Cargos y oficios
Publicista, escritor, periodista, republicano federal y hermano de José María Salaverría
Trayectoria
Mariano Salaverría e Ipenza era hijo de José María Salaverría Arana y de Ana Catalina Ipenza Aguirre, que se habían casado el 21 de noviembre de 1861 en la parroquia San Juan Bautista de Abalzisketa (Gipuzkoa). El padre había nacido el 11 de marzo de 1828 en Beotegi (Álava), siendo hijo de Juan José Salaverría Villodas y Teresa Arana Sobrevilla. Todos sus ascendientes procedían de pueblos de Álava (Quejana/Kexaa, Ayala/Aiara, Murga, Beotegi y de Santa Koloma, Artziniega).
La madre, Ana Catalina Ipenza (Abalzisketa, 27 de julio de 1831-San Sebastián, 18 de febrero de 1899), era hija de Juan Francisco Ipenza Goicoechea y María Lorenza Aguirre Echeverría, matrimonio que, a su vez, tuvo cuatro hijos: Josefa Martina, María Josefa Ramona, María Antonia y Pedro Ignacio. El farero José María contrajo segundas nupcias (el 14 de enero de 1903 en San Sebastián) con Lorenza González Riloba, a su vez viuda, natural de Sasamón (Burgos).
Mariano tuvo cuatro hermanos: las gemelas María Clara y Ana Joaquina (Abalzisketa, 18 de agosto de 1862), Florencia (Vila-Seca, Tarragona, 1865) y el benjamín José María (Vinaroz, Castellón, 8 de mayo de 1873 – Madrid, 28 de marzo de 1940), el más conocido de todos, por su relevancia literaria y contactos con la Generación de 1898. José María se casará con Amalia Galarraga Azcarrunz (natural de Soraluze/Placencia de las Armas, Gipuzkoa, 10 de julio de 1885-Madrid, 27 de septiembre de 1971), hija de zapatero, pero una hija suya, Margarita (Buenos Aires, Argentina, 12 de marzo de 1911-Madrid, 7 de diciembre de 2000), será la primera española en acceder al cuerpo diplomático en 1933.
Desconocemos mucho de la trayectoria vital de Mariano, aunque su infancia y juventud estuvo marcada por la vida errante de su padre, farero marítimo de profesión. Esta circunstancia es fundamental en la formación académica y en la de la personalidad conocida de los hermanos Salaverría (Mariano y José María). Moré Aguirre (La vida en los faros de España) apunta la importancia del padre farero, que cambiaba de faro frecuentemente (una media de cada dos años). Las mudanzas y el aislamiento del faro tenían consecuencias pedagógicas y psicológicas, convirtiendo al padre de familia en el principal maestro, preocupado por mejorar el estatus social de sus hijos mediante la formación cultural. Era frecuente que los hijos saliesen aplicados y autodidactas, como los hermanos Salaverría.
Así las cosas, el deambular profesional del padre condujo a la familia sucesivamente de San Sebastián en 1859, a la Escuela de Faros de Matxitxako (Bizkaia) y luego a los faros de Cabo Busto (Asturias, 1861), Isla Pancha (Lugo, 1861), Islas Medas (Gerona, 1863), puerto de Salou (Tarragona, 1864), cabo de Salou (1868), Vinaroz (Castellón, 1869), las Islas Columbretes (Castellón, 1877) y finalmente al del Monte Igueldo de San Sebastián en 1878.
Durante ocho años (1878-1885) la familia gozó de estabilidad en San Sebastián, con la incidencia de que en junio de 1883 fue destinado interinamente al faro de Cabo Higuer (Hondarribia, Gipuzkoa). El 24 de septiembre de 1883, cesó en el faro de Cabo Higuer, al haber sido restituido de empleo y sueldo el torrero Ramón Catalán Martínez de los Reyes, a quien sustituía interinamente, volviendo al faro de Monte Igueldo hasta enero de 1885. Desde enero de 1885 hasta octubre de 1888 retornó a tierras levantinas como torrero primero del faro de Oropesa (Castellón). Los ocho últimos años (noviembre de 1888 – enero de 1897) de nuestro funcionario farero fueron los más tranquilos hasta su jubilación en el faro de Monte Igueldo, si bien se quedó viudo en 1899, aunque se volvió a casar en 1903.
Se deduce que los Salaverría eran una familia de origen modesto que en 1878 trasladó su residencia a San Sebastián, ciudad en la que Mariano pasó la mayor parte de su niñez y su juventud, suponiendo que desde 1885 hasta 1888 no retornase a Oropesa (Castellón), siguiendo el nuevo destino de su padre. Ignoramos detalles de sus estudios en las numerosas poblaciones en que residió. Mariano, como lo fue su hermano José María, es claro ejemplo de autor autodidacta, con carencia de estudios universitarios. Su formación académica se basó en los conocimientos de la enseñanza básica.
Desconocemos su trayectoria laboral hasta los treinta años, pero pronto colaboró con La Voz de Guipúzcoa y se hizo funcionario del Ayuntamiento, como se deduce de una solicitud de documentación que Mariano presentó a la Junta de Gobierno del Museo Municipal, con motivo de estudiar el incendio de San Sebastián de 1813, «donde se ve que, ya para mediados de julio de 1813, estaba incendiado y derribado por la artillería inglesa medio San Sebastián». El conservador del Museo, Pedro Manuel de Soraluce, informa favorablemente la petición, calificando a Salaverría de «digno y celoso funcionario municipal». Llegó a ser jefe de negociado del Ayuntamiento de Donostia. No nos consta que Mariano ocupase algún cargo político fuera del provinciano Partido Republicano Federal.
Pronto fue una referencia cultural en Donostia. En 1898, Mariano publicó La salud de Eusqueria: diálogos políticos con una corta carta-prólogo de Francisco Pi y Margall, fechada en Madrid el 29 de octubre de 1898. Estos Diálogos se repartieron gratis por el Partido Republicano Federal de San Sebastián. Consta el libro de una serie de diálogos entre personajes de ideas contrapuestas, una forma de difundir teorías políticas que era muy común en esos tiempos, que permitía al autor exponer en provecho propio los argumentos y las alegaciones, de unos y otros, sobre un asunto que se considera de interés. En este caso, se trataba de mostrar cómo el tradicional sistema foral vasco estaba en abierta consonancia con el federalismo republicano, intentando arrebatar al carlismo la bandera de un foralismo muy popular, que ya estaba alentando al incipiente nacionalismo vasco de Sabino Arana; una tarea de los republicanos federales vascos poco conocida.
Tampoco sabemos los motivos por los que se casó muy tarde, casi a los cuarenta y ocho años, el 8 de septiembre de 1915 en Lezo, con Juana Cerezo Ursueguía, natural de San Sebastián. Tuvieron dos hijos, María Dolores y José María (nacido en diciembre de 1922), escritor, maestro nacional (oposiciones restringidas para cursillistas de 1936, aprobadas por orden de 2 de mayo de 1961), funcionario del Ayuntamiento de Errenteria y periodista en la prensa donostiarra, por ejemplo, en la revista San Sebastián, y madrileña. Su primer libro fue Distancia.
En 1916 nacía el Ateneo donostiarra y Mariano fue nombrado tesorero de la Junta de Gobierno. En el diario El Sol del viernes 8 de febrero Mariano Salaverría publicó Cambó y el nacionalismo vasco, donde explicaba la reciente evolución política de los nacionalistas vascos, por influencia de la labor desarrollada el año anterior por Cambó en el País Vasco. El 8 de abril de 1923 apareció El País Vasco, diario matutino donostiarra cercano a las tesis de los republicanos federales, y Mariano figuraba como uno de colaboradores en castellano.
En 1913 Mariano Salaverría publicó Estudios de la constitución de Guipúzcoa, añadiendo en 1918 un proyecto articulado de la misma, respondiendo a la llamada hecha en este sentido por la Diputación Foral. Mariano justificó la oportunidad de la segunda edición, en un prólogo fechado en 24 de mayo de 1931, cuarenta días después de proclamada la Segunda República española. Su convicción inalterable era que Gipuzkoa debía tener propia constitución, sin aceptar la hegemonía de Bizkaia, porque la Recopilación Foral había quedado desfasada (Rafael Gibert, 1980).
En dicho 1913 Mariano, republicano federal, defendía la autonomía para Gipuzkoa, separada de las otras Provincias Vascas. En 1931 Salaverría y su minúsculo Partido Republicano Federal de Gipuzkoa seguía hablando de «La concepción artificiosa y novísima de la República Vasca y de la personalidad del País Vasco como ente político». Los federales guipuzcoanos proponían «la cooficialidad del Idioma vascongado con el castellano en cuantos actos o negocios oficiales tengan lugar dentro de Guipúzcoa». Se mostraban, además, partidarios de una «Liga o Inteligencia con las Provincias de Vizcaya, Navarra, Álava y, si así lo desean, también la Rioja». En cuanto a la enseñanza, propugnaban «el bilingüismo en la primera enseñanza, siendo el castellano el idioma exclusivamente empleado en la segunda». A través del periódico donostiarra La Voz de Guipúzcoa se encargaron de manifestar reiteradamente su rechazo a la reivindicación foral, que para ellos suponía, ante la presión del nacionalismo, un peligro manifiesto de desintegración de España. En su opinión, los Fueros representaban un mundo arcaico, ya superado «y que conviene no remover». Su posición ante el regionalismo quedaba resumida en un decidido apoyo a la autonomía para las cuestiones económico-administrativas, con especial mención a las virtudes del Concierto Económico, pero dejando de lado las reclamaciones políticas y, sobre todo, toda pretensión de retroceso a la etapa foral. Su regionalismo era, ante todo, un regionalismo administrativo. En esa misma línea, aunque apoyando el reconocimiento a la personalidad de las regiones, Mariano no dudaba, incluso, en criticar algunos de los elementos más sentidos de la identidad vasca, como era el del euskera: «No morirá Euskadi por falta de vascuence, sino por sobra», llegará a afirmar Mariano Salaverría en un artículo en La Voz de Guipúzcoa (16 de abril de 1917).
Se fue plasmando así, entre las fuerzas políticas vascas, un planteamiento de corte autonomista de nuevo tipo, que demandaba básicamente un reconocimiento político expreso de la capacidad de estas provincias para disponer de un sistema diferenciado dentro del conjunto del Estado, así como de una serie de competencias que debían caer bajo su jurisdicción. El Fuero se seguía empleando en los discursos como punto de apoyo y sostén con el que otorgar credibilidad a las reclamaciones, pero sin entrar en contenidos precisos, y más como una referencia retórica. Como se decía en la época, los Fueros «han quedado reducidos a un tópico de elocuencia» regional (Salaverría, 1917: 157). Su imprescindible actualización se produjo a través de la formulación explícita de la autonomía, traducción moderna y pragmática de los antiguos anhelos en favor de la autoadministración, a la vez que paralelamente fue surgiendo un nuevo modelo, el estatutario, como vía para regular las relaciones con el Estado. Se suscitó de esta manera, desde unas nuevas bases, la cuestión del autogobierno, entendida ya en su acepción contemporánea, así como también la de constitucionalizar el Fuero, vía para resolver el viejo debate de la atipicidad legal de la peculiaridad vasca y dotarla de este modo de un amparo normativo estable. Mariano consideraba, por tanto, que no eran necesarias alteraciones de relieve en el sistema administrativo que existía en las Provincias Vascas, sino que más bien estas habían de sentirse dichosas con el sistema que se disfrutaba (Salaverría, 1917: 158).
Otros artículos notables de Salaverría son «¿Nacionalismo ó separatismo?», La Voz de Guipúzcoa (16 de abril de 1917); «De sociología oceanográfica. Por la gente de mar» (Euskal-Erria, 15 de marzo de 1912); «El peligro separatista en el camino de la evolución» (La Voz de Guipúzcoa, 22 de enero de 1918).
Como suele suceder con las propuestas ideológicas centristas, la del republicano federal Mariano Salaverría fue atacada por nacionalistas y republicanos centralistas. El periódico donostiarra Tierra Vasca, republicano, laico y reformista, aparecido el 8 de enero de 1933, el 4 de agosto del mismo año en el artículo «Aberraciones. El Estatuto Provincial», firmado por «Arbelaiz», se mofaba descaradamente de Mariano, «un liberal y un hombre moderno, que para llamar al corazón de los guipuzcoanos les habla de la historia y de la tradición, del orgullo y de la conveniencia económica […]. Ofrezcan al señor Salaverría algún carguito, y ya verán cómo se arregla todo. En el fondo no se trata de otra cosa». Los republicanos acusaban a Mariano de tejer una «historia absurda», de no haberse leído el Estatuto Vasco de 1931. Se descalificaba «el cúmulo de insensateces» que aparecían en La Voz de Guipúzcoa, y a su voz más representativa, Mariano Salaverría, presentándolo como uno de los que «labraron la división entre los vascos», y concluía: «Mariano Salaverría: no es decente en estos momentos sembrar recelos entre los vascos. Si no sirve para otra cosa, deje paso a hombres mejor intencionados que usted».
Este ahínco difamatorio contra Mariano Salaverría se explica, si consideramos que fue él quien marcaba la posición política del republicanismo autonomista en La Voz de Guipúzcoa, escondido tras el seudónimo J. Gaztelu, abierto a un autonomismo muy radical, que no desaprovechaba cada ocasión para afirmar en paralelo la españolidad del territorio vascongado.
Obras
La salud de Eusqueria: diálogos políticos con una corta carta de Francisco Pi y Margall, San Sebastián: J. Baroja e Hijos, 1898, 12-68 pp.
Ensayo sobre las causas y significación del regionalismo, San Sebastián: Imp. de la Voz de Guipúzcoa, 1906, 107 pp.
Rémoras de la cultura vasca, San Sebastián: La Voz de Guipúzcoa, 1912, 38 pp.
Los vascos y sus fueros, por J. Gaztelu, San Sebastián: Imp. San Martín Mena, 1913, 284 pp.
Estudios sobre la Constitución política de Guipúzcoa, por J. Gaztelu, San Sebastián: Tip. de Hijos de J. Baroja, 1913, 147 pp.
La fórmula del Problema Social, San Sebastián: Imp. de Martín y Mena, 1913, 49 pp.
Reflexiones sobre las causas del incendio de San Sebastián de 1813, San Sebastián, 1913, 15 pp.
Los Vascos y sus Fueros, San Sebastián: Martín, Mena y C.ª, 1915, 284 pp.
Nacionalismo y Federalismo, San Sebastián: Est. Tip. de La Voz de Guipúzcoa, 1918.
Constitución de la Provincia de Guipúzcoa, por J. Gaztelu, San Sebastián: Tip. de La Voz de Guipúzcoa, 1919, 39 pp.
Estudios sobre la constitución de Guipúzcoa, acompañados de un proyecto de articulado de la misma (2.ª ed.), San Sebastián: Miguel Ramos ed., 1931, 172 pp.
Bibliografía
Bilbao Notario, M., José María Salaverría: España en su pensamiento político 1873-1940, tesis doctoral inédita, Bilbao: Universidad de Deusto, 2000.
Castell, L., y Cajal, A. (eds.), La autonomía vasca en la España contemporánea (1808-2008), Madrid: Marcial Pons, Historia/Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, 2009.
Gibert y Sánchez de la Vega, R., «Libros jurídicos de Guipúzcoa», Anuario de Historia del derecho español, núm. 50 (1980), pp. 833-850.
Moré Aguirre, D., La vida en los faros de España. El cuerpo de torreros de faros o de técnicos mecánicos de señales marítimas (1851-1992), Barcelona: Museu Marítim de Barcelona, 2010.
ITURRIAK
Archivo General de la Administración (AGA), caja 18317, exp. 841, 1897 (expedientes de fareros).
Archivo General del Ministerio de Fomento (AGMF), leg. 6589 (hojas de servicios de fareros).
Archivo de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Vinaroz, Libros Sacramentales, años 1851 a 1878.





