Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

LEMONAURIA PUCH, Pedro (Deusto, 19 de abril de 1801 – Bilbao, 5 de marzo de 1874).

Cargos y oficios

Magistrado y político

Trayectoria

Hijo de Francisco de Lemonauria, natural de Bilbao, y de su mujer María Antonia Puch, natural de Deusto. Este municipio no fue anexionado a Bilbao hasta 1925. La familia Lemonauria Puch residió en él hasta alrededor de 1802, pues en su parroquia de San Pedro bautizaron a sus nueve primeros vástagos, cuatro niños y cinco niñas, siendo Pedro el noveno. En 1803 nació la última, Casilda, que fue bautizada en la parroquia del Señor Santiago (actual catedral) del Casco Viejo de la villa, a cuya calle de la Estufa —hoy en día, Viuda de Epalza—, núm. 3, se habían trasladado a vivir.

Se trataba de una familia burguesa y acomodada que formaba parte del núcleo director de un Bilbao preindustrial que apenas contaba con algo más de 10.000 habitantes. Este grupo, que estaba compuesto en su mayoría por prósperos comerciantes, abrazó la causa liberal. Francisco de Lemonauria fue cónsul del Consulado de Bilbao en tres ocasiones así como elector en las elecciones a Cortes en 1820. Era armador y dueño de varios barcos que comerciaban con La Guaira, así como accionista de la Compañía de seguros comerciales Nuestra Señora de Begoña que él mismo creó en unión de otros dieciséis comerciantes, entre los que se encontraba su hijo mayor, Francisco Antonio, de treinta y dos años ya en aquel de 1815.

Pedro estudió en la Escuela de Estudios Comerciales, creada por el Consulado. Allí tuvo la oportunidad de asistir a las clases de matemáticas que impartía el padre Lista, que al regreso de su primer exilio, por afrancesado, recaló en Pamplona y después en Bilbao, en 1817, antes de instalarse en Madrid al comienzo del Trienio. A continuación, entre 1817 y 1819, pasó el joven Lemonauria a estudiar a la recientemente restablecida (1814) Universidad de Oñati, donde cursó asignaturas de Derecho y Práctica Jurídica, entre otras. Su siguiente centro de estudios fue la Universidad de Valladolid, en cuyo listado de alumnos figura; sin embargo, José María Portillo (2014) dice que obtuvo el grado de bachiller en leyes en la de Alcalá de Henares en 1822. No tiene por qué haber contradicción entre ambas afirmaciones. Durante algún tiempo fue pasante en Madrid en el despacho de Jacinto Rojo sin poder alcanzar el título de abogado, en represalia por su activismo liberal, hasta 1827. Precisamente, por su alistamiento en la Milicia Nacional, después de combatir contra la entrada del duque de Angulema y los Cien Mil Hijos de San Luis, tuvo que huir al exilio en 1823, regresando de París a Bilbao en 1825.

En 1829 se casó con María Concepción de Villabaso y Monteano, con la que tuvo, al menos, una hija y un hijo. Estableció su despacho de abogado en la calle Correo núm. 32. Durante la Primera Guerra Carlista participó en la Milicia Nacional recibiendo, por su actuación durante el sitio de Bilbao de 1835, la Cruz de Caballero de la Orden de Carlos III. Algunos le hacen redactor del folleto aparecido en 1835 Reseña histórica del memorable sitio de Bilbao, escrito que describe con detalle los sucesos acaecidos en aquellos días y que se publicó sin dar noticia de su autor. El nombre de Lemonauria solo consta entre los de los regidores y demás autoridades presentes durante los hechos relatados. Más probable es que se deba a la pluma de Sotero Goicoechea, director de El Compilador Militar de Vizcaya (1835), periódico esparterista, prohibido por las autoridades militares por su anticlericalismo y del cual tanto Gaminde como Lemonauria estaban en la órbita. Si bien esta Reseña… es anónima, títulos casi idénticos aparecen firmados por Goicoechea.

Lemonauria, para entonces, ya era una personalidad en la villa: regidor del Ayuntamiento entre 1833 y 1836, asesor de la Marina de la provincia de Bilbao entre 1833 y 1842, miembro de la Junta de Armamento, y socio fundador de La Bilbaína en 1839 aunque él frecuentó más la Sociedad Constitucional de la calle Bidebarrieta, lugar de reunión de los liberales. No vio cumplida su aspiración de llegar a ser diputado en las Cortes Generales, pues no alcanzó más que el rango de suplente. En 1838 participó en la creación del Colegio de Abogados; fue nombrado tesorero y, tres años más tarde, decano.

Junto a su amigo y, como él, representante del liberalismo progresista, Víctor Luis de Gaminde, fundó el periódico El Vizcaíno Originario (1841-1843), órgano de la Sociedad Constitucional, en el que escribía artículos de carácter económico. Mantuvieron desde sus páginas una pugna ideológica con el periódico El Vascongado, moderado y fuerista, órgano de los integrantes de La Sociedad Bilbaína. También colaboró con la Revista Pintoresca de las Provincias Bascongadas (1844-1846), esta de carácter cultural, a diferencia de los anteriores.

La implicación de Lemonauria en la citada Revista… fue muy intensa. No se trata, en absoluto, de una revista literaria. Cada número de ella se refería casi exclusivamente a la historia de una población de alguna de las tres provincias. Él se encargó prácticamente de todas las vizcaínas. Aunque no lleva firma, la Introducción se debe, probablemente, también a su pluma. Se puede calcular que aproximadamente la mitad de la Revista está escrita por él. Además de la historia, describe también los monumentos y edificios más destacables. Todo esto nos permite conocer las ideas de Lemonauria sobre los vascos y su historia. No omite ninguno de los elementos que conformaban el vasco-iberismo. Además, «la nación Bascongada» era para él, diferente de todos los demás pueblos por su idioma, costumbres y régimen, casi patriarcal. Su existencia se pierde en la noche de los tiempos y niega toda conquista por parte de los diferentes pueblos que se asentaron en la Península.

En octubre de 1841 tuvo lugar el alzamiento moderado antiesparterista. Una vez sofocado, Lemonauria fue elevado al cargo más relevante de los que ocupó en su vida política, pues fue designado director de la administración de Bizkaia hasta 1843, año en el que cayó Espartero. Entre 1842 y 1843 estuvo en Madrid como comisionado en la corte, para reformar los Fueros con arreglo a las leyes de 1839, 1841 y 1842. De acuerdo con Gaminde, que se encontraba en Bilbao, redactó un proyecto de modificación de los Fueros que fue aprobado por la Comisión Económica de Bizkaia, pero rechazado por el gobierno central. Planteaban en él la supresión de las Juntas Generales cuyas competencias pasarían a la Diputación Provincial. En materia fiscal se proponía la implantación de un cupo que se pagaría a la Hacienda central y también se abogaba por la posibilidad de un rescate económico para evitar la incorporación a filas, tema este muy sensible entre la población vasca. Estas reformas venían a añadirse a las modificaciones ya implantadas anteriormente, como el traslado de las aduanas que daba carta de naturaleza a la formación del mercado nacional español, tan deseado por los liberales vascos y a la organización del sistema judicial de acuerdo con la Constitución.

Pocos años antes Lemonauria había publicado su Ensayo crítico sobre las leyes constitucionales de Vizcaya, (Bilbao 1837), en el que en 50 páginas exponía su opinión acerca de los Fueros vizcaínos y la situación en que se encontraban.

Esta obra fue redactada en plena Guerra Carlista y en el mismo año en que se promulgó una nueva Constitución, la de 1837. Era un momento importante para el liberalismo, en el que se eliminó el Estatuto Real de 1834, especie de Carta Otorgada, de tintes absolutistas. Lemonauria en el Ensayo… comienza por repasar las disposiciones forales que no se ajustaban a los nuevos tiempos examinándolas bajo los parámetros de una constitución liberal. Por ello los divide en apartados tales como De la igualdad, De la libertad, De la propiedad y De los poderes políticos, para, a continuación, pasar revista a las maltrechas instituciones forales.

Tacha de absurda la prohibición de que «ningún judío, moro ni sus descendientes, ni de su linaje pueda vivir ni morar en Vizcaya» (Ley 14, T.º 1). Le parece tan incomprensible que trata de explicarla, sin ningún fundamento, como un legado de la Inquisición. Pero es en el apartado «De la igualdad» donde hace la crítica más severa, atacando uno de los elementos básicos del sistema: la libertad de testar, no sin antes haberse lamentado de que la nobleza, común a todos los vizcaínos, no se reflejara en una igualdad real. Esta ley (Ley 11, T.º 20) resulta «repugnante» a Lemonauria, pues junto a los mayorazgos constituye «el inmenso manantial de la desigualdad». También la libertad individual, tan apreciada antaño, había desaparecido, la seguridad que proporcionaba no poder ser detenido teniendo el delincuente la posibilidad de ausentarse se había esfumado y pone como ejemplo de ello que «eran múltiples los casos en que se encarcelaba a los acusados por delito de estupro».

Sobre los poderes la crítica más lacerante recae sobre el judicial, y juzga de «defectuosísima» la forma de enjuiciamiento en Bizkaia. No le va a la zaga la crítica de las Juntas Generales. Rechazable institución en la que cada pueblo tiene la misma representación, donde se habla en castellano que la mayoría no comprende, por lo que un traductor puede tergiversar a su antojo lo expuesto, donde no hay un reglamento, y sí un absurdo sistema electoral.

La segunda parte de la obra, bajo el epígrafe de «Observaciones Generales», es un intento de explicar cómo se había llegado a semejante situación. Aunque los ataques a los Fueros se remontaban hasta el siglo xvi, fue en los últimos años del absolutismo cuando se les asestaron los golpes más duros, sobre todo porque se temía que las ideas de la Revolución francesa encontraran en los Fueros de Bizkaia, por el liberalismo de estos, un eco que atemorizaba a los poderes del Antiguo Régimen. Fue entonces cuando se publicó la obra de Llorente, cuidadosísima según Lemonauria y a la que Aranguren y Sobrado respondió «con nerviosa lógica [que] le dejó anonadado». Los intentos de Godoy por anular el pase foral suponían querer destruir la constitución vizcaína y, por orden del gobierno en 1830, se publicó la colección de documentos de las provincias vascongadas, a cargo de Tomás González, con la buena fe que era de esperarse, en palabras de Lemonauria.

El despotismo trabajó para que el resto de los españoles despreciaran a los vascongados y en el presente trabaja para que estos odien a los españoles. Para el autor, la oligarquía vizcaína era la aliada del absolutismo y, como para muchos liberales, los Fueros eran la constitución de Bizkaia, aunque advierte que no lo eran «en el sentido riguroso, que en el día la entienden los mejores publicistas».

Admite en estas Observaciones Generales que había una parte de privilegio en los Fueros, pero la considera mínima y sale al paso de los que afirmaban que en Bizkaia no había quintas objetando que los vizcaínos acudían al llamado de su señor y que no pagaban contribuciones oponiendo a estas los cuantiosos donativos, y que aunque entraran las mercancías sin pagar aduanas, la producción del país era considerada extranjera al tratar de introducirla en el resto de España.

A pesar de su admiración por lo que habían sido los Fueros de Bizkaia su tiempo había pasado, estos habían degenerado y lo que procedía en aquellos momentos era apoyar la Constitución de aquel mismo año de 1837, pues era «el símbolo de unión para todos los buenos, el altar donde debemos sacrificar nuestras miserables rencillas». Sencilla y llanamente, Lemonauria propone la desaparición de los Fueros.

En 1855, cuando ascendió al poder el liberalismo progresista, Lemonauria fue nombrado teniente fiscal de la Audiencia Pretorial de La Habana. Allí prosiguió su carrera judicial, en 1861 pasó a ocupar una plaza de magistrado en la Sala 2.ª y, por fin, en 1863, la presidencia de la Sala 1.ª, siempre en la misma Audiencia, jubilándose en 1864. En La Habana publicó su Bosquejo sobre el origen y naturaleza de los usos, costumbres y fueros de las Provincias Vascongadas y rápido examen de la Constitución del Señorío de Vizcaya (La Habana, 1869).

Durante los años que separan las dos obras de Lemonauria, el Ensayo crítico… (1837) y el Bosquejo sobre el origen… (1869), los Fueros de las Provincias Vascas y los de Navarra sufrieron mutilaciones y transformaciones que desem-bocaron en unas décadas de una nueva y floreciente foralidad, y aunque el debate sobre los Fueros siguiera su curso en las Cortes españolas, la inmensa mayoría de los partidos políticos vascos los defendían. En 1869 Lemonauria ha cambiado su discurso. Ya no aboga por la supresión. Los usos y costumbres del país, escribe, son tan antiguos y de tanta entidad que las Cortes de 1839 los confirmaron «salva la unidad constitucional». No ve incompatibilidad entre Fueros y Constitución, sino que, por el contrario, ya en 1812, la Junta General de Bizkaia había dictaminado que había una «maravillosa uniformidad» entre los principios esenciales de la Constitución y los de la que, «desde la más remota antigüedad ha hecho feliz a Vizcaya», pueblo de costumbres y virtudes democráticas. Lemonauria había evolucionado, al igual que Gaminde y otros liberales progresistas, hacia la defensa de la foralidad.

Este mismo año de 1869 llegaron a La Habana los Tercios Vascongados, voluntarios de las tres provincias que acudían para defender la españolidad de Cuba ante la insurrección de los cubanos al mando de Carlos Manuel de Céspedes, dando inicio a la Guerra de los Diez Años, en 1868. La llegada de los Tercios fue triunfal. Se les dedicaron toda clase de artículos, recogidos en un folleto, Álbum vascongado. Relación de los festejos… ilustrado por el bilbaíno-cubano Patricio de Landaluce junto con poesías, en euskera y castellano, y se les ofreció un banquete en el engalanado teatro Tacón. Lemonauria participó en este recibimiento escribiendo un artículo en el periódico La Prensa titulado «Recuerdos Vascongados» y recogido en el mencionado folleto, así como una poesía, «Al Vascongado emblema. Irurac-Bat». «Recuerdos Vascongados» fue reproducido por la revista Euskal-Erria años más tarde.

De regreso a Bilbao fue elegido regidor del Ayuntamiento durante la República federal, en 1873. En el marco de la Segunda Guerra Carlista (1872-1876), a pesar de su edad, se alistó en la Compañía de milicianos veteranos, de la que fue jefe honorario. Con Bilbao sitiado y a consecuencia de una caída fortuita, falleció en su casa por un golpe en la cabeza el 5 de marzo de 1874, tal y como lo consigna Irurac-bat del día siguiente en una breve necrológica, prometiendo una más extensa cuando las circunstancias lo permitieran.

Obras

Ensayo crítico sobre las leyes constitucionales de Vizcaya, Bilbao: Nicolás Delmas, 1837.

Bosquejo sobre el origen y naturaleza sobre los usos, costumbres y fueros de las Provincias Vascongadas y rápido examen de la Constitución del Señorío de Vizcaya, La Habana: Imprenta de J. M. Eleizegui, 1869.

Bibliografía

Agirreazkuenaga Zigorraga, J., «Lemonauria Puch, Pedro», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/84851/pedro-lemonauria-puch (consultado el 23 de abril de 2020).

Álbum vascongado. Relación de los festejos públicos hechos por la ciudad de La Habana en los días 2, 3, 4 de junio de 1869 con ocasión de llegar a ella los Tercios voluntarios enviados a combatir la insurrección de la isla por la Muy Noble y Muy Leal provincias de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, La Habana: Imprenta de J. M. Eleizegui, 1869.

Chacón Delgado, P. J., Nobleza con libertad: biografía de la Derecha vasca, Bilbao: Atxular Atea, 2015.

Portillo Valdés, J. M.ª, El sueño criollo: la formación del doble constitucionalismo en el País Vasco y Navarra, San Sebastián: Nerea, 2006.

— «Pedro de Lemonauria y la “costumbre democrática” del fuerismo progresista. Estudio preliminar», Lemonauria, P., Costumbre democrática. Debates liberales sobre fueros vascos, 1837-1868, Bilbao: Universidad País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 2014.

Revista Pintoresca de las Provincias Bascongadas, https://www.euskalmemoriadigitala.eus/handle/10357/2326 (consultado el 23 de abril de 2020).

Rubio Pobes, C., Liberalismo y fuerismo en el País Vasco (1808-1876), Vitoria-Gasteiz: Fundación Sancho el Sabio 2002.

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