Cargos y oficios
Copista, miniaturista, escriba y abad del monasterio de San Martín de Albelda en tiempos del reino de Pamplona.
Trayectoria
Copista encargado de dirigir y realizar junto a otros escribas e iluminadores el conocido como Códice Vigilano o Albeldense. Se desconoce buena parte de su vida, aunque algunos autores refieren que falleció hacia el año 988, cuando fue nombrado como su sustituto en el cargo de abad de Albelda el monje García.
Vigila ha sido reconocido como el scriptor del documento fechado en el año 950 por el cual el abad Adica y los monjes del monasterio de San Prudencio de Monte Laturce entregaron sus personas y posesiones al abad Dulquito de San Martín de Albelda. Su función como escriba encargado de redactar documentos está atestiguada por este pergamino y otros de los que no se tiene constancia plena sobre su autoría, pero se sospecha.
El punto culminante de la labor de Vigila será la creación del denominado como Codex Conciliorum Albeldensis, más bien conocido por el nombre de Códice Vigilano (en honor a su autor) o Albeldense. La magna obra debió de comenzarse en el año 974 (fol. 72r.) y no se finalizó hasta el 976 (fol. 428 v.°). Para su confección Vigila debió de contar con un equipo de copistas y miniaturistas que siguieron el programa dictado por él. Aunque desconocemos cuántos eran, algunos de los nombres de estos colaboradores quedaron registrados para la posteridad en el último folio miniado del códice.
Se trata de una obra extensa de 429 folios de tamaño considerable (455 x 325 mm), profusamente miniada (82 miniaturas) y escrita a dos columnas en letra visigótica redonda. Vigila debió de partir de algún códice anterior del que pudo copiar la mayoría del programa que incluyó en su obra. Muy posiblemente, dicho texto provino de tierras leonesas o castellanas (a este respecto, no se puede olvidar la vinculación de Albelda con el cenobio de San Esteban de Car- deña). En la actualidad el códice se conserva en la biblioteca del Monasterio del Escorial (Códice núm. 976).
Entre los elementos más destacables de su labor como copista e incluidos en el códice destacan diversos poemas figurativos, un calendario mozárabe, una secuencia del 1 al 9 en numerales árabes (por vez primera en la península ibérica y posiblemente en Europa), la Colección Canónica Hispana (compilación de las actas de los concilios hispanos de la iglesia visigoda), los cánones de un buen número de concilios generales y de otras naciones, cánones y decretales de los papas hasta san Gregorio Magno, la Crónica Albeldense, una breve Vida de Mahoma y el Liber Iudiciorum (código promulgado en el año 654 durante el reinado de Recesvinto), conocido a partir del siglo xiii como Fuero Juzgo.
Otra cuestión de importancia es el hecho de que Vigila tal vez fuese también el miniaturista del códice. A este respecto, resulta cuando menos llamativo que su autorretrato aparezca dos veces (al comienzo y al final del libro). En el primer caso (fol. xxiiiiv) se trata de una representación en su papel de scriptor, con el calamus o pluma de caña en la mano, en una curiosa miniatura donde el texto se ha tenido que adaptar al propio dibujo.
En el segundo caso, Vigila aparece casi al final del códice junto a su socius o colaborador Sarracino y a su discipulus o aprendiz García, en una de las páginas miniadas de mayor importancia para la historia del reino de Pamplona (fol. 428r.). El folio, completamente iluminado, resulta ser una memoria intelectual y política del reino de Pamplona de finales del siglo x. En el mismo se hallan representados, en un retrato coral, tres soberanos visigodos claramente implicados en la confección de la legislación de su reino y que sirven para darle sentido a la presencia de un texto como el del Liber Iudiciorum: Chindasvinto, Recesvinto y Égica. En la segunda fila se encuentran los promotores del códice: el rey de Pamplona en el centro con el cetro regio y la corona-diadema (Sancho Garcés II); a la derecha, compartiendo en parte la dignidad regia, su hermano con una espada y corona (Ramiro Garcés), y a la izquierda la esposa del rey (Urraca Fernández). A este respecto, debe destacarse que el retrato real confeccionado en el Albeldense es el primero y único que se conserva en un códice coetáneo representando a unos monarcas cristianos peninsulares del siglo x. En la última fila vuelve a autorretratarse Vigila junto a sus colaboradores en la confección del códice: Sarracino (socius) y García (discipulus).
De la misma forma que se lee la miniatura en líneas horizontales debe hacerse a través de las columnas verticales. De este modo, podemos observar que en la columna central se encuentran los personajes principales de la representación: Recesvinto, autor del Liber Iudiciorum, Sancho Garcés II, soberano del reino de Pamplona y, por último, el propio Vigila, como autor principal del códice.
Finalmente, Vigila acabaría siendo nombrado abad del monasterio de San Martín de Albelda. Un monasterio que había sido fundado hacia el 924 por el soberano de Pamplona Sancho Garcés I y su esposa Toda, en colaboración con los monjes de San Esteban de Cardeña. San Martín de Albelda se convertiría casi desde sus orígenes en uno de los principales focos culturales del joven reino de Pamplona, tal y como lo demuestra su influencia sobre centros monásticos próximos como San Millán de la Cogolla.
El Códice Vigilano o Albeldense ha sido considerado como una de las demostraciones culturales más representativas de la monarquía pamplonesa del siglo x. Del mismo modo, está considerado como una de las tres piezas básicas de la miniatura hispana y como uno de los códices europeos de mayor relevancia de este periodo. Un verdadero ejemplo del arte miniado mozárabe o prerro- mánico originario del reino de Pamplona, donde por vez primera se representa a un soberano contemporáneo. De igual manera, es una de las pocas ocasiones en las que el autor del códice se autorretrata tanto al inicio como al final del mismo.
El ingente trabajo realizado por Vigila y sus colaboradores permitió incluir en esta magna obra una gran cantidad de textos reflejo de un pasado que pretendía convertirse en la referencia de los reinos cristianos del siglo x. El mero hecho de copiar textos referentes al Derecho civil y canónico de etapas anteriores, especialmente la visigoda, muestra el interés por recuperar ese pasado que se había idealizado y convertido en un fin para aquellos que desde los cenobios pretendían recuperar la Hispania cristiana perdida a manos de los musulmanes. Más allá de estos elementos de marcado carácter político y religioso, también se representaron por primera vez en Europa occidental los numerales indoarábigos, todo un hito dentro de la historia del continente.
De la misma manera que en la factura del códice se pueden entrever influencias castellanas, leonesas, musulmanas e incluso de más allá de los Pirineos, lo cierto es que el propio Códice Albeldense se convertirá en un referente cuyo modelo se propagará principalmente por los distintos cenobios del reino de Pamplona (buen ejemplo de ello es el Códice Emilianense conservado en la biblioteca del Escorial y proveniente del scriptorium de San Millán de la Cogolla).
Vigila de Albelda fue, por tanto, un scriptor del reino de Pamplona que culminó su labor profesional como copista y miniaturista con una magna obra en la que integró tanto elementos documentales del pasado como importantes innovaciones artísticas en el mundo de los códices miniados.
Obras
Códice Vigilano o Albeldense
Bibliografía
Díaz y Díaz, M. C., Libros y librerías en la Rioja altomedieval, Logroño: Diputación Provincial, 1979.
Fernández Flórez, J. A., «Un calígrafo miniaturista del año mil: Vigila de Albelda», Co- dex Aquilarensis. Cuadernos de investigación del Monasterio de Santa María la Real, 16 (2000), pp. 153-180.
Silva y Verástegui, S., «Los primeros retratos reales en la miniatura hispánica medieval. Los monarcas de Pamplona y Viguera», Príncipe de Viana, vol. 41, núms. 160161, pp. 257-262.
— Iconografía del siglo x en el Reino de Pamplona-Nájera, Pamplona: Gobierno de Navarra, 1984.
Cita bibliográfica
Pescador Medrano, A., “Vigila de Albelda», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 152-155.





