Cargos y oficios
Marino de guerra, político, poeta satírico y erudito ilustrado
Trayectoria
Tras estudiar Matemáticas, Humanidades y Lenguas, el 4 de agosto de 1782 ingresó como guardiamarina, el mismo año en que le premió la Real Academia Española su Elogio de Alfonso el Sabio y el mismo año en que participó en el sitio de Gibraltar y luchó en el cabo de Espartel. Estos méritos le valieron ser ascendido a alférez de fragata.
Ingresó en 1786 en la Real Academia de la Historia, para la que escribió las normas directrices del Diccionario Geográfico de España y trabajó en un Diccionario náutico, que no llegó a aparecer. Publicó un Plan de educación para la nobleza en 1786. Trabajó en el observatorio de Cádiz y realizó en 1789, junto a Felipe Bauzá y el marino y matemático Vicente Tofiño, el Atlas marítimo de España, donde se determinaban posiciones astronómicas y aparecían por primera vez derroteros de las costas de España. En 1787 publicó su Descripción de las islas Pithiusas y Baleares. Dos años después, en 1789, ingresó en la Academia de San Fernando.
Como teniente de navío participó, entre 1792 y 1797, en la Guerra de la Convención contra la República Francesa, en la ocupación de Tolón y con diversas comisiones en Italia. En 1797 Jovellanos le nombró miembro de la Junta de Instrucción Pública que elaboró el Reglamento de la Escuela de Pajes. Deseando Godoy alejarle de Madrid, el 15 de abril de 1798 se le ordenó escribir la historia de la Marina española, trabajando para ello en Cataluña y en la región vasconavarra, a donde vino también con otras comisiones. En concreto, la de suministrar al gobierno de Godoy información procedente de los archivos municipales guipuzcoanos para probar la tesis de la conquista de Gipuzkoa en 1200 y de que sus Fueros eran meros privilegios concedidos por los reyes castellanos que se podían tanto otorgar como suprimir. Ello venía en apoyo de la reivindicación navarra de recuperar para sí las poblaciones guipuzcoanas de Fuenterrabía, Irún y Lezo, pues —al decir de Rodrigo Rodríguez Garraza—, «convenía a Godoy minar la mayor resistencia foralista de Guipúzcoa, favoreciendo a Navarra, que se avenía con mayor facilidad a sus objetivos».
Ascendido a capitán de fragata en 1805, en 1807 publicó su Importancia de la historia de la marina española y las biografías de los marinos Pero Niño (1807) y Juan José Navarro (1808). Este último año publicó, además, La instrucción pública, único y seguro medio de la prosperidad del Estado. Tradujo la Historia general de la marina de todos los pueblos de Jean-Baptiste Torchet de Boismêlé y colaboró con el régimen josefino desde la Junta de Instrucción Pública, para la cual redactó un importante Informe, fechado el 3 de octubre de 1810.
Abandonando los intereses franceses, formó parte de la Comisión de Instrucción pública de las Cortes de Cádiz (junto a Martín González de Navas, Eugenio de Tapia, Diego Clemencín, Ramón Gil de la Cuadra y Manuel José Quintana), firmando el Informe Quintana en septiembre de 1813. Fundó, además, el Diario Militar en 1812, y en 1813 publicó en Madrid El peso-duro. Ese año ingresó en la Real Academia de la Historia, de la que fue director en varias ocasiones.
Diputado liberal por Madrid en 1813, la reacción de 1814 le confinó en Sevilla, donde trabajó en el Archivo de Indias, y en Cádiz; en esta última ciudad publicó El Tontorontón y El Varapalo en 1818, y aprovechó para publicar un Estudio sobre la vida y obras de don Alonso de Ercilla. Diputado otra vez en 1820, en dicho año publicó varios dictámenes y Los ilustres haraganes, o Apología razonada de los mayorazgos. Falleció en 1821, dejando numerosas obras inéditas, muchas de las cuales se publicaron tiempo después.
Hombre de gran curiosidad intelectual y capacidad de trabajo, además de su ingente obra intervino en la redacción de nuevas ordenanzas para la Marina y en la reorganización de la Real Academia de la Historia. Trabajó junto a Melchor Gaspar de Jovellanos en temas educativos y frecuentó la amistad de algunos ilustrados como Juan Agustín Ceán Bermúdez, Villanueva, Nicolás de Azara y gente próxima a Goya. Este le retrató en 1805 sin manos, por expreso deseo suyo (al no querer pagar el precio extra que ello suponía). Como poeta satírico, se le deben sus discursos contra el matrimonio y poemas picantes, como Lo que es y lo que será.
Su relación con Vasconia, y especialmente con Gipuzkoa, fue muy estrecha, al visitarlo en dos ocasiones (entre mayo de 1800 y primavera de 1807). El completísimo estudio que Juan Manuel Abascal y Rosario Cebrián han hecho sobre la vinculación de Vargas Ponce a la Real Academia muestra, casi día a día, el recorrido que el mismo hizo en dicho territorio cuando, «deseosos los amigos que tenía en la Secretaría de Marina de que saliese de Cataluña [donde se hallaba] y sabedores de que en Madrid no le quería el valido [Godoy], le propusieron y aceptó pasar a nuestras provincias septentrionales con la comisión de registrar sus archivos y seguir el acopio de documentos para la historia naval», que era el encargo final para el que había sido comisionado por la Real Academia de la Historia.
Para finales de julio de 1800 Vargas Ponce se hallaba ya en San Sebastián, y en septiembre comenzó a inspeccionar sus archivos, deteniéndose en Gipuzkoa hasta 1803, donde visitó 117 archivos municipales, e incluso su Archivo General. Al decir de nuestros autores, «deseando conocer a fondo este país bajo todos los aspectos, no contiene pueblo, ni monte, ni río que no le debiese peculiar examen. Para su geografía, historia y economía política juntó muchos miles de documentos que se comprenden en gruesísimos volúmenes», dando cuenta semestral de sus adquisiciones y de la importancia de los principales documentos, «de suerte que esas partes, unidas como quiera que son raciocinadas, forman un apreciable índice por mayor de su colección diplomática, que hoy pasa de 284 volúmenes en folio, de los cuales, pieza por pieza, tiene un índice muy circunstanciado en otros tantos volúmenes en 8.º». Y en esta tarea, Vargas Ponce realizó una labor fundamental pues, si bien al comienzo de su actividad decidió obrar extractando el contenido de los documentos que le interesaban, pronto cambió su método de trabajo por el de la copia o transcripción exacta y literal de los documentos, ayudado de amanuenses o escribanos locales.
A lo largo de los muchos meses que iban transcurriendo en empleo de su comisión, copiando, en su mayor parte, documentación del siglo xvii «en que podría gloriarse el Ministerio de Marina de tener en su archivo un depósito mucho más precioso de vejeces que ninguno de los demás», Vargas Ponce estrechó relaciones personales con algunos de los intelectuales e historiadores de la época, especialmente con el vasco-iberista Juan Antonio Moguel, el sacerdote renteriano José Ignacio Gamón, el conde de Peñaflorida y la familia Lardizábal.
Para junio de 1802 dejó San Sebastián y se estableció ya en Tolosa, donde copió muchos de los documentos del Archivo Provincial «no sin quebranto de mi pecho y vista». Tras una breve estancia en San Sebastián pasó a Guetaria ya el mes de agosto, donde trabajó hasta septiembre en la copia personal de la documentación de su archivo. Tras otra breve estancia en San Sebastián, pasó a Zumaia y Deba, Zarautz y Mutriku, donde no fueron muchos sus hallazgos.
Pasó de nuevo a San Sebastián a comienzos de noviembre, donde organizó los materiales adquiridos y formó con ellos las series que, en parte, aún se conservan. Estuvo un tiempo trabajando en el archivo de Rentería, deseando concluir la inspección de los documentos de archivos guipuzcoanos con los de Bergara (de julio a septiembre), Eibar, Elgoibar, Orio (en octubre) y Azkoitia, para 1803, consultando un total de 117 archivos, en serio detrimento de su salud. A finales de octubre de 1803 se le autorizó a regresar a Madrid, con intención de continuar su estudio sobre la Historia de la Marina Española, según el plan aprobado por el conde de Aranda hacía ya más de diez años. La última carta de esta su primera estancia en Gipuzkoa la escribió desde Azpeitia el 7 de diciembre de 1803.
Ya en Madrid dio cumplimiento a algunos encargos por parte, especialmente, del Ministerio de Estado, sobre educación de la juventud y erección de seminarios (por la que se dispuso la nueva planta del seminario de Bergara), sobre la propiedad del río Bidasoa (disputada por Francia), y sobre el problema del puerto de Pasajes (alguno de cuyos documentos pasaba de los 13.000 folios). Realizó, además, otros importantes estudios sobre la restauración de Hondarribia, y la importantísima demografía de Gipuzkoa de 1701 a 1800. Otros estudios sobre Juan Sebastián Elcano, Colón o Magallanes ocuparon aún la atención de Vargas Ponce, manteniéndose en directa relación con el archivero del Archivo General de Indias (Sevilla) Cea Bermúdez. Ello, junto con la Dirección de la Real Academia de la Historia, ocuparon a nuestro autor algunos de aquellos años.
Pero mientras iba recibiendo informes y documentos de amigos y corresponsales vascos (con que esperaba redactar una Historia de Gipuzkoa que no pudo culminar) y se iba consolidando su imagen de trabajador incansable y probado intelectual (al ser propuesto como director del nuevo Seminario de Nobles, con la aprobación real), Godoy le sacó de nuevo de Madrid enviándole a Bizkaia y Navarra (por Real Orden de 27 de mayo de 1805) con la excusa de poner en práctica los planes sobre Pasaia que había elevado al rey por vía reservada de Marina.
Partió a ese segundo viaje a tierras vascas el 6 de junio de 1805. Pasó en este viaje mucho tiempo en Hondarribia, donde extrajo mucha, variada e importante documentación. Acudió personalmente a Pasaia para realizar la demarcación de límites con la ciudad de Donostia-San Sebastián, y a fines de agosto se dirigió a Iruña-Pamplona, aunque hubo de parar un par de días en Tolosa a reponer su salud.
Para junio de 1806 estaba ya de vuelta en Hondarribia, donde fijó su residencia y se ocupó de nuevo del tema de Pasaia, que no acababa de solucionarse, volviendo algunas veces a Pamplona. Finalmente, por real orden de 15 de enero de 1807 fue cesado en su comisión (sin haberse sentenciado el contencioso de Pasaia) y partió para Madrid la primera quincena de mayo.
Concluía así su segunda y última estancia en las Provincias Vascas y en Navarra. Pasó, así pues, varios e intensos años de su vida en ellas, pero especialmente en Gipuzkoa. A ella y a su gente dedicó algunas de sus más importantes obras, y en ella se mostró pionero en la ordenación de sus archivos, de donde extrajo y copió muchos de sus principales documentos, que fueron llevados después a Madrid y depositados en la Real Academia de la Historia, junto con buen número de documentos originales.
Sus copias de documentos «son hoy insustituibles por la pérdida de algunos originales», siendo alabada su labor por el cronista de la provincia, Carmelo de Echegaray, al poner de manifiesto «la importancia de sus extractos documentales pese a la subjetividad que aflora en algunos de ellos». Todos esos materiales entregados a la Real Academia de la Historia conforman hoy su Colección Vargas Ponce. De dicho fondo, especialmente importantes para Gipuzkoa, son los tomos 14 (9-4187) y siguientes, al menos hasta el 36 (9-4209), en que, ordenados muchas veces por pueblos, se encuentran materiales de primer orden para el estudio de nuestro pasado histórico guipuzcoano.
Obras
En el vol. 67 de la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra, se halla un catálogo de sus obras impresas y manuscritas. Caben destacar:
Obras escogidas (edición, introd. y notas de Fernando Durán López), Sevilla: Fundación José Manuel Lara (Clásicos Andaluces), 2012.
Entre sus escritos inéditos, los temas que tocan directamente a la historia de Vasconia son: Disertación histórica sobre el río Bidasoa con su plano.
Informe histórico-político de cuanto contiene el puerto de Pasajes, y sus incidencias desde el siglo xiii.
Disertación histórico-legal que prueba el legítimo y no alienado derecho de España a la posesión y pesquería de Terranova.
Vida de Juan Sebastián de Elcano.
Vida de los tres generales Oquendos.
Bibliografía
Abascal, J. R., y Cebrián, R., José Vargas Ponce (1760-1821) en la Real Academia de la Historia, Madrid: Real Academia de la Historia, 2010.
Anes Álvarez de Castrillón, G., José Vargas Ponce. Estudios de vitalidad y mortalidad en Guipúzcoa en el s. xviii, Madrid: Real Academia de la Historia, 1982.
Ayerbe Iribar, M.ª R., El Doctor Camino en la Real Academia de la Historia: El Libro Becerro de San Sebastián (Códice del siglo xv) y el Inventario de papeles del Archivo del Monasterio de San Bartolomé de San Sebastián, Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián, 49 (2016), pp. 653-680.
Durán López, F., José Vargas Ponce, 1760-1821: Ensayo de una bibliografía y crítica de sus obras, Cádiz: Servicio Publicaciones Universidad de Cádiz, 1997.
Rodríguez Garraza, R., «Fuerismo, liberalismo y carlismo en la sociedad vasca (1770-1841)», Euskal Herriaren historiari buruzko biltzarra, vol. 4, Donostia: Txertoa, 1988, pp. 301-330.
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Seoane y Ferrer, R. (marqués de Seoane), Correspondencia epistolar entre don José de Vargas y Ponce, y don Juan Agustín Ceán Bermúdez, durante los años 1803 a 1805, existente en los archivos de la Dirección de Hidrografía y de la Real Academia de la Historia, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2007. Edición digital a partir de la del Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo 47 (1905), pp. 5-60 (con indicaciones sobre las obras de arte que vio en sus visitas a los pueblos guipuzcoanos).
Urrutikoetxea Lizarraga, J. G., «José de Vargas Ponze y Guipúzcoa, precursores de la demografía histórica», Lurralde, 5 (1982), pp. 145-170.
Zapirain Karrika, D., Pasaia 1805-2005. 200 años de unidad. Con el informe de José Vargas Ponce (julio de 1804) transcrito y anotado por Juan Carlos Mora Afán, Pasaia: Ayuntamiento, 2005.
Zufiría, J. de, «Documentos curiosos. Vargas Ponce en Guipúzcoa», Euskalerriaren Alde, 5 (1915), pp. 475-476.





