Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras de la Corona de Castilla

PERALTA Y BARNUEVO, Pedro de (Lima, Perú, 1664-1743).

Cargos y oficios

 Literato, abogado, matemático, geógrafo, astrónomo, cosmógrafo, ingeniero militar e historiador.

Trayectoria

Nacido el 26 de noviembre de 1664, fueron sus padres el español Francis­co de Peralta y Barnuevo, natural de Guadalajara y contador de la Audiencia de Lima, y Magdalena de la Rocha y Benavides, dama limeña. Estudió Artes y Leyes en la Universidad de San Marcos, alcanzando en 1686 el grado de abogado en Derecho Romano y Canónico. Gracias a su formación, desem­peñó el cargo de contador que había ocupado su padre. En 1709 obtuvo la cátedra de Prima de Matemáticas en la Universidad de San Marcos, de la que además fue rector entre 1715 y 1717, así como el título de cosmógrafo mayor del virreinato del Perú. También fue nombrado socio correspondiente de la Academia de Ciencias de París. Dominó seis idiomas: latín, griego, portugués, inglés, francés e italiano. Publicó obras sobre muy diversas disciplinas cientí­ficas, así como otras literarias de circunstancias, de carácter laudatorio. De la abundante y variada aportación bibliográfica de Pedro de Peralta destaca su extensa Historia de España vindicada, dedicada al príncipe de Asturias, des­pués Fernando VI, y generalmente considerada como lo más importante de toda su producción. Del ambicioso proyecto inicial, según el cual la obra pre­tendía abarcar la historia de España desde la Antigüedad hasta el siglo xviii, solo llegó a publicar el primer tomo, que consta de cinco libros y finaliza en la época visigoda. En 1732 tenía concluido el segundo, si bien nunca llegó a publicarse, debido a que no consiguió la subvención de 3.000 pesos anuales que solicitó en España por mediación de varios amigos influyentes. Uno de ellos, el P. Feijoo, dijo que la mencionada obra era «el más rico tesoro que hasta ahora salió de América, por la copiosa erudición y prodigiosa opulencia de sus noticias».

Pedro de Peralta nunca salió de América. Sin duda con el fin de disipar en sus lectores cualquier posible recelo o suspicacia que este hecho pudiera des­pertar, en su Historia de España vindicada señala haber contado para su elabo­ración con los más recientes y precisos instrumentos cartográficos impresos en Amsterdam y París, y con un amplio repertorio de obras historiográficas, tanto de autores españoles como extranjeros, antiguos y modernos. No consideraba requisito indispensable para escribir la historia de un país haberlo visitado, porque si así fuera «negaríamos la fe a Tito Livio en lo que habla de España y de Grecia; a Tacito en lo que escribe de Alemania, y Asia; y sin estendernos a otros tan antiguos, a Herrera, y a Solis en lo que refieren de el America». Critica la brevedad de las obras de Florián de Ocampo, Ambrosio de Morales, Núñez de Castro, etc., y especialmente al analista aragonés Pellicer, de quien dice «que con ilustre erudicion hizo Investigaciones, más que Annales: los quales, por hallarse interrumpidos de hojas enteras de lugares Latinos, son mas para los doctos, que para el comun de la Nacion […] y assi me parecio que haria un sin­gular servicio a la Nacion, y al Orbe politico, si acertasse a escribir una Historia de España comprehensiva, corregida, y corriente».

La Historia de España vindicada se inicia (Libro I, cap. I) con una des­cripción de las diferentes regiones de España, de las cuales ofrece abundan­tes noticias. Señala que diversos historiadores, entre ellos el obispo Lucas de Tuy, Ocampo, Morales, Garibay, el obispo de Pamplona Prudencio de Sando- val, etc., incluyeron en la antigua Cantabria las provincias de Vizcaya, Guipúz­coa, Álava y Navarra, frente a la opinión del cronista navarro José de Moret quien, basándose en algunos autores de la Antigüedad, la reduce al territorio situado entre «lo que oy es Portugalete y el Rio de Bilbao, hasta los Astures […] y entre estos antiguos cántabros, y los Pyreneos mediaban los Vascones, que oy corresponden a Navarra; los Vardulos, que habitaban la mayor parte de Guipúzcoa, y de Vizcaya; y los Autrigones, que ocupaban casi todo lo restante de esta ultima, y buen espacio de lo que oy es Bureba». Esta cuestión, que vuelve a abordar con mayor profundidad en el capítulo XVI del libro segundo, fue tiempo después motivo de discrepancia entre el P. Flórez y el P. Larra- mendi. Más adelante, al hacer referencia al reino de Navarra, el historiador limeño señala: «Poblaronla antiguamente casi toda los Vascones: Nacion de que fue el asiento principal; bastantemente celebre entre los Geographos, e Historiadores antiguos;». Se detiene después en la etimología de su nombre, que procedería de «la diccion Vasconica, Nava, que significa Llano inmediato a cualquier monte; de donde procedio el denominativo, Navarr, y añadido el articulo, Navarra, esto es, el morador del Llano […] Aunque otros le derivan de la primera diccion Nava, y de Erria, como que signifique, tierra llana». Desca­bellada e inverosímil considera la opinión de Pellicer, para quien «al Reyno referido se le impuso el nombre de Navarra por el de la Nacion que la ocupo, afirmando haver sido esta una de las que formaban la de los Godos, que vinie­ron a España».

Al tratar acerca de la población de España (Libro I, cap. IV), hace referen­cia a la llegada de Túbal, nieto de Noé, a la península ibérica, para lo que se apoya en la obra de diversos historiadores, indicando que «cada uno de ellos dice que entro por la provincia que le toca por su procedencia». Así, cita a Re- uter, quien defiende que llegó por el Pirineo catalán, Florián de Ocampo que lo hizo por Andalucía, Garibay por Cantabria, y el jesuita Moret, junto con Rodri­go Ximénez de Rada, el Abulense, etc., que entró por el Pirineo de Cantabria, es decir, por la tierra de los Vascones, «ya por la semejanza de los montes de Armenia, que havian sido antecedentemente morada de los hijos de Noe, y de la fecundidad con que en los de los Vascones, la Naturaleza, Agricultora volunta­ria, les tenia prevenido en sus silvestres arboles el alimento de sus groseros fru­tos, ya de la comodidad de sus minas de hierro para la cultura de los campos, y ya en fin por la consonancia de los nombres de algunos Montes, y Rios de los Vascones con los de Armenia.» Cita aquí el monte Aralar, cerca de Pamplona, y el de Gorbeia en Alava, y su similitud con los llamados Ararat y Gordieyo en Armenia, y la semejanza de los ríos Araxes y Arga de Navarra con los armenios Araxes y Argo. Del mismo modo, defiende la derivación de los nombres de Se- tubal, Tudela, Tafalla, y Tarragona de los de Thubal, o Thubala, y de Taraqoan, vocablo armenio que significa junta de pastores.

«En quanto a la primitiva Lengua de los Españoles, no parece que pueda dudarse que la Vascongada presente fue una de las primeras que se hablaron en España […] pues en aquella no se encuentra vestigio alguno de Idioma estran- gero, principalmente de los Phenicos, Cathagineses, ni Romanos […] quedan­do, como es natural en las Montañas, adonde aquellos no llegaron, la propria universal. Es constante, que ninguna de estas introducidas fue la Vascongada: luego es cierto que esta fue la general». Con esta categórica afirmación se abre el capítulo VI del primer libro, en el que Peralta, con profusión de argumentos histórico-filológicos, lleva a cabo una enardecida defensa de la antigüedad de la lengua vascongada. Señala que, si bien diversos autores antiguos y modernos (Plinio, Julio César, Morales, Alderete, Moret, etc.) destacan la existencia de términos que no tienen origen vascónico, como Briga, que significa pueblo, etc., ello se debería únicamente a que habrían sido introducidas posteriormente por la llegada de otros pueblos, «o por haverse esas palabras perdido en el Vascuen­ce, […] puesto que como el tiempo ha adulterado los Latinos en España, pudo haver hecho lo mismo antiguamente con los Vasconicos». Y se pregunta el his­toriador limeño «Que semejanza tiene aora Denia con Dianium Latino, que no la pudo tener entonces Iliberris con Iriberri, que en Vascuence suena Población nueva? Que proporcion Tarazona con Turiason, que no la pudo tener el mismo nombre de Turiason con el de Ituriasson, que vale buena de fuentes? […] De suerte que no se halla prueba convincente contra la primitiva generalidad de esta Lengua (la vascongada) en España, por lo menos en los primeros siglos de su poblacion».

Considera Pedro de Peralta que no es válido el argumento de que en la lengua castellana no se hallara vestigio alguno de la vascónica para negar su existencia previa, como alegó algún autor (cita a Gregorio López), pues se ha­bían dado casos similares en otros países. Pone el ejemplo de Francia, donde «primero se extinguio la de los Celtas, y Galos, y despues la de los Tudescos y Alemanes (introducida por los Francos) con la extension de la Latina, propa­gada por los romanos dominantes […] y esto sin la circunstancia de quedar el Idioma originario conservado en parte alguna del Pays, como sucedió en el de los Vascones […] Que mas vestigio puede desearse de una Lengua que el de toda una Provincia? Darian oy mejores señas de la Vasconica en la Castellana, qua- tro vocablos, que tantos lugares como son los que la han retenido? Demas, de que si se consulta otro insigne Moderno (cita aquí a Oihenart) a quien se debe el credito de originario, y de docto en su lenguaje, se hallara en solas pocas le­tras del Alphabeto, que insinuan quantas palabras, o enteras o derivadas, tenga el Castellano del Vasconico».

A las figuras de san Saturnino y san Fermín dedica el autor limeño gran parte del capítulo IV del Libro II. Se contiene aquí el relato de la venida de am­bos a Pamplona, su predicación y martirio, procedente de varias fuentes, entre ellas un libro en pergamino custodiado en la iglesia de San Saturnino de Pam­plona y que contiene las actas de este santo, así como de las Lecciones de rezo y oficios de ambos santos contenidas en breviarios de Pamplona, Toulouse y Amiens, etc. Pedro de Peralta manifiesta sus dudas acerca de dos cuestiones: la época de la venida de san Saturnino, y la ciudad de la que san Fermín fue primer obispo y si lo fue o no de Pamplona. En cuanto a la primera, basándose en la información proporcionada por diversos autores, especialmente san Gre­gorio de Tours (siglo vi), concluye que la época de la venida y predicación de san Saturnino fue ya muy avanzado el siglo i. Sobre la cuestión del obispado de san Fermín, afirma que lo fue de Pamplona, basándose para ello, por un lado, en que era creencia generalizada en la ciudad que el santo había sido el primer obispo de todo el reino de Navarra y, por otra parte, en la obra de san Braulio, obispo de Zaragoza, quien señala «que es celebre entre los Vascones la memoria de san Fermin, Primer Obispo, y Apostol de Pamplona». También se basa en la información aportada por Moret, el cual refiere que el santo fue nombrado patrono del reino, junto con san Francisco Javier, por bula del papa Alejandro VII fechada en 1657. Si el P. Mariana y Bolando se habían mostrado contrarios a esta idea señalando que en realidad había sido obispo de Amiens, alega Pedro de Peralta que otros muchos historiadores, como el citado P. Moret, Carlos príncipe de Viana, Ambrosio de Morales, Esteban de Garibay, el obispo Pedro de París, etc., defendieron el episcopado de san Fermín en Pam­plona, indicando que únicamente en la época final de su vida pasó a la mencio­nada ciudad francesa.

El capítulo XX del Libro V cierra este primer y único tomo publicado de la Historia de España vindicada. Dedicado a la figura del rey visigodo Leovigildo, se hace referencia aquí a la conquista del territorio de los vascones por este monarca en el año 580. Debido al empuje visigodo, un año después aquellos emprendieron su expansión hacia el norte, atravesando el Pirineo, hecho que Peralta narra tomando como base el relato del P. Moret: «Parece que repressa- dos los valerosos Vascones por el inmenso Dique de los Pyrineos, impacientes de las estrecheces de sus Llanos […] inundaron, decendiendo en torrente be­licoso por las faldas que miran a las Galias, de manera que ocuparon, demas de las partes que a la Aquitania se ladeaban, alguna de esta misma Provincia», apoderándose de Gascuña, «a quien dieron nombre con solo el costo del cam­bio ordinario de la V en la G […] Assi con una hermandad de Provincias han corrido ambas Vasconias, y las dos Navarras, esto es, la Española o alta, y la baxa Francesa».

Obras

El conocimiento de los tiempos, Lima: Francisco Sobrino, 1721.

Historia de España vindicada, Lima: Francisco Sobrino, 1730.

Lima fundada o Conquista del Perú en que se decanta toda la historia del descubrimiento y sujeción de sus provincias por D. Francisco Pizarro, Lima: Francisco Sobrino, 1732.

Bibliografía

Adán, M., «Peralta», Mercurio Peruano, 150 (1939), pp. 301-306.

De la Riva Agüero, J., La Historia en el Perú, Lima: Imprenta Nacional de F. Barrionue-

vo, 1910.

— «Pedro Peralta y las influencias francesas en sus obras», Revista de la Universidad Católica del Perú, 6 (1938), pp. 241-285.

Jiménez Borja, J., «Don Pedro de Peralta, conceptista y dieciochesco», Boletín de la Bi­blioteca Nacional, 30 (1964), pp. 5-13.

Cita bibliográfica

Noain Irisarri, J.J., “Peralta y Barnuevo, Pedro de”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 654-658.

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