Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores guipuzcoanos

IZTUETA ECHEBERRÍA, Juan Ignacio (Zaldibia, Gipuzkoa, 29 de noviembre de 1767 – Zaldibia, 18 de agosto de 1845).

Cargos y oficios

Maestro de primeras letras, alcalde del corregimiento de San Sebastián, dantzari mayor de Gipuzkoa, folclorista
e historiador

Trayectoria

Personaje polémico, con una biografía repleta de incidentes, acusaciones y pasos por la cárcel, su historia se inscribe en un marco temporal extraordinariamente convulso. Procedía de una familia modesta pero no tan pobre como se imaginó en ocasiones y, sin duda, de raíces hidalgas. Aunque él se autocalificó como ignorante, su biblioteca, sus conocimientos y sus escritos lo desmienten con rotundidad. Su primera etapa, hasta 1801, transcurrió en Zaldibia, casado con Joaquina Linzoáin (de la que enviudó en 1802) y desempeñándose como maestro de primeras letras y tratante de aceites y ganados. No parece un ejemplo de vida muy edificante por cuanto ingresó en prisión en 1801 acusado de relaciones ilícitas, proclamas contra la religión y robo. En la cárcel de Azpeitia conoció a su segunda mujer, Concepción Bengoechea, a quien dedicaría su célebre canción «Kontxesiri».

La invasión francesa de 1808 marcó un antes y un después en la vida de Iztueta. Declaradamente «afrancesado» y colaborador del nuevo régimen, se trasladó desde Azpeitia a San Sebastián en 1810, donde desempeñó varios cargos al servicio de la administración bonapartista y logró salir de la precariedad económica. Muerta Kontxesi en 1812, al año siguiente se trasladó a San Juan de Luz, intuyendo el asedio y destrucción que sufriría el núcleo donostiarra.

La vuelta del absolutismo le puso en aprietos y volvió a sufrir procesos judiciales y cárcel, ahora en Tolosa en 1814-1815, así como un embargo de bienes. A partir de aquí, inició en San Sebastián una nueva etapa de su vida. Tenía en la ciudad dos casas y una tienda y fue adquiriendo una posición cada vez más desahogada que le llevó a desempeñar nuevos cargos como el de vigilante de la puerta de tierra de la ciudad o el de alcalde del corregimiento. A los sesenta años contrajo matrimonio por tercera vez con María Asunción de Urruzola, de Zizurkil, con la que tuvo tres hijos (un niño y dos niñas) que sumó a las dos hijas habidas en su primer matrimonio y a los tres varones producto de su enlace con Kontxesi. En esta época se relacionó fluidamente con autoridades locales y provinciales y desarrolló su faceta de escritor en euskera. En los últimos años de su vida volvió a su localidad natal, Zaldibia, donde disfrutó de la fama ganada con su obra sobre las danzas vascas y de su reconocimiento como dantzari mayor de Gipuzkoa y maestro de dantzaris. De hecho, siguió adiestrando bailarines hasta su muerte en 1845, formando escuela no solo en su villa natal sino en toda la provincia.

Sus dos obras principales son, sin duda, Guipuzcoaco Dantza y Guipuzcoaco Condaira. De ellas se ha destacado el arrojo que suponía afrontarlas en euskera y su fidelidad a Larramendi, tanto por su guipuzcoanismo como por su obsesión por utilizar el Diccionario Trilingüe del jesuita de Andoain y sus neologismos. Esto último, según Villasante, no habría favorecido precisamente la claridad y fluidez de sus escritos.

Guipuzcoaco dantza (1824) alcanzó gran fama en su tiempo y es considerada como la obra precursora del folclorismo vasco. El interés de Iztueta por las danzas de su tierra se había intensificado al comprobar su paulatina desaparición, que no solo achacaba al periodo de guerras. Según él, también venía causada por la aversión de parte de la iglesia y, en especial, por el desprecio que sufrían por una parte de la élite del país educada fuera, y que identificaba las danzas —al igual que el euskera— con un primitivismo iletrado que debía superarse. El libro trata sobre 36 danzas que describió y analizó con fines pedagógicos, publicando dos años después la música que las acompañaría (Euskaldun anciña anciñaco). La danza, para Iztueta, era como cantar con los pies, ritmo ante todo, pues afirmaba que inicialmente se bailaba sin instrumentos, solo acompasando los movimientos. Como se ha dicho recientemente, Guipuzcoaco Dantza es mucho más que un libro de danzas. Enseguida volveremos sobre ello.

En cuanto a Guipuzcoaco Condaira, fue impulsada desde 1840 por una pensión concedida por la Diputación. Iztueta reconocía en el prólogo tener setenta y ocho años de edad, por lo que podemos deducir que la terminó el mismo año de su muerte. Se publicaría, póstumamente, dos años después. La obra es una mezcla de sucesos memorables de la provincia, tomados de sus lecturas —muy particularmente de Martínez de Zaldibia y de Zamacola— y de anotaciones propias sobre los sucesos de su tiempo, aunque oculta convenientemente varios datos referidos a la invasión francesa. Como apunta Idoia Estornés, Guipuzcoaco Condaira es un perfecto reflejo de la sociedad guipuzcoana en el tiempo en que fue escrita y de las posturas que al respecto expresó su autor. Este reflejó una sociedad rural —apenas habla de San Sebastián, curiosamente— en crisis desde 1766, en la que el abandono del euskera y de las costumbres más tradicionales estaba intrínsecamente unido con la pérdida de los Fueros, continuando así con esa línea que, desde Larramendi y más explícitamente Astarloa o Moguel, afirmaba esa ligazón indestructible entre lengua y Fueros, incluso dando prioridad a la primera. Si se quieren Fueros, llegó a decir, deberá amarse al euskera; si este y sus hablantes no sobreviven, desaparecerán los Fueros. Lo expresará con igual contundencia en una «Memoria sobre la conservación de la lengua bascongada» —que Garmendia señala como una de sus obras inéditas— en la que enunció su visión del euskera como lengua dominada sometida a otra dominante, el castellano, lo cual obligaba a la defensa activa de aquella. Y unidas a la lengua, las celebraciones, fiestas y danzas, las antiguas costumbres, los sistemas de ayuda mutua entre labradores… todo ello formaba un conjunto cultural de cuyo mantenimiento dependía el de la foralidad.

La gran duda a la hora de valorar a Iztueta viene dada por la cuestión de si su defensa de las danzas, tradiciones y Fueros vascos se compadecía con su afrancesamiento. ¿Era esto una contradicción? Quizá lo es más para nosotros y no tanto para los contemporáneos, al menos si el análisis no lo hacemos por bloques estancos y preconcebidos, sino atendiendo a que los posicionamientos políticos suelen obedecer a pragmatismos y compromisos cambiantes y a que, en ocasiones, posturas aparentemente irreconciliables descubren puntos de contacto que constituyen bases comunes para el futuro. Javier Esteban ha defendido que algo parecido ocurrió con parte de la élite guipuzcoana y que Iztueta puede ser un magnífico ejemplo de ello. La trayectoria de nuestro autor muestra cómo, a partir de 1824, la élite provincial acercó posturas y discursos en torno a una defensa de los Fueros. Lucha que si para unos podía interpretarse como una apuesta por mantener el antiguo orden, para otros venía a ser el símbolo de la lucha por la libertad, pues los Fueros no eran sino el conjunto de libertades de las que habría gozado históricamente el pueblo vasco. Unos abominaron desde el principio de las novedades liberales; otros, como Iztueta, flirtearon con ellas pero acabaron decepcionados, no solo con la radicalización revolucionaria, sino con el paternalismo con el que las élites ilustradas trataban al pueblo y con la separación progresiva entre ambos, lamentando que aquellas denostasen el idioma y las costumbres de este. Unos y otros acabaron reclamando la vuelta de un orden que, al añorarlo, quedó idealizado como algo fijo y estático. De igual manera idealizaron el idioma, costumbres, fiestas, roles sociales, o figuras como el etxeko-jaun que asociaron a aquel. Y lo idealizaron fosilizando todo el conjunto y promoviendo un proyecto político de recuperación del mismo. No fueron los únicos. En Europa se estaba produciendo por las mismas fechas un auténtico «redescubrimiento del pueblo», de la cultura popular diferenciada de la elitista, considerándose que era la primera la depositaria de las esencias de la autenticidad. Esa visión romántica del pueblo y de su protagonismo en la historia y en los proyectos del futuro se realizó sobre una auténtica reinterpretación, recreación, de la tradición, aun bajo la ilusión de que esta reflejaba un orden casi atemporal e inmutable. Es a esta visión fracturada de la comunidad y a este proyecto de recuperación del orden y de (re)-creación de la tradición vasca a lo que Iztueta contribuyó con sus apologías de las danzas y del idioma y con su visión de la historia guipuzcoana.

Obras

Guipuzcoaco Dantza Gogoangarrien Condaira edo historia, San Sebastián: Ignario Ramón Baroja, 1824, 2.ª ed., Tolosa: Eusebio López, 1895.

1.ª ed. bilingüe titulada Viejas danzas de Guipúzcoa. Gipuzkoa’ko dantza gogoangarriak, hecha con arreglo a la segunda euskérica, versión de S. Onandía, pról. de G. Barandiarán, Bilbao: La Gran Enciclopdia Vasca, 1968.

Euscaldun anciña ancinaco ta are lendabicico etorquien dantza, Donostia: Ignacio Ramón Baroja, 1826.

Carta de D. Juan Ignacio Iztueta al presbítero D. Juan José Moguel, San Sebastián: Ignacio Ramón Baroja, 1829.

Guipuzcoaco provinciaren condaira edo historia, Donostia: Ignacio Ramón Baroja, 1847 [póstuma].

Historia de Guipúzcoa/Guipuzcoaco Condaira, ed. facsímil de la de 1847 y versión en castellano, pról. y notas de J. Lasa Apalategui. vol. VII de «Cosas memorables o historia general de Guipúzcoa», Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1975.

Garmendia Arruabarrena, J. (ed.), Obras inéditas de Iztueta, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1968.

Bibliografía

Elósegui, J., Juan Ignacio de Iztueta Echeberria (1767-1845). Textos documentales relacionados con su persona y la de sus padres, hermanos y familiares, San Sebastián: Auñamendi, 1969.

Esteban, J., Discursos civilizadores. Escribanos, lectores y lecturas de textos en euskera (c. 1767-c. 1833), Madrid: Sílex, 2018.

Esteban, J., y Bermejo, D., «Mucho más que un libro de bailes. Contextualizando socialmente el discurso de Guipuzcoaco Dantza (1824)», Revista Internacional de los Estudios Vascos, vol. 60, núm. 1 (2015), pp. 8-40.

Estornés Zubizarreta, I., «Apuntes sobre la sociedad guipuzcoana a través del Guipuzcoaco Provinciaren Condaira de Juan Ignacio de Iztueta», Revista Internacional de los Estudios Vascos, vol. 33, núm. 1 (1988), pp. 160-169.

Garmendia Arruabarrena, J., «El folklorista Juan Ignacio de Iztueta en el mundo de la cultura vasco-francesa», Antoine d’Abbadie 1897-1997. Congrès International, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 1998, pp. 423-429.

— «Iztueta, afrancesado en Azpeitia y en San Sebastián», Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián, 33 (1999), pp. 591-606.

Michelena, L., «Iztueta, testigo político de su época», Euskal Herria (1789-1850). Actes du Colloque International d’Études Basques, Bayonne: Société des amis du musée basque, 1978, pp. 167-179.

Villasante, L., Historia de la Literatura Vasca, 2.ª ed., Burgos: Aránzazu, 1979.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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