Cargos y oficios
Profesor universitario e historiador.
Trayectoria
Su padre fue Norberto Mutiloa Erviti (Ciriza/Ziritza, 1894-Irurtzun,1962), de profesión agricultor primero, molinero después y comerciante, por último. Su madre fue Aniceta Poza Astiz, natural de Berriozar y fallecida también en Irurtzun en 1963. El matrimonio tuvo cinco hijos, además de José María: María Milagros, Román, María Pilar, Jesús María y María Flor.
José María Mutiloa Poza estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza y se licenció y doctoró en la Universidad de Navarra. Acabó consiguiendo una cátedra de Geografía e Historia por oposición. Desempeñó su labor docente en Gernika-Lumo, Donostia y Bergara, así como en la Universidad de Deusto y en la Facultad de Derecho de la Universidad del País Vasco. Como investigador, sus estudios se centraron en los procesos desamortizadores del siglo XIX en el País Vasco, así como en el estudio de algunos aspectos económicos de esta época.
No hizo falta esperar al triunfo definitivo de la revolución burguesa para que se iniciase el asalto a los bienes de la Iglesia. Un proceso desamortizador eclesiástico que comenzó en el siglo XVIII con el secuestro de bienes de los jesuitas o las restricciones que se impusieron al incremento de los bienes de «manos muertas». Con el cambio de siglo, se intensificó el «ataque» sistemático contra los bienes de la Iglesia. Primero Manuel Godoy, en 1807-1808; más tarde, diversas incautaciones durante la ocupación napoleónica; finalmente, procesos desamortizadores durante el Trienio Liberal y, sobre todo, la gran desamortización de Mendizábal.
Mutiloa Poza dedicó buena parte de su labor investigadora a intentar arrojar luz sobre el proceso desamortizador decimonónico en el País Vasco. Comenzó su trabajo en Navarra, sobre cuyo proceso publicó, en 1972, un incipiente trabajo que, pese a sus lagunas, se convirtió durante un tiempo en un punto de referencia y de consulta obligado. De ahí saltó a Álava, publicando, tres años después, una nueva investigación, y ya en los primeros años ochenta sendos trabajos relativos a los territorios de Gipuzkoa y Bizkaia. Su interés por el proceso desamortizador quedó reafirmado desde que en 1973 presentara en las Primeras Jornadas de metodología aplicada a las ciencias históricas, celebradas en Santiago de Compostela, su Metodología aplicada a la investigación histórica de la desamortización. Aspectos de la desamortización, previo el estudio de la constitución del patrimonio de la Iglesia en Navarra.
En el caso navarro, la investigación de Mutiloa Poza abrió un camino que luego transitaron otros autores, como Javier Donézar Díez de Ulzurrun, quien, tres años después, publicaría una monografía sobre el tema. Mutiloa Poza, en su libro La desamortización eclesiástica en Navarra, reconstruye, municipio a municipio, institución a institución, las propiedades eclesiásticas a partir de los inventarios enviados por los interesados, obrantes en el Archivo de la Delegación de Hacienda, los boletines oficiales y los partes mensuales. Esto le permitió elaborar una cantidad ingente de cuadros, mapas y gráficos que constituyen una de sus aportaciones más significativas. Su preocupación fundamental —parece evidente, tras observar su trabajo— resultó ser cuantificar y mostrar el proceso desamortizador eclesiástico en Navarra y su afección a una institución como la Iglesia. Ahí se quedó, que no es poco. Nada le interesó, en cambio, conocer quiénes fueron los compradores de esos bienes y si se modificó, poco o mucho, la estructura de la propiedad en Navarra durante el siglo XIX.
Su investigación, a juicio de Lana Berasain, es «útil desde una perspectiva geográfica, si no se es demasiado escrupuloso con las cifras». Mutiloa cifra en 7.710,77 las hectáreas que eran propiedad de la Iglesia. Una cantidad, según el propio Mutiloa Poza, «irrisoria» si se la compara con la tierra en cultivo que había a mediados del siglo XIX en Navarra. No tan irrelevante, según Lana Berasain, pues suponía el 3,4 % de la tierra en cultivo que arrojaba la estadística de 1857 publicada por Sanz Baeza. Las cifras que plantea Mutiloa Poza afectas al proceso desamortizador —lo reconoce él mismo— podrían haber sido sensiblemente más altas —hasta el «doble de lo que hemos indicado» o más, dice el propio autor— si se hubieran incorporado las tierras cedidas por la Iglesia en censo enfitéutico y las que, dentro de montes y corralizas, estaban sin medir. Hubiera sido, en este sentido, muy útil incorporar esas cifras para analizar la presencia de la Iglesia en el reparto de la tierra y, por ende, en la trascendencia del impulso desamortizador eclesiástico. De igual manera, señalar con claridad que esa riqueza estaba concentrada de manera más intensa en unas pocas instituciones: monasterios de Iratxe, Irantzu, Fitero, La Oliva, Leire y Urdax, la Orden de Jerusalén, las catedrales de Pamplona y Tudela y algunos conventos urbanos. Ello hubiera permitido sustanciar aspectos cualitativos relevantes de la estructura de la propiedad y de las afecciones del proceso desamortizador. Interesante, igualmente, hubiera sido ir más allá en el análisis de la desamortización de los censos. Mutiloa —insiste Lana Berasain— reconstruye «los capitales censales vendidos, pero no distingue la naturaleza de los mismos, al tiempo que el análisis de este asunto ocupa un lugar subordinado». Hacerlo hubiera permitido darse cuenta de que la renta líquida anual del clero en Navarra, incorporando las rentas censales a la renta de las propiedades urbanas y rústicas, alcanzaba el 11 % de la riqueza catastral por inmuebles, cultivo y ganadería de 1850 en Navarra, según datos aportados por Lana Berasain.
Cifras que, como decíamos anteriormente, destierran ese supuesto carácter de pobreza que Mutiloa adjudicó al clero navarro y que, por ello, les hubiera «eximido» de la afección desamortizadora. Un proceso que, en todo caso, además de beneficiar a labradores y censatarios, que no perdieron la ocasión de redimir los censos que pesaban sobre sus tierras o compraron terrenos interviniendo en las subastas, benefició, sobre todo, a una burguesía de negocios, que no dudó en vestirse con el traje que se le había diseñado para lucrarse.
Pese a las lagunas que se pueden detectar, en este y otros trabajos de Mutiloa Poza, el interés de sus investigaciones sobre los procesos desamortizadores merece la pena ser destacado, tanto por lo incipiente de su trabajo como por su minuciosidad, como si de un artesano del dato se tratara. Una base historiográfica sólida sobre la que trabajar para ir elaborando nuevas investigaciones sobre el impacto de la desamortización en general y la eclesiástica en particular, que favorezcan el conocimiento de la reforma liberal en la sociedad.
Obras
«La desamortización napoleónica en Vizcaya», Estudios de Deusto, 17 (1969), pp. 297-336.
«El priorato de Yarte (Iart): origen, configuración y desamortización», PV, 118-119 (1970), pp. 141-158.
La desamortización eclesiástica en Navarra. Aspectos de la desamortización, previo el estudio de la constitución del patrimonio de la Iglesia en Navarra, Pamplona: EUNSA, 1972.
«El monte y el viñedo en Vizcaya a mediados del siglo XIX», Estudios Vizcaínos, 5 (1974), pp. 97-176.
«Metodología para el estudio de las fuentes de la desamortización: la desamortización eclesiástica en Guipúzcoa (de Mendizábal a Espartero)», Actas de las I Jornadas de Metodología Aplicada de las Ciencias Históricas, vol. 4, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1975, pp. 101-110.
Desamortización, fueros y pronunciamientos en Álava en el siglo XIX, Vitoria: Publicaciones de la Diputación Foral de Álava, 1975.
Roncesvalles en Guipúzcoa, San Sebastián: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1976, 3 vols.
La Crisis de Guipúzcoa, San Sebastián: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1978.
Guipúzcoa en el siglo XIX (guerras, desamortización, fueros), San Sebastián: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1982.
La desamortización de Vizcaya, Bilbao: Bilbao Bizkaia Kutxa, 1984.
Bibliografía
LANA BERASÁIN, J. M., Cambio agrario y relaciones de propiedad en el Sur de Navarra, 1800-1936, Tesis Doctoral defendida en la Universidad de Zaragoza, 1997.
Fuentes.
REGISTRO CIVIL DE ARAKIL, t. 21, f. 12.
REGISTRO CIVIL DE PAMPLONA, t. 23_KZ, p. 339.





