Cargos y oficios
Clérigo. Autor del Liber peregrinationis.
Trayectoria
Natural del lugar poitevino de Parthenay-le-Vieux (actual departamento de Deux-Sevres), poco se sabe de su vida, aunque su obra hace imaginarle como un clérigo culto, familiar de los caminos que llevaban a los santuarios más concurridos, desde Jerusalén a Compostela, pasando por los de Italia y Francia.
Autor del Liber peregrinationis o Guía de la peregrinación que compone el quinto libro del Liber Sancti Jacobi, más conocido como Códice Calixtino, manuscrito realizado en el siglo xii. Se trata de la primera de las guías del Camino y, en ella, el autor demuestra ser un buen conocedor de las rutas que describe y que son las principales desde el centro de Francia a los Pirineos y, salvados estos, fundidos en uno solo desde Puente la Reina. La Guía del peregrino tiene un sumario y once capítulos de distinta extensión, que van desgranando los pueblos y ciudades del camino, los ríos y su calidad, las gentes y los juicios que merecen al autor. La descripción que en su obra hace de los navarros y de sus ríos muestra un gran resquemor hacia estas tierras, quizá movido por algún resentimiento por el hecho de que Aimerico, refinado autor, exagerara los contrastes de un país tan diverso como Navarra.
El capítulo séptimo, De nominibus terrarum et qualitatibus gentium que in ytinere Sancti Jacobi habentur, describe los grupos humanos que el peregrino jacobeo va a encontrar, entre ellos los de estas tierras. El texto dice: «Luego, cerca de los puertos de Cize, viene el territorio de los vascos, con la ciudad de Bayona hacia el norte, en la costa. Esta es tierra de lengua bárbara, boscosa y montuosa, carente de pan, vino y todo género de alimento, salvo el refrigerio de manzanas, sidra y leche. En esta región, cerca del puerto de Cize, en Ostabat, Saint-Jean y Saint Michel, son tan malvados los cobradores del portazgo que merecen la condena más dura, porque armados con dos o tres palos salen al paso de los peregrinos y les arrancan a la fuerza tributos injustos». Tras pedir a las autoridades mano dura con tales recaudadores, sigue: «Todavía en tierra de vascos, el camino pasa por un monte muy alto, Port de Cize, así llamado por ser la puerta de España o porque por ahí pasan las mercancías de un país a otro. Tiene ocho millas de subida y otras tantas de descenso y parece que toca el cielo. Quien lo sube cree poder tocar el cielo con la mano. Desde la cima puede verse el mar británico y occidental, así como los confines de Castilla, Aragón y Francia. En la cima hay un paraje, llamado la Cruz de Carlomagno».
Recuerda la ruta del emperador franco y llega a Roncesvalles. «Pasado este valle, viene la tierra de los navarros, próvida en pan, vino, leche y ganado. Navarros y vascos se parecen y tienen características parejas en la alimentación, vestido y lengua, pero los vascos son de rostro más pálido que los navarros. Los navarros usan ropas negras y cortas hasta las rodillas, como los escoceses, y utilizan un calzado que llaman abarcas hechas de cuero peludo sin curtir, que atan con correas al pie, protegen las plantas de los pies y dejan el resto al descubierto. Llevan mantos negros de lana que les cubren hasta los codos, con orla, a modo de capote, y les llaman sayas. Visten, pues, mal, y mal comen y beben. En casa del navarro toda la familia come junta, tanto el criado como el amo, la señora y la sirvienta, y mezclan todos los platos en una cazuela y comen con las manos, sin cucharas, y beben todos del mismo jarro. A quien les ve comer le parecen perros o cerdos. Y a quien les oye hablar le recuerdan los ladridos de los perros. Su lengua es completamente bárbara. A Dios le llaman Urcia; a la Madre de Dios, Andrea Maria; al pan, orgui; al vino, ardum; a la carne, aragui; al pescado, araign; a la casa, echea; al dueño de la casa, iaona y andrea a la dueña; a la iglesia, elicera; al sacerdote, belaterra, equivalente a bella tierra; al trigo, gari; al agua, uric; al rey, erreguia y a Santiago, Jaona done Jacue. Son un pueblo bárbaro, diferente de todos los demás en naturaleza y costumbres, lleno de maldad, negro de color, de aspecto innoble; son malvados, perversos, pérfidos, desleales, lujuriosos, borrachos, duchos en toda violencia; pueblo feroz y salvaje; desalmado y réprobos, impíos y rudos, crueles y pendencieros, huérfanos de virtud y diestros en toda iniquidad, parejos a los Getas y sarracenos en maldad, enemigos cerrados de nuestra nación gala. Un navarro o un vasco mata como puede a un francés por una moneda miserable. En algunas de sus regiones, por ejemplo, en Álava y Bizkaia, los navarros mientras se calientan, se enseñan sus partes, el hombre a la mujer y la mujer al hombre. Además, los navarros fornican con el ganado. Cuentan que el navarro coloca en las ancas de su mula o yegua una protección para impedir su goce a los demás. También da besos lujuriosos a la vulva de su mujer o de su mula. He ahí por qué las personas enteradas deben reprobar a los navarros.
No obstante, son valientes en la batalla, esforzados en el asalto de fortalezas, puntuales en el pago de los diezmos y asiduos en las ofrendas al altar. El navarro, cada vez que se acerca a la iglesia, ofrece a Dios pan, vino, trigo o cualquier otra cosa. Allá a donde va un navarro o un vasco muestra colgado del cuello un cuerno como de cazador y acostumbra a llevar en la mano dos o tres jabalinas que llaman auconas».
Después de rastrear un origen escocés para los habitantes de esta tierra, la Guía estampa que «navarro se traduce non verus», no verdadero, es decir nacido de raza o prosapia no pura ni legítima —porque los escoceses mataron a todos los varones y se hicieron con sus esposas— y que «los navarros tomaron su nombre de una ciudad llamada Naddaver». Tales etimologías fueron calificadas por el P. Fita como «argumento insípido», fruto fiel de la inquina gálica del autor. Es difícil aceptar como objetivos los adjetivos del viajero, que acaso escribía escocido de resentimiento. En cualquier caso, el autor de la Guía se interesó por la lengua vasca y nos dejó, junto a maledicencias acientíficas, una de las primeras listas de voces en euskera, en las que se advierten los préstamos latinos y algunos rasgos fonéticos.
Estos pasajes, los más duros y crudos de la Guía, debieron ser los que movieron a Ambrosio de Morales, enviado por Felipe II a León, Galicia y Asturias (1572) a aconsejar la destrucción del Códice, porque «quien quiera que fue el autor, puso allí cosas tan deshonestas y feas, que valiera harto más no haberlo escrito». El cabildo compostelano valoraba el Códice en mucho y no hizo caso al enviado regio.
El autor de la Guía no denostó solo a los navarros, sino incluso sus ríos, salvo el Arga, del que no dice nada, y el Ega, «de agua dulce, sana y extraordinaria». El mismo recalca: «Todos los ríos entre Estella y Logroño son malsanos para las personas y animales y sus peces son nocivos». Y en el caso del río Salado, a su paso por Lorca, aún dice más: «Camino de Santiago, sentados a su orilla, dimos con dos navarros que afilaban los cuchillos con los que acostumbran desollar las cabalgaduras de los peregrinos que abrevaban de aquel agua y morían. Les preguntamos y nos mintieron al respondernos que sí, que aquel agua era potable. Les dimos de beber a nuestros caballos; dos murieron enseguida y los navarros los despellejaron allí mismo». Entre tantas líneas cargadas de opiniones adversas, el autor calificó a Estella como «próvida en buen pan y vino, excelente en carne y pescado y en todo tipo de delicias».
Frecuentemente, a la vista de lo anterior, se ha hecho referencia a la especial animadversión que el autor de la crónica tenía hacia los navarros. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el clérigo procedía de un país en el que las poéticas estrofas en torno al héroe Roldán, que narraban su dramática agonía en Roncesvalles con el rostro vuelto hacia los amplios horizontes de España, habían calado con fuerza en las mentes y corazón de los peregrinos, clérigos o viajeros que llegaban a Navarra. A ello hay que añadir la nueva lírica que se iba creando en torno a Carlomagno, haciendo de él un peregrino, el primer devoto de Santiago y, a la vez, campeón de la reconquista española.
En este ambiente, no parece raro que Aimerico, refinado autor, exagerara los contrastes de un país tan diverso como Navarra. Es lógico que resaltara la hospitalidad de sus conciudadanos, como la de los «francos» de Estella, y que censurara comportamientos de los que él consideraba modestos labriegos, portadores además de una lengua, a su juicio, exótica y «bárbara». Quizá reflejara la imagen tan estereotipada que contrapone, hasta la caricatura, las conductas del hombre de la ciudad y de la aldea. En definitiva, puede apreciarse cómo el Liber Peregrinationis contiene una gran riqueza de información en relación, además, con diversos ámbitos de estudio, tanto los referidos directamente a la historia del Camino como a las sociedades del norte peninsular por cuyas tierras transitaban los peregrinos a Compostela. Si bien el texto es muy conocido y se ha tratado en profundidad, merece la pena recordar el enorme potencial que tiene, sobre todo en referencia a la amplia bibliografía existente sobre los temas que trata.
Como se ha comentado el Iter pro peregrinis ad Compostellam o Guia conforma el Libro V del Códice Calixtino, obra atribuida al papa Calixto II (11131143) conservada en el archivo catedralicio de Santiago de Compostela, manuscrito del siglo xii. Consta de 225 folios y consta de cinco partes: un bloque de sermones, textos litúrgicos y fórmulas litúrgicas compostelanas; una colección de 22 milagros verificados en diversas regiones y debidos a Santiago; narración del traslado del cuerpo del Apóstol a Galicia; el Pseudo Turpín; y el conocido como Liber Peregrinationis. El Pseudo Turpín fue desgajado del volumen a principios del siglo xvii. En ellos, la presencia de Navarra es bastante importante, no solo en el último de ellos, la Guía de peregrinos, dado que en los restantes, aunque de forma más escueta, aparecen diversas referencias a esta región.
El 5 de julio de 2011, los archiveros de la catedral de Santiago, denunciaran el hurto del Codex Calixtinus, obra de diversos autores, tanto de los textos literarios como de las páginas musicales, pese a que la carta de Calixto II que encabeza el códice es falsa, como lo es la del papa Inocencio II (1130-1143) que avala la de Calixto II. Pudo tardar más de cuarenta años en elaborarse, quizá en el periodo de tiempo comprendido entre la segunda mitad de la década de 1120 e inicios de la de 1170. El Libro I, que abarca más de la mitad del Codex es el Libro de las Liturgias (Anthologia litúrgica), contiene 17 sermones para las fiestas de Santiago y en el sermón que forma el segundo capítulo, entre los milagros citados para hacer palpable el peligro de no guardar la fiesta de Santiago, hay uno localizado en Tudelionum, actual despoblado de Tudején, en Fitero, con una clara alusión a los baños del lugar. En él se narra que cierto labrador estuvo majando trigo en la era todo el día de Santiago. Al atardecer se metió en un baño que está junto al castillo, que es una antigua y admirable obra de moros. Y al sentarse en él, la piel de la espalda, desde los hombros a las piernas, se le pegó a las paredes del baño y a la vista de todos exhaló su espíritu, por haber transgredido festividad tan grande.
En el Libro II o Libro de los Milagros (De miraculi sancti Jacobi), que contiene una colección de 22 milagros atribuidos al Apóstol y realizados en diversas regiones de Europa, el capítulo VI trata «Del poitevino a quien el Apóstol dio como ayuda un ángel en la figura de un asno», que tuvo lugar, en parte, en Navarra. Este suceso que narra el milagro realizado por Santiago con un peregrino poitevino y su familia, maltratados y robados en Pamplona y favorecidos por el Apóstol para cumplir su peregrinación hasta su llegada a Compostela, aparece representado en el primer cuerpo del retablo mayor de la iglesia de Santiago de Pamplona, donde aparecen dos relieves. En el primero de ellos el Apóstol, en hábito de peregrino, asiste al padre y los dos hijos y les hace entrega de un borrico que supla a la yegua que les había sido robada la noche anterior en la ciudad para que puedan proseguir su viaje. En el segundo, ya en Compos- tela, aparece el peregrino arrodillado delante de Santiago, vestido de Apóstol, mientras los dos niños cabalgan sobre los lomos del borrico.
El Libro IV (L’Historia Karoli Magni et Rotholandi), se centra en la crónica del arzobispo Turpín, conocido como Pseudo Turpín, y da cuenta de la entrada de Carlomagno en la Península, la derrota de Roncesvalles y la muerte de Roldán. Narra, en el capítulo I, cómo Santiago se apareció en sueños a Carlo- magno, lo incitó a liberar su tumba de los musulmanes y además le indicó la dirección a seguir: un camino de estrellas. Asimismo, el capítulo II da cuenta de la destrucción de las murallas de Pamplona, mientras que en el III cuenta las ciudades conquistadas por Carlomagno; el XVI narra la batalla de Furro en Monjardín y el XXI la batalla de Roncesvalles, la muerte de Roldán y de otros combatientes. Por último, será el Libro V (Iter pro peregrinis ad Compos- tellam), denominado frecuentemente como Guía del peregrino de Santiago, donde, como ha podido verse, las referencias a Navarra, sus ríos o sus habitantes son constantes.
Obras
Codex Calixtinus, c. 1160-1180, manuscrito iluminado de mediados del siglo xii que contiene el más antiguo texto del Liber Sancti Iacobi (c. 1140). Custodiado en la catedral de Santiago de Compostela, el archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona conserva una copia incompleta de 86 folios (Fondo de Ripoll, núm. 99), debida a Arnaldo del Monte, monje de Ripoll, que la escribió el año 1173. Traducciones castellanas: Moralejo, A.; Torres, C., y Feo, J., Liber Sancti Iacobi. Codex Calixtinus (a partir de la edición del texto latino de W. M. Whitehill), Santiago de Compostela: CSIC, 1951. Bravo Lozano, M. (ed. y trad.), Guía del peregrino medieval, «Codex Calixtinus», Sahagún: Centro de Estudios del Camino de Santiago, 1989. Ed. facsímil: Codex Calixtinus. Archivo de la Catedral de Santiago de Compostiela, Madrid: Kayde- da, 1993.
Bibliografía
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Ayerza Elizarain, R., «Siglo xii: vascos y navarros en el Codex Calixtinus», Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 73 (2017), pp. 5-15.
Bravo Lozano, M. (ed. y trad.), Guía del peregrino medieval, «Codex Calixtinus», Saha- gún: Centro de Estudios del Camino de Santiago, 1989.
Díaz y Díaz, M. C., El Códice Calixtino de la Catedral de Santiago. Estudio Codicológico y de contenido, Santiago de Compostela: Centro de Estudios Jacobeos, 1988.
JusuÉ Simonena, C., Santiago en Navarra: imagen, memoria y patrimonio, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2011.
Moralejo, A.; Torres, C., y Feo, J., Liber Sancti Jacobi «Codex Calixtinus», Santiago de Compostela: CSIC, 1951. Reed. Santiago de Compostela: Consejería de Cultura de la Junta de Galicia, 2004.
Cita bibliográfica
Jusué Simonena, C., “Picaud, Aimerico», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 341-346..





