Cargos y oficios
Empresario, político, consejero del Banco de España, alcalde
de Madrid, senador, padre de la provincia de Álava
Trayectoria
Estanislao de Urquijo nació en el seno de una familia numerosa de origen campesino en un pueblo del noroeste de Álava. Con trece años sus padres lo enviaron a Madrid, a la casa de su tío Antonio Landaluce. Este adolescente aprendió el oficio de vender telas en el mostrador de una tienda situada en la calle Toledo, que era propiedad de su cuñado Martín Francisco Erice, casado con su hermana Cecilia. Tanto su cuñado como su tío, que eran agentes de cambio y bolsa, descubrieron un joven con talento y le enseñaron a moverse en la Bolsa de Madrid.
Estudió las primeras letras en Llodio, adonde se había trasladado la familia, y Comercio en Madrid, donde se labró una reputación en el mundo de la banca y la bolsa vinculado tanto a casas locales como a los intereses de inversores extranjeros como los Rothschild (desde 1835), quienes le enseñaron que el dinero no tenía color político, sirviendo con su caudal a cualquier partido o causa necesitada de apoyo financiero. A partir de este momento, prestó dinero a una clientela en progresivo crecimiento, invirtiendo en viviendas y negocios.
En el primer lustro de la década de 1840 cobró relieve como agente de cambio y bolsa (desde 1843 hasta 1849) para bancas españolas y extranjeras, saliendo ileso de la grave crisis financiera de 1848, que tambaleó negocios inmersos en especulaciones arriesgadas y en sociedades anónimas de poca entidad. En las postrimerías de la década de 1840, aumentaron su caudal y su aureola de pujante agente de cambio y bolsa. En la década de 1850 se dedicó fundamentalmente a operaciones de banca. De este modo postergó la actividad en la Bolsa de Madrid, que abandonó tras el nombramiento de consejero del Banco de España en 1855. Fue fundador de la compañía Ferrocarriles del Mediodía, socio principal de S. A. La Plata y Sociedad Valle de Alcudia, entre otras empresas.
En las décadas de 1860 y 1870, aristócratas con problemas financieros acudieron en busca de dinero y asesoramiento, como el marqués de Salamanca (quebrado en 1875, reportándole al banquero vasco la propiedad de muchos de los edificios del actual «barrio de Salamanca» madrileño), el duque de Osuna, duque de Sesto (para sufragar los gastos de la causa alfonsina y concretamente financió el golpe del 29 de diciembre de 1874 de Martínez Campos en Sagunto). También concedió un préstamo al conde de Peñaflorida, noble terrateniente, que había perdido un tercio del patrimonio. En otro nivel estuvieron los políticos a los que concedía ayudas monetarias, como un crédito de 100.000 pesetas a su gran amigo Emilio Castelar, al ministro Moret y al senador Marfori.
Rechazó diversos cargos políticos y honores a nivel español, aunque aceptó otros, como la concesión del marquesado por parte del rey Amadeo de Saboya el 18 de febrero de 1871, que fue una especie de pago a la concesión de empréstitos a la Hacienda Pública. En 1873, durante la Primera República, el presidente Castelar ofreció a su viejo amigo ocupar la vicepresidencia de la Junta Provincial de Beneficencia de Madrid y este aceptó. Fue alcalde de Madrid en 1883 y senador por la provincia castellana de Ávila (1886-1889). Durante la breve gestión municipal de apenas seis meses (a partir del 11 de marzo de 1883 hasta finales de año) cabe destacar los primeros pasos del parque del Oeste, que fue costeado posteriormente por sus donativos.
En su biografía tienen especial relevancia las relaciones y el cariño que siempre mostró a Álava, su provincia natal, donde ocupó diversos cargos honoríficos, y llegó a ser diputado general de Álava, entre 1871 y 1873, defendiendo el régimen foral vasco durante la Tercera Guerra Carlista. En 1856 fue nombrado tesorero de la Real Congregación de la iglesia de San Ignacio en Madrid, con la misión de socorrer a los pobres de origen vasco. De la mano de su tío Antonio Landaluce había acudido a este lugar de oración y encuentro de los vascos residentes en la capital. Aquí entabló amistad con comerciantes, políticos y personajes importantes vascos. Conforme iba acumulando una importante fortuna, Urquijo invertía una parte de la misma en Llodio. Con el paso de los años se había convertido en un terrateniente con posesiones más allá del valle de Ayala, hasta el punto que en 1870 era el máximo contribuyente rústico de la provincia de Álava.
En 1867, tras haber representado los intereses de Álava de hecho, fue nombrado padre de provincia, cargo consultivo reservado a grandes personalidades de la vida alavesa. Este nombramiento estaba relacionado con su intervención en la compra de deuda pública por parte de la corporación provincial. En 1868 fue elegido comisionado en Corte por las Juntas Generales de Álava. El 20 de noviembre de 1870, estas lo eligieron diputado general, es decir, la primera autoridad de la provincia y piedra angular del régimen foral, cargo que desempeñó hasta el final de la Tercera Guerra Carlista, tras la cual representó a las Vascongadas y a la Junta Liberal Fuerista para recabar la no abolición de los Fueros.
El 4 de septiembre de 1876 pronunció unas palabras como diputado saliente en las Juntas Generales acerca de la reciente Ley de 21 de julio de ese año, que ponía fin al régimen foral y era considerada —según su propia expresión— «la pérdida de nuestras libertades». Apoyaba al diputado alavés, y también padre de provincia, Mateo Benigno Moraza, quien había defendido ardorosamente los Fueros en dos memorables discursos el 13 y 19 de julio anterior. Así pues, de un origen humilde pasó a ser el máximo contribuyente rústico de Álava y el político más representativo en el primer lustro de la década de 1870. Asiste, en calidad de diputado general, a las conferencias de las tres diputaciones celebradas en Bergara y en Vitoria en 1872 y 1876.
En 1882 nació Altos Hornos de Bilbao con sede social en la capital vizcaína, como consecuencia de la unión de las siderurgias propiedad de los Ibarra y los Zubiría. Estos empresarios vascos buscaron capital en el marqués de Urquijo. En la década de 1880, gracias a las innovaciones técnicas y la entrada de capital se elevaron la producción y las exportaciones. En estrecha relación estuvieron los ferrocarriles, que daban salida a la producción siderúrgica. En 1884 se creó la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Portugalete con un capital de dos millones, en la que Urquijo tenía 75 acciones; mientras que en la Compañía del Ferrocarril Amorebieta-Guernica tenía 50.
Personalidad austera, filantrópica y profundamente católica, fue generoso artífice de numerosas obras pedagógicas y sociales en Álava y en Madrid. Concedió fuertes sumas para la construcción y dotación de las escuelas alavesas y madrileñas; dio ayudas a los maestros en activo y a los jubilados y subvenciones administradas por la Junta provincial de Instrucción Pública de Álava. Fundó asilos y hospitales. Financió la mejora y la construcción de iglesias. Concedió ayudas a campesinos y premios a estudiantes. Con todo merecimiento fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica por la fundación de escuelas públicas en Madrid y Álava.
Mantuvo una estrecha amistad con el gobernador civil de Bizkaia, el vascófilo sevillano Miguel Rodríguez Ferrer, autor del libro Los Vascongados, su lengua y el príncipe L. L. Bonaparte, donde figura la dedicatoria a su amigo el marqués de Urquijo. Enriquecido y soltero, llamó a su sobrino Juan Manuel Urquijo Urrutia (Murga, 1843-Madrid, 1914) y se esmeró en transmitir sus conocimientos, pensando en que fuese su sucesor y heredero.
El primer marqués tuvo el mérito incuestionable de hacer un rico patrimonio de la nada, que poco antes de morir rondaba los 50 millones de pesetas, figurando entre los hombres más acaudalados de España. Por consiguiente, se le podría describir como un conspicuo banquero, que logró una fortuna gracias a los ventajosos préstamos concedidos a gobiernos, instituciones y particulares y a la inversión en negocios de diverso tipo. Entre las razones de su exitosa actividad no se puede olvidar el aprendizaje y la experiencia a la sombra de los Rothschild, la prudencia y la confianza mostradas en sus negocios, y el cultivo de las relaciones sociales con las élites política y financiera. Biografía fascinante y novelesca, que concluyó con la dedicación de una calle en Madrid por acuerdo municipal del 8 de marzo de 1889 y una placa conmemorativa dedicada por la Sociedad de Escritores y Artistas en 1890.
Obras
. Castelar, E., El Marqués de Urquijo, Vitoria: Herrán, 1889.
Díaz Hernández, O., En los orígenes de la autonomía vasca: la situación política y administrativa de la Diputación de Álava (1875-1900), Oñati: Instituto Vasco de Administración Pública, 1995.
— Los Marqueses de Urquijo. El apogeo de una saga poderosa y los inicios del Banco Urquijo (1870-1931), Pamplona: Eunsa, 1998.
— «Estanislao Urquijo Landaluce y Juan Manuel Urquijo Urrutia», en Torres, E. (dir), Cien empresarios madrileños, Madrid: LID, 2017, pp. 164-171.
— «Urquijo Landaluce, Estanislao de», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/4480/estanislao-de-urquijo-landaluce (consultado el 28 de octubre de 2019).
Montón, F. J., «La creación de un cacicazgo: el primer Marqués de Urquijo y su relación con Álava (1816-1889)», Historia Contemporánea, 10 (1993), pp. 181-199.
Ortiz de Zárate, R., El Excmo. Sr. D. Estanislao de Urquijo, Vitoria: Manteli, 1871.
Otazu, A. de, Los Rothschild y sus socios en España (1820-1850), Madrid: O. Hs. Ediciones, 1987.
Rueda, J. C., «Préstamo y finanzas durante la segunda mitad del siglo xix: una aproximación a la figura de los Urquijo», Historia Contemporánea, 13-14 (1996), pp. 297-322.
Sanz Legaristi, P., «Los senadores alaveses (1870-1923). Notas para su estudio», Sancho el Sabio, 1 (1991), pp. 251-265.





