Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

VILLASANTE KORTABITARTE, Luis (Luis Villasante Cortabitarte) (Gernika-Lumo, Bizkaia, 22 de marzo de 1920 – Santuario de Arantzazu, Oñati, Gipuzkoa, 2 de diciembre de 2000)

Cargos y oficios

Teólogo y filólogo; académico de número y presidente de Euskaltzaindia; franciscano.

Trayectoria


Nació en Gernika-Lumo el 22 de marzo de 1920 en el barrio de Rentería, a la entrada de la localidad. Aunque en aquella época el barrio formaba legalmente parte del municipio de Ajangiz, él siempre se tuvo por guerniqués. Su padre era natural de Cadagua de Mena (Burgos), limítrofe con Bizkaia, y su madre de Aulestia. No era una familia adinerada, pero tampoco pobre, ya que su padre era rentista, y no guardia civil, como difundieron algunos con malévola intención durante los años más enconados de la implantación del euskera batua. Perdió a su madre a los seis años, y recién cumplidos los once lo ingresaron en el seminario que los franciscanos tenían en el barrio oñatiarra de Arantzazu. Fue probablemente el momento más decisivo de su vida, puesto que jamás, desde aquel momento, abandonaría la orden franciscana; de hecho, incluso falleció en Arantzazu, tras pasar allí la mayor parte de su vida. Villasante fue, ante todo, fraile franciscano, y toda su vida estuvo estrechamente ligada al santuario de Arantzazu.

Siguiendo el proceso de estudios habitual, mantenido durante décadas por los franciscanos, hasta los catorce años estudió en el colegio de Arantzazu (1931-1934), para luego continuar en Forua (1935-1936), cuando el fin de curso coincidió con el inicio de la Guerra Civil. El día del bombardeo de Gernika (26 de abril de 1937) se encontraba en casa con su padre, y el hecho le causó un profundo trauma que lo marcaría para siempre: quienes le conocimos en sus últimos años recibimos la estricta orden de no comentarle nada acerca de aquel acontecimiento, porque se agitaba y sentía una enorme angustia. De hecho, sufrió una enfermedad mental asociada a la vejez (alzhéimer) que condicionó totalmente sus últimos años.

A pesar de haber estallado la guerra, a finales de julio de 1936 se presentó en el convento de Zarautz con la intención de reanudar sus estudios, pero de inmediato fue enviado a casa. Volvió a Zarautz a finales de mayo de 1937 y tomó los hábitos, y tras un año de noviciado pronunció la profesión simple el 31 de mayo de 1938. En agosto fue enviado a Burgos para prestar el servicio militar (1938-1939). Finalizada la guerra, en 1939, continuó el proceso de aprendizaje ordinario de los franciscanos en el seminario de Olite/Erriberri (1939-1942) y en Arantzazu (1942-1943). Al parecer, era un buen estudiante y continuó el proceso de aprendizaje hasta el último curso: se licenció en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (1944-1947), y ese mismo año fue nombrado profesor de Teología en el seminario de Arantzazu. Pero no por ello interrumpió sus estudios, ya que en 1951 alcanzó, también en Comillas, el doctorado en Teología con la tesis La sierva de Dios M. Angeles Sorazu, concepcionista franciscana. En 1945 se ordenó sacerdote y cantó su primera misa en Aulestia, pueblo natal de su madre. Su principal función en el seno de la Orden fue durante treinta años la de impartir clases en el seminario de Arantzazu (1947-1978): además de teología, enseñaba euskera a los seminaristas.

La vida de Villasante, sin embargo, está estrechamente ligada no solo a la orden franciscana, sino también a una segunda entidad, de la que fue dirigente y máximo representante durante años, así como volcado partícipe: Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca. En una época harto difícil para el euskera, fue primeramente nombrado académico correspondiente (el 23 de febrero de 1951), y posteriormente académico numerario (el 25 de septiembre del mismo año). Su sapiencia y su vasquismo eran ya conocidos y encomiados, pero su pacífico y equilibrado carácter, alejado de todo entresijo político, fue también una condición indispensable para que en aquella oscura época pudiera dedicarse a una sociedad vasquista. Aquella sobresaliente cualidad, que el académico Andolin Eguzkitza definió como candidez en su discurso de ingreso, sería la clave principal de su carácter y de su éxito, tanto en la primera como en las posteriores designaciones. El 29 de julio de 1970 fue elegido presidente de Euskaltzaindia, cargo que ocuparía durante dieciocho años, hasta el 30 de diciembre de 1988. También esa vez le tocó vivir situaciones dramáticas: por un lado, los años setenta-ochenta fueron especialmente convulsos en Euskal Herria, condicionados por el auge del nacionalismo de izquierdas y la acción armada de ETA; por otro, el choque generacional dentro de Euskaltzaindia y, con él, la feroz lucha entre las diferentes estrategias para abordar la cuestión del euskera batua, que agitaron sin descanso el fantasma de una verdadera división. Villasante actuó como un auténtico líder durante dos largas décadas, y el resultado final salta a la vista: sus propuestas sobre el euskera batua se impusieron tanto en el seno de la institución como en la sociedad vasca, y Euskaltzaindia se labró un prestigio jamás visto anteriormente. Es más, aquel ente marginal e incierto del franquismo se convirtió en la institución suprema del euskera, por ley y por naturaleza, tanto ante los poderes públicos como ante los ojos de la sociedad. Es, sin duda, el principal logro de Villasante en el transcurso de su vida.

No se dedicó en solitario a esa labor: por una parte, en sus escritos es constante y notoria la presencia de Koldo Mitxelena, especialmente en aquellas cuestiones relacionadas directamente con la lingüística; pero, por otro lado, Villasante mostró siempre una sensibilidad especial para escuchar a los jóvenes (como se decía entonces) y recoger los criterios y aspiraciones de aquellos entre las aspiraciones de Euskaltzaindia, ya que eran, con diferencia, la principal fuerza social a favor del euskera en la sociedad. En consecuencia, en lo tocante al euskera batua, es más correcto y equilibrado hablar del trío Txillardegi, Mitxelena y Villasante, cada uno con su ámbito de liderazgo primordial: al primero, que era quien más influjo tenía entre los sectores más dinámicos del movimiento vasquista, le correspondería la sociedad; en el campo de la lingüística, por el contrario, nadie cuestionaba el magisterio de Mitxelena, como ya hemos indicado; pero la autoridad de Villasante respecto a la institución que debía dirigir el euskera batua, Euskaltzaindia, con la compleja gestión de equilibrios y relaciones institucionales que ello conlleva, resulta evidente. Así se puede resumir un proceso particularmente complicado que se prolongaría durante dos décadas.

En 1988, una vez alcanzados esos objetivos primordiales, abandonó el cargo de presidente de Euskaltzaindia y se retiró a Arantzazu para dar continuidad a su vida monacal. Es evidente que, de haberlo querido, hubiera seguido al frente de la institución hasta su muerte, pero él mismo pidió a quienes se prestaban a votarle que otorgaran su apoyo a J. Haritschelhar. Aquel mismo año publicó el libro Euskararen auziaz, en el que se recoge mejor que en ninguna otra parte su pensamiento en relación con el euskera. Se trata de un libro de importancia capital para cualquier persona que desee entender la reactivación social del euskera a partir de 1960. Sus ideas sobre el euskera se pueden resumir así:

«La lengua es el bien de un pueblo, el patrimonio de todos y todas. Por tanto, nadie debe apropiarse de ella de un modo exclusivo, como si fuera de su propiedad. El lenguaje descansa sobre opciones y concepciones particulares. En un pueblo donde hay pluralismo, el euskera no puede asociarse a un particularismo. Quien realmente ama el euskera debe esforzarse por no apropiarse de lo que es de todos y todas; no debería ofuscarse en ello. Desgraciadamente, me temo que esa ceguera se ha extendido en demasía entre nosotros» (Euskararen auziaz, pp. 56-57).

Su obra escrita es amplia y variada, pero puede agruparse en torno a dos grandes ejes: la religión, por un lado; el euskera, por otro. En ambos casos cultivó diversas facetas y con estilos muy diferentes, según el hipotético destinatario: la investigación académica, la elaboración de textos de enseñanza a todos los niveles, y la divulgación, tanto para lectores capacitados como para la ciudadanía de a pie. Los comentaremos a grandes rasgos.

El eje de la vida de Villasante fue la fe cristiana, y le gustaba decir que escribió sus obras más importantes en ese ámbito, aunque a la postre hayan tenido una difusión mucho menor que las relacionadas con el euskera. No cabe duda de que es ahí donde debemos buscar las principales claves de su pensamiento; en primer lugar, en la tesis que dedicó a la monja Ángeles Sorazu y en los diversos trabajos referidos a su entorno, en castellano y euskera. Aquella monja vasca, que pasó su vida en un convento de Valladolid, era a la vez una mística religiosa y una avezada gestora, un poco al estilo de Santa Teresa de Ávila, aunque no alcanzara su nivel, por supuesto. Para Villasante fue un modelo real, tanto en la fe como en la vida ordinaria. No era su modelo exclusivo, entre otras cuestiones porque siempre tenía muy presentes a San Francisco de Asís y a Santa Clara, pero parece que eran las personas de ese tipo las que resonaban en el corazón y en la mente de nuestro fraile gernikarra: gente humilde que encabezaba colectivos, que no se sentía conmovida por las grandezas del mundo, y que, en cumplimiento de su modesta ocupación, vivía contenta entre la ciudadanía más desfavorecida, trabajando, en paz.

Al propio tiempo, siempre se tomó muy serio la labor que desempeñaba como profesor de Teología. A ese ámbito corresponden, al margen de la tesis, sus tres primeros libros, escritos en latín destinados a los seminaristas (Theses Theologae Fundamentalis, I-II-III, 1949-1952). Diez años más tarde, decidió abordar cuestiones similares para un público idéntico, pero en euskera. Es este un punto particularmente significativo: es uno de los primeros que decide y, en cierta medida, lleva a efecto el conocimiento universitario en euskera, escribiendo un total de cuatro libros; dos en la década de 1960 (Kristau Fedearen Sustraiak: I. Jainkoa, 1962; II. Jesukristo, 1969), y dos más en la de 1980 [Kristau fedearen sustraiak: III. Eliza, 1984, y Kristau fedea (Teologi-­saileko azalpena), 1986]. Existe una notable diferencia entre ambos bloques: en el primero es notorio el eco de la revista Jakin, nacida años atrás en el propio seminario de Arantzazu de la mano de algunos de sus alumnos, porque, junto a la decisión de publicar en euskera, se atisba un intento de acercarse a las inquietudes de los jóvenes teólogos: eran los años del Concilio Vaticano II. Sin embargo, veinte años después, son también muy evidentes el desencanto y el distanciamiento con el Concilio, así como con el modelo eclesiástico que sus antiguos alumnos impulsaban. Este hecho, que precisaría de una explicación más extensa, ilustra perfectamente el desarrollo de un capítulo de la cultura vasca, y también del propio Villasante: como teólogo era totalmente tradicionalista, un neotomista clásico, pero muy liberal en su talante personal, lo que hacía fáciles las relaciones amistosas con cualquiera, y con una clara tendencia a la tolerancia. Destaca, por ejemplo, la estrecha relación personal que mantuvo con el ateo declarado Federico Krutwig y la pesadumbre que sintió a su muerte. El difunto Joan Mari Torrealdai me habló en reiteradas ocasiones, con admiración, del misterio de Villasante, tan tradicionalista en la doctrina y tan moderno en sus relaciones. A más de uno he escuchado observaciones similares.

En cuanto al euskera, mencionaríamos tres facetas: la relativa al desarrollo social del euskera, la lingüística y la literatura. Por lo que respecta a la primera, ya hemos hablado del libro Euskararen auziaz (1988), y ahora me gustaría añadir que, más que plasmadas en los libros, se trata de ideas desarrolladas en charlas, ponencias, presentaciones y similares como presidente de Euskaltzaindia, y más que teorizadas, llevadas a la práctica a través de su acción personal. En lingüística escribió principalmente en castellano, especialmente los ocho volúmenes de la serie «Luis Eleizalde»: Hacia la lengua literaria común (1970), La declinación del vasco literario común (1972), Palabras vascas compuestas y derivadas (1974), Sintaxis de la oración compuesta (1976), Estudios de sintaxis vasca (1978), Sintaxis de la oración simple (1980), La H en la ortografía vasca (1980), La oración causal en vasco (1986). Es bien sabido que en ese campo reconoció siempre el magisterio de Koldo Mitxelena, y que antes de publicar sus libros se los remitía para que los supervisara, pero no cabe duda de que el de Errenteria acogía siempre con mucho respeto las opiniones del gernikarra. Entre sus ideas sobre el euskera, sin embargo, hay una que merece ser especialmente resaltada: como en cualquier otro idioma, la clave está en la lectura e investigación de los autores clásicos. Por tal motivo, publicó textos de varios clásicos: a la cabeza de todos, Axular, a quien dedicó varios libros y obras; pero también Lapeyre, el catecismo de Lavieuxville, Mogel o Mateo Zabala, entre otros. Sin olvidar que, junto a los clásicos, apreciaba enormemente el rico lenguaje de humildes euskaldunes monolingües, de cualquier extracción, como muestra del buen euskera. En ese sentido, resultan significativos los dos libros (1961, 1965) que dedicó al bertsolari Graziano Anduaga, residente en Gatzaga, cerca del santuario de Arantzazu. Es asimismo conocido que recurría a él con frecuencia, por ejemplo, para comprobar y contrastar consultas y dudas que le formulaba Mitxelena.

Pero el libro más conocido de Villasante es, sin duda, Historia de la literatura vasca (1961, 1979). Al igual que en la teología, tampoco en esto resulta innovador, sino todo lo contrario: es de lo más tradicional. Se trata de una lista cronológica de autores con la vida de cada uno y una recopilación sistemática de obras escritas y de críticas recibidas, y nada más. Pero es tan rica, precisa y legible, que sigue siendo un manual básico para quien quiera saber algo de literatura vasca: a pesar de los sesenta años transcurridos desde su publicación, de ninguna manera se puede decir que haya quedado obsoleta.

Además de las obras que escribió para la comunidad investigadora o para vascoparlantes cultos, redactó otros muchos escritos para estudiantes jóvenes o para la ciudadanía de a pie; especialmente los cientos de artículos que publicaba en la revista Arantzazu de los franciscanos, e incluso algunos libros. En efecto, como ya hemos señalado anteriormente, el fraile gernikarra tenía muy presente a qué clase de lectorado se dirigía en cada ocasión.

En resumen, la vida y las obras de Villasante se desarrollaron en dos líneas: la religión (Arantzazu) y el euskera (Euskaltzaindia). Su aportación más destacada es, probablemente, la consolidación del euskera batua, que efectuó principalmente como presidente de Euskaltzaindia, pero nos legó, además, una amplia colección de obras. Aunque en la mayoría de los campos las investigaciones modernas o la mutación de los intereses intelectuales hayan empujado sus aportaciones hacia la periferia, hay al menos dos obras que siguen teniendo plena actualidad y que se consultan con frecuencia: Historia de la literatura vasca (1961, 1979) y Euskararen auziaz (1988).


Obras

Euskaltzaindia ha recogido, digitalizado y colgado en su web la bibliografía exhaustiva de Luis Villasante; se recogen en total 929 ítems, entre ellos, 41 libros, 106 capítulos de libros o prólogos, 763 artículos y 13 ediciones de libros. En este listado solo se recogen los libros.

Theses Theologiae Fundamentalis, Oñati: Collegium Theologicum de Aranzazu, 1949-1952, 3 vols.

La Sierva de Dios M. Angeles Sorazu. Concepcionista Franciscana (1873­-1921). Estudio místico de su vida, Oñati; Bilbo: Ediciones de PP. Franciscanos; Desclée de Brouwer, 1950-1951, 2 vols.

VIANNEY, J.-M., Goi­-Argi. Ars­-ko Erretore Santuaren Erakusaldiak, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1955. Traducción de Luis Villasante.

Con ITURRIA, C., y ZABALGOGEASCOA, A., Paradigmas de la conjugación vasca (Dialectos Guipuzcoano y Vizcaíno), Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1955.

Euskal gramatika llabur eta idazleen pusketa autatuak (Arantzazu­ko Aztetxeko Irugarren Kursokoentzat), [s. l.] [s. n.], 1956.

Kristiñau Ikasbidea. Lenengo mallea, Bilbo: Gráficas Ellacuría [1957]. Traducción de Luis Villasante y Gabirel Manterola.

ARRADOY, P., Kataliñen gogoetak, Oñati: Arantzazu Irarkola, 1958. Adaptación dialectal de Luis Villasante.

«Nere izena zan Plorentxi». Angeles Sorazuren bizitza, Zarautz: Itxaropena, 1961.

Historia de la literatura vasca, Bilbo: Sendo, 1961. Reed. Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1979.

Con LASA, J. I., San Martín de la Ascensión. Bosquejo biográfico y semblanza espiritual. Mis puntos de vista en torno a un viejo pleito, Beasain: Imprenta F. Ezquiaga, 1962.

Kristau Fedearen Sustraiak, Oñati; Donostia: Jakin; Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1962-1984, 3 vols.

(ed.), AXULAR, P. de, Gero (Después), Barcelona: Juan Flors, 1964. Reed. Oñati: Jakin, 1976.

Santa María de Aránzazu. Patrona de la Provincia, Donostia: Publicaciones Vardulia, 1964.

LARZABAL, P., Senpere­n gertatua. Lapurdiko eta Gipuzkoako euskeraz, Tolosa: Auspoa, 1964. Adaptación dialectal de Luis Villasante.

Hacia la Lengua Literaria común, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1970.

Axular. Mendea. Gizona. Liburua, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1972.

La declinación del vasco literario común, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1972.

Axular­en Hiztegia. Euskara­-Español-­Français. Español­-Euskara. Français­-Euskara, Oñati: Jakin, 1973.

Palabras vascas compuestas y derivadas, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1974.

Sintaxis de la oración compuesta, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1976.

Sobre la Real Academia de la Lengua Vasca ­ Euskaltzaindia, Madrid: Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia, 1976.

Con ZURUTUZA, J. L. (eds.), Anai Frantzisko. Arreba Klara. Idazkiak, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1977.

Estudios de sintaxis vasca, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1978.

La H en la ortografía vasca, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1980. 

Sintaxis de la oración simple, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1980.

M. Angeles Sorazu. Un mensaje para tiempos difíciles, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1981.

Euskara [Gasteiz; Bilbo]: Eusko Jaurlaritza; Euskaltzaindia [1984].

Kristau fedea (Teologi-­saileko azalpena), Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1986.

La oración causal en vasco, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1986.

Euskararen auziaz, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1988.

Angeles Sorazu, bizia eta mezua, Donostia: Erein, 1990.

Santa Maria de Arantzazu. Patrona de Gipuzkoa, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1991.

El camino cristiano según Angeles Sorazu, Madrid: ABL; Conferencia de Ministros Provinciales de España (CONFRES), 1994.

Nazareteko Jesusi buruz gogarteak, Bilbo: Mensajero, 1998.

Bibliografía

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PÉREZ GAZTELU, E., Luis Villasante Kortabitarte (1920-­2000), Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 2000.

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VILLASANTE, L., «Gernikako udaletxean», Euskera, 37 (1992), pp. 707-713.

ZABALA, P., «Aita Luis Villasante (1920-1980)», Vidas memorables = Bizitza oroigarriak, Arantzazu: Ediciones Franciscanas, 2009, pp. 371-416.

ZURUTUZA, J. L., «Aita Luis Villasante eta Arantzazu», Hegats, 31 (2001), pp. 33-74.


Fuentes. EUSKALTZAINDIA, Luis Villasanteren idazlanak. Ed. en línea: https://www.euskaltzaindia.eus/index.php?option=com_villasante&Itemid=733&view=frontpage&lang=eu&layout=sarrera (consultado el 27 de mayo de 2022).

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