Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores navarros

OCHOA DE ZABALEGUI Y PATERNÁIN, Miguel Cruz (Puente la Reina/Gares, Navarra, 3 de mayo de 1840 – Toledo, 25 de febrero de 1911).

Cargos y oficios

Político, sacerdote y periodista carlista

Trayectoria

Era uno de los seis hijos (tres fallecidos antes de los dieciocho años, una religiosa y el que a comienzos de siglo fue administrador de El Pensamiento Navarro), de un modesto propietario de tierras y excombatiente de la primera guerra carlista que pudo facilitarle estudios, primero en su localidad natal, con el capellán de un convento de religiosas; posteriormente en el Instituto de Pamplona y desde 1858 en Zaragoza, donde cursó Derecho. En 1859 se trasladó a Salamanca, pero hubo de abandonar las clases al ser llamado a quintas. Ingresó en la Guardia Civil y gracias a su formación fue destinado a Madrid, donde compatibilizó su trabajo con la continuación de su carrera en la Universidad Central. Finalmente, terminó en julio de 1864 y obtuvo el doctorado en Derecho civil y canónico el año 1866, inscribiéndose en el Colegio de Abogados de Madrid en abril de 1867 (solicitó reincorporarse en 1897). Pidió entonces el cese en el Instituto Armado y se incorporó a la Universidad de Zaragoza, donde permaneció poco menos de dos años, iniciando una amplia colaboración en prensa, por ejemplo, en el órgano de un neocatolicismo cada vez más cercano al carlismo, El Pensamiento Español de Navarro Villoslada. También puso en marcha su propia iniciativa periodística en Madrid, La Legitimidad, luego renombrada como El Legitimista Español, en los primeros años tras la revolución. De carácter polémico, alguno de sus artículos provocó una reacción judicial que le llevó a la cárcel, primero en Pamplona y luego a Madrid, de donde salió merced a la obtención de una polémica acta de diputado por Pamplona en las elecciones de 1869. Por esas fechas afirmaba que la Diputación de Navarra «si es genuina representante de Navarra, tiene que ser carlista» (1871: 6), y que el arreglo de fueros de 1841 era malhadado, pues había introducido las quintas y destruido la legislación civil, dejando a Navarra como provincia de tercera categoría.

Intervino de forma asidua en la Cámara defendiendo, con sus compañeros de grupo, la unidad católica y la diversidad territorial dentro de la unidad española, además de la monarquía con Carlos VII. Muy activo también en la organización carlista, fue objeto de un atentado contra su vida, en el que resultó muerto Manuel Azcárraga. Además, publicó un manifiesto dirigido a los navarros en el que se afirmaba en la defensa del trono y el altar. Mientras, conspiraba, y se vio directamente implicado en la Escodada, el intento del comandante de carabineros para capturar a los carlistas. Huido a Francia, regresó al recuperar su acta de diputado en las elecciones de 1871 y 1872. Sin embargo, la reactivación de la guerra este último año le llevó a abandonar las Cortes y a alistarse en el ejército carlista del Norte a las órdenes del cura Santa Cruz. Esta controvertida adhesión le causó graves dificultades, incluso estuvo a punto de costarle la ejecución, de la que se salvó merced a sus capacidades. Sin embargo, y pese a reintegrarse a la ortodoxia, aún mantuvo conflictos con sus correligionarios, que derivaron en amenazas a su madre. A ellas reaccionó mediante una carta que publicó en Bayona en 1873.

Terminada la guerra regresó al ejercicio de la abogacía en Durango sin acogerse a indulto, pues solo había figurado en las filas del pretendiente como soldado raso. En septiembre de 1882 se ordenó sacerdote en Zumaia, iniciando una carrera relevante, primero nombrado fiscal diocesano en Vitoria y catedrático de Cánones en su seminario desde octubre del mismo año de su ordenación; desde marzo de 1886 fue canónigo en Calahorra, secretario del obispo Antonio Cascajares —que había sido alumno suyo en Zaragoza— y director del Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Calahorra. Desde allí acudió a Pamplona, la fiesta de San Francisco Javier de 1887, a realizar el sermón por encargo de la Diputación. Pidió en él que se imitara al santo y patrón de Navarra porque era «representación, lema, símbolo, personificación viva y animada de la antítesis de los errores modernos». Se remitía al Syllabus, a Pío IX y León XIII como referencias para lograr la unidad de los católicos y la defensa de la religión, comenzando por lo más íntimo, «haciendo que en nuestras personas, en nuestros vestidos y en nuestras habitaciones no haya nada opuesto a la fe y a la moral; seamos apóstoles en nuestras casas y en nuestras familias», pedía. Pretendía «que cada uno de nosotros los navarros sea un pequeño Francisco Javier, y que donde aparezca un navarro aparezca el tipo del católico, apostólico, romano, sin contagio ninguno de la peste de los errores modernos».

Por último, desde octubre de 1896 fue canónigo doctoral por oposición en la sede primada, Toledo, con el arzobispo Antolín Monescillo, del que había sido compañero en las Cortes de 1869. Poco antes de morir fue nombrado chantre de la catedral toledana, pero no llegó a tomar posesión.

En 1894 participó en la comisión que se entrevistó con el ministro Germán Gamazo —del que había sido compañero de estudios— y la acompañó de regreso a Navarra, celebrando la misa en Castejón, nada más llegar los comisionados. En todo este tiempo mantuvo, además, cierta actividad carlista pues, como señalaba un elogio fúnebre, «el sacerdote no tuvo que rectificar la obra del diputado ni la del militar». Participó como orador en actos celebrados en círculos carlistas riojanos y navarros durante su estancia en Calahorra. Así, en el día de los mártires de la tradición de 1896 intervino en Cascante, donde afirmó que «los católicos monárquicos que quieran ser buenos carlistas deben ser los católicos más excelentes y mejores en todo, o sea en cuanto a la fe, a la Monarquía y a la disciplina» (El Correo Español, 20 de marzo de 1896, p. 1). Elegido senador por Navarra en 1893, no fue admitido, según la prensa carlista, por haber hablado de la majestad de la provincia. Entre sus funciones como canónigo de Toledo, se le encargó proclamar la Santa Bula en Madrid, y en su intervención reafirmó principios muy cercanos al tradicionalismo: «¡Qué alegría, hermanos míos, al recordar los tiempos de nuestra reconquista, la fe de nuestros mártires, el valor de nuestros cruzados!» (El Correo Español, 30 de noviembre de 1896, p. 3). Obtuvo el acta del Senado en 1899, por Gipuzkoa, aunque su labor fue menos intensa que durante el Sexenio.

Obras

Manifiesto a los navarros [s. l.], 1869.                   

La voz de Navarra, contra un folleto liberal, por un navarro neto, Madrid: R. Labajos, 1871.

Carta de Dn. Cruz de Ochoa a su Madre, Bayonne: E. Lasserre, 1873.

Discurso leído en la apertura del curso académico de 1885 a 1886 en el Seminario Conciliar de esta Diócesis, Vitoria: Imp. y Libª. Católica de Elías Sarasqueta, 1885.

Sermón de San Francisco Javier, predicado por encargo de la Excma. Diputación en la parroquia de San Saturnino de Pamplona por el ilustre canónigo de Calahorra […] el día 20 de noviembre de 1887, Pamplona: Imp. de José Erice, 1888 (recogido en La Avalancha, núm. 387, 24 de abril de 1911, pp. 93-94; núm. 388, 8 de mayo de 1911, pp. 98-99, y núm. 389, 24 de mayo de 1911, pp. 110-112).

Bibliografía

Fuente Monge, G. de la, «Ochoa de Zabalegui y Paternáin, Miguel Cruz», Diccionario Biográfico Español, XXXVIII, Madrid: RAH, 2009, pp. 247-248.

García-Sanz Marcotegui, A., Diccionario Biográfico de los Diputados Forales de Navarra (1840-1931), Pamplona: Gobierno de Navarra, 1996, pp. 716-721.

Ibarra, J., Biografías de los ilustres navarros, IV. Siglo xix y parte del xx, Pamplona: Imp. Jesús García, 1953, pp. 286-289.

Fuentes. Barón de Artagan [Reynaldo Brea], Políticos del carlismo, Barcelona: La Bandera Regional, 1913, pp. 120-124.

R. J. M., «El Excmo. Sr. D. Cruz Ochoa de Zabalegui y Paternáin», La Avalancha, núm. 387, 24 de abril de 1911, pp. 86-88.


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