Cargos y oficios
Militar, escritor, filólogo e historiador
Trayectoria
Hijo de José Manuel de Yrízar y Zavala y de Marina Margarita de Moya y Jáuregui Oruesagasti, fue bautizado como Joaquín Miguel Félix Martín de Aguirre de Yrízar y Moya. Pertenecía por ambas líneas a familias bergaresas de notables y acaudalados hacendados. Los Irizar eran originarios de Gabiria pero estaban arraigados en Bergara desde finales del siglo xvii. Se casó en 1827 con la acomodada propietaria, Casilda de Ubillos, con la que tuvo ocho hijos. Uno de ellos, Pedro, fue un conocido jurista y político oscilante entre el carlismo y el liberalismo-fuerista.
Como muchos de los de su clase optó por la profesión de militar, llegando a ser teniente coronel de artillería. Sirvió entre 1813 y 1827 en Mallorca y como profesor en el Real Colegio de Artillería (Academia Militar) de Segovia. Sin embargo se retiró joven, a los treinta y cuatro años, volviendo a Bergara e iniciando una también muy corta carrera política, siendo alcalde de Bergara y diputado general de Gipuzkoa, ese mismo año de 1827. Estaba considerado como uno de los notables de la villa, y así, su casa-palacio fue escenario de varios acontecimientos importantes: por una parte, sirvió de alojamiento en sus visitas a Bergara a Fernando VII y María Teresa Amalia (en 1828), Carlos María de Borbón y María Teresa de Braganza, así como al conde de Montemolín, pero también al general Espartero y en ella se firmó en 1839 el «Convenio de Bergara» que dio fin a la guerra civil. De su ideología conservadora y tradicionalista es exponente el hecho de que dedicó a Zumalacárregui su libro De l’eusquere et de ses erdères…, además del sobrenombre que eligió, «le Vieux de Vergara», que correspondía al de un antepasado suyo que había luchado en la guerra de Granada. Ahora bien, él siempre procuró mostrar una cierta independencia política evitando cualquier alineamiento concreto. Cuando estalló la Guerra Carlista en 1833 la vida se le hizo muy incómoda en Bergara y marchó a vivir a Francia, obteniendo una cátedra de euskera en París. Allí elaboró y publicó su obra más interesante sobre «la lengua vasca y sus derivadas».
Julio de Urquijo calificó muy amablemente la obra de Yrízar de «desconcertante». Él se consideraba a sí mismo un Antiquaire, es decir, un estudioso de cosas antiguas como la lengua vasca, y en este sentido podría considerársele filólogo e historiador. El objetivo de su obra, sin embargo, no era lingüístico ni historiográfico, sino de defensa y exaltación de la religión. Su método, por tanto, está muy alejado de los criterios científicos. Juan Valera le descalificó totalmente con asertos como: «Estas y otras hipótesis solo pueden servir de pasatiempo y de burla a los espíritus rectos». Básicamente, Irizar defendía que el euskera había sido la lengua hablada por Adán y Eva en el Paraíso y, por tanto, era junto con la hebrea de las más antiguas del mundo y a través de las cuales se podían deducir etimológicamente las demás, pero por otra parte era enormemente pesimista en cuanto a su futuro augurándole una pronta muerte, por lo que exigía, eso sí, que había que estudiarla antes que desapareciera, honrarla y levantarle un monumento. En cuanto al resto de su obra, dos consideraciones: por una parte, que la lectura de sus títulos la califican suficientemente y por otra que a pesar de tratar temas tan distantes de la lingüística como el Puerto de Pasaia, Irizar siempre aprovechaba para incluir largos capítulos dedicados al euskera, que en el fondo era su pasión y la explicación de todo lo demás.
Obras
. De l’eusquere et de ses erdères, ou de la langue basque et de ses dérivées; par Yrizar y Moya, lieutenant d’artillerie licencié, ex-professeur dudit corpe a Ségovie, Paris: Librairie de Poussielgue-Rusand, 1841-1846, 5 vols.
Études d’un Antiquaire pour la défense de Dieu, de la Religion et du Pape, par Joaquin de Irizar, Paris: Victor Palmé, 1862-1866, 4 vols.
Memoria sobre lo absurdo del Sistema Métrico Decimal, San Sebastián: Imprenta de Ignacio Ramón Baroja, 1869-1870, 2 vols.
Examen del discurso que el Sr. D. Juan Valera leyó en la Academia española el día 28 de noviembre de 1869 con motivo de la recepción pública del Sr. D. Francisco de Paula Canalejas, Madrid: Imprenta de A. Gómez Fuentenebro, 1871.
Sobre el matrimonio civil. A las Cortes y a los mil otros que harán bien en leerme: Odium Christi, por Joaquín de Irizar, Madrid: [s. n.], 1871.
Del puerto de Pasajes y de sus obras, Madrid: Imprenta de A. Gómez Fuentenebro, 1872.
Bibliografía
Garriga, G., «Joaquín Irizar y Moya ou le vieux de Vergara», Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, 3 (1952), pp. 105-113.
Madariaga Orbea, J., anthology of Apologists and Detractors of the Basque Language, Reno: University of Nevada, 2006, pp. 563-570 (edición castellana, 2008, pp. 544-549).
Urquijo, J., «Sobre algunos escritos de D. Joaquín de Irizar y Moya», Revista Internacional de los Estudios Vascos, 13 (1922), pp. 99-101





