Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores de fuera de vasconia

RODRÍGUEZ FERRER, Miguel (Lebrija, Sevilla, 28 de septiembre de 1815 – Madrid, 6 de junio de 1889).

Cargos y oficios

Naturalista, antropólogo, arqueólogo, lingüista, político y escritor

Trayectoria

Hijo de Francisco Rodríguez García, natural de Osuna, y de María Ferrer Zamora, de la Villa de Morón, comenzó sus estudios en la cátedra de latinidad de la Muy Ilustre Antigua y Real Hermandad de los Santos de Lebrija, que, desde mayo de 1815, ocupaba su padre. En 1829, con catorce años, era estudiante de humanidades en la Universidad de Sevilla. Allí destacó por su buena conducta y su aplicación en los estudios. En septiembre de 1832 completó el Bachillerato en Filosofía, y el 10 de junio de 1836, el Bachillerato en Leyes. Cumplía con todos los requisitos para obtener este último bachillerato a claustro pleno, pero, por razones de enfermedad, tuvo que retrasarlo para después del 28 de octubre de 1837.

Tuvo una participación activa en la Primera Guerra Carlista en Andalucía, donde llegó a ser teniente del Escuadrón Ligero de S. M. (13 de noviembre de 1838). Por motivos de enfermedad, solicitó licencia absoluta. A partir de ese momento, comenzó su carrera política. Durante el primer año de regencia del general Espartero (1840-1843), ocupó el puesto de oficial de segunda del Gobierno Político de Córdoba (26 de noviembre de 1840), el de oficial de primera del Gobierno Político de Granada (31 de enero de 1841) y el 17 de mayo de 1841 fue nombrado secretario del Corregimiento de Bizkaia. Con motivo del cese por enfermedad del corregidor político interino, Salvador de Reina Rodríguez, se le entregó el mando de dicho cargo el 12 de agosto de 1841, hasta que volviese el titular del mismo, Pedro Gómez de la Serna, quien, desde abril, se encontraba ejerciendo de diputado en las Cortes, por la provincia de Soria. Rodríguez Ferrer desempeñó el puesto de corregidor interino poco más de quince días.

A raíz del levantamiento de los moderados, el 24 de octubre, el corregidor político, desde Elorrio, delegó el corregimiento en Miguel Rodríguez Ferrer, al tener que ausentarse por exigencia del Servicio Nacional. El 27 de octubre, el corregidor interino emitió, en Bilbao, un bando a los vizcaínos, en el que señalaba la cordura y el quietismo de la mayoría de la población ante el pronunciamiento, mencionaba que los traidores ya estaban bajo la ley y se comprometía a velar por la mejor administración e intereses de los vizcaínos. Terminaba su alocución recordando su temple y su carácter reconciliador. Por lo que Rodríguez Ferrer expresó en el oficio que emite el 1 de noviembre, momento en el que volvió a su posición privada, al retornar el corregidor político, todos los miembros del Ayuntamiento de Bilbao habían colaborado para poder sobrellevar adecuadamente la difícil situación que se había creado tras el pronunciamiento del 4 de octubre.

Una semana después, fue nombrado censor de los teatros de Bilbao por su «suficiencia, circunspección, moralidad y demás dotes que le adornan» (Oficio remitido por el Gobierno político de Vizcaya, Bilbao, 7 de noviembre de 1841). Ocupó ese puesto en lugar del sublevado y fugado Manuel Urioste de la Herrán. El mismo 7 de noviembre recibió notificación para encargarse, nuevamente, de manera interina, del gobierno político y la intendencia, ya que Pedro Gómez de la Serna debía partir a la Comandancia General para recoger pasaporte para La Coruña y recibir órdenes. La interinidad cesó el 18 de noviembre, al regresar el titular, y, desde ese momento, se mantuvo en un segundo plano en el panorama político. El 20 de febrero de 1843, Rodríguez Ferrer dimitió como censor de los teatros de Bilbao.

Con la nueva coalición de progresistas y moderados situada en el Gobierno de España, Rodríguez Ferrer fue ascendido a jefe superior político e intendente de Álava, cargo que ostentó durante apenas cinco meses: del 8 de agosto al 27 de diciembre, momento en que fue reemplazado por Laureano Arrieta.

A partir de su cese como jefe político, y a lo largo de la denominada Década Moderada (1844-1854), se mantuvo alejado de la vida política por propia voluntad. Huyendo de las «vicisitudes políticas y hastiado en el mando del encono de los partidos» (Los nuevos peligros de Cuba, 1862, p. 6), se convirtió en uno de los colaboradores de Pascual Madoz para recabar información para el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Así, autorizado por el gobierno, marchó en febrero de 1846 a las posesiones de ultramar para visitarlas y estudiarlas. Durante tres años recorrió la isla recogiendo información de todo lo que encontraba: flora, fauna, restos fósiles y arqueológicos, aspectos geográficos, económicos, administrativos, sociales y culturales. Rodríguez Ferrer y otros arqueólogos y antropólogos cubanos, como Felipe Poey, pudieron confirmar y estudiar la presencia humana precolombina en Cuba.

En 1849 regresó a Madrid y, viendo que había calma entre los partidos políticos, fundó la Revista de España y sus provincias de Ultramar el 28 de julio de 1850. La revista, de carácter quincenal, tenía el objetivo de impulsar la asimilación comercial y legal de las provincias ultramarinas a la metrópoli, con el fin de evitar el intervencionismo extranjero. Trataba diversos aspectos: ciencias políticas, administrativas, económicas y sociales, y costumbres, viajes y literatura. Fue alabada por los periódicos del momento, sin distinción de partidos. Sin embargo, algunos sectores la consideraron subversiva; el gobernador capitán general de Cuba, por ejemplo, llegó a prohibirla en la isla. El 12 de abril de 1851 fue publicado el último número. Se desconocen las causas concretas, pero es probable que influyera la disolución de las Cortes por Bravo Murillo (7 de abril de 1851).

El 15 de octubre de 1851 solicitó al Ministerio de Ultramar se utilizaran sus servicios en las islas de Cuba o de Puerto Rico en algún cargo acorde a su categoría y méritos. Se le confió, en junio de 1852, la interinidad del Tribunal de Hacienda de Puerto Príncipe, pero cesó en el puesto en 1853 al ser suprimida esa intendencia y ser absorbida por la Capitanía General de Cuba. Gracias al duque de Tetuán, en agosto de 1855, fue nombrado alcalde mayor y magistrado de la audiencia, pero el capitán general de Cuba, José Gutiérrez de la Concha, se opuso a ello, probablemente, por cierta animosidad. Por este motivo, Rodríguez Ferrer decidió retirarse completamente de la vida política. En los seis años que siguió viviendo en Cuba, continuó con sus viajes y observaciones por aquellas tierras; y en 1855 y 1856 fue a Estados Unidos para visitar instituciones agrícolas, industriales y educativas.

A finales de junio de 1861, aprovechando una aparente calma en la política española, bajo el gobierno de la Unión Liberal, regresó a Vitoria, donde nació en 1862 su tercera hija. La elección de vivir en Álava también se debió, según confesó en diferentes ocasiones, a que amaba las Provincias Vascongadas y se sentía vasco por simpatía.

Decidió retomar un proyecto de fomento de la agricultura, que en 1855 había empezado a trazar Melchor Sánchez de Toca, solicitando la cesión de unos terrenos, y que, finalmente, el propio promotor cesó voluntariamente. Rodríguez Ferrer aprovechó el acuerdo al que habían llegado en aquel año las partes implicadas, con el fin de facilitar los trámites. Así, el 25 de octubre de 1861 solicitó al diputado general, Ramón Ortiz de Zárate, la medición y el deslinde de aquellos terrenos sitos en Larrabea, en las proximidades de Legutio (Villarreal de Álava), a unos 15 km al norte de Vitoria. El propósito era trabajar aquellas tierras eriales para la cría y mejora del ganado, mediante el establecimiento de una finca con un sistema de estabulación y prados. Se trataba, por tanto, de un proyecto mixto de agricultura y ganadería con el fin de estimular ambas y fomentar el desarrollo de ese vasto despoblado. La labor que desempeñó Rodríguez Ferrer con esta granja modelo fue reconocida por el ministro de Fomento, Manuel Ruiz Zorrilla, quien el 30 de enero de 1869 le concedió los honores de jefe superior de la Administración por sus constantes trabajos a favor de la agricultura, en general, y de los realizados en la granja El Retiro, en particular.

En 1868 se instaló en Madrid —aunque siguió frecuentando la granja en Larrabea—, coincidiendo con el exilio de Isabel II y el gobierno provisional del general Francisco Serrano. Bajo la regencia de este, Rodríguez Ferrer fue nombrado gobernador civil de la Provincia de Bizkaia el 2 de marzo de 1870. La actuación más destacable de su gobierno fue retomar el expediente que Bilbao tenía abierto desde 1845 sobre su expansión territorial y dar cumplimiento a la Ley de 7 de abril de 1861 sobre dicho tema. A los seis días de tomar posesión de su cargo, escribió a las anteiglesias de Abando y Begoña para que le comunicaran si optaban por los arts. 3 o el 4 de la Ley, es decir, si estaban dispuestas a ser parcial o completamente anexionadas. Les establecía un plazo de cinco días, ya que habían ignorado los decretos y comunicaciones de los meses anteriores. La desobediencia de dichas anteiglesias prosiguió, así como las presiones del gobernador, hasta que se consiguió que la cesión fuera parcial. La entrega de los nuevos límites jurisdiccionales de Bilbao se realizó el 2 de abril de ese mismo año. La corporación municipal bilbaína quedó muy agradecida con Rodríguez Ferrer, hasta el punto de enviarle una comisión especial encargada de entregarle una copia de un acuerdo municipal en el que se reconocía el papel fundamental realizado por el gobernador. A pesar de llevarse a cabo las anexiones, las anteiglesias afectadas siguieron mostrándose díscolas a las comunicaciones del gobernador, y aún llevaría tiempo cerrar todos los aspectos relacionados con el tema. El 26 de junio de 1870, el regente Serrano aceptó su dimisión como gobernador de Bizkaia, por problemas de salud.

Poco más de un año estuvo Rodríguez Ferrer apartado de la política. El 31 de octubre de 1871 fue nombrado gobernador civil de la provincia de Murcia, puesto que ocupó hasta su dimisión el 12 de febrero de 1872. Posiblemente, esta se debió a los vaivenes políticos, que explicarían sus siguientes nombramientos y dimisiones como gobernador. Así, la dimisión como gobernador civil de Murcia coincidió con la presidencia de Práxedes Mateo Sagasta en el Consejo de Ministros; su nombramiento como gobernador de la provincia de Jaén, ocurrido el 11 de junio del mismo año, tuvo lugar con Francisco Serrano al frente del Consejo de Ministros; la dimisión de dicho cargo (18 de junio de 1872) coincidió con Manuel Zorrilla como presidente del Consejo; ya durante la Primera República, el 14 de mayo de 1874, el presidente, Francisco Serrano, le nombró gobernador civil de la provincia de Oviedo, cargo del que dimitió el 7 de noviembre de dicho año, siendo Sagasta presidente del Consejo de Ministros.

Con la restauración borbónica y un gobierno liderado por el liberal conservador Cánovas del Castillo, Rodríguez Ferrer fue gobernador civil de varias provincias: Oviedo (3 de agosto a 19 de octubre de 1875), Valladolid (dimitió el 30 de diciembre 1875) y Albacete (27 de marzo a 6 de agosto de 1876). Desde el 1 de agosto de 1876 se le pasó a oficial de tercera en el Ministerio de Fomento, donde ocupó diferentes puestos. Cesó el 25 de febrero de 1881, posiblemente, coincidiendo con el cambio de gobierno.

El 27 de marzo de 1884 fue nombrado oficial de tercera clase en el Ministerio de Ultramar y, a pesar del cambio de gobierno, permanecería en él, desem-peñando diferentes puestos, hasta finales de 1888, en que cesó. Falleció en Madrid el 6 de junio de 1889.

Persona observadora, inquieta, emprendedora y trabajadora, Rodríguez Ferrer publicó varias obras y numerosos artículos sobre diversos temas, convirtiéndose, así, en un auténtico ilustrado de su tiempo. Como se ha señalado, investigó sobre todos los ámbitos de la isla de Cuba, lo que le llevó a ser un experto de la realidad cubana, no solo en sus aspectos naturales, históricos y sociales, como quedó plasmado en su obra Naturaleza y civilización de la grandiosa isla de Cuba (1876-1887), sino también políticos, al tratar en diversos escritos la cuestión cubana y plantear posibles reformas (Los nuevos peligros de Cuba entre sus cinco crisis actuales, 1862; Los nuevos peligros de Cuba: reformas de la isla, 1868). Las investigaciones realizadas le valieron su membresía en la Real Sociedad Económica de La Habana.

Destacó también por la elaboración de su obra Los vascongados: su país, su lengua y el príncipe L. L. Bonaparte (1873), por la que fue nombrado socio honorario de la Real Academia de la Historia (14 de enero de 1874). Se publicó durante la Primera República y mientras tenía lugar la Tercera Guerra Carlista. Está dedicada al entonces diputado general de Álava, el marqués de Urquijo, e introducida extensamente por Antonio Cánovas del Castillo. Este historiador y político presenta la situación en la que se encontraban en ese momento las Provincias Vascongadas. La obra de Rodríguez Ferrer es un completo estudio del pueblo vasco en todos sus aspectos, incluyendo a los vascos franceses y a los navarros. Así, comienza describiendo los rasgos característicos del pueblo vascongado y su origen histórico; relata la historia, describe el territorio y menciona a las principales celebridades; presenta las características del euskera, llegando a escribir: «Con esta lengua sucede como con la raza en que todavía se habla: todo es extraordinario, todo es misterioso y todo repasa el nivel de lo común» (p. 50); y narra la expedición científica que realizó el príncipe Luis Luciano Bonaparte para conocer el euskera. Concluye la obra con una serie de artículos («ilustraciones y comprobantes») en los que se desarrollan algunos temas mencionados en capítulos anteriores, como, por ejemplo, las mujeres, los antiguos bosques, los principales literatos y artistas, la organización social y gobernación, los Fueros o la importancia de los vascongados en los descubrimientos de ultramar.

El amor de Rodríguez Ferrer por el País Vasco fue mencionado en numerosas ocasiones por él mismo. Desde que llegó por primera vez, se sintió atraído por el paisaje y sus gentes y, aunque le tocó gobernar en momentos complicados y trabajar duro por la granja modelo, siempre sintió un vivo interés por ser útil. En palabras de Endrike Knörr, Rodríguez Ferrer fue un «gobernador vascófilo» (El Correo, 5 de abril de 1995). No solo colaboró en diversas revistas vascas, como Irurac Bat o Euskal-Erria, tratando aspectos variados, como Vitoria, Fuenterrabía o la caverna de Aizquirri, sino que fundó El Porvenir Alavés, un periódico semanal de carácter político, científico y literario, de tirada nacional y con noticias locales e internacionales.

También fueron interesantes sus artículos de carácter social, cultural y político, en revistas como La Ilustración Española y Americana, La Patria, Clamor Público, Gaceta de los Tribunales, La Semana, Revista de España, Revista Contemporánea, Revista de Antropología, La Guirnalda (publicación dirigida al público femenino), etc. Fue fundador, además de los mencionados Revista de España y sus Provincias de Ultramar y El Porvenir Alavés, del periódico El Cordobés (23 enero 1841), dedicado a aspectos políticos, agrícolas, comerciales, literatos y artísticos, y que solo publicó seis números. Cuatro años después, el 17 de julio de 1845, fundó El Mensajero de la sociedad de fomento industrial y mercantil, periódico destinado a proteger los intereses materiales de España.

En su época, fueron muy aclamadas sus investigaciones arqueológicas y antropológicas llevadas a cabo en Cuba. Se le considera el pionero de dichos estudios en aquellas tierras, así como en los estudios internacionales relacionando fosilización con antigüedad geológica. Su experiencia y conocimiento lo llevaron a ser elegido para realizar en septiembre de 1880 el informe sobre la autenticidad de las pinturas de Altamira.

Algunas de sus obras, especialmente El tabaco habano, se divulgaron ampliamente, al formar parte de las bibliotecas de las escuelas de diversas localidades españolas.

La trayectoria política de Miguel Rodríguez Ferrer muestra su liberalismo conservador. Era partidario del mantenimiento del régimen foral y consideraba que la religión debía ser tratada como una creencia y no como un arma política. Abogaba por la «unidad nacional, descentralización interna, libertad mercantil y preponderancia de [la] marina» española (Los nuevos peligros de Cuba, 1862, p. 134). En cuanto a su carácter, se consideraba rígido por educación en el cumplimiento de sus deberes, firme en sus creencias políticas y conciliador. Fue reconocido y apreciado por periódicos de diferentes tendencias ideológicas. Recibió la condecoración de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (4 de febrero de 1878), y su necrológica apareció rodeada de halagos en varias publicaciones.

Obras

Rodríguez Ferrer, M., De los sucesos de Bilbao. Á la nacion, Santander: Imprenta de Riesgo, 1841.

Sin Parlamento no hay porvenir para los tronos o Refutación á el folleto titulado Un monárquico á los parlamentarios, por el autor de la carta, un monárquico al Sr. Martinez de la Rosa, Vitoria: Imprenta y Litografía de Egaña y Compañía, 1844.

«Cuadro descriptivo ó paralelo general entre las Provincias Vascongadas y el país de Andalucía», Mensajero de la Sociedad de Fomento, 88 (1845); R. Sánchez Pérez, Apuntes biográficos sobre D. Miguel Rodríguez Ferrer, Sevilla: Padilla Libros, 2010, pp. 61-70.

El tabaco habano: su historia, su cultivo, sus vicisitudes, sus más afamadas vegas en Cuba […], Madrid: Imprenta del Colegio Nacional de Sordo-Mudos, 1851. Traduccs.: Manuel du plantear de tabac, traduit de l’espagnol par le Dr. Wahu, Alger: Imprenta de Bouyer, 1863; Charleston: Nabu Press, 2012; Marrickville: Wentworth Press, 2018; Delhi: Pranava Books, 2019.

Dictamen que en el cabildo estraordinario de 24 de febrero de 1861, celebrado en la ciudad de Puerto Príncipe, leyó M. R. F., Puerto Príncipe: Imprenta del Fanal, 1861.

Los nuevos peligros de Cuba entre sus cinco crisis actuales, Madrid: Imprenta Manuel Galiano, 1862.

«Un paseo por Albaicín», en J. Serra, La Alhambra: relatos de Granada. Recuerdos de Andalucía. Colección de artículos escogidos de la publicación de igual nombre, que a cargo del liceo artístico-literario de aquella ciudad, redactaban sus mejores literatos, Barcelona: Ramírez y Rialp, 1863, pp. 185-188.

Los nuevos peligros de Cuba: reformas de la isla, Madrid, 1868.

«Del archipiélago de las Antillas, y de si Cuba estuvo unida o no al continente americano», Revista de España, 19 (1871), pp. 324-346.

Los vascongados: su país, su lengua y el príncipe L. L. Bonaparte, Madrid: J. Noguera, 1873. Reeds. Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1976; Mairena del Aljarafe, Sevilla: Extramuros, 2008.

Naturaleza y civilización de la grandiosa Isla de Cuba, ó estudios variados y científicos, al alcance de todos, y otros históricos, estadísticos y políticos. Parte primera. Naturaleza, Madrid: Imprenta de J. Noguera á cargo de M. Martínez, 1876. Traducc.: Estados Unidos: British Library, 2011; y Parte segunda. Civilización, Madrid: Tipografía de Manuel Ginés Hernández, 1887.

Tres artículos sobre la primera necesidad de Cuba hecha la paz según se publicaron en el periódico El Tiempo los días 12, 15 y 21 de noviembre de 1877, s. l.: s. n., 1877.

Aizquirri y Aránzazu. Recuerdo de una expedición veraniega por el País Vasco en 1877, Madrid: Sociedad de Tipógrafos, 1878; La caverna, «Aitzkirri», Euskal-Erria, 52 (1905), pp. 214-225.

«Los restos de Colón no están en Santo Domingo, sino en Cuba», Revista Contemporánea, 14 (1878), pp. 188-202.

«Apuntes de un diario», La Ilustración Española y Americana, 37 (1880), pp. 206-207 y 210.

Agua, azogue y carbón: cartas descriptivas de una expedición de estudio a los hervideros de la Fuensanta, minas de Almadén y a las de Hornaguera en Puerto-Llano (Ciudad Real) verificada durante 1873 y 1874, Madrid: Ed. Manuel G. Hernández, 1881; Revista Contemporánea, 34 (1881), pp. 409-426; 35 (1881), pp. 65-80 y 301-323; 36 (1881), pp. 270-287; 37 (1882), pp. 59-73 y 180-192.

«La paleo-arqueología cubana en su instalación del Museo de Americanistas», La Ilustración Española y Americana, 38 (1881), pp. 219 y 221.

«De los terrícolas cubanos con anterioridad a los que allí encontró Colón, según puede inferirse de las antigüedades encontradas en esta Isla», Congreso Internacional de Americanistas. Actas de la cuarta reunión. Madrid, 1881, t. I, Madrid: Imprenta de Fortanet, 1883, pp. 224-267.

«Apuntes y documentos sobre Fuenterrabía, pertenecientes á los siglos xvi y xvii, extractados del ministerio de la Guerra», Euskal-Erria, 5 (1882), pp. 8-37.

«Vitoria, la culta, y el cura de Elorriaga», Euskal-Erria, 8 (1883), pp. 344-351.

«De la época que precedió al descubrimiento de la América», Revista Contemporánea, 43 (1883), pp. 385-405.

«Vuelta de Colón sobre la isla de Cuba», Revista Contemporánea, 46 (1883), pp. 291-309.

«Los partidos españoles y el de autonomía en la isla de Cuba», Revista Contemporánea, 47 (1883), pp. 447-483.

Breve memoria presentada al Excmo. Sr. D. Pedro Egaña en el tiempo que estuvo de diputado general de la provincia de Álava sobre la disminución que sufre la población rural…, Vitoria: Imprenta de Domingo SAR, 1886.

«Naturaleza y civilización de la isla de Cuba», Revista Contemporánea, 63 (1886), pp. 52-75, 168-182 y 240-252.

«Don Manuel Iradier Bufly y su obra como explorador en el África tropical española», Revista Contemporánea, 68 (1887), pp. 566-589; 69 (1888), pp. 24-41.

«Fuenterrabía. Su situación, sus recuerdos y sus glorias», Euskal-Erria, 21 (1889), pp. 193-202.

«Caserío Real Justiz», Euskal-Erria, 56 (1907), pp. 214-225.

Bibliografía

Dendle, B. J., «Una revista olvidada del siglo xix: la Revista de España y sus provincias de Ultramar (1850-1851)», Cuadernos de Investigación. Historia, 11 (1985), pp. 84-95.

García González, A., «Rodríguez Ferrer, Miguel», Diccionario Biográfico Español, Madrid: Real Academia de la Historia. Edición en línea: http://dbe.rah.es/biografias/73224/miguel-rodriguez-ferrer (consultado el 12 de noviembre de 2019).

Hernández Godoy, S. T., «Arqueología e historiografía aborigen de Cuba en el siglo xix», Anales del Museo de América, 11 (2003), pp. 177-196.

Knörr, E., «Rodríguez Ferrer fue un “gobernador vascófilo”», El Correo, 5 de abril de 1995.

— «El prólogo vasco de Antonio Cánovas», El País, 13 de octubre de 1997.

Rangel Rivero, A.; Arredondo Antúnez, C., y Sánchez Pérez, R., «Miguel Rodríguez Ferrer: vida y obra de un arqueólogo sin gabinete», Cuba arqueológica, 2 (1) (2009), pp. 16-26.

Sánchez Pérez, R., Apuntes biográficos sobre D. Miguel Rodríguez Ferrer, Sevilla: Padilla Libros, 2010.

Fuentes. Becerro de Bengoa, R., «Granja agrícola El Retiro en Villa-Real», Euskal-Erria, 6 (1882), pp. 16-18.

Granja del Retiro, Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 2 (1877), pp. 466-468.

Petición de Miguel Rodríguez Ferrer dirigida al diputado general de Álava, solicitándole apeo y medición de los terrenos sitos en el término de Larrabea, Vitoria, 25 de octubre de 1861. Archivo del Territorio Histórico de Álava ATHA-FHPA-DH-1-9-06 (ff. 9-10).


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