigar cuáles han sido y son los territorios ocupados por los vascos, ni el origen de estos, ni el de su idioma. Este trabajo será dedicado a estudiar si en la época histórica ha existido la unidad política de la Nación Vasca. En realidad no tengo más pretensión que la de estimular a los que, mejor dotados para empresa de tal empeño, puedan hacer a nuestra patria el señaladísimo bien de reparar el daño que le han ocasionado quienes sostienen que el Pueblo Vasco, entregado a sí mismo, no ha sabido constituir su unidad política».
Anacleto de Ortueta fue un autodidacta que, gracias a su educación técnica, supo extraer valiosa información de todos los archivos que consultó. Mantuvo contactos con Campión, quien le hizo ciertas correcciones al borrador de su primera obra. También tuvo sus polémicas, especialmente con el político, abogado, jurista e historiador Gregorio Balparda, quien veía en Ortueta a una corriente historicista del nacionalismo vasco que pretendía reinterpretar los sucesos del pasado para adecuarlos a las aspiraciones políticas de la época. Sobre esta cuestión, Ortueta defendió en sus trabajos la existencia de una estructura unificada para todos los territorios vascos, el reino de Pamplona o Navarra, que en tiempos de Sancho Garcés III el Mayor (1004-1035) alcanzó su punto culminante. Navarra sería para este vizcaíno la estructura política con la que se dotaron los vascos a lo largo de la historia, pero que no llegó a fructificar en un Estado moderno. La importancia de las obras de Ortueta radica, por tanto, en el viraje que dio en torno a la interpretación que el nacionalismo aranista tenía sobre una Vasconia compuesta por varios territorios independientes (Bizkaia, Gipuzkoa, Álava, Navarra, Lapurdi, Zuberoa, etc.). Solamente el reino de Navarra se habría constituido durante la Edad Media como una entidad política propia e independiente de Vasconia, consiguiendo por un momento unificar todas esas tierras y algunas más.
Obras
Navarra y la unidad política vasca, Barcelona: Horta, 1931.
Vasconia y el imperio de Toledo, Barcelona: Artes Gráficas del Lab. Dr. Grau, 1935.
Sancho el Mayor, rey de los vascos, Buenos Aires: Ekin, 1963.
Bibliografía
Aranguren Urroz, G., Nabarra. Estado político de Vasconia, Pamplona: Pamiela, 2002.
Auñamendi, «Ortueta Azcuenaga, Anacleto», Auñamendi Euskal Entziklopedia. Ed. en línea: http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/artikuluak/artikulua.php?id=eu&ar=112377 (consultado el 2 de febrero de 2021).
Camino, I., «Anacleto Ortueta y Azkuenaga (1877-1959). Diputado a Cortes. Fundador de ANV», Nacionalistas 1903-1923, Bilbao, 1985, pp. 92-93.
De la Granja Sainz, J. L., Nacionalismo y II República en el País Vasco, Madrid: Siglo XXI, 2008.
Ramos Larriba, C., «El Nacionalismo Vasco en la Dictadura de Primo de Rivera y la II República», Revista de la Facultad de Geografía e Historia, núm. 1 (1987), pp. 275-312.
Saiz Valdivielso, A., Triunfo y tragedia del periodismo vasco (1900-1939), Madrid: Editora Nacional, 1977.
Fuentes. Archivo del Congreso de los Diputados, «Ortueta Azcuenaga, Anacleto», Signatura: ACD Serie documentación Electoral: 129, núm. 47, https://www.congreso.es/web/guest/historico-diputados?p_p_id=historicodiputados&p_p_lifecycle=0&p_p_state=normal&p_p_mode=view&_historicodiputados_mvcRenderCommandName=mostrarDetalle&_historicodiputados_nume=49402.





