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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

ZAMÁCOLA OCERÍN, Simón Bernardo (Dima, Bizkaia, 20 de agosto de 1759 – Dima, Bizkaia, 23 de noviembre de 1809). Escribano, líder provincial

Cargos y oficios

Escribano, líder provincial

Trayectoria

Procedía de una familia de notables relativamente modesta del valle de Arratia, que sin embargo iría ascendiendo en vida de Simón Bernardo. Su hermano Juan Domingo estudió en las universidades de Valladolid y Salamanca, para pasar en 1770 a Indias en el séquito de Pedro Ignacio Picasarri, quien había sido nombrado maestrescuela de la catedral de Buenos Aires. Cura de Cayma hasta su muerte en 1823, impulsó varias obras como el arreglo de la plaza mayor o la reconstrucción de la ciudad tras el terremoto de 1784. Fue socio benemérito de la Real Sociedad Bascongada desde 1788, publicó varios libros y dejó algunos manuscritos. Por su parte, otro hermano, Juan Antonio, se destacó en el Madrid de finales del siglo xviii como autor castizo, crítico con la difusión de la moda afrancesada, quien, no obstante, se adheriría en 1808 a los ocupantes napoleónicos, en cuyas estructuras políticas obtuvo importantes puestos. Se trata, pues, de un entorno familiar que, a finales del siglo xviii, iba abriéndose a otras latitudes de la Monarquía y que estaba en estrecho contacto con las convulsiones políticas que comenzaban a desestabilizarla.

Por su parte, Simón Bernardo de Zamácola permaneció junto con otros de sus hermanos en Bizkaia, formándose en Durango como escribano con uno de sus tíos. En 1783 comenzó a ejercer como escribano en Dima. En poco tiempo, se situó en una posición central de la política provincial. Fue apoderado de Dima en las Juntas Generales de Bizkaia en 1784 y 1786, año en el que aparece ya implicado en la denuncia de las cuentas presentadas por el tesorero general del Señorío, junto con Nicolás Ventura de Eguía, José Antonio Olalde y José Nicolás de Bátiz. Obtuvo en 1788 y 1790 la representación en Juntas Generales de varios pueblos en los que iba ganando influencia (Dima, Lemona, Axpe, Arantzazu). Ya desde finales de la década de 1780 figura como cabeza de un grupo de notables (entre los que se encuentran los antes citados Eguía y Bátiz, más José Ramón Aldama y, sobre todo, Francisco de Aranguren y Sobrado).

Su despegue como líder de una de las facciones en las que se fracturó -Bizkaia a finales del siglo xviii comenzó realmente en torno a la guerra contra la Convención (1793-1795). En aquel periodo ejerció como secretario del Señorío y, más importante, asistió en representación de Bizkaia a la conferencia de las tres Provincias Vascas celebrada en Bilbao a finales de octubre de 1793, en la que por primera vez se planteó una reflexión institucional sobre la constitución del país y la defensa común de los ordenamientos forales. En 1794 fue nombrado capitán de las milicias de la merindad de Arratia para la defensa del país contra los revolucionarios franceses. El mismo año, se le comisionó por la Diputación para la recluta de soldados en distintos puntos de Bizkaia.

En los años siguientes a la guerra, el «partido» zamacolista, como se lo denomina en las fuentes, se valió de la acumulación de la representación de las localidades que controlaba para copar el poder en las Juntas Generales de -Bizkaia. Hacia finales de siglo, la facción tenía una notable influencia en las merindades de Arratia y Durango, e incorporaba a notables de otras zonas como José María de Orbe y Elio, marqués de Valdespina, uno de sus hombres clave; José Nicolás de Bátiz; el poderoso consultor del Señorío de Bizkaia, Francisco de Aranguren y Sobrado; Nicolás Ventura de Eguía, de una de las principales familias mayorazgas de las merindades de Zornotza y Durango; José Joaquín Loizaga, o el insigne autor ilustrado José Agustín Ibáñez de la Rentería.

Este control de las instituciones vizcaínas se complementaba con el acercamiento a la Corona. El apoyo conseguido en el entorno del monarca debía contribuir al desplazamiento definitivo de los grupos de poder que se oponían a su partido. En cierta manera, puede decirse que Zamácola fue una de las cabezas de la nueva clientela que Manuel Godoy tuvo en las Provincias Vascas. Como símbolo de su ascenso político, no deja de ser significativa la construcción de una casa o palacio en Dima, o la promoción de una escuela en esa misma localidad. Parece, además, que consiguió aumentar sus posesiones de forma considerable, pues si en 1795 figuraba como dueño de seis caseríos y varios montes, en 1799 contaba con tres caseríos más y había adquirido más porciones de monte, patrimonio cuya gestión combinaba con un claro interés en la industria del hierro.

El grupo que lideraba consiguió controlar las instituciones provinciales para plantear, desde dentro, una transformación por la que el sistema foral sería capaz de afrontar los nuevos tiempos que el choque con la Revolución francesa y las exigencias de la Corona para financiar su pugna imperial habían abierto. En efecto, la guerra contra la Convención tuvo como consecuencia la generación de una enorme deuda y la demostración de la insuficiencia del sistema de defensa foral para hacer frente a la guerra moderna. En este contexto, el partido zamacolista defendió el aumento de los impuestos directos sobre las rentas generadas por la propiedad urbana y los beneficios mercantiles, lo que ocasionó la oposición de los grupos que anteriormente habían dominado el país, y, en particular, de las élites con base en Bilbao.

En otro orden de cosas, para la implementación de las reformas necesarias a la actualización del sistema foral, durante el periodo de hegemonía del partido zamacolista se completó la articulación política de Bizkaia (con la incorporación definitiva de las Encartaciones y el aumento de la representación de la merindad de Durango en Juntas Generales), se creó un aparato coercitivo para garantizar el orden público, concretado en el reglamento para la persecución de malhechores de 1799 y se fue reforzando el rol ejecutivo de la Diputación sobre el conglomerado de poderes más o menos autónomos que conformaban el Señorío.

En este contexto ha de enmarcarse el proyecto de nueva ciudad portuaria en la anteiglesia de Abando, que, puesto bajo la única autoridad de las instituciones provinciales, atacaba directamente los intereses del Consulado y Villa de Bilbao, y prometía extender los beneficios del comercio al conjunto de Biz-kaia. Con este proyecto, se venía a consolidar la evolución administrativa de los últimos años. Fue aprobado por las Juntas Generales en 1801, y se en cargó de su gestión una comisión formada por el núcleo duro del partido zamacolista (José Joaquín Loizaga, Nicolás Ventura de Eguía, José Agustín Ibáñez de la Rentería, el mismo Zamácola, y Francisco de Aranguren y Sobrado). No era la primera vez que se proponía una idea similar: ya en 1792, José Ramón Aldama, partidario de Zamácola, propuso llevarlo a cabo en Mundaka, pero las circunstancias de los años siguientes interrumpieron el proyecto. En los inicios del siglo xix, en cambio, sus promotores contaban con una hegemonía clara en las instituciones provinciales y con la aprobación de la Corona —significativamente, el proyecto acabó recibiendo el nombre de Puerto de la Paz por la protección que le dispensó Manuel Godoy, a la sazón príncipe de la Paz—.

Que el nuevo puerto estaba en el centro de una reestructuración profunda de la foralidad lo demuestra el que, al mismo tiempo de su aprobación, las Juntas Generales emprendieran proyectos paralelos como la articulación viaria de -Bizkaia o un plan de servicios militares que solucionara el problema de la defensa del país. Este plan estuvo, precisamente, en el origen del declive del partido zamacolista. En efecto, en agosto de 1804, poco después de haberse aprobado, estalló un motín que se fue extendiendo por el entorno de Bilbao, en protesta por una medida que se consideraba netamente antiforal, y que demostraba la oposición que el partido había ido gestando. La represión de la revuelta fue aprovechada por la Corona para intervenir algunos aspectos del sistema foral, que de hecho suponían su suspensión parcial. En este contexto, Simón Bernardo de Zamácola pretendió recuperar su prestigio erigiéndose en defensor del país en la Corte, pero definitivamente había perdido el favor regio. En 1806, después de un encuentro con Manuel Godoy, que al parecer fue extremadamente desagradable por el desprecio al que le sometió, sufrió un desequilibrio mental del que no se recuperó.

Obras

«Discurso-exposición de… ante la Junta General de Guernica», en Villabaso, C., La cuestión del Puerto de la Paz y la Zamacolada, Bilbao: Juan E. Delmas, 1887, -reimpr. facsímil Bilbao: Amigos del Libro Vasco, 1985.

Bibliografía

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Egibar Urrutia, L., Representación y representatividad en las instituciones de gobierno del Señorío de Bizkaia en el siglo xix, Donostia-San Sebastián: Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 2009.

Gracia Cárcamo, J., «Simón Bernardo de Zamácola», Agirreazkuenaga, J. (dir.), Diccionario biográfico de los Diputados Generales, burócratas y patricios de Bizkaia, Bilbao: Bizkaiko Batzar Nagusiak/Juntas Generales de Bizkaia, 1995, pp. 503-509.

— «Simón Bernardo de Zamácola Ocerín», Diccionario Biográfico Español. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/6374/simon-bernardo-de-zamacola-ocerin (consultado el 19 de septiembre de 2019).

Guezala, L., Bizkaia por sus fueros. La Zamakolada (1804), Bilbao: Diputación Foral de Bizkaia, 2003.

López Atxurra, R., La administración fiscal del Señorío de Vizcaya (1630-1804), Bilbao: Diputación Foral de Bizkaia; Instituto de Derecho Histórico de Euskal Herria, 1999.

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Zamácola Jáuregui, J. D., Vida de Monseñor Manuel Abad Illana, obispo de Arequipa, 1793, Benito Rodríguez, J. A. (ed.), Arequipa: UNSA, 1997 [1793].

Fuentes: 

Archivo Foral de Bizkaia, Familias, Longa, 2914/1/4. Cartas de Isabel Parreño a Mateo de Larrea sobre la administración del patronato de Dima.

— Judicial, JCR4075/5. Proceso contra varias personas de la Diputación de Bizkaia, pidiendo su desagravio por habérseles negado pronunciarse en las Juntas Generales de Guernica sobre las cuentas presentadas por el tesorero general del Señorío.

— Judicial, JCR923/11. Causa criminal de José Ramón Aldama, Simón Bernardo Zamácola, escribano, y Francisco de Aranguren y Sobrado, consultor perpetuo de Vizcaya, contra Ildefonso Bengoechea, abogado y vecino de Bilbao, por injurias.

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