Cargos y oficios
Presbítero, historiador y archivero
Trayectoria
La formación de Marcelo Núñez de Cepeda se inició en su localidad natal, en la que estudió el bachillerato, continuó en el Seminario de Zamora, donde cursó su carrera eclesiástica, y culminó en la Universidad Central de Madrid, en la que se licenció en Filosofía y Letras (1911) y realizó la especialidad que le dio acceso al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. De 1915 a 1931 fue jefe del Archivo de la Delegación de Hacienda de Álava y de la Biblioteca Pública de Vitoria. A partir de aquella fecha pasó a estar al frente de los Archivos del Estado en Navarra (Delegación de Hacienda y Audiencia Territorial de Pamplona), actividad que compaginó con la de auxiliar del Instituto masculino de la capital navarra. En 1940 fue nombrado archivero del Obispado de Pamplona, de cuyo Seminario Diocesano fue también catedrático. Cesó en su labor al frente del Archivo Diocesano en 1971, un año antes de su fallecimiento.
No se dispone de muchos datos acerca de su dilatada vida profesional, pero los que nos han llegado permiten atisbar el relativo peso público que sus cargos le deparaban y también la influencia que pudo ejercer en algunos aspectos. En este sentido, es conocido el informe sobre el nacionalismo vasco que se conserva en el Archivo Gomá y que Núñez de Cepeda habría redactado presumiblemente en los primeros meses de la guerra civil. En él expresaba su opinión acerca de la que consideraba una progresiva y perniciosa penetración de la ideología aranista en el Seminario de Vitoria que, a su juicio, habría atravesado tres etapas. En la primera, de fines del siglo xix hasta 1917, habría cundido un regionalismo exaltado, cuya consecuencia palpable fue la separación del cargo de vicerrector del canónigo castellano Francisco Díaz Carmona, solicitada por una mayoría de profesores. En la segunda etapa, extendida de 1917 a 1928, la doctrina nacionalista sería la dominante entre el profesorado, si bien se habría mantenido contenida ante «el temor que infundía la autoridad de los beneméritos Prelados». El paso definitivo se habría dado tras la designación de don Mateo Mújica como obispo de la sede vitoriana (que abarcaba todas las Vascongadas) en 1928, abriéndose entonces un tiempo de máxima exaltación de aquellas ideas, en el que incluso se llegaron a celebrar «misas solemnes» en los aniversarios de Sabino Arana. Núñez de Cepeda denunciaba también otros dos focos de nacionalismo, la oficina de la Unión Misional del Clero y la propia Curia Episcopal. Por todo ello, en su escrito proponía la separación del clero separatista y, asimismo, una labor de cruzada contra los males del nacionalismo entre los sacerdotes de la diócesis, tan expuestos a la nueva doctrina y al mismo tiempo con tanto ascendiente sobre el católico pueblo vasco.
De unos años después, concretamente de 1949, es un segundo documento de cierta importancia, también atribuible a Núñez de Cepeda, para entonces archivero diocesano en la capital navarra. En aquella fecha cundió en Pamplona el temor ante la noticia de la posible erección de una provincia eclesiástica en el norte, con sede en Vitoria, una vez creadas las diócesis de Bilbao y San Sebastián. El cabildo catedralicio pamplonés propuso dirigirse al papa solicitando la archidiócesis para Pamplona, idea que fue refrendada por numerosas instituciones y autoridades provinciales. Quedó encargado de la redacción de la petición Núñez de Cepeda, quien incidió en argumentos históricos y también en la propia vitalidad que presentaba la diócesis pamplonesa. Al parecer, su escrito pudo ser decisivo para desbaratar las pretensiones de Vitoria a convertirse en metrópoli.
En aquel momento nuestro archivero contaba ya con setenta años, pero fue en ese tiempo cuando, en paralelo a su labor en el Diocesano, su faceta de escritor de temas archivísticos e históricos conoció su verdadero impulso. En el Archivo se dedicó fundamentalmente a clasificar y ordenar el fondo del gobierno de la diócesis, formado por la documentación generada por los obispos y la curia diocesana. De dicha clasificación dio noticia en un apéndice de la monografía que publicó en 1947 bajo el título de Manual teórico-práctico del archivero. Los que él denominó «fondos documentales administrativos del Archivo Diocesano de Pamplona», mayormente de los siglos xix y xx, quedaron reorganizados en 16 secciones: documentos pontificios, documentos de la Nunciatura, documentos de prelados, documentos episcopales, documentos de autoridades, bienes eclesiásticos, personal, religiosos, parroquias, colectividades, pastoral, fundaciones, hacienda, seminarios, asociaciones y varios o miscelánea.
En su producción bibliográfica relativa a la archivística, junto al citado manual, cabrían destacar los estudios dedicados a algunos archivos concretos que él conoció bien, como el del Hospicio de Vitoria o los de las delegaciones de Hacienda, y asimismo la monografía Elementos de Archivología, Paleografía y Diplomática (1943), que contenía los apuntes que como catedrático de tales materias impartía a los alumnos del Seminario de Pamplona. A raíz de esta publicación ha sido recordado con posterioridad como uno de los autores precursores en este ámbito.
Pero, en verdad, el grueso de sus investigaciones lo dedicó a cuestiones históricas referidas a las dos ciudades (y por extensión, a sus provincias) donde transcurrió toda su vida profesional, Vitoria y, muy particularmente, Pamplona. Estas obras también tienen otro nexo en común, y es la temática religiosa presente en la mayoría de ellas: hospicios y hospitales vitorianos, devociones marianas, semblanzas sacerdotales, peregrinaciones, imágenes de la Virgen Blanca… En el colofón a la conferencia, luego publicada, que pronunció sobre Los votos seculares de la ciudad de Pamplona, con ocasión de la fiesta del libro español de 1942, confesaría, en este sentido, que «soy un admirador entusiasta de nuestros antepasados, siento por ellos una simpatía rayana en la veneración —no en vano he pasado gran parte de mi vida en íntima comunicación con ellos, leyendo sus escritos, rememorando sus hechos, observando sus cualidades, sorprendiendo sus secretos, siguiendo paso a paso aquellas vidas reflejadas de modo inimitable en una carta, en una declaración testifical, en cualquiera de los documentos que hay en nuestros Archivos— y he de manifestarlo sin embozo: no me considero feliz en este mundo más que al pie del Sagrario, en primero y preferente lugar, y después cuando saboreo el contenido de algún documento antiguo de interés; yo quisiera, Señores, como Sacerdote y Archivero, prender en los corazones de esta juventud que me escucha la llama viva de estos dos grandes amores, el de Dios y el de la Patria».
Sin olvidar el trasfondo religioso, pero dotadas de un mayor contenido histórico, son dos obras de referencia, reconocidas por su carácter inédito y por su innegable aportación a la historia de esta tierra. La primera de ellas, La beneficencia en Navarra a través de los siglos (1940), prologada por el obispo de Pamplona Marcelino Olaechea, avanza los rasgos principales del modo de escribir la historia de Núñez de Cepeda. Como lo indica una reseña publicada en Hispania: revista española de historia (núm. 2, 1941: 124-125), la obra no ofrece una «exposición cronológica y de conjunto, sino una reunión de noticias acerca de los numerosísimos establecimientos benéficos navarros, unos 600». «Aunque el libro no tiene una sola cita en pie de página o al final de capítulo, en la introducción advierte que no hace “afirmación alguna que no esté documentalmente confirmada, ya que nuestra labor no ha sido otra que, en presencia de los documentos, dejar correr la pluma”». La revista cierra su breve sinopsis poniendo de relevancia «la atención preferente prestada por los navarros a las obras benéficas». Estudiosos del periodo indican que todos estos rasgos —la tendencia a la recopilación y yuxtaposición de datos, el valor máximo dado al documento histórico y la exaltación de los valores cristianos y piadosos de los navarros— caracterizaron la publicística navarra de los años centrales del siglo xx, cuando se fue forjando un discurso sobre el carácter navarro, que se mostraría inmutable a lo largo de la historia y ligado fundamentalmente a valores religiosos. Otro tanto cabría decir de la segunda investigación de cierto peso, la muy citada Gremios y cofradías de Pamplona (1948), premiada en el XII Concurso de la «Biblioteca Olave».
A ellas cabría añadir otros trabajos también de carácter histórico, aunque de menor extensión y de contenido variopinto —estudios sobre el barrio pamplonés de la Burullería, sobre la nobleza navarra o el señorío de Ayala y el condado de Salvatierra en Álava, y sendas guías de Navarra y Bizkaia— que, sin duda, vieron la luz a tenor de la diversidad de pesquisas e intereses de nuestro archivero. No obstante, las últimas publicaciones, cuando ya había cumplido los ochenta años, volvieron a tener una cierta extensión y giraron en torno a una temática común, la biografía de tres generales carlistas, a los que Núñez de Cepeda, en tono laudatorio, quiso homenajear y vindicar para la historia: Biografía del general don Emeterio Celedonio Iturmendi (1960), Biografía del general don Torcuato Mendiry y Corera. Su reivindicación ante la historia (1960) y El hogar, la espada y la pluma del general Zumalacárregui (1963).
Obras
Archivo del Hospicio de la ciudad de Vitoria: clasificación de sus documentos, Vitoria: Hijos de Iturbe, 1926.
Un ensayo para ordenar la documentación de los archivos de las Delegaciones de Hacienda, Vitoria: Viuda e Hijos de Sar, 1927.
Hospitales vitorianos: el Santuario de Stma. Virgen de Estíbaliz, El Escorial: Imp. del Monasterio, 1931.
La fiesta del libro español en Pamplona. 23 abril 1939, Pamplona: Tip. Salesiana, 1939.
Memoria anual del Patronato de Archivos de Navarra, abril de 1940, Pamplona, 1940.
La beneficencia en Navarra a través de los siglos, Pamplona: Escuelas Profesionales Salesianas, 1940.
Religiosidad de Toro y su devoción a la Santísima Virgen del Canto, Pamplona, 1941.
Los votos seculares de la ciudad de Pamplona, Pamplona: Ayuntamiento, 1942.
Elementos de Archivología, Paleografía y Diplomática, Pamplona: Imp. Jesús García, 1943.
Zapatero, no; sacerdote (D. Manuel Boizas López), Vitoria: Imp. del Montepío Diocesano, 1946.
Manual teórico-práctico del archivero, Pamplona: Gráficas Gurrea, 1947.
Guía completa del país navarro, Pamplona: Gráficas Gurrea, 1947.
«Pamplona medieval. Un barrio típico de la capital navarra. La Burullería», Revista Internacional de Sociología, núms. 15-16 (1946), pp. 303-328.
Los antiguos gremios y cofradías de Pamplona, Pamplona: Imp. Diocesana, 1948.
«Navarra», en Huidobro y Serna, L., Las peregrinaciones jacobeas, t. 1, Madrid, 1949, pp. 609-748.
«La nobleza navarra», Hidalguía. La revista de genealogía, nobleza y armas, núm. 1 (1953), pp. 113-120.
«El señorío de Ayala y el condado de Salvatierra de Álava», Hidalguía. La revista de genealogía, nobleza y armas, núm. 7-5 (1955), pp. 661-676.
Monografía histórica sobre las imágenes de Ntra. Sra. La Virgen Blanca, Vitoria: Diputación Foral de Álava, 1955.
El ayer y hoy de Vizcaya, Pamplona: Talleres Tip. PP. Capuchinos, 1956.
«Bibliotecas de Navarra», Boletín de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, núm. 39 (1956).
Biografía del general don Emeterio Celedonio Iturmendi y Barbarin, Pamplona: Gómez, 1960.
Biografía del general don Torcuato Mendiry y Corera: su reivindicación ante la historia, Pamplona: Gómez, 1961.
El hogar, la espada y la pluma del general Zumalacárregui, Vitoria: Montepío Diocesano 1963.
Bibliografía
Alzugaray Los Arcos, T., «El Archivo Diocesano de Pamplona», PV, núm. 266 (2016), pp. 1235-1249.
Andrés-Gallego, J., y Pazos, A. (eds.), Archivo Gomá: documentos de la Guerra Civil. 1, julio-diciembre de 1936, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2001.
Gorricho, J., «La creación de la archidiócesis de Pamplona (1956) y sus repercusiones artísticas», en Fernández Gracia, R. (coord.), Pulchrum: Scripta Varia in honorem M.ª Concepción García Gainza, Pamplona: Gobierno de Navarra, Institución Príncipe de Viana, Universidad de Navarra, 2011, pp. 373-381.
Leoné Puncel, S., «Jesús Basiano, el pintor de Navarra (La imagen de Navarra del navarrismo franquista)», en Larraza Micheltorena, M. M. (dir.), De leal a disidente: Pamplona, 1936-1977, Pamplona: Eunate, 2006, pp. 115-149.





