Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

TRABUDUA AGIRREZABAL, Polixene (Sondika, Bizkaia, 23 de septiembre de 1912 – Zeberio, Bizkaia, abril de 2004)

Cargos y oficios

Maestra, propagandista del nacionalismo vasco, madre de tres hijas y dos hijos, ciudadana del mundo.

Trayectoria


Polixene Trabudua nació en el pueblo vizcaíno de Sondika. Su infancia y juventud transcurrieron en un ambiente tradicionalista, euskaldún, entre el caserío materno de Goiri y el paterno de Gaztañaga. La madre sabía coser, y el padre, que no quiso dedicarse a las faenas de la huerta, aprendió el oficio de carpintero y prosperó como contratista. El hecho de ser hija única, la holgura económica familiar y el empeño de su madre hicieron posible que, de forma insólita para la época, Polixene saliera de Sondika a estudiar a Bilbao. A partir de ese momento, el tren de Lezama formó parte de su vida. Desde los diez años estuvo en el Colegio de las Hermanas de la Cruz de la calle Ronda y, después, a los catorce, ingresó en la Escuela Normal de Solokoetxe. En las primeras décadas del siglo XX, ser maestra era la única carrera profesional prestigiosa para las jóvenes. Gracias a su formación, trabajó como andereño en la Ikastola de Sondika e impartió clases de euskara en Juventud Vasca. Aquellos años le sirvieron a Polixene para conocer el ambiente urbano de las Siete calles de Bilbao y para cotejar la distancia existente entre el mundo rural del Txoriherri vizcaíno y la vida urbana bilbaína.

A los dieciséis años, en un baile en el Jolas de Asúa, conoció a José Mandaluniz, delantero centro del Athletic Club, y se hicieron novios. De su mano, le llegaron revistas, folletos y lecturas sobre el nacionalismo vasco; de Sabino Arana, de Elías Gallastegui. La influencia de Mandaluniz determinó su destino y, como ella misma reconoció, «me hizo nacionalista». También contribuyó a incrementar su conciencia nacionalista la política practicada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), que realizaba actos multitudinarios, donde el folclore, la tradición y la estética resultaban la vía de transmisión del discurso político y de la ideología nacionalista vasca. Manu Sota desarrolló la labor teatral propagandística del partido, adaptando obras de teatro de referencia para el nacionalismo vasco, como Libe de Sabino Arana y Pedro Mari de Arturo Campión. Fue precisamente en una representación de esta obra donde Polixene tomó definitivamente conciencia de su identidad: «No recuerdo bien la historia de Pedro Mari  […]. No sé cuál era la situación. Pero tú sentías claramente que los vascos no éramos ni franceses ni españoles, sino vascos. Verdaderamente esa obra a mí me impactó».

En 1922 Elías Gallastegui, fuertemente influenciado por las luchas y por el tipo de organización de masas del Sinn Fein irlandés, impulsó el nacimiento de Emakume Abertzale Batza (EAB). Tras los años de clandestinidad durante la dictadura de Primo de Rivera y tras la explosión de activismo que inspiró la proclamación de la Segunda República española, EAB vivió un florecimiento extraordinario. Además de las actividades de beneficencia, asistencia social y enseñanza del euskara, una nueva generación de mujeres jóvenes, entre ellas Polixene Trabudua, se lanzó a las labores de difusión del ideario y la emoción patrióticas, participando en los mítines del partido a partir de 1932. La primera oportunidad se le presentó en la inauguración del Batzoki de Orduña: «Sale Lauaxeta y dice: ¡qué disgusto tenemos!, mañana la inauguración del Batzoki de Orduña… y la oradora se ha puesto enferma. Y me levanto y le digo: Yo puedo ir […]. En la inauguración, primero la misa en euskera y después el banquete y, a continuación, el mitin en el frontón. […]. El frontón lleno, lleno y la gente fuera […] y veía que me aplaudían […]. Al día siguiente salía en primera página la oradora Polixene Trabudua […] y bueno, me tuve que hacer oradora buena». La participación de las mujeres en el proselitismo patriótico fue un rasgo de modernidad del Partido Nacionalista Vasco que, aunque no todos los sectores del partido compartieron, se fue extendiendo a buena parte del activismo nacionalista, como lo demostró la celebración del Primer Aberri Eguna de 1932, donde unas 6.000 mujeres participaron en la que fue una de las primeras manifestaciones patrióticas de masas del nacionalismo vasco.

Polixene Trabudua compartió el ideario independentista radical del nacionalismo, organizado en torno al movimiento Mendigoizale y al semanario Jagi­-Jagi. La orientación de este sector nacionalista era crítica con la campaña en pro del Estatuto de Autonomía, así como con la política de colaboración con la República Española, por parte de la minoría vasca en las Cortes. Como consecuencia de la radicalidad de sus discursos, Polixene llegó a tener doce juicios, y a ser encarcelada durante quince días, en enero de 1933, junto con Haydée de Aguirre. En aquel contexto, conquistar el estatus de presa política significaba invadir territorios destinados a los gudaris, máxima expresión masculina de entrega incondicional a la patria. Pero esa asimilación de las mujeres a los gudaris resultaba difícil de asumir por el partido. Las autoridades nacionalistas, una vez que ambas jóvenes salieron de la cárcel de Larrínaga, organizaron un acto multitudinario de recibimiento, el 5 de febrero de 1933, en el frontón Euskalduna de Bilbao, convocado como el Homenaje a la Madre Vasca. A propósito de este acontecimiento, Polixene Trabudua declaró: «Nosotras no éramos madres […]. Fue una especie de camuflaje de la verdadera dimensión que tenía ese homenaje, que era homenaje a la mujer audaz, a la mujer valiente, a la mujer participativa, a la mujer que luchaba junto al hombre». Durante los años treinta del siglo XX, las mujeres que querían participar activamente en el mundo público encontraron enormes dificultades para que su activismo fuera reconocido como acción política.

Sin embargo, las mujeres nacionalistas lograron tomar conciencia de su capacidad de organización y de movilización. El primero de mayo de 1933, la llegada a Bilbao del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, tras la negación por parte de las Cortes del Estatuto de Autonomía para el País Vasco, fue considerada una ofensa intolerable por los nacionalistas. Unos 80 militantes fueron detenidos por realizar pintadas reivindicativas contra el presidente. Los presos se pusieron en huelga de hambre y Nekane Legorburu y Polixene Trabudua, dos de las más activas oradoras de EAB, empezaron a organizar una movilización de protesta que convocaron para el 3 de mayo. Entre 100 y 200 mujeres se concentraron en la sede de Juventud Vasca y partieron en manifestación silenciosa hacia el Ayuntamiento de Bilbao, donde, tal y como narraba al día siguiente el Noticiero Bilbaíno: «Los guardias de asalto les cortaron el paso, originándose protestas que acabaron con una carga. Se produjo una enorme confusión, cayendo al suelo lesionadas varias señoritas que hubieron de ser atendidas en las Casas de Socorro». La memoria de Polixene Trabudua recuerda estos hechos como «una paliza tremenda que nos dieron». Los incidentes y los disturbios se sucedieron hasta al anochecer y el Partido Nacionalista Vasco decidió actuar, anunciando para el día siguiente la convocatoria de una huelga general. La prensa de la época reconoció que la huelga fue un éxito y que «arrebató a los socialistas el monopolio de las huelgas generales por motivos políticos». La radicalización de las jóvenes propagandistas y la rebeldía de las mujeres de EAB estuvo en la base de aquella manifestación de protesta, planeada sin pedir permiso al Bizkai Buru Batzar. No cabe duda de que todo ello jugó un papel decisivo en la evolución del PNV con respecto a la participación de las mujeres en sus filas. De hecho, de forma paralela a esta intensa actividad femenina, la Asamblea Nacional del PNV de Tolosa de 1933 aprobó la incorporación de las mujeres al partido.

La proyección política de estas propagandistas vascas modernizó la imagen pública de la mujer de los años treinta. A su manera, forzaron los límites del terreno de juego que imponía el nacionalismo vasco a la acción política de las mujeres, conquistando nuevas parcelas de actividad y contribuyendo a redefinir las barreras de género vigentes. Polixene Trabudua fue una mujer pionera. Como ella misma reconoció: «Las propagandistas, por primera vez, salíamos con los hombres después de los mítines. Había a lo mejor problemas, había golpes, había carreras y nunca nos evadíamos de esos problemas, sino que participábamos también nosotras, las mujeres».

En julio de 1936, en el momento en el que se produjo la sublevación fascista, Polixene Trabudua se encontraba en San Sebastián en un Congreso de lenguas minorizadas, organizado por la Asociación Universal de Esperanto. La transformación del golpe de Estado en Guerra Civil convulsionó la vida de Polixene Trabudua para siempre. Para esas alturas Polixene se había casado y habían nacido Joseba y Eguzkiñe. En 1937, pocos meses antes de partir para el exilio, nació su tercer hijo, Unai. Escapar por mar con tres niños pequeños, primero a Santander y luego a Burdeos, fue el comienzo de una larga aventura cuyo primer capítulo se escribió en Francia, y el último, en Venezuela.

En La Citadelle de San Juan Pie de Puerto el Gobierno Vasco organizó una colonia para los niños y niñas refugiados de la Guerra Civil. En ella Polixene Trabudua trabajó dando clases y ayudando en la organización. Cuando en 1939 se cerró La Citadelle, Polixene Trabudua comenzó un largo periplo por Francia, con sus hijos y con su marido, José Mandaluniz: de Capbreton a Rouen, y de allí a Biarritz, donde nació su hija Naya en 1940, y vuelta a Rouen, donde, en plena ocupación alemana, nació su hija Maite en 1942. Finalmente, en París asistieron a la victoria aliada sobre los nazis, pero la consolidación del régimen franquista tras la Segunda Guerra Mundial impidió el regreso de Polixene Trabudua a Euskadi. En 1950, el Athletic contrató a José Mandaluniz como entrenador y, por un breve espacio de tiempo, la familia volvió a Bilbao, pero el gobierno de Franco obligó al Club a destituirle, y volvieron al exilio en Francia. Finalmente, en 1954, el Deportivo Vasco de Caracas le ofreció a Mandaluniz un contrato como entrenador. A partir de ese momento, y durante cuarenta largos años, Venezuela se convirtió en la segunda patria de Polixene.

Primero en Caracas y finalmente en Maracaibo, Polixene Trabudua logró ver crecer y madurar a aquellos hijos e hijas que habían llegado al mundo en medio de grandes dificultades. Además, Venezuela le ofreció a Polixene el clima necesario para desplegar toda su energía vital y desarrollar tanto su vocación de maestra, enseñando en diversos centros escolares, como su implicación en el activismo social, interviniendo en la formación de los presos de la Cárcel de Sabaneta. La gratitud e identificación de Polixene hacia las tierras americanas fueron profundas y sentidas: «¡Maracaibo! —escribió en 1989, en la prensa venezolana—. En este caluroso hogar donde hemos pasado días felices de unión familiar, rodeados de amigos, trabajando con fe, forjando futuro, grandes alegrías y dolores han sellado nuestra convicción de que la patria real es donde se vive, se lucha, se ama y se muere uno». El vínculo que unió a Polixene con Venezuela fue muy estrecho, lo que no impidió que en 1994 regresara a Euskadi y se instalara en Zeberio con su hijo Unai. Es probable que en su decisión de volver pesara la necesidad de tomar el pulso a la nación vasca que ella ayudó a construir en su juventud. Su casa en el corazón de Bizkaia constituía una morada del alma, un refugio íntimo para los sentimientos de pertenencia. En la primavera de 2004 Polixene Trabudua falleció, pero su legado sigue inspirándonos. A través de sus Crónicas de Amama podemos conocer a la mujer rebelde y sensible a la injusticia social que fue, siempre dispuesta a practicar lo que aprendió de su madre: «Ante toda injusticia procura ayudar de inmediato, pero que no se quede ahí la cosa, sino que trata de destruir la raíz de esa injusticia».

Obras

Artículos de Amama, Maracaibo: Universidad de Zulia, 1985. Reed. Bilbao: Sabino Arana Kultur Elkargoa, 1991.

Crónicas de Amama, Bilbo: Sabino Arana Kultur Elkargoa, 1997.

 

Bibliografía

EZKURDIA, G.; BILBAO, B., y PÉREZ, K., «Emakume Abertzale Batza Bilbon», Euskalingua, 31 (2017), pp. 14-27. Ed. en línea: http://mendebalde.eus/euskalinguak/Euskalingua%2031/el31-02.pdf (consultado el 8 de mayo de 2022).

GARMENDIA, E., «Polixene eta Balendiñe», en ZABALA, J. R. (coord.), Non zeuden emakumeak? La mujer vasca en el exilio de 1936, Donostia-San Sebastián: Saturraran, 2007, pp. 325-339.

LLONA, M., «Polixene Trabudua, historia de vida de una dirigente del nacionalismo vasco en la Vizcaya de los años treinta», Historia Contemporánea, 21 (2000), pp. 459-484. Ed. en línea: https://ojs.ehu.eus/index.php/HC/article/view/15904/13814 (consultado el 8 de mayo de 2022).

—  «A la memoria de Polixene Trabudua», Euskonews, 264 (2004). En línea: https://www.euskonews.eus/zbk/264/a-la-memoria-de-polixene-trabudua/ar-0264001003C/ (consultado el 8 de mayo de 2022).

UGALDE,  M., Mujeres y nacionalismo vasco. Génesis y desarrollo de Emakume Abertzale Batza (1906­-1936), Bilbo: Euskal Herriko Unibertsitateko Argitalpen Zerbitzua, 1993.


Fuentes. AHOZKO HISTORIAREN ARTXIBOA (AHOA). Las citas entrecomilladas pertenecen a entrevistas realizadas por Miren Llona a Polixene Trabudua en 1998 y 1999. Entrevistas depositadas en AHOA (https://www.ahoaweb.org/).

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