Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

ISPIZUA BAJANETA, Segundo de (Bermeo, Bizkaia, 2 de junio de 1869 – Madrid, 19 de junio de 1924).

Cargos y oficios

Historiador, periodista y geógrafo

Trayectoria

Siendo aún muy niño, al morir su madre fue enviado a vivir a Lima con unos familiares, pues su padre, como marino que era, no podía ocuparse de él. En Perú inició los estudios para sacerdote, pero no llegó a ordenarse. De su paso por el seminario le quedó el bagaje de ser un consumado latinista, pero no consta que realizase otro tipo de estudios. Según Ramón de Basterra: «Tenía la formación fragmentaria, improvisada de la mayor parte de los españoles». Pasó entonces a residir en Quito, donde ejerció unos años como periodista. Fue expulsado de Ecuador en 1897, a causa de su intervención en una votación parlamentaria sobre el derecho o no de Cuba a la independencia. Llegó a San José de Costa Rica sin equipaje, pues no le permitieron sacar nada de Ecuador. Trabajó allí como periodista con notable éxito. En 1903 fundó su propio diario, El Noticiero, que pronto se convirtió en el de mayor tirada del país. Delicado de salud, decidió volver a Euskal Herria, afincándose en Bilbao, donde ya residía, al menos, desde 1911. Se casó en Bilbao, el 15 de abril de 1916, con María García Basterrechea, trasladándose ambos inmediatamente a Madrid, donde Ispizua escribió la mayor parte de su obra y, relativamente joven, falleció.

Colaboró con el Círculo de Bellas Artes y Ateneo de Bilbao, del que fue socio fundador. Impartió en esta institución una conferencia, que luego sería publicada, sobre la figura de Francisco de Vitoria, contribuyendo así a su revalorización. Fue socio de número de la Real Sociedad Geográfica y formó parte de la Junta de Cultura Hispanoamericana. Participó en la preparación de las Exposiciones Iberoamericana de Sevilla e Internacional de Barcelona de 1929-1930, las cuales se realizaron, sin embargo, una vez él hubo fallecido. Fue, así mismo, uno de los fundadores del Liceo América y socio del Ateneo de Madrid.

Cofundador, con Francisco de Ulacia y Pedro Sarasqueta, en 1911, del Círculo Republicano Nacionalista Vasco de Bilbao. Resulta interesante conocer su posición ante los problemas sociales de su tiempo. En 1913 pronunció una conferencia (que luego fue publicada póstumamente) en la sede de Solidaridad de Obreros Vascos, sobre el movimiento obrero. En ella se mostraba crítico con el socialismo marxista y partidario de un cierto obrerismo cristiano.

Su obra fue considerada, por lo general, positivamente por un nutrido grupo de periodistas, escritores e intelectuales de diverso tipo, desde Telesforo de Aranzadi hasta la condesa de Pardo Bazán, pasando por Joaquín de Zugazagoitia, Augusto Barcia, Ramiro de Maeztu, Ramón de Basterra, Julio de Lazúrtegui o Mourlane Michelena. Los calificativos para con su obra fueron elogiosos: «obra notable», «sólida investigación», «juicio crítico sin creerse automáticamente lo que dicen las fuentes», etc. Carmelo de Echegaray consideraba que su obra como historiador «constituye un gallardo esfuerzo por el estilo, no siempre limpio de incorrecciones, pero sereno, firme y animado, por la orientación crítica que busca la comprobación documental de todos los asertos, aunque a veces se deje arrastrar quizá con exceso por conjeturas más o menos plausibles». Se refiere aquí Echegaray a tesis como la de la naturaleza vasca de Juan de la Cosa o a los presuntos informes vascos sobre América que recibiera Colón. Creo que Ramiro de Maeztu valora de forma muy certera la obra historiográfica de Ispizua, cuando dice de él: «Este don Segundo de Ispizua es también un caso de voluntad, ¿y por qué no? Es un historiador que no tiene grandes dotes de escritor y que probablemente comenzó tarde el oficio […] pero tiene el señor Ispizua una cualidad preciosa […] el interés por el suceso. Leyendo al señor Ispizua se me ha ocurrido que esta es la virtud el buen historiador». En efecto, Ispizua se dedicó entusiásticamente, como si de una misión se tratara, a historiar el papel de los vascos en el descubrimiento y colonización de América. Su empeño fue el de demostrar que los vascos, lejos de participar en las atrocidades de la conquista, cumplieron sobre todo una misión civilizadora y humanitaria. Y esta era su mayor virtud y su mayor defecto; por una parte, el apasionamiento y la implicación que comunican a la obra un carácter vivo, y por otra, el tono ad probandum y polémico, tan alejado de la metodología académica.

Por lo demás, en su empeño de consultar la mayor cantidad posible de fuentes, Ispizua no lo tuvo demasiado fácil. Por una parte, estaba la dificultad de acceso a determinados fondos, algunos esenciales y, por otra, la carencia de medios económicos para poder financiar sus investigaciones. En cuanto a lo primero, se quejaba Ispizua de no haber podido consultar el Archivo de Indias, que justo en aquel momento empezaba a ser accesible y que, sin embargo, era la clave del arco de su empeño historiográfico, teniéndose que contentar, sobre todo, con las crónicas y narraciones escritas por los coetáneos. En cuanto a lo segundo, pasó siempre no pocos apuros económicos para mantenerse y poder ejercer simultáneamente su pasión de investigador como historiador. Se quejó muy amargamente de haber sido ninguneado por las instituciones, negándole el apoyo económico que necesitaba para investigar. El historiador y catedrático de la Universidad de Valencia, José Deleito y Piñuela, dice refiriéndose a Ispizua: «El autor, que no posee la suficiente independencia económica para permitirse el lujo, caro entre españoles, de costearse los gastos de sus investigaciones y de la edición de su obra y que no logró para ello de ninguna pensión del Estado, ha tenido que utilizar, aparte de su esfuerzo y sacrificio personales, el concurso de periódicos, corporaciones, parlamentarios y simples particulares de la región eúskara, amantes de las glorias de la misma, que pretende el señor Ispizua exhumar».

En efecto, en 1915 Ispizua solicitó una subvención económica a la Diputación de Bizkaia, para lo que presentó un proyecto de investigación, acompañado de un folleto titulado Bibliografía sudamericana y de avales de destacados intelectuales vascos. Pero la ayuda le fue denegada. Esto le produjo indecible frustración y probablemente fue el detonante de su traslado de residencia a Madrid. Pero tampoco allí tuvo demasiada suerte. El Ministerio de Instrucción Pública tenía una partida destinada a adquirir libros para las bibliotecas públicas e Ispizua solicitó que se le compraran algunas de sus obras, siéndole denegada la petición. Así las cosas, tuvo que dedicarse a vender personalmente sus libros, abrir suscripciones… La investigación de su obra fundamental (Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América) fue sufragada en parte, gracias a haber recibido el premio de 5.000 pesetas de un concurso promovido por el Círculo de Estudios Vascos, grupo dependiente de la Juventud Vasca de Bilbao. Pero quedaba la publicación, y nadie quería editarla, por lo que tuvo que recurrir a abrir una suscripción pública a la que contribuyeron, entre otros, el doctor Enrique de Areilza, fundador del sanatorio de Gorliz, el genealogista Adolfo de Urquijo, presidente de la Diputación de Biz-kaia, Tomás de Zubiría, conde Zubiria, y Victoriana de Larrínaga, benefactora del diario Euzkadi. Murió amargado por la incomprensión, la indiferencia y la falta de reconocimientos académicos y oficiales, pero dejando 18 volúmenes de historia vasca americanista, algunos de ellos inéditos. Lo que son las cosas, cuando murió muchas localidades (Bermeo, Madrid, Hernani, Hondarribia, Donostia, Erandio) se apresuraron a poner calles a su nombre y se prodigaron los reconocimientos públicos para con su persona y su obra.

En su obra geográfica, tras un empeño generalista referido a los descubrimientos marítimos de españoles y portugueses en los siglos xv y xvi, trasciende su preocupación fundamental: la de la exaltación de los vascos como expedicionarios, colonizadores y civilizadores de América. De hecho, La primera vuelta al mundo, IV centenario: 1522-1922 fue un encargo de la Real Academia de la Historia para enaltecer a Juan Sebastián Elcano y a los que con él dieron la primera vuelta al mundo.

Obras

«¿Era vasco Juan de la Cosa?», Centro de la Unión Iberoamericana en Vizcaya. Memoria correspondiente al año de 1912. Apéndices Especiales, IV, Bilbao: M. Aldama, 1913, pp. 7-14.

«Bruno Mauricio de Zabala (1685?-1734)», Centro de la Unión Iberoamericana en Vizcaya. Memoria correspondiente al año de 1912. Apéndices Especiales, IV, Bilbao: M. Aldama, 1913, pp. 27-31.

«Por nuestro idioma», Euzkadi: revista vasca bimestral [ciencias, bellas artes, letras], Bilbao, 3.ª época, año 10, núm. 24 (noviembre-diciembre de 1913), pp. 412-413.

«Bibliografía sudamericana: ensayo para un estudio de la historia de los vascos de América», BCMV, Bilbao, VI (1914), pp. 171-180.

Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, Bilbao/Madrid: I, Bilbao: José A. de Lerchundi, 1914; II, Bilbao: José Astuy, 1915; III, Madrid: Tip. La Itálica, 1917; IV, Madrid: V. Rico, 1918; Madrid: V. Mateu, 1918; VI, Madrid: Mateu, 1919, 6 vols. [Los Vascos en América, San Sebastián: Ediciones Vascas, 1979, 5 vols. (t. 1, Venezuela; 2: México; 3, Panamá-Perú; 4, Lope de Aguirre, 5, Simón Bolívar)].

La guerra actual y las doctrinas del vasco Francisco de Vitoria, Bilbao: Círculo de Bellas Artes y Ateneo de Bilbao, 1915.

«Los baskos en el descubrimiento de América: ¿supo Colón por uno de aquellos la existencia de esta?», Los Baskos en la nación argentina, Buenos Aires: La Baskonia, 1916, pp. 19-28.

«La Imprenta en San Sebastián: primicias bibliográficas (1672-1700)», Euskalerriaren alde, San Sebastián, año 13, núm. 233 (1923), pp. 190-191.

La primera vuelta al mundo, IV centenario: 1522-1922. Historia de la geografía y de la cosmografía en las Edades Antigua y Media con relación a los grandes descubrimientos marítimos realizados en los siglos xv y xvi por españoles y portugueses, 2 vols., Madrid: Gráficas Reunidas, 1922-1926.

Civilización y progreso: obreristas vascos – conferencia pronunciada por el autor, en 1913, en los salones de solidaridad de obreros vascos de Bilbao, recopilada y publicada por su esposa, por primera vez en el 6.º aniversario del fallecimiento de aquel, Madrid: Gráficas Reunidas, 1930.

Bibliografía

Auñamendi, «Ispizua Bajaneta, Segundo de», Auñamendi Eusko Enziklopedia. Ed. en línea: http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/ispizua-bajaneta-segundo-de/ar-70740/ (consultado el 9 de noviembre de 2020).

Basterra, R. de, «Una baja en nuestras filas. Segundo de Ispizua», El Noticiero Bilbaíno, 21 de junio de 1924, p. 1.

García Basterrechea, M., Segundo de Ispizua, su vida y sus obras: recopilación de informes, críticas y juicios en torno a la obra del historiador y geógrafo hispano-americanista, emitidos por la Academia Nacional de la Historia, Sociedad Geográfica nacional, prensa nacional y extranjera a través de la cual ha sido comentada por numerosas plumas de brillantes escritores españoles e hispanoamericanos, Madrid: Gráficas Reunidas, 1934.

Maeztu, R. de, «¿Y por qué no?», El Sol, Madrid, 6 de febrero de 1923, p. 1.

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