Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

OMAECHEVARRÍA MARTITEGUI, Ignacio (Ignacio Omaetxebarria Martitegi; seudónimos: Aritzondo, Gisasola, Fray Peregrino, Padre Inazio) (Gernika-Lumo, Bizkaia, 29 de julio de 1909 – Valladolid, 4 de junio de 1995)

Cargos y oficios

Fraile franciscano, misionero, historiador eclesiástico, lingüista euskaltzaina, periodista religioso.

Trayectoria


La intensa actividad literaria y orgánica al servicio de su orden nos aconseja exponer solo una cronología de los hitos principales de los ochenta y seis años que vivió, remitiendo para mejor información a los cuatro volúmenes de sus obras menores, editados por el franciscano Paulo Agirrebaltzategi. A grandes rasgos podemos distinguir cuatro grandes etapas en la vida del franciscano Omaechevarría: 1.ª) La formación hasta 1934. 2.ª) Intensa actividad como profesor, escritor y director de las revistas de la orden, y altos cargos dentro de España (1934-1967). 3.ª) Dieciséis años en Roma (1967-1983) al servicio de la orden franciscana, como definidor general, director de la revista bimestral Pro Monialibus, y delegado general de las monjas franciscanas. 4.ª) Retiro y muerte en Valladolid (1983-1995).

Omaechevarría nace en Gernika-Lumo el 29 de julio de 1909. Tuvo seis hermanos: tres hermanas —de las que dos se hicieron franciscanas clarisas— y tres hermanos, de los que dos se hicieron franciscanos, y el tercero, sacerdote diocesano.

Estudió en Gernika-Lumo, en Arantzazu y en Alemania. Tras finalizar sus estudios de humanidades en Forua, tomó el hábito franciscano en la Casa Noviciado de Zarautz el 1 de agosto de 1924, donde el 8 de agosto del año siguiente hace la primera profesión en la Orden Franciscana, y el 31 de julio de 1930 hace la profesión solemne. Ignacio tuvo vocación misionera, y ese año pidió permiso al ministro general para ir a misiones, pero le fue negado. Al proclamarse la República en 1931 es enviado a Fulda (Alemania) para realizar estudios de teología. El 6 de agosto de 1932 recibe la ordenación sacerdotal en München-Gladbach (Alemania).

En 1934, a los veinticinco años, los superiores dan por concluida la etapa formativa de Ignacio y empiezan a emplearlo en destinos de bastante responsabilidad. En el curso 1934-1935 fue profesor de Historia eclesiástica en el Teologado de Arantzazu. Al mismo tiempo se inició como redactor de la revista Aránzazu del mismo Santuario. Dijo su Primera Misa el 10 de enero de 1935. Ignacio había recibido la licencia de predicación por parte del Definitorio provincial en el mes de julio de 1934. En octubre de 1939 se le encarga la dirección (vicario) de la casa de los franciscanos de Alfaro (La Rioja). En septiembre de 1940 retorna al convento de Arantzazu, como director de las revistas Aránzazu y Misiones Franciscanas. Su actividad literaria al frente de esas revistas fue grande, porque en ocasiones redactaba el número completo, bajos diferentes seudónimos.

En 1945 recibió el título de lector provincial en Historia eclesiástica, que, sin ser un título universitario, capacitaba, tras preparación cuidadosa y examen, a enseñar en los centros de estudio de la Orden. Pero antes de concluir ese año es destinado a Madrid como secretario del delegado general de los Franciscanos en la Península Ibérica. En 1948 participa en el Congreso Internacional de Acción  Misionera (Leuwen-Lovaina) y vuelve a la Provincia franciscana de Cantabria. En 1952 es elegido presidente (sin voto) del jurado del concurso para la pintura del ábside de Arantzazu. El 22 de noviembre eligieron el proyecto de Carlos Pascual Lara.

Dentro de la Orden, antes de ir a Roma en 1967, fue lector provincial de Teología, habiendo ejercido los cargos de definidor provincial de Cantabria y visitador general de las Provincias franciscanas de Santiago, Granada y Valencia. En 1952 es definidor de la Provincia franciscana y secretario del ministro provincial en San Sebastián y el 16 de noviembre de ese año es nombrado vocal para las celebraciones del centenario de Santa Clara; al mismo tiempo es miembro de la comisión del centenario del dogma de la Inmaculada que se iba a celebrar en 1954, y de las celebraciones con ocasión de la inauguración de la Basílica Nueva de Arantzazu.

En 1953 es visitador general de la Provincia franciscana de Santiago, y dos años después (1955) lo será de la Provincia franciscana de Granada. Entre 1955 y 1958 es de nuevo definidor de la Provincia franciscana (en octubre de 1955 vivía en Arantzazu). En 1956 participó como ponente en el Congreso Mariológico de Roma (octubre, 24-28) y en el Congreso Mariano (octubre, 28 – noviembre, 1). Simultáneamente dirigía en los años 1956-1967 la revista Misiones Franciscanas. En 1958 dejó de ser definidor, pero fue nombrado cronista provincial. En 1961 fue visitador general de la Provincia franciscana de Valencia y entre 1961 y 1967, de nuevo definidor de su Provincia franciscana. Durante el año 1963 se dedicó por cuatro meses a recoger directamente materiales de archivo sobre las Misiones y los Misioneros Vascos en México y Estados Unidos de América.

En 1967 Omaechevarría, dejando la dirección de Misiones Franciscanas, comienza una etapa de dieciséis años en Roma, que durará hasta 1983, dedicado a diversos servicios dentro de la Orden, y en particular al cargo de asistente general de las Monjas Franciscanas de Clausura de todo el mundo, nombrado para el cargo por la Congregación Vaticana para los Religiosos e Institutos Seculares, cargo que le proporcionó la oportunidad para publicar diversas obras de historia de las Clarisas y Concepcionistas, en parte con material recogido directamente de las mismas monjas dispersas por el mundo. Durante este periodo tuvo que dejar en segundo lugar otros temas, como las misiones y los misioneros franciscanos, dedicado plenamente al mundo de las monjas. Fue designado por la Santa Sede miembro de la Comisión Pro Monialibus de la Congregación para los Religiosos del Vaticano, con la tarea de preparar las Constituciones Generales de los Claretianos, siendo director de la revista bimestral Pro Monialibus, y delegado general de las monjas franciscanas. En 1970 organizó el Congreso de la Federación de las Clarisas de Italia. En 1973 fue director de Fraternitas, revista interna de la Orden franciscana.

Agotado por tantos y tan diversos trabajos, y con mala salud, Ignacio, con setenta y cuatro años, volvió a la Provincia franciscana de Arantzazu el 3 de enero de 1983, instalándose en el convento de San Antonio de Valladolid, donde murió de un infarto el 4 de junio de 1995. En los doce años que vivió en el convento de esa ciudad no pudo emprender grandes obras, atacado como estaba por la enfermedad.

Ignacio Omaechevarría escribió 27 libros, 40 opúsculos, más de 1.200 artículos y 20 separatas en torno a temas variados, y particularmente sobre la historia franciscana y misionera. Durante los veintisiete años que van desde 1940 a 1967 publicó numerosísimos trabajos en revistas y obras monográficas, de tipo histórico y biográfico, sobre las misiones y los misioneros, en particular los vascos. Fue en ese periodo cuando colaboró durante varios años como redactor en la revista de Archivo Ibero­-Americano de Madrid, y además de colaboraciones personales publicó numerosas reseñas críticas de libros.

Debido a su curiosidad polifacética y su conocimiento enciclopédico, Omaechevarría publicó sus escritos en muchísimas revistas. Enumeremos algunas con el número de artículos de cada una: Misiones Franciscanas (608), Aránzazu (309), Ut ametur (75), Semanario Católico (29), Cantabria Franciscana (24), La Quincena (18), San Antonio de Padua (18), España misionera (13), Verdad y Vida (12), Missionalia Hispánica (12), BRSBAP (11), Archivo Iberoamericano (8), Ensayo (8), Lirio Antoniano (7), Diccionario de los Institutos de Perfección (5), Vasco (5), Clausura Franciscana (4), Pro Monialibus (4), Ecos franciscanos (3), Bandera antoniana (3), Selecciones del franciscanismo (3), Hermano Francisco (3), Berceo (3), Catolicismo (3), Jakin (2), Hermandad (2), Entre Hermanas (2), Calendario ligero (2), Luz (semanal) (2), Revista de dialectología y tradiciones populares (1), Oñate (1), Rumbo juvenil (1), Sancho el Sabio (1), El Eco Franciscano (1), Misiones Extranjeras (1), Derecho Canónico (1), Celtiberia (1), Éibar (1). Publicó en las revistas Misiones Franciscanas y Aránzazu sus escritos más numerosos, porque fue director durante varios años. Menos artículos aparecen en revistas que requerían mayor esfuerzo intelectual y científico, como Verdad y Vida, Missionalia Hispanica, BRSBAP, Archivo Ibero­-Americano, Euskera, Berceo, Sancho el Sabio, Revista de dialectología y tradiciones populares, entre otras.

Entre los temas preferidos por Omaechevarría están los escritos históricos o biográficos sobre San Francisco, Santa Clara de Asís, y el franciscanismo en general, y en especial las monjas franciscanas, cuyas Constituciones reformó en su etapa romana, y se carteó con monjas de todo el mundo. En su juventud quiso ser misionero, por lo que no es de extrañar que esa temática aparezca reiteradamente en revistas. Director de la revista Misiones Franciscanas durante diecinueve años, publicó numerosas aportaciones históricas serias y de profundidad en la misma; pero para la publicación de los trabajos de mayor compromiso intelectual se valió sobre todo de las revistas de historia AIA (Archivo Ibero­-Americano), de Missionalia Hispánica y de España Misionera, y de la filosófico-teológica Verdad y Vida, entre otras. En total publicó al menos 400 artículos sobre el tema general de las misiones y de los misioneros. Se puede decir que entre los años 1934-1967 (treinta y tres años) fue el campo de «Las misiones y los misioneros», el interés central del apostolado y de la vida de Omaechevarría.

Libros de tema misionero recordados son: Misioneros seglares. Información y temarios de estudios (1952), El testimonio de Cristo, objeto formal del apostolado misionero (1957), La caridad en la teología misionera (1951), ¿Misiología o Misionologia? (1951), Reina de las Misiones. La Virgen en la obra misionera de la Iglesia (1951) y Rex Gentium (1955).

La historia fue, sin duda, su dimensión intelectual más profunda, quizá juntamente con la lingüística. Omaechevarría no fue historiador académico especializado, aunque sí experto en historia. Tuvo pasión por la historia y mostró que estaba bien preparado en la metodología y la técnica de la investigación histórica. Fue profesor de historia de la Iglesia, lector provincial de historia (1945). Dedicó años muy fecundos en investigación y publicación histórica en la redacción de la revista Archivo Iberoamericano de Madrid. Desde el año 1958 fue por diez años «Cronista» de la Provincia Franciscana de Cantabria (hoy de Arantzazu). Trabajó sobre todo el campo de la historia de las misiones y de las biografías de los misioneros de la Iglesia del País Vasco. Sin duda es el que más ha publicado, con mucha diferencia, sobre los misioneros del País Vasco, y sobre todo en torno a la historia de los misioneros franciscanos. Se ha de reconocer su aportación muy especial para poder llegar a la reconstrucción de esa historia global de la labor misionera de la Iglesia vasca.

Le gustaba estudiar el euskera con trabajos centrados sobre todo en torno a la onomástica histórica y en general a la lingüística histórica, y habría sido un experto lingüista sobre el mismo, si le hubiese dedicado más tiempo, a juzgar por las intuiciones que le advierte Luis Mitxelena. Entre los libros publicados sobre el idioma vasco destacan Euskera. Un poco de gramática y algo de morfología del verbo vasco (1959, la más recordada), ¿Esperanto o vascuence?, Lagunarteko meza, o Abestu Errosarioa.

Finalmente, Ignacio amaba el santuario de Arantzazu, donde pasó la mayor parte de su sacerdocio antes de mudarse a Roma en 1967, editó la revista Aránzazu durante muchos años, escribiendo la mayoría de sus artículos. Prueba de este afecto es la ponencia que presentó en 1975, en el Congreso Mariológico-Mariano de Roma sobre «Aránzazu, santuario mariano del siglo XV, lugar de gracia».

Fue correspondiente de la Academia de la Lengua Vasca, de la Institución Fernán González de Burgos y de la de Historia Franciscana de Washington (Estados Unidos) y vocal de la Comisión Técnica de la Cruzada Misionera de Estudiantes.

Resumiendo, Omaechevarría fue redactor y director de revistas: como cronista, columnista y editorialista. Además de redactor periodístico, era teólogo, liturgista, catequista, propagandista de la devoción misionera, poeta, crítico de arte, músico, conferenciante activo y lingüista. Pero entre todas esas dimensiones, y no al margen de ellas, sobresalía la dimensión del historiador. Llevaba la pasión, la intuición y el conocimiento del historiador en todo tema que trataba en cualquiera de las modalidades. Fue al mismo tiempo investigador, escritor y divulgador de la historia. No fue un investigador profesional de historia, aunque más de una vez tuvo que dedicarse expresamente a la investigación de la historia, por encargo o mandato de los superiores. Pero más frecuentemente trabajó los temas históricos, movido a ello por su labor pastoral y de acción misionera. Dentro del ámbito de la historia no se especializó en un tema concreto más o menos restringido. Trabajó diversas épocas, campos geográficos y temáticos de la historia. En definitiva, Omaechevarría era un hombre enciclopédico, más que un especialista, tal como hoy lo entendemos.

Esta intensa actividad fue posible por una serie de cualidades personales, atestiguadas por sus compañeros del convento de Arantzazu: empático, inteligente, alegre, de increíble memoria. El servicio a su orden religiosa dispersó y menoscabó su producción literaria, aunque los que los conocieron resaltan su imaginación muy creativa e intuición. Fue místico carismático adornado con las virtudes del espíritu franciscano (inocencia, humildad, pobreza, conversación amena y fructífera).

Omaechevarría tuvo la capacidad para situar hechos históricos concretos en contextos más amplios y para abrir nuevas pistas de investigación, y ofrecer nuevas sugerencias de interpretación. Cambiaba constantemente de actividad, de lugar, de clima, de cargo, pero nunca abandonó la pluma, de manera que muy pocos frailes de la Provincia franciscana de Arantzazu han escrito más que él.

Obras

«Nuestra misión de Yenanfu», A la Seráfica Provincia de Cantabria en el septuagésimo quinto año de su Restauración (1859­-1934), Oñate: Imprenta de la Revista Aránzazu, 1935, pp. 382- 461.

«Misioneros del África Occidental. Franciscanos vascos en la conversión de las Canarias. Un antiguo colegio misionero en la costa vascongada», Misiones Franciscanas, 28 (1944), pp. 58-65.

Una víctima perfecta. Rvda. Madre María Teresalina de Zubiri, Vitoria: Ed. S. Católica, 1949.

«Fray Martin Ignacio de Loyola, escritor, Misionero de China y Obispo del Paraguay y del Plata», BRSBAP, V (1949), pp. 427-442.

Sangre vizcaína en los pantanos de la Florida. Fr. Francisco de Beráscola, O. F. M. (1564­-1597) mártir, natural de Gordejuela (Vizcaya), Vitoria: Editorial S. Católica, 1948.

Siluetas misioneras. Fr. Martin Ignacio de Loyola, O. F. M., Madrid: Jura, 1951.

Reina de las Misiones. La Virgen en la obra misionera de la Iglesia, Bilbao: Secretariado Diocesano de Misiones, 1951.

¿Esperanto o vascuence?, Aránzazu: Imprenta del Santuario de Aránzazu, 1951.

Misioneros seglares (información y temarios de estudio); prólogo del Iltmo. Monseñor Dr. D. Eugenio Beitia, Bilbao: Secretariado Diocesano de Misiones, 1952.

«Un ejemplo maravilloso de contemplación misionera, Sor María de Jesús de Agreda», Missionalia Hispanica, 10 (1953), pp. 585-594.

Clarisas entre musulmanes y otros infieles (selección de artículos publicados con ocasión del VII centenario de la muerte de Santa Clara de Asís), Bilbao: Secretariado Diocesano de Misiones, 1954.

«Religiosas docentes, hospitalarias y misioneras a fines de la edad media», Revista Española de Derecho Canónico, 27 (1954), pp. 989-1003.

Rex gentium, Bilbao: Secretariado Diocesano de Misiones, 1955.

La Violeta de Tong-­eul­-keu. Beata María Assunta Pallotta, Franciscana Misionera de María (1878­-1905), Madrid: Franciscanas Misioneras de María, 1955.

Lagunarteko meza, Oñate: Editorial Franciscana Aranzazu, 1953.

Mártires franciscanos de Georgia. Informes y relaciones sobre su muerte, Madrid: Talleres Gráficos Jura, 1955.

«Un claustro gótico en Vizcaya. En el sexto centenario de la fundación del convento de San Francisco de Bermeo», BRSBAP, XIII (1957), pp. 453-462.

«Fr. José de Santiesteban, O. F. M., Mártir navarro entre los apaches de Texas (1758)», Missionalia Hispanica, 15 (1958), pp. 375-382.

Misa corporativa melodiada, Zarauz: Icharopena, 1938. Reed. Oñate: Editorial Franciscana, 1958.

«San Antón de Urkiola y el misterio de los caminos viejos», BRSBAP, XIV (1958), pp. 107- 115.

«Uno de los de Texas. Fr. José Francisco de Ganzábal, O. F. M. Natural de Vitoria», Boletín de la Institución Sancho el Sabio, 2 (1958), pp. 343-349.

Heraldos del gran Rey de California. Fr. Pablo José de Mugartegui en su marco social y misionero, Bilbao: Desclée de Brouwer, 1959.

Euskera. Un poco de gramática y algo de morfología del verbo vasco, Zarauz: Itxaropena, 1959.

A la sombra de Gengis-­Khan, Madrid: Cisneros, 1960.

Fue en Nagasaki. Un vasco entre los protomártires japoneses, Bilbao: Delegación Diocesana de Misiones, 1962.

«San Francisco de Asís en La Rioja», Berceo, 65 (1962), pp. 399-408.

Pedro Pérez de Mezquia, O. F. M. (1688­-1764). Maestro y Precursor de Fray Junípero Serra en las Misiones, Vitoria: Diputación Foral de Álava, Consejo de Cultura, 1963.

«El convento de San Francisco de Vitoria», Misiones Franciscanas, 21 (1964), pp. 199-243.

«Pueblos vascos que se disputan la paternidad de San Martin de la Ascensión», La Gran Enciclopedia Vasca, vol. I, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1966, pp. 445-460.

Ramón Lull, precursor del diálogo con las religiones no cristianas. Misionero seglar [s. l.] [s. n.]: [ca. 1966].

«Solidez histórica en la tradición de San Bartolomé de Rocaforte», Archivo Ibero-­Americano. Revista Franciscana de Estudios Históricos, XXVI (1966), pp. 41-49.

«Fray Martin de Arbide, donostiarra. Protomártir de Arizona, U.S.A.», BRSBAP, XXII (1966), pp. 51-65.

Et al. (eds.), Escritos de Santa Clara y documentos complementarios. Edición bilingüe, Madrid: La Editorial Católica, 1970. Reed. 1982, 1993, 1999 y 2004.

Las clarisas a través de los siglos, Madrid: Cisneros, 1972.

La Orden de la Inmaculada Concepción (OIC). Concepcionistas Franciscanas de S. Beatriz de Silva, Bilbao: Gráf. Uncilla, 1976.

La Regla y las reglas de la Orden de Santa Clara, Roma: Istituto Storico Cappuccini, 1976.

Santa Clara de Castrojeriz en la ruta jacobea, Burgos: Diputación Provincial de Burgos: Monte Carmelo, 1976.

«Orígenes del monasterio de Sta. Clara de Zamora», Archivo Ibero­-Americano. Revista Franciscana de Estudios Históricos, XLIV, 176 (1984), pp. 483-492.

El Cardenal Quiñones promotor de la Orden de la Inmaculada Concepción, Zamora: Monte Casino, 1985.

«Cuatro corporales atribuidos a Santa Clara de Asís», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 50 (1995), pp. 197-220.

Franciscanos misioneros vascos. Biografías y semblanzas, Oñati: Arantzazu E. F., 2001.

AGIRREBALTZATEGI, P. (ed.), Arantzazu izena. Evocación franciscana y proyección misionera. Escritos históricos y literarios sobre Arantzazu = Arantzazuren inguruan histori eta literatur idazlanak, Oñati: EFA, 2001.

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Bibliografía

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