Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

NOVIA DE SALCEDO, Pedro (República de Abando, Bilbao, 18 de enero de 1790 – 1 de enero de 1865)

Cargos y oficios

Diputado general de Bizkaia. Historiador

Trayectoria

Su padre, Román Antonio Novia de Salcedo, era capitán de navío de la Armada, y señor de San Román de la Hornija. La madre, María Teresa de Castaños y Mariaca, era natural del valle de Gordejuela. Entre sus antepasados por vía paterna figuraron tres generales de la Armada. Aunque estaban dedicados al comercio, poseían una casa solariega en Basurto, y otra en Elejabarri. La razón de ser del apellido compuesto que portaba la familia provenía del enlace entre los linajes de Novia y de Salcedo. En las dos centurias precedentes, algunos antepasados de Pedro Novia de Salcedo ocuparon cargos de diputado y de regidor del Señorío. Contrajo matrimonio con Juana de Ocio.

Desde su nacimiento y hasta bien entrada la mocedad, tocó a Novia de Salcedo vivir en una Bizkaia sacudida por turbulencias públicas. Una época, por tanto, poco propicia para recibir una formación regular. De hecho, solo asistió a clases de Filosofía en el Colegio de San Francisco, impartidas en un nivel de segunda enseñanza, y, ya después de casado, siguió las lecciones de Matemáticas que exponía el humanista Alberto Lista en el consulado de Bilbao. Cabe decir que Novia de Salcedo fue un autodidacta que consiguió adquirir sólidos conocimientos, a juzgar por lo que acreditó a lo largo de su recorrido vital.

Como apuntábamos, quedó marcado, al igual que los vizcaínos de su generación, por la sucesión de guerras y conflictos que afectaron al país a partir de 1794. La Guerra de la Convención, la Zamacolada y la consiguiente ocupación del Señorío por el ejército real, y de inmediato la invasión y la ocupación francesa del territorio entre 1808 y 1814. Presenció la entrada en Bizkaia del ejército hispano-anglo-portugués y la sustitución del régimen foral por el constitucional. Fue el momento en que se produjo la representación del Señorío a la Regencia de Cádiz, el 18 de octubre de 1812, respecto de la obligación legal de la Diputación de jurar el texto constitucional. Alegó esta que el valor de la Constitución histórica vizcaína era igual o superior a la aprobada por las Cortes.

Vamos a apreciar que la contribución de Novia de Salcedo al desarrollo de Bizkaia va más allá de la obra histórica por la que es principalmente reconocido y que comentaremos más adelante. La larga experiencia de servicio público, singularmente como diputado general, le permitió adquirir un conocimiento amplio sobre la realidad económica e institucional del entorno. En tal experiencia fundamentó su acción de reforma de gobierno. Hay que destacar que los Informes, Memorias y Reglamentos que redactó personalmente contienen una información muy valiosa sobre más de tres décadas de la Bizkaia de la primera mitad del siglo xix.

Al cumplir treinta años había ejercido ya distintos cargos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Bilbao, en donde intervino en la liquidación de suministros y servicios prestados a las tropas aliadas y enemigas durante la Guerra de la Independencia. Fue miembro de la milicia nacional de Bilbao. Pero también se implicó en el Consulado, a título de cónsul y prior, cargos ambos cuyo desempeño requiere la máxima confianza de los comerciantes de la ciudad, dada la responsabilidad que implican.

A los treinta y cinco años fue nombrado en la Junta General de Gernika diputado general del Señorío por el bando oñacino. Estaba acompañado por José María de Orbe, marqués de Valdespina, del bando gamboíno. Este nombramiento en 1824 coincide con el gobierno reaccionario de la Monarquía, en plena Década Ominosa, y en circunstancias poco favorables para la renovación de la vida pública y económica que pretendían los nuevos regidores. Así y todo, adoptaron medidas novedosas para la reforma del país.

En el capítulo económico-administrativo, se dieron importantes pasos para sanear la Hacienda del Señorío con objeto de liberarla de censos, préstamos y, en general, de la pesada deuda generada por los años de guerra. También pusieron orden en la Administración foral con el llamado Reglamento de Oficinas. A señalar que la Diputación tomó la iniciativa de levantar en Gernika el edificio público emblemático del Señorío construido sobre el solar de la iglesia de Antigua. Se destinó a Archivo y Casa de Juntas, con su fachada, salón de juntas y el solio. El nuevo edificio expresaba la conciencia de la dignidad de las Juntas multiseculares y la fe en el futuro de la foralidad vizcaína.

Por otra parte, la Diputación se ocupó de la minería, un sector en crisis y elemento esencial de la fabricación del hierro. Su extracción estaba sujeta a la singular regulación foral. En el diagnóstico que realizó Novia de Salcedo se fundamentó el Reglamento de Minería que promulgó la Diputación y que chocaba ya con la nueva legislación estatal sobre esta materia. El diputado general redactó, además, una extensa y notable Memoria sobre la industria y las razones del retraso que padecía.

Las políticas centralizadoras del gobierno central durante la Década Ominosa siguieron las pautas de actuación propias del periodo absolutista respecto de los Fueros. Novia de Salcedo, ya en 1825, hubo de hacer frente a las exigencias uniformistas del ministro Calomarde, que pretendía eliminar la autonomía de los municipios vascos en materia de elección de los ayuntamientos. Quiso este obviar la tradición vasca consistente en conformar los consistorios ateniéndose a distintos procedimientos electorales. Ya veremos que, años más tarde, la cuestión volvió a alcanzar a Novia de Salcedo. El gobierno de la Monarquía, en constante necesidad de recursos, cuestionó el modo foral de contribuir a las cargas del Estado mediante el donativo foral. Y por lo que concierne a la organización militar se tomaron medidas para regular el armamento general del Señorío, aprobado por las Juntas Generales en 1827. Los dos diputados generales salientes superaron con honor el juicio de residencia de final de mandato.

Formaba parte del acervo de competencias forales la construcción y conservación de caminos y carreteras. Su ejercicio solía suscitar litigios intermunicipales por el problema de la imputación de gastos, dado que muchos ayuntamientos abogaban por repercutirlos sobre los consistorios directamente beneficiados. Tocó a Novia de Salcedo elaborar en 1832 un Plan de Iguala que modernizaba la forma de afrontar el gasto. Años más adelante, en 1841, mejoró el plan original y presidió de manera permanente la Comisión responsable del tema. Puede considerársele el padre del Reglamento general de caminos de -Bizkaia. Es llamativa, por la fecha y el propósito que la inspiró, la Memoria que redactó en 1832, a petición de las Juntas Generales, para la construcción del ferrocarril entre Bilbao y Burgos, pasando por Balmaseda, el primer trabajo de esta naturaleza aparecido en España. Pidió informes a Inglaterra y redactó la propuesta técnica y económica. El proyecto pionero abortó por el doble motivo de la desconfianza de muchos municipios en cuanto a que el ferrocarril solo favorecería a Bilbao y, además, por el posterior estallido de la Guerra Carlista. Aun adelantando el curso cronológico que seguimos, cabe recordar que cuando años más tarde, en 1844-1846 y, sobre todo, en 1851, surgió de nuevo la idea del ferrocarril, la Junta General de la Propiedad de Bilbao encomendó a Novia de Salcedo la confección de una Memoria, que su biógrafo Artíñano reprodujo parcialmente. No tenemos noticia del contenido de un Informe reservado complementario.

Nombrado de nuevo diputado general en julio de 1833, tres meses antes del inicio de la guerra, sufrió la confiscación de todos sus bienes, pese a demostrarse su inocencia. No está claro el motivo y, de hecho, a pesar de ser absuelto de la imputación, nunca reclamó la devolución de su patrimonio. Terminada la guerra y tras la Esparterada que mencionaremos de seguido, fue elegido diputado, ahora provincial, en 1843, cargo que rehusó, al igual que renunció a la senaduría que le ofrecieron los dos partidos en liza.

Pero antes se habían vivido dos acontecimientos determinantes en Vasconia: la guerra civil y su final en el pacto de Bergara entre carlistas y cristinos y la Ley de Fueros de 25 de octubre de 1839. Arístides de Artiñano, biógrafo de Novia de Salcedo, y sus coetáneos, conceptuaban a esta última norma como un Acta adicional a la Constitución de 1837 y a las siguientes. Lo cierto es que, tras la aprobación de la ley, las diputaciones vascas fueron acusadas de implicación o, al menos, de simpatizar con la revuelta moderada de 1841, lo que permitió al general Espartero pasar por encima de la salvaguarda foral de aquella ley al expedir en Vitoria ab irato el Decreto abolitorio de 29 de octubre de 1841. Sobrevino después, en 1844, la restitución parcial del sistema foral en 1844, y Novia de Salcedo recuperó el protagonismo público como diputado general en 1846, acompañado ahora por el marqués de Villarías. En el periodo neoforal que se abre ahora, con varias instituciones importantes amputadas, no faltaron problemas con el gobierno central, empezando por la Ley de Presupuestos para 1845. Por otra parte, tuvieron mucho relieve los litigios suscitados por la conversión de la figura del corregidor —institución hasta entonces más bien paternalista e integrada en el esquema del poder foral—, en jefe político constitucional. La implantación de la Justicia constitucional hizo perder a aquel su condición de magistrado judicial foral para convertirlo en un celoso representante del poder central encargado de fiscalizar los actos de las diputaciones forales. Resultó especialmente conflictivo el jefe político Rafael Navascués. Por una desavenencia menor, suspendió, bien que episódicamente, a la Diputación vizcaína. Resurgió además la cuestión de las forma de elección de los ayuntamientos con la Real Orden de 22 de febrero de 1847 que requería un procedimiento de designación de los ediles igual para todo el Estado. Arrieta-Mascarúa, por un lado, y Novia por otro, llevaron la representación del Señorío, en una Exposición espléndida que permite conocer la realidad organizativa del municipio vizcaíno foral.

Su dedicación directamente historiográfica proviene de la reacción que suscitó en las provincias la aparición de dos obras de gran eco sobre los Fueros vascos. Fueron obra del canónigo Juan Antonio Llorente y de Tomás González. Nos referimos a las Noticias Históricas de las Provincias Vascongadas del primero, y a la Colección de documentos relativos a las Provincias Vascongadas, del segundo. En cuanto a la obra de aquel, de Llorente, compartía Novia de Salcedo la convicción extendida en el país de que «su pluma venal se encontraba siempre dispuesta a servir a los poderes que la necesitaran» y que la llevó a cabo por «instigación y bajo la protección de Godoy y de otros ministros». Y respecto de T. González constaba que había recibido «comisión para recopilar cuantos documentos encontrara en los archivos contrarios a estas provincias, excluyendo cuidadosamente todos los que la favorecieran en cualquier concepto». Años más adelante, el cronista del Señorío Antonio de Trueba, explicó el carácter oficial de la encomienda recibida por Llorente.

Novia de Salcedo empezó a escribir su Defensa histórica, legislativa y económica del Señorío de Vizcaya y Provincias de Álava y Guipúzcoa a mediados de 1827, en el momento en que dejó de ser diputado general. Trabajó en ella hasta que a finales de diciembre de 1829 sometió las últimas páginas a la censura de Casimiro Loizaga, el primer consultor del Señorío, y al examen de las Diputaciones de Álava y Gipuzkoa. Las corporaciones del país se ofrecieron a costear la obra. Pero desistió de llevarla a la imprenta ante la seguridad de que el ministro Calomarde iba a impedir que el texto viera la luz pública. Y pronto sobrevino la guerra civil de 1833 a 1839. Entre tanto se produjo el extravío del original, que apareció casualmente en el extranjero. Estábamos ya en 1851, es decir, veintidós años después de estampar su firma en el manuscrito. Los cuatro tomos de la Defensa se convirtieron, en la segunda mitad del siglo xix, en la principal referencia de los partidarios del mantenimiento de la foralidad.

Para Novia de Salcedo, el canónigo Llorente había trucado y suprimido textos, validado otros notoriamente apócrifos e interpretado muchos de manera arbitraria. El propósito del político y ahora historiador vizcaíno consistió en hacer frente al principal aserto del historiador riojano, es decir, la dependencia política de los vascos, y, en general, el contrarrestar la predisposición contraria al régimen foral de los territorios de Vasconia que cundía entre los políticos y los administradores del Estado.

En los dos tomos de la primera parte de la obra, Novia de Salcedo examinó una a una las noticias que aportó Llorente y que mostrarían la dependencia política de las provincias. Y, a contrario, presentó documentos que querían probar la independencia vasca primitiva, tanto durante la etapa romana y visigótica, como en el Medievo, respecto de los dos reinos que se constituyeron en el área próxima, es decir, Navarra, de un lado, y Asturias-León-Castilla, de otro. Tras la incorporación mediante pactos libres y voluntarios en la Corona de Castilla, las provincias se mantuvieron como Estados separados, con régimen propio. Cabe resumir la tesis que recorre su obra con esta afirmación: «Quítese hipotéticamente la cabeza común, único vínculo que las une, y no se encontrará un punto de contacto entre estos Estados. ¿No es esta una prueba, la más clara, de su recíproca independencia y separación, apoyada en una prescripción la más constante y reconocida?».

Dedicó otro tomo a la parte legislativa, examinando el origen inmemorial de los Fueros. Se trataba de antiguos usos y costumbres autóctonas, tal como reflejaría la fórmula «habían de fuero, uso y costumbre, y establecían por ley». A partir de ahí, destaca Novia de Salcedo la actividad normativa de las Hermandades y las resoluciones de las Juntas. Da cuenta de sus cuerpos de Derecho, de las juras y de las confirmaciones de los reyes. Y estudia con detenimiento lo concerniente a algunas instituciones concretas, las que considera más importantes, como la exención tributaria y militar y la libertad de comercio.

En la parte última se ocupó Novia de Salcedo de la economía con un examen detenido de los antecedentes del Capitulado que las provincias concertaron con Patiño en 1727, tras el conflicto por el cambio de ubicación de las aduanas. Entonces se estableció la continuidad reglada de la libertad de comercio. A partir de la existencia histórica de esta institución, vigente desde la Edad Media, intentó mostrar, con gran acopio de datos, que la relativa prosperidad del país era un resultado necesario de la existencia de la libertad de comercio. Y se empeñó en la defensa de la tesis de que las provincias aportan de manera proporcionada al mantenimiento de la Corona.

La preocupación central de la obra es afirmar la independencia del país. Se expresa esta en la inasistencia a las Cortes y en la permanencia de las Juntas Generales, forma de gobierno enteramente original. Las considera «un cuerpo tan legítimo y entero como las Cortes de cualquiera de esos otros estados» (se refiere a los Estados que componían las Coronas de Castilla y Aragón). «Aquellas desaparecieron, estas se mantienen». El transcurso del tiempo ha producido la prescripción, el título posesorio y de legitimación más sólido con que cuentan las instituciones vascas.

Novia de Salcedo no hablaba euskera, pero dedicó veintisiete años, con algunas interrupciones, a elaborar un Diccionario Bascuence, Castellano y Latino. Colocó en orden alfabético, a partir de la lengua autóctona, las voces que figuran en el Diccionario de Larramendi. Lo entregó a fray José Antonio de Uriarte, religioso franciscano del convento de Bermeo. Por otra parte, redactó una serie de escritos con comentarios bíblicos y de espiritualidad, que no consintió que se publicaran. Lo mismo ocurrió respecto de su obra poética, con ecos de fray Luis de León y Meléndez, de cierto aliento y originalidad.

Fue nombrado padre de la provincia, y en 1852 la Junta General de Gernika lo declaró por unanimidad Hijo Benemérito del País, única persona que hasta ese momento ostentó tal título.

Su esposa, Juana de Ocio, falleció en 1864, y Pedro Novia de Salcedo el primer día de 1865. Su fallecimiento tuvo un gran eco dentro y fuera del Señorío. Las cintas del féretro fueron llevadas por los otros cuatro Padres de la Provincia, y hubo ceremonias fúnebres en varios municipios de Bizkaia. También los senadores y diputados vascos de las Cortes celebraron un solemne funeral en Madrid.

Obras

Defensa histórica, legislativa y económica del Señorío de Vizcaya, y Provincias de Álava y Guipúzcoa, contra las Noticias históricas de las mismas que publicó D. Juan Antonio Llorente, y el Informe de la Junta de Reformas de Abusos de la Real Hacienda en las tres Provincias Vascongadas, Bilbao: Librería de Delmas e Hijos, 1851-1852. Edición facsímil de la edición de Bilbao: Librería de Delmas e Hijos, 1851: Echévarri (Bizkaia): Amigos del Libro Vasco, 1987.

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