Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras guipuzcoanos

OTAZU LLANA, José Alfonso Esteban de (Donostia-San Sebastián, 26 de diciembre de 1949 – Vitoria-Gasteiz, 28 de diciembre de 2022)

Cargos y oficios

Historiador, gestor cultural.

Trayectoria


Nació en el seno de una familia de la élite donostiarra con múltiples ramificaciones en Vitoria-Gasteiz y Bilbao. Hijo de Fernando de Otazu y Begoña Llana cursó el bachillerato en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal y más tarde la licenciatura de Derecho en Pamplona/Iruña y Oviedo. Su pasión por la Historia fraguó en su juventud, durante la que disfrutó de la amistad y la compañía en sus trabajos de campo de Julio Caro Baroja, a quien siguió tratando en Madrid junto a otros grandes historiadores como Luis García de Valdeavellano o Ramón Carande, con quienes mantenía un trato familiar. Con veintiún años publicó, con prólogo de Julio Caro, Hacendistas navarros en Indias (1970) y tres años más tarde El igualitarismo vasco: mito y realidad (1973), dos libros deslumbrantes que agitaron con su erudición y nuevas propuestas las aguas de una historiografía vasca anclada en presupuestos ya superados en la Europa del momento, aunque hacia aquellas fechas ya había iniciado su renovación. La publicación de las tesis doctorales de José Ángel García de Cortázar Vizcaya en el siglo XV. Aspectos económicos y sociales (1965), o la de Emiliano Fernández de Pinedo, Crecimiento económico y transformaciones sociales del País Vasco 1100/1850 (1974) son un buen ejemplo.

Ajeno al mundo académico de la época y a sus ataduras, pero con el estímulo de sus prestigiosos maestros, Otazu continuó con su investigación publicando un libro de culto para la historiografía vasca como La burguesía revolucionaria vasca a fines del siglo XVIII (1982), que recopilaba varios trabajos previos. Realizó también propuestas novedosas en aquel momento en España como fueron sus aportaciones sobre la historia de la banca publicadas en 1987: Los Rothschild y sus socios españoles (1820-1850) —que requirió una exhaustiva investigación en archivos de París, algo raro en la España de la época—, o El banco Herrero. 75 años de historia (1912-1987). La obra de Alfonso de Otazu es original, fruto de un enfoque que toma como referencia a los individuos, a las familias, para llegar a la caracterización de los grupos sociales y de la sociedad en su conjunto y se inscribe en los paradigmas de la mejor historiografía europea del momento. No se trata del erudito que escribe la historia de su terruño desconectado del  mundo académico. Nada más lejos de su concepción de la Historia y de su trabajo. Siempre está anclado a las referencias historiográficas y las corrientes en las que se integran sus amigos académicos cuya nómina incluye desde Pierre Villar a Rafael Anes pasando por Emiliano Fernández de Pinedo o, más tarde, por Ernest Lluch, de quien fue albacea testamentario.

Los trabajos de Otazu le señalan como un gran historiador. Pero, además, fue también un excelente gestor cultural. Su pasión por la Historia y su experiencia en ese último campo están estrechamente unidas. Compaginó durante toda su vida ambas actividades. Primero como asesor cultural en el Banco Urquijo. Hasta los últimos meses de 1983, como asesor del Ministerio de Cultura en la época de Javier Solana. Su agenda de contactos en el Banco Urquijo le fue muy útil como asesor en el Ministerio, donde puso en marcha durante su primer año una Fundación para el Apoyo de la Cultura que trataba de sentar las bases de una relación estable con las principales empresas del país para desarrollar más tarde una Ley de Mecenazgo. Allí conoció a Carmen Giménez —más tarde directora del museo Reina Sofía, conservadora del Guggenheim de Nueva York y experta en Picasso—, con quien colaboró durante los años siguientes. Cultos, políglotas, permanentes observadores de la escena cultural internacional, su amistad y su colaboración profesional determinaron la actividad personal y profesional de Otazu durante las dos décadas siguientes. Cuando dejó el Ministerio fue director de la Fundación Río Tinto donde puso en marcha en 1992 el Museo Minero de Río Tinto y secretario general de la Fundación Duques de Soria. Fue también asesor cultural en el Banco Bilbao, de la mano de José Ángel Sánchez Asiaín.

Durante su etapa en el Banco Urquijo, fue responsable de una de las revistas académicas más prestigiosas del momento, Moneda y Crédito, donde publicó en 1974 «Las almas muertas de Vitoria (1753-1760)» y editó en 1978 las Actas del Primer Coloquio Internacional de Historia Económica, celebrado en marzo del año anterior. En el Madrid de los setenta, comprometido en la lucha por la democracia, bien conectado entre los intelectuales y la oposición al franquismo, colabora en la fundación de la Asociación contra la pena de muerte y publica en la revista Triunfo (1971), pero nunca pierde su interés por progresar en el conocimiento de la historia de la sociedad vasca. Visita a menudo la Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico Nacional a la  búsqueda de nueva información para sus estudios. En esos  años publica «El cantar de Bretaña: un poema inédito de fines del siglo XV en lengua vasca» (1975) y, en el Homenaje a Julio Caro Baroja, «Brujería y régimen señorial en la montaña atlántica de Navarra (1600-1620)» (1978).

Combina su actividad de gestión con el desarrollo de sus proyectos sobre la historia vasca. Buena prueba es su monumental Fausto de Otazu a Iñigo Ortés de Velasco: cartas, 1834­-1841, publicado en 1995 junto a Juan Vidal-Abarca y Federico de Verástegui. Se trata de la edición en dos volúmenes de más de 260 cartas entre ambos personajes, parientes y liberales fueristas, durante la guerra carlista. Es un material fundamental para contextualizar y entender el devenir de los acontecimientos y cuenta con un extenso estudio introductorio de Otazu en el que delineaba la evolución ideológica de las élites que configuraron el fuerismo liberal moderado. Desde mediados de los años noventa vive entre Madrid y Zurbano con constantes viajes a Málaga. Animado por su íntimo amigo, Ernest Lluch, interviene en la plaza pública con sus artículos en El Correo hasta que el periódico le indica el final de su colaboración. Otazu no era nacionalista, era un liberal, defensor de los derechos humanos y de la intervención del Estado para garantizar la sanidad, la educación, etc.  Moderado, conciliador y agnóstico, sus planteamientos, como explicaba él mismo, no gustaron a algún ultracatólico ultraconservador.

Destacó en el ámbito de la gestión cultural. Con su ironía habitual, relata que a sus treinta años «lo que no había imaginado nunca, es que a partir de 1983 iba a estar en condiciones de practicar una de las perversiones humanas que, no por no estar aún sin clasificar, deja de ser peligrosa y desasosegante: la de planear o coadyuvar decisivamente a crear museos en ciudades de escasa reputación cultural en torno a colecciones o artistas de gran relevancia internacional». Tuvo la oportunidad de hacerlo junto a personas notables en el plano social, político y económico, siendo el resultado la creación de tres grandes centros museísticos que han colaborado de un modo decisivo en la modernización del país: el museo Thyssen-Bornemisza en Madrid, el museo Guggenheim de Bilbao y el museo Picasso de Málaga. El propio Otazu lo ha relatado magistralmente en Testigo de descargo (2021), una historia de su participación entre 1984 y 2003 en los citados proyectos. Por entonces ya había concebido y empezado un libro que desde el primer momento decidió titular El espíritu emprendedor de los vascos (2008). Trabajé junto a él durante más de tres años redactando los tres primeros capítulos y editando el resto del libro mientras él completaba el resto hasta completar un texto de más de 700 páginas. Concluíamos así una historia del País Vasco desde la baja Edad Media hasta el siglo XIX en la que, en lo esencial, se confronta una sociedad empujada a emigrar a Castilla y a América huyendo de la pobreza y capaz de desarrollar ese talante práctico y emprendedor que aún hoy la distingue, con el integrismo que se introduce en el siglo XVIII, «el gran drama de Euskadi» (El País, G. Gastaminza, 2009).

Era un trabajador incansable. En sus últimos años seguía poniendo en contacto a los propietarios de archivos con la Fundación Sancho el Sabio para que los dejaran en depósito. Pero, ante todo, siguió investigando y publicando. Fruto de ese esfuerzo son los libros publicados durante los últimos años, la mejor expresión de su conocimiento y su pasión por la Historia. Aceptó el reto de escribir y comentar la biografía y las fotos tomadas por Ignacio de Múrua en El fotógrafo, frente a la cámara y de cerca. Notas sobre el Conde del Valle (Bergara, 1863 – San Sebastián­-Donostia, 1953), publicación digital de 2016. Pero, sin duda, son sus dos últimos libros los que expresan con gran fidelidad su modo de trabajar, de narrar y de entender la Historia que, en lo esencial, apenas ha cambiado desde sus primeros trabajos. El primero es el que escribió por encargo de José Ampuero, su gran amigo, Los Ampuero: Historia de una familia vizcaína (siglos XV-XXI) (Bilbao, 2020). El segundo es la historia de su familia, su obra póstuma, aún inédita: Un paseo por el valle del Alto Deba (siglos XV al XXI): Los Arrátabe y la historia de la casa consistorial de Aretxabaleta (Gipuzkoa).

Otazu era un excelente anfitrión, le gustaba recibir a sus amigos. La solana de su casa de Zurbano era su lugar preferido en verano. Era además un gran conversador. Tenía una prodigiosa memoria y, a partir de su propia historia familiar, de los cuentos —como a él le gustaba llamarlos— que había escuchado a su abuelo y su padre, de sus conversaciones con otros familiares y amigos, de las lecturas en las que se había enfrascado desde niño y de la investigación que realizó más tarde, alcanzó un conocimiento extraordinario sobre las principales familias de la élite del País Vasco y del resto de España. Historias individuales y colectivas que situaba en su contexto, glosando su evolución en distintas coyunturas. Aquellos cuentos, que en muchos casos acabó trasladando al papel, permiten aprender a observar la Historia desde otros ángulos, desde otras perspectivas, poniendo al individuo en el centro de los análisis sobre la sociedad a la que pertenece.

En la investigación y la escritura encontró refugio, equilibrio y serenidad. Su modo de actuar estuvo presidido por una ética laica, basada en la libertad, la igualdad, la justicia y la tolerancia. Como historiador, su obra estuvo enfocada sobre los grandes temas que condicionaron el devenir de la sociedad vasca, golpeada por el terrorismo durante la mayor parte de su vida adulta. Trataba de explicar a sus conciudadanos las claves de su evolución, las razones por las que se había recorrido el camino hasta el momento actual. Quienes no lo hayan hecho aún pueden acercarse a sus trabajos para observar cómo estudió el cambio social. Ese era su compromiso. En Testigo de descargo (2021), en referencia a su presencia en el desarrollo de los grandes proyectos museísticos en los que participó —a mi juicio puede extenderse al conjunto de su obra—, se reclama hijo de Cicerón y defiende que «el fruto del deber es el deber mismo», y concluye: «al fin y al cabo siempre he creído que algo debía a una sociedad que me ha permitido llevar durante años una vida bastante excepcional».

Obras

Hacendistas navarros en Indias; Bilbao: Ellacuría, 1970, 400 pp. Prólogo de Julio Caro Baroja.

«José María Zuaznabar y Francia (1764-1838)», BEHSS, 5 (1971), pp. 263-283.

«Algunos mitos nacionales», Triunfo, 9 de enero de 1971, pp. 27-28. Ed. en línea: https://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?anyo=XXV&num=449&imagen=27&fecha=1971-01-09 (consultado el 31 de enero de 2023).

El «igualitarismo vasco». Mito y realidad, San Sebastián: Txertoa, 1973. 454 pp. Traducción y adaptación al euskera de Arantxa Urretabizkaia: «Euskal­-berdintasuna», Donostia: Lur, 1973, 197 pp.

«Las almas muertas de Vitoria (1753-1760)», Moneda y crédito, 129 (1974), pp. 229-249.

«Los banderizos del Bidasoa (1350-1582)», Boletín de la Real Academia de la Historia, 172 (1975), pp. 405-507.

«El cantar de Bretaña. Un poema inédito de fines del siglo XV en la lengua vasca», FLV, 19 (1975), pp. 43-70.

«La Inquisición y la Revolución Francesa en el País Vasco (1789-1796)», Moneda y Crédito, 1977, pp. 361-386. Homenaje a Emilio Gómez Orbaneja.

La reforma  fiscal en la España moderna. El caso de Extremadura, Madrid: Ministerio de Hacienda, 1978, 271 pp.

«Brujería y régimen señorial en la Montaña atlántica de Navarra (1600-1620)», en CARREIRA, A. et al. (eds.), Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1978, pp. 827-842.

(ed.), Dinero y crédito (siglos XVI al XIX). Actas del primer coloquio internacional de historia económica, Madrid: Moneda y Crédito, 1978, 464 pp.

«Igualitarismo, hoy», Muga, 10 (octubre de 1980), p. 99.

La burguesía revolucionaria vasca a fines del siglo XVIII (dos estudios complementarios), San Sebastián: Txertoa, 1982, 143 pp.

Los Rothschild y sus socios españoles (1820-­1850), Madrid: Fundación de Estudios Sociológicos, 1987, 507 pp. Prólogo de Gregorio Marañón y Bertrán de Lis.

Con ANES, R., El banco Herrero. 75 años de Historia (1912­-1987), Oviedo: Banco Herrero, 1987, 268 pp.

«Judío o por lo menos vasco», Claves de Razón Práctica, 35 (1993), pp. 59-60.

«Tribulaciones de un euskaldunberri», El Correo, 27 de mayo de 1994.

«Nuestros catalanes», El Correo,16 de junio de 1994.

«Los votos de terciopelo», El Correo, 24 de junio de 1994.

«Liberalismo fuerista y aliadofilia vasca», El Correo, 22 de julio de 1994.

«Norte de la intransigencia», El Correo, 2 de septiembre de 1994.

«De negros, chinos y vascos», El Correo, 28 de octubre de 1994.

«Álava leve», El Correo, 25 de noviembre de 1994.

«Aitor merece su linaje», El Correo, 23 de diciembre de 1994.

«Ya no quedan argumentos», El Correo, 27 de enero de 1995.

«La coartada como una de las bellas artes», El Correo, 24 de febrero de 1995.

«Ikusi, makusi (veo, veo)», El Correo, 30 de marzo de 1995.

«Dolor de muelas», El Correo, 10 de abril de 1995.

«Políticos guipuzcoanos», El Correo, 28 de julio de 1995.

«Clericalismo y política», El Correo, 20 de septiembre de 1995.

«Un archivo vasco en litigio». 27 de octubre de 1995.

«De las tribus vascas y de otras», El Correo, 4 de junio de 1996.

«Los Quintano de Burdeos», en SANTOS YANGUAS, J. (coord.), La Rioja, el vino y el Camino de Santiago. Actas del I Congreso Internacional de la historia y la cultura del vino (Labastida, Rioja Alavesa, 28 y 29 de septiembre de 1994), 1996, pp. 75-104.

Con VIDAL–ABARCA, J., y VERÁSTEGUI, F. (eds.), Fausto de Otazu a Íñigo Ortés de Velasco. Cartas 1834-­1841, Vitoria-Gasteiz: Diputación Foral de Álava = Arabako Foru Aldundia, Departamento de Administración Foral y Desarrollo Comarcal, 1996, 2 vols.

«Prólogo», en BASTERRECHEA, I., Hierro y palacios, Elorrio­-Sevilla. Mercaderes elorrianos en Sevilla durante los siglos XVI y XVII, Elorrio: Elorrioko Udala, 2004, pp. 13-17.

Con DÍAZ DE DURANA, J. R., El espíritu emprendedor de los vascos, Madrid: Sílex, 2008, 715 pp.

«L’autre noblesse. L’hidalguía universelle au Pays Basque à la fin du Moyen Âge», Histoire & Sociétés Rurales, 35 (2011), pp. 59-77.

«Prólogo», en MUNITA LOINAZ, J. A. et al., «En tiempo de ruidos e bandos». Nuevos textos para el estudio de los linajes vizcaínos, los Barroeta de la merindad de Marquina (1355-­1547), Bilbao: Universidad del País Vasco, Servicio Editorial, 2014, pp. 11-16.

El fotógrafo, frente a la cámara y de cerca. Notas sobre el Conde del Valle (Bergara, 1863 – San Sebastián-­Donostia, 1953), Bergara: Bergarako Udala, 2016. Ed. en línea: https://www.bergarakoartxiboa.eus/system/files_force/dokumentu-fitxategi/el_conde_del_valle_fotografo.pdf?download=1 (consultado el 31 de enero de 2023).

«Prólogo», en DÍAZ DE DURANA, J. R., Urundiru. El dinero de la harina de las almas muertas de Vitoria (ca. 1420­-1760), Bilbao: Universidad del País Vasco, 2019, pp. 17-20.

Los Ampuero. Historia de una familia vizcaína (siglos XV-XXI), Bilbao: Estudios Duero, 2020, 588 pp. Edición a cargo de Igor Basterretxea; prólogo de José Domingo de Ampuero.

Testigo de descargo: Thyssen, Guggenheim Bilbao, Museo Picasso Málaga, Zurbano: Zurbano Confidential, 2021, 486 pp.

Un paseo por el valle del Alto Deba (siglos XV al XXI). Los Arrátabe y la Historia de la casa consistorial de Aretxabaleta (Gipuzkoa). Obra inédita.


Bibliografía

DÍAZ DE DURANA, J. R., «Alfonso de Otazu Llana, un intelectual comprometido con la democracia y la cultura», El País, 9 de enero de 2023.

GASTAMINZA, G., «El integrismo que se introduce en el XVIII es el gran drama de Euskadi», El País, 7 de septiembre de 2009. Ed. en línea: https://elpais.com/diario/2009/09/07/paisvasco/1252352406_850215.html (consultado el 31 de enero de 2023).

OTAZU LLANA, A. de, Testigo de descargo. Thyssen, Guggenheim Bilbao, Museo Picasso Málaga, Zurbano: Zurbano Confidential, 2021, 486 pp.

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