Cargos y oficios
Presbítero, historiador y archivero.
Trayectoria
Probada autoridad vasca en la historia de la Gipuzkoa que le vio nacer, hermanó su actitud de intelectual independiente con su aptitud para armonizar religiosidad y profanidad. Su condición de historiador de la Iglesia estaba asentada en su talante de investigador científico. Sin prejuicio alguno concilió indagación eclesiástica y laica, convirtiéndose en publicista de la tradición y la memoria documental que fluían desde archivos eclesiásticos y municipales. Luis Murugarren Zamora investigó la historia de Gipuzkoa llegando a narrar satisfactoriamente algunos de los acentos de su peculiaridad.
Los seguidores de sus artículos, monografías y estudios historiográficos lo eran por ser sabedores del rigor del enfoque metodológico y el equilibrio entre positivismo documental y conclusiones con que enriquecía sus trabajos; y sus lectores menos especializados lo eran porque Murugarren no consideraba un hecho banal ni irrelevante el que alguien hubiera nacido o muriera: destacaba que no existían experiencias vitales pasajeras y que la talla individual desemboca en fraternidad.
Tras su ordenación como presbítero en Vitoria-Gasteiz, en 1950, y tras, también en 1950, su incardinación en la nueva diócesis donostiarra, se desempeñó pastoralmente en la Preceptoría de San Sebastián, en la capellanía del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, en la fundación del Movimiento Scout Católico local, en la docencia como profesor de religión del Instituto Nacional de Enseñanza Media Peñaflorida y en la dirección espiritual de la Adoración Nocturna femenina.
El significado de tal proyecto trascendental se articuló con el constructo de su dedicación a la historia, cuyos estudios superiores completó para 1956 especializándose en historia de la Iglesia. Compatibilizar su querencia investigadora de documentos antiguos con la labor apostólica presente fue el objetivo logrado al asumir la tarea de profesor de historia en el Seminario Diocesano de San Sebastián entre 1953 y 1983.
Su genio investigador se manifestará en 1967 al darse a conocer con el artículo titulado En el San Sebastián de 1662-63, y su entraña de historiador de la Iglesia cuando en 1968 publique los artículos titulados Nuestra Señora del Socorro: (una imagen olvidada) y La basílica de Santa Ana y la fundación de las carmelitas. En estos últimos puede observarse ya que la exploración se asienta en la misma política de investigación empírica o de método histórico-crítico que sostiene al primero. Y que primará en sus trabajos posteriores, edificados sobre un relato basado siempre en principios de observación rigurosa de las fuentes, de aplicación de las leyes de la crítica histórica y del discurrir de la mano de la inteligencia teológica.
La etapa de las décadas de los setenta, ochenta y parte de los noventa del siglo XX es un periodo de consolidación pública de su figura de investigador de la historia guipuzcoana; pero, y sobre todo, de consolidación del mensaje que impulsa su trabajo. Un trabajo que, motivado por su concepción de la historia, no olvida recordar a alumnos y lectores que si es apremiante la obligación de someterse al estricto método de la ciencia y al respeto de sus presupuestos, lo es también subrayar que la finalidad de toda ciencia es la humanista, incluidas la histórica y la teológica.
El alto nivel del conjunto de su docencia estaba cruzado informativa y científicamente tanto por la indispensable presencia de la teología como por las confesadas actitudes personales que enlazaban categorías relativas al designio divino y su correlato en la historia de los hombres. El Concilio Vaticano II fue una suerte de reconocimiento íntimo a aquellos presupuestos que terminaban rezando que el plan de salvación de Dios y la historia de los hombres son correlativos; es decir, que, y a la luz de la Lumen gentium, el misterio está en la historia y que esta se trasciende a sí misma.
Para él, la historia de la Iglesia no era simple interpretación de lo acaecido en el tiempo, sino tiempo trascendido, pues a través de ella se ejerce el señorío de Dios, que ni siquiera impide que la historia pueda seguir siendo libre de determinarse frente a Él.
Una buena parte de la obra de Murugarren deviene en muestrario de que la Iglesia es una comunidad viva y, por eso, con historia; pero es, además, comunidad salvada por Cristo que actúa religiosamente en el mundo; y lo influye.
Su magisterio proponía aquella visión palpitante que por la vida y el trabajo sentía, haciendo hincapié en que cualquier método científico había de concertarse con la fe por necesidad lógica. Y con respecto a la historia de la Iglesia particular de Gipuzkoa, no obvió tal criterio interno de fe.
La docencia y su obra presentan lo religioso como un dato objetivo. Y lo acreditan sin ocultar que los sucesos acaecidos son circunstancias que influyen en la época que toca vivir y que para realizarse plenamente apuntan, también, a la búsqueda humana de salvación y liberación.
Su cualificación en el ámbito de la historia y de la teología propició su designación como archivero en la diócesis de Donostia-San Sebastián. Ahora bien, si el nombramiento lo consideró propicio, no olvidó, sin embargo, que, aun siendo estrecha la relación entre historia y archivo, sus objetos de estudio son independientes.
Reconociendo el apoyo que dispensa al historiador un archivo, no ocultó que carecía de la profesionalidad necesaria para administrar, coordinar y ordenar la documentación que en ellos se contiene; y se le exigía. No era archivista profesional, pero los conocimientos adquiridos por el necesario manejo de archivos para documentar sus trabajos historiográficos le cualificaron para operar en ese ámbito con probada cualificación. Y en 1986 fue nombrado Archivero General Diocesano: nueva denominación esta en la que desembocaba la anteriormente conocida dirección del archivo histórico diocesano.
La labor de reunir, ordenar, clasificar, describir, recuperar la documentación existente en los archivos de todas las parroquias históricas de Gipuzkoa y el de la curia diocesana supuso un esfuerzo del que se resintió gravemente. Una hemiplejia lo limitó en el uso de sus facultades.
Hoy el fondo documental que él conformó constituye un referente imprescindible de la historia de Gipuzkoa y de su historia eclesiástica.
Murugarren hizo saber que la historia de la Iglesia si no siempre puede demostrar que determinados sucesos de la historia sean signos de la salvación querida por Dios, sí puede presentarlos como señales de la historia de la salvación; puede mostrar que la verdad de la Iglesia siempre está ocurriendo; y puede referir datos contagiados de lo salvífico.
Obras
«La Basílica donostiarra de Santa Ana y la fundación de las Carmelitas», BEHSS 2 (1968), pp. 31-63.
Hernani (su historia e instituciones), San Sebastián: Caja de Ahorros Municipal, 1970, 102 pp.
Basílica de Santa María, San Sebastián. Su historia, arte y vida, San Sebastián: Caja de Ahorros Municipal, 1973, 55 pp.
Urnieta, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1974, 173 pp.
Universidad de Aya, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1974, 166 pp.
Usúrbil. Aguinaga, Urdaya y Zubieta, San Sebastián: Caja de Ahorros Municipal, 1974, 225 pp.
Anzuola, Uzárraga y Elosua, San Sebastián: Caja de Ahorros Municipal, 1975, 149 pp.
Catedral de El Buen Pastor, San Sebastián, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1975, 58 pp.
San Sebastián, Donostia, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1978, 504 pp.
«Introducción de las órdenes religiosas en Guipúzcoa (siglos XV a XVII)», BRSBAP, XXXVIII (1982), pp. 117-156.
«La peste en Guipúzcoa (1597-1599)», BRSBAP, XL (1984), pp. 247-269.
«Recopilación de noticias diversas de Alegría de Oria (1785)», BRSBAP, XLI (1985), pp. 323-349.
«Historia de las cárceles donostiarras», BRSBAP, XLI (1985), pp. 151-192.
San Martín: barrio y parroquia donostiarras = Donostiako auzune ta parrokia, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1986, 48 pp.
Errenteria musikala = Rentería musical, Errenteria: Andra Mari Abesbatza, 1992, 511 pp.
San Sebastián incendiada: británicos y portugueses, Donostia-San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1993, 352 pp.
Korsariak eta piratak, San Sebastián: Gipuzkoako Foru Aldundia, Kultura eta Turismo Departamentua, 1994, 198 pp.
«Vida religiosa en Motrico del siglo XIII al siglo XVI», BRSBAP, LIII (1997), pp. 279-353.
Bibliografía
Fuentes.
ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO DE SAN SEBASTIÁN: Fondo Murugarren Zamora (F08.06).
Boletín Oficial del Obispado de San Sebastián, vol. I, 1997, pp. 262-265.
CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium, 3.
KOLDO MITXELENA KULTURUNEA, Donostia-San Sebastián: Liburutegia, Katalogoa.





