Cargos y oficios
Sacerdote, escritor y periodista.
Trayectoria
Nació el 18 de febrero de 1903 en la localidad bajonavarra de Hélette/Heleta, en la casa Garra del barrio de Garreta, y falleció el 26 de julio de 1981 en un hospital de Bayona, cuando, perturbado, saltó por una ventana. Etienne Salaberry era de la casta de los señores propietarios de la casa; tenía cinco aparceros muy cerca y otros cinco un poco más lejos, esparcidos por la ladera del monte Baigura. De los tres hijos era el del medio y el único varón. Había nacido, pues, para ser el señor de la casa. Sin embargo, como él optó por el sacerdocio, la hermana mayor se quedaría como heredera en la casa Garra, acompañada de su marido.
La mayor parte de su relación periodística la tuvo con Piarres Lafitte, y ambos fueron los periodistas más importantes del semanario Herria durante cerca de tres décadas. Visto desde este lado de la muga, nos recuerda a Telesforo Monzón en la Torre Olaso, teniendo en cuenta diversos rasgos comunes. Ambos vivieron prácticamente la misma época; un año mayor era el de Heleta y ambos fallecieron el mismo año. También los dos, gracias a sus respectivas familias, eran herederos de muchos caseríos, miembros de la burguesía rural. La torre de Olaso, construida a principios del siglo XVI, y el señor de la casa Garra ya pertenecían en la Edad Media a la clase distinguida de los reyes navarros. Ambos eran católicos creyentes: Salaberry, señor canónigo desde 1959 y profesor de Filosofía (¡Monsieur Salaberry!) en el Seminario Menor de Ustaritz (1931-1939; 1945-1958) y en el liceo católico Villa Pía de Bayona (1958-1973).
En cuanto a la ideología política, los dos fueron cristianodemócratas y la guerra los marcó por igual, a Monzón la guerra de 1936 y a Salaberry la Segunda Guerra Mundial. Ambos fueron también obreros de la cultura vasca: poetas, escritores teatrales y autores de artículos periodísticos (entre 1945 y 1981 Salaberry escribió en el semanario Herria un artículo semanal en euskera y otro en francés). Fueron amigos y se tenían una gran admiración mutua. En 1979, Salaberry dirigió una carta abierta a Telesforo Monzón: «Zuri da, Monzon jauna, ez zuri bakarrik, baina, Leizaola jaunarekin, zuri lehen-lehenik, emeki, eztiki, biga, hiru, lau edo bost den Euskal Herriaz Euskal Herri Bat egitea» («Tanto a ti como al señor Leizaola os corresponde, pero a ti, Telesforo, en primer lugar, hacer poco a poco y dulcemente, una Euskal Herria unificada de las dos, tres, cuatro o cinco Euskal Herrias actuales») («Telesforo Monzon jaunari gutun idekia», Herria 1979-03-15). Sin embargo, Telesforo Monzón era de la parte de Euskal Herria perteneciente a España (aunque pasó casi media vida en San Juan de Luz) y Etienne Salaberry de la parte francesa; de ahí las diferencias, entre otras cosas.
Salaberry realizó sus primeros estudios en la escuela pública del pueblo (1909-1915). Recientemente se habían separado en Francia la Iglesia y el Estado. Se habían cerrado los colegios religiosos y los frailes y monjas habían sido expulsados de la nación.
En la escuela de su pueblo natal, Heleta —escuela laica del Estado francés—, a decir del propio Salaberry, en el altar se exaltaba al Estado en lugar de Dios, y allí absorbió el nacionalismo francés. El senpertarra Hirigoyen, que había sido profesor en aquella escuela, le preguntó si eran vascos o franceses; sin dudarlo, aquel niño de once años respondió que «franceses».
Al igual que hacían con el anillo en el Hegoalde, en la Baja Navarra se pasaban de mano en mano y de alumno en alumno un palito (llamado «buchette»), y el que lo tenía el último era castigado: «Askatasunaren, Berdintasunaren eta Anaitasunaren herrian altxatuak ginen izeiteko, trebe barrandari, trebe salatari, Judasen semeak ginela iduri. Hola zen Euskal Herriko ikas-etxe guzietako ohidura. Azkenik buchetta zuena, zen gaztigatua» («En el pueblo de la Libertad, de la Igualdad y de la Fraternidad nos educaban para ser diestros espías, diestros delatores, como si fuéramos hijos de Judas. Esa era la costumbre en todas las escuelas de Euskal Herria. El último en tener el palito era castigado») (Ene Sinestea…, p. 67).
En 1976-1977 afirmaba lo siguiente: «Erakuts-etxean, ala euskara, ala bretoina, ala okzitana, ala korza, ala ipar-Afrikan araba ez erakutsiz, Frantzia dela agertu Euskal Herriaren, Bretaniaren, Okzitaniaren, Korzaren, Maroka-Algeria-Tuniziaren etsai. Kulturatik eta ez ekonomiatik jalgi dira deskolonizatzeko auziak. Bidea badoa kulturatik ekonomiarat, eta ez ekonomiatik kulturarat» («No enseñando en las escuelas el euskera, o el bretón, o el occitano, o el corso, o el árabe en el norte de África, Francia aparece como enemiga de Euskal Herria, Bretaña, Occitania, Córcega y Marruecos-Argelia-Túnez. De la cultura y no de la economía han salido las disputas de la descolonización. El camino va de la cultura a la economía y no de la economía a la cultura») (Ene Sinestea…, p. 89).
De 1923 a 1929 estudió en el Seminario de Bayona, de nueva construcción, salvo los dieciocho meses de servicio militar que prestó en Alemania. En 1929 ofició una misa nueva en su Heleta natal. Realizó el servicio militar en Wiesbaden (Alemania) de 1924 a 1925. Fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, desde septiembre de 1939 hasta junio de 1940; desde ese mes hasta junio de 1945 estuvo preso en Mühlberg, Alemania, entre Dresde y Leipzig, en el campo de prisioneros de Stalag IV, B. Inconvenientes del campo de prisioneros: frío, comida escasa, apenas para vivir; piojos, tifus, muerte por tifus, y libertad limitada. Aspectos positivos: el director alemán Koenig debía ser un hombre bueno, dispuesto a conversar, según contaba el bajonavarro. Les permitió organizar una universidad, para lo cual reunieron cerca de 6.000 libros desde Francia y Suiza a través de una asociación católica. Inmediatamente empezaron a oficiar y a escuchar misas; los franceses tenían un capellán designado por ellos, así como un jefe francés también designado por ellos mismos, un teniente. Otra ventaja o privilegio muy importante: los soldados del rango de Salaberry no estaban obligados a realizar trabajos forzados.
Al principio hubo unos 40.000 franceses; luego menos. Además de franceses, en ese campo hubo ingleses, americanos, rusos, holandeses, yugoslavos, polacos e italianos. Según sus propias palabras, allí hablaba como un francés de pura cepa. Sin embargo, dentro del amor a Francia pugnaba por aflorar su amor por Euskal Herria.
Entre otras cosas, lo que había visto, hablado y vivido en ese campo de prisioneros le llevó de un nacionalismo francés bastante jacobino a un regionalismo federalista. Había que reactivar las provincias colonizadas y explotadas por la metrópoli desde el punto de vista cultural y económico, sin excluir la política, y tender a la construcción de la Europa federal por razones prácticas, económicas, sociales y políticas, y también por razones morales; los cristianos europeos que adoraban al mismo Dios no podían seguir matándose unos a otros. Hasta aquella experiencia de ser prisionero, vivió en la cultura de los libros; a partir de entonces, en la de la vida.
En 1953 conoció al académico de Euskaltzaindia J.-L. Davant [Etienne Salaberry (1903-1981), pp. 196-200] El sacerdote Salaberry, profesor de filosofía, en el Seminario menor de San Francisco Javier, en Ustaritz/Uztaritze: preparaba e impartía las lecciones de forma muy rigurosa. En los ratos de descanso se acercaba muy a menudo a los estudiantes, con los que conversaba, preocupado por su porvenir. Eso sí, también hablaba en francés con los alumnos vascohablantes durante el descanso. En la familia, en el pueblo, en euskera; pero en la escuela ¡en francés!
En cuanto a la política, al surgir el movimiento abertzale Enbata (1960-1961) de la revista estudiantil Embata, como señala J.-L. Davant, Salaberry continuó en el centrismo francés (en la línea de Robert Schumann, Georges Bidault, Robert Buron; Errecart, Labéguerie, Ospital, Goux, etc.). Sin embargo, ve necesario diferenciar a Salaberry de otros muchos centristas franceses. El académico suletino también nos ha dejado un testimonio muy significativo: cómo en 1975 ambos mantuvieron una bronca y dolorosa discusión. El ex–profesor le dijo al exalumno: «¡Sé fiel a la Iglesia católica romana!» [Etienne Salaberry (1903-1981), p. 199]. Davant, católico militante en Acción Católica, consideró excesivo el adjetivo «romano» y comenzó a criticar el centralismo del Imperio romano, declarando que había sido el germen del fascismo. Entonces, Salaberry le replicó que la vieja Roma se apropiaba de los dioses y costumbres de los pueblos conquistados, es decir, que aprobaba las diferencias. Que él quería que la Europa unida del futuro fuera el imperio que en otro tiempo fue Roma, respetuosa con las naciones que la formaban, es decir, una confederación de pequeñas y grandes naciones.
Cuando J.-L. Davant volvió a investigar la huella que había dejado Salaberry, veintitantos años después de su muerte, resumió su aportación de la siguiente manera: «Ha sido de los vascos más importantes del siglo XX, firme impulsor de la acción durante toda una generación en Iparralde. Volcado en un futuro mejor, gran hombre y cristiano, abierto, político excelente también en el mejor de los sentidos».
Joxe Azurmendi ha estudiado la filosofía y el pensamiento de Salaberry (Azurmendi, pp. 82-88). Según el escritor zegamarra, Salaberry criticó muy duramente la escuela del Estado moderno burgués, que ha convertido las provincias de toda Francia, incluido Iparralde, en colonias de la metrópoli parisina dependientes culturalmente de la capital. Pero hasta Salaberry se ha mostrado víctima de ese colonialismo interno, rechazado y repudiado, que parece haberle afectado en última instancia.
Censuró tajantemente que se prohibiera hablar en euskera a los propios niños vascohablantes, pero luego reconoció al euskera un rol doméstico, subordinado al francés; el euskera para lo concreto y el sentimiento, mientras que el francés para la cultura, la ciencia y el pensamiento; «la langue de l’esprit». Así pues, los vascos necesitaban y dependían del francés. Por muy positivo que sea que los vascos sepan francés y español, en principio aún no se percibe prisa alguna por parte de España y Francia en cuanto a «proporcionar» ese conocimiento (en los Países Bajos todo el mundo sabe inglés, y no lo «proporciona» Inglaterra). Y no parece que, en caso de que exista una partición social de los ámbitos de uso de las lenguas, tenga que ser precisamente así, una lengua de cultura y otra de sentimiento, algo mecánicamente fijo, en lugar de otras variables más racionales de cualquier tipo.
Para Joxe Azurmendi, solo en el último libro (Beñat adiskidea) ha llegado Salaberry a reconocer la misma culturalidad a todas las lenguas. Hay que agradecer a Salaberry que haya pensado el abertzalismo dentro de una cosmovisión global, como filósofo. Salaberry siempre ha reflexionado sobre el hombre y la mujer, la guerra y la paz, Europa y Euskal Herria con relación al mundo. No ha aislado del mundo a Euskal Herria. No ha hecho una simple contemplación, aun cuando parecía condenado a ello: «Por vasco, creyente». Y ha aplicado su amplia cultura filosófica a la reflexión sobre Euskal Herria, en la medida en que las condiciones de aquí se lo permitían.
Pasando de recoger las opiniones de Davant y Azurmendi a las mías, una vez leídos sus escritos, yo resumiría la vida del político Etienne Salaberry en un breve esquema: se ha ido desligando del nacionalismo federalista-centrista francés, a causa del jacobinismo francés agresivo, sin renunciar nunca a la identidad francesa; y, desde una clara conciencia cultural vasca, se ha acercado o ha llegado al abertzalismo político, reivindicando firmemente una Euskal Herria unida e independiente dentro de Europa.
Tal vez este esquema no tenga demasiado valor; quizá sea más importante darnos cuenta de los mitos, creencias, fascinaciones y sentimientos con los que se ha encarnado el nacionalismo francés en Iparralde; darnos cuenta de cuántos esquemas franceses ha podido interiorizar naturalmente una persona de alto nivel cultural sin ninguna actitud crítica, aun cuando desde la Segunda Guerra Mundial no haya albergado duda alguna sobre su vasquidad; darnos cuenta de cómo confluyeron la tradición de la iglesia francesa en que se educó y sus vivencias en la guerra contra los nazis y en los cinco años que estuvo preso, y qué conciencia, sentimiento e ideología generaron.
Salaberry pidió como última voluntad que en su féretro se instalaran tres banderas: la ikurriña, la bandera francesa y la bandera europea. ¡Y así lo enterraron!
Obras
«La pelote introduction à la vie spirituelle», GH, 17 (1937), pp. 227-234.
La pelote basque ferment d’unité. Allocution prononcée dans l’église de Saint-Palais lors de la clôture de la Semaine de Pelote Basque, le 7 Septembre 1947 [s. l.]: [s. n.], [1947].
«L’homme basque. Essai de caractériologie euskarienne», GH, 22 (1950), pp. 9-15, 80-86, 129-139.
Le pédagogue et le commissaire. Défense d’une culture populaire euskarienne, Bayonne: Eskual-Herria, [1951].
«Du régionalisme à l’internationalisme», GH, 23 (1951), pp. 371-377; 24 (1952), pp. 85-92 y 135-146.
«Actualité de Saint François-Xavier», GH, 24 (1952), pp. 354-362.
«Pour un retour a une civilisation euskarienne», Gernika. Revista periódica. Órgano del Instituto Vasco de Extensión Cultural, 19 (1952), pp. 138-141.
«La fête dans l’âme basque», GH, 28 (1956), pp. 1-18, 65-84.
«Ohantzetik kampo», Euzko-Gogoa, 4 (1957), pp. 92-101 (obra de teatro). Ed. en línea: https://andima.armiarma.eus/eugo/eugo37/eugo3716.htm (consultado el 16 de mayo de 2022).
«Zapeta Urhe eta Espartin Churi», Euzko-Gogoa, 2 (1958), pp. 133-168 (obra de teatro). Ed. en línea: https://andima.armiarma.eus/eugo/eugo40/eugo4011.htm (consultado el 16 de mayo de 2022).
«Un maître de la pensée, Son Excellence Monseigneur Clément Mathieu», GH, 35 (1963), pp. 5-20.
«La messe sur le Pays Basque», GH, 36 (1964), pp. 33-46, 65-85.
Et al., Europa, Oñate: Editorial Franciscana Aranzazu, 1965.
«Henri Bergson», en JAKIN–TALDEA, Filosofiaren kondaira, Oñati: Editorial Franciscana Aránzazu, 1965, pp. 99-143.
«L’aliénation basque», GH, 39 (1967), pp. 257-288, 321-347.
«Mendeko bi zauriak», GH, 44 (1974), pp. 333-352.
«Hiru pindarreko eraztuna», GH, 45 (1975), pp. 33-48, 93-114 [obra de teatro].
Ene sinestea. Iragan biziari gibeletik beha, Baiona: Zabal; Zarauz: Itxaropena, 1978. Ed. en línea: http://www.susa-literatura.eus/emailuak/salaberri/ (consultado el 16 de mayo de 2022).
Beñat adiskidea agur!, Baiona: Zabala; Zarauz: Itxaropena, 1981.
Bibliografía
AINZIART, P., «Etienne Salaberry», Egan, 3-4 (2001), pp. 147-162.
— Etienne Salaberri (1903-1981), Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 2003.
AZURMENDI, J., Etienne Salaberry (1903-1981) II, Donostia: Egan, 2003.
Etienne Salaberry euskalzaleari Heletan 1979-ko urriaren 16-ean Eskualzaleen Biltzarrak eskaini omenaldia, Zarautz: Itxaropena, 1980.
SUDUPE, P. (ed.), Etienne Salaberry (1903-1981) I, Donostia: Egan, 2003.
XARRITTON, P., «Etienne Salaberry kalonjea», Euskera, 26 (1981), p. 1005.
Fuentes. SALABERRY, E., «Telesforo de Monzon jaunari gutun idekia», Herria, 15 de marzo de 1979, p. 4.





