Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

MERINO URRUTIA, José Juan Bautista (Ojacastro, La Rioja, 25 de septiembre de 1886 – Algorta, Getxo, Bizkaia, 6 de mayo de 1982)

Cargos y oficios

Profesor mercantil, político, escritor, investigador, vascófilo y gran aficionado a la Historia.

Trayectoria


José Juan Bautista Merino Urrutia era hijo de Agustín Merino Morquecho, abogado nacido en Grañón (pero que ejercía en Bilbao en empresas de minería), y de Josefa Urrutia Rubio, natural de Ojacastro aunque descendiente de una familia originaria del barrio de Aldape (Elorrio, Bizkaia), la cual había tenido que emigrar unas generaciones antes, asentándose primero en la localidad riojana de San Asensio y, finalmente, en el propio Ojacastro.

Agustín Merino había trabajado primero en Madrid y luego en el bufete bilbaíno del conocido abogado y diputado foral Ricardo Balparda. Al fallecer este último el 29 de octubre de 1886, pasa a manos de Merino gran parte del negocio, con el resultado de que tiene que afincarse en la capital vizcaína. Así que en las Navidades del mismo año se lleva a su hijo de solo tres meses de edad desde Ojacastro a una vivienda en las Siete Calles de Bilbao, donde se criaría el pequeño Juan (como le llamaba la familia) y en la que nacieron posteriormente sus otros dos hermanos. Ya entrando a la vida adulta, el joven Merino Urrutia cursó estudios de profesor mercantil en el centro Santiago Apóstol de Bilbao, incorporándose después a trabajar en varias de las empresas en las que la familia tenía inversiones. Su padre le había imbuido de un fuerte sentido de amor por las propias raíces, ya que sostenía que el hecho de haber emigrado en busca de trabajo no debía ser excusa para olvidarse de la tierra de origen. Siguiendo esta peculiar filosofía, Merino Urrutia pasó toda su larga vida moviéndose continuamente entre el área de Bilbao y La Rioja Alta.

Nada más terminar sus estudios inició un periodo de estancia continuada en Ojacastro (1909-1916), donde empezó a dedicarse a la administración de fincas y luego a la dirección de proyectos industriales, como la electrificación de toda la cuenca del Oja, ejerciendo de alcalde de su localidad natal en 1912 y 1913, siendo destinado finalmente a trabajar de gestor en las canteras de ofitas y calizas San Felices de Haro, S. A., abiertas en 1919. No obstante, nunca dejó de acudir a Ojacastro en cuanto tenía oportunidad, y en el otoño de 1918 compuso el primer listado de topónimos euskéricos presentes en el valle, que el escritor vizcaíno Kirikiño publicó en el diario Euzkadi el 21 de julio del año siguiente.

Poco después de su ingreso en las canteras de Haro regresó a Bilbao, y el 6 de julio de 1922 se casó en Guecho con Emilia Sánchez Mújica, natural del caserío Ansuena de Algorta, localidad en la que residirían durante los años siguientes, teniendo el matrimonio un total de seis hijos. Hombre de carácter liberal y abierto al entendimiento con gentes de cualquier ideario, no militó nunca en ningún partido político, aunque tenía ciertas simpatías monárquicas y ejerció de concejal de Getxo durante los años treinta. Al estallar la Guerra Civil fue detenido y encarcelado hasta cuatro veces durante el primer año de la contienda, pero, tras la entrada de las tropas franquistas en la localidad el 12 de junio de 1937, entró a formar parte de la comisión gestora del municipio como primer teniente de alcalde. Pasadas las tensiones bélicas, entre 1945 y 1960 fue alcalde de Getxo, periodo en el que realizó una activa labor de gestión de diversos proyectos, destacando la restauración del molino de Aixerrota, al que convirtió en emblema del municipio.

Con los años fue desarrollando cada vez mayor interés por los estudios históricos y arqueológicos (afición surgida al descubrir el amplio archivo familiar de Ojacastro), lo que le impulsó a aprender paleografía por su cuenta y a realizar largas excursiones por todos los rincones de la Rioja Alta, a pie o a caballo, actividades favorecidas por su robusta salud. Fue socio de la Real Sociedad Geográfica desde 1932, vocal de la Junta del Patronato del Museo Arqueológico y Etnográfico de Bilbao desde 1937, académico correspondiente de la Real Academia de Historia desde 1938, y entre 1939 y 1978 presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Logroño. Fue escogido miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Vasca en febrero de 1941, y su apoyo fue clave en la reanudación de la actividad de esta última institución (que estaba suspendida), ya que contaba con cierta capacidad de mando por formar parte del entramado político del régimen. En 1944 fue nombrado amigo de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, organización que dirigió entre 1963 y 1965, y en la que permaneció después como socio de honor.

En nombre de la Comisión de Monumentos consiguió algunos logros destacados, como adquirir la célebre estatua de la Venus de Herramélluri, sacar a la luz el sepulcro románico de la abadesa Doña Urraca del Monasterio de Cañas o recuperar las pinturas de la ermita de la Ascensión de la aldea de San Asensio de los Cantos en Ojacastro. No termina aquí su lista de reconocimientos y cargos, pues fue miembro de honor del Instituto de Estudios Riojanos desde junio de 1973, y miembro de honor del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica desde noviembre del mismo año. El domingo 16 de junio de 1974, a raíz de ser nombrado académico de honor de Euskaltzaindia y en sesión extraordinaria celebrada en el Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla leyó un largo discurso, tras lo cual fue descubierta una placa que aún perdura en el lugar, en conmemoración de las Glosas Emilianenses en euskera.

Finalmente, Juan Bautista Merino Urrutia falleció a las once y media de la noche del 6 de mayo de 1982, tras breve agonía de una semana.

Merino fue un historiador y lingüista hecho a sí mismo que empezó a publicar con más de cuarenta años, acelerando el ritmo a partir de su jubilación. Su labor más conocida para el gran público fue la búsqueda durante más de cuatro décadas de topónimos, antropónimos y palabras de origen vasco en la región riojana, en especial Rioja Alta. Con ancestros tanto al norte como al sur del Ebro y residiendo la mayor parte de su vida a medio camino entre la comarca de Bilbao y la de Ojacastro, tales trabajos fueron en cierta medida una forma de reencuentro personal con sus propias raíces.

Desde 1931 hasta 1978 este activo intelectual riojano-vizcaíno fue ampliando el listado de toponimia original, hasta completarlo pasados los noventa años. A pesar de su gran vocación, la obra de Merino Urrutia en este terreno resulta un tanto desigual, en el sentido de que, junto a grandes aciertos, se detectan ciertos errores de identificación documental, con el problema añadido de su relativamente escaso conocimiento del euskera (y no digamos en el plano filológico), por lo que tuvo que recurrir para la elaboración de etimologías al apoyo de especialistas como Manuel Lecuona o Juan de Irigoyen. Al margen de estas carencias, las obras de Merino acerca de la cuestión supusieron un antes y un después, ya que sirvieron para dar a conocer el pasado vascófono de La Rioja, lo mismo al gran público que al mundo académico, ayudando a completar nuestro conocimiento del retroceso de la lengua al sur.

Pero su producción intelectual no se limitó a esta cuestión. El repaso a su bibliografía más importante nos revela un legado bastante variado de temas históricos, si bien el centro de su interés estaba, cómo no, en la historia del valle del Oja, del que realizó una profunda radiografía a nivel histórico y etnográfico, estudiando sus tradiciones, arquitectura, danzas, folclore, artesanía y modos de vida rurales. Y en el terreno de la historia de la legislación, destaca su publicación de las ordenanzas del valle de Ojacastro del siglo XVI.

También desarrolló cierta labor como biógrafo, publicando en 1949 una gran monografía acerca de la vida de Fray Martín Sarmiento de Ojacastro, a lo que se suman artículos sobre otros personajes destacados de la región como, por ejemplo, el padre Isidoro Saracha o el obispo de Cádiz Fray Domingo de Silos Moreno. Asimismo, demostró gran interés por cuestiones de historia del arte, llevando a cabo una monografía en la que recopiló gran cantidad de documentación sobre artesanos vascos que tuvieron que asentarse en suelo riojano para colaborar en la construcción de iglesias, órganos, cruceros, pinturas, esculturas, etcétera.

Un campo por el que sintió especial predilección fue el de la arqueología (antigua y medieval), llegando incluso a trabajar personalmente en obras de restauración y reconstrucción. Podemos citar sus estudios de las necrópolis del monte Bilibio (Haro) y de Nuza (Ojacastro), o la recuperación de las pinturas románicas de la ermita de la Ascensión de la aldea de San Asensio de Ojacastro, siendo un perfecto compendio de tales trabajos el artículo que publicó al respecto en la revista Berceo en 1977.

Pero no todo se limitó a su comarca natal, ya que su inquietud se extendió a la historia de la zona de Getxo-Algorta, de la que publicó una monografía en 1958, que fue pionera en este terreno, sintiendo interés también por la fortuna de algunas ermitas vizcaínas. Igualmente se interesó por algunas cuestiones de genealogías, apellidos y blasones heráldicos.

Ya en vida algunos de los escritos de Merino Urrutia suscitaron ciertas críticas, en especial sus trabajos acerca de la extensión de la lengua vasca en Rioja Alta, aunque también recibió comentarios favorables acerca de otras cuestiones. En efecto, nuestro estudioso riojano fue en gran medida un autodidacta, un aficionado entusiasta, pero con algunas carencias de formación humanística académica, condición que se manifiesta en toda su obra. Pero esto no impide en absoluto concluir que, puestas en una balanza, sus contribuciones positivas fueron bastante superiores a las típicas deficiencias de historiador amateur de las que pudiera adolecer. Pensemos que su actividad se extendió justo entre los años entre el final de la Guerra Civil y la llegada del régimen constitucional, décadas durante las cuales el mundo intelectual riojano dormía un profundo sueño (al menos en comparación a la actividad que se despierta a partir de los años ochenta y noventa). Décadas de absoluto abandono de los monumentos históricos, de expolios arqueológicos continuos, de ignorancia y apatía... Gracias a su posición de miembro de diversas organizaciones, Merino movilizó el interés en la recuperación de este patrimonio, impulsó nuevas campañas arqueológicas y animó el ambiente cultural de aquellos años. Asimismo, fue gracias a su incansable labor divulgadora que el tema de la presencia del euskera en La Rioja quedó asentado como algo aceptado en el ideario colectivo, tanto al norte como al sur del Ebro, al margen del eterno debate de si tal presencia procedía de épocas antiguas o solamente se restringía a la Edad Media.

En definitiva, Juan Bautista Merino Urrutia se nos presenta para la posteridad como un autor ya «clásico», un referente sin el que sería imposible entender el curso de la historiografía riojana del siglo XX.

Obras

«El vascuence en el valle de Ojacastro (Rioja Alta)», Boletín de la Real Sociedad Geográfica, LXXI (1931), pp. 254-264.

El vascuence en el valle de Ojacastro (Rioja Alta), Madrid: Sociedad Geográfica Nacional, 1936.

«Notas sobre la necrópolis de Bilibio (Haro)», Archivo Español de Arqueología, XIX (1946), pp. 358-359.

«La Real Sociedad Riojana de los Amigos del País», BRSBAP, II (1946), pp. 76-84.

Biografía de Fr. Martín Sarmiento de Ojacastro, O. F. M., Madrid: España Misionera, 1947.

«La desaparecida iglesia de Sondica», BRSBAP, III (1947), pp. 525-528.

«El Puente de Piedra de Logroño», Berceo, 13 (1949), pp. 605-610.

El folklore en el valle de Ojacastro. Con tradiciones y detalles de la vida rural de los pueblos de Ojacastro, Ezcaray, Valgañón, Zorraquín, Santurde y Santurdejo, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 1949.

«Las pinturas románicas de la ermita de la Ascensión en La Rioja», Archivo Español de Arte, 92 (1950), pp. 347-350.

«Labor de la Comisión de Monumentos de La Rioja desde que fueron creadas el año 1845 hasta nuestros días», Berceo, 14 (1950), pp. 25-52; 15 (1950), pp. 327-356.

«Bilbao y Vizcaya vistos por un viajero a mediados del siglo XIX», BRSBAP, VII (1951), pp. 49-53.

«La ermita de la Ascensión en Ojacastro y sus pinturas románicas», Berceo, 18 (1951), pp. 81-89.

«El románico en el Valle de Ojacastro. Que comprende los pueblos de Ezcaray, Zorraquín, Valgañón, Ojacastro, Santurde y Santurdejo», Berceo, 19 (1951), pp. 273-288.

«La Venus de Herramélluri», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LX (1954), p. 311.

«Molinos de viento en Vizcaya», BRSBAP, X (1954), pp. 51-55.

«La ventana románica de la Iglesia Parroquial de Barrica», BRSBAP, X (1954), pp. 351-354.

Apuntes para la historia de Guecho, Bilbao: Junta de Cultura de Vizcaya, 1958. 

Ordenanzas de Ojacastro (Rioja) (siglo XVI), Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, 1958.

«Los ángeles de la ermita de Allende, en Ezcaray», Archivo Español de Arte, XXXI, 123 (1958), pp. 247-251. Reprod. Madrid: Instituto Diego Velázquez, 1958.

«Un botánico riojano, el P. Isidoro Saracha», Berceo, 50 (1959), pp. 120-127.

«Nota sobre una necrópolis en el barrio de Nuza: Ojacastro (Logroño)», en, J. (coord.), Problemas de la Prehistoria y de la Etnología vascas, Pamplona: Institución Príncipe de Viana ,1966, pp. 173-176.

«Informe sobre la iglesia parroquial de Ezcaray», Berceo, 78 (1968), pp. 99-103.

«Cómo se creó la provincia de Logroño en el año 1833», Berceo, 80 (1968), pp. 279-283.

El Río Oja y su comarca, Logroño: Diputación Provincial, 1968.

«Cartas de don Cipriano Palafox Portocarreño, conde de Montijo. Notas de su época», Hispania. Revista Española de Historia, 32 (1972), pp. 653-668.

«La Real Sociedad Riojana de los Amigos del País», Berceo, 82 (1972), pp. 7-14.

«Los Señores de Vizcaya, Gobernadores de Nájera y Rioja», Edad Media y señoríos. El Señorío de Vizcaya, Bilbao: Diputación Provincial, 1972, pp. 27-33.

«El riojano Fr. Domingo de Silos Moreno, Obispo de Cádiz», Berceo, 84 (1973), pp. 120-125.

Artífices vascos en La Rioja. Ensayo histórico de una gran emigración, Bilbao: Publicaciones de la Junta de Cultura de Vizcaya, 1976.

«De arqueología riojana», Berceo, 93 (1977), pp. 259-285.

La lengua vasca en La Rioja y Burgos. Con un estudio lingüístico de la toponimia del Valle de Ojacastro (Rioja Alta) y un apéndice sobre el Vasco-­iberismo, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 1978 (3.ª ed.).

«Un descendiente de la Torre alavesa de Mariaca pasa a vivir a Ojacastro a fines del siglo XV», BRSBAP, XXXV (1979), pp. 45-56.


Bibliografía

ARANA MARTIJA, J. A., «José Juan Bautista Merino Urrutia (1886-1982)», Euskera, 27 (1982), pp. 721-724.

CIRIQUIAIN GAIZTARRO, M., «Biografía de Fr. Martín Sarmiento de Ojacastro. Reseña bibliográfica», BRSBAP, IV (1948), p. 554.

LIZUNDIA, J. L., «En memoria del amigo Juan Bautista Merino Urrutia. Ilustre investigador vasco-riojanista», 20 de mayo de 1982. En línea: http://www.errioxa.com/3_personajes/4_1_varios/merino_urrutia.htm#memoria (consultado el 26 de mayo de 2022).

MERINO SÁNCHEZ, R., «Homenaje a José Juan Bautista Merino Urrutia en Logroño», 23 de mayo de 2002. En línea: http://www.errioxa.com/3_personajes/4_1_varios/merino_urrutia.htm#hijo (consultado el 26 de mayo de 2022).

ZUAZAGOITIA, J.  de,  «Prólogo», en MERINO  URRUTIA, J. J. B., Apuntes para la historia de Guecho, Bilbao: Junta de Cultura de Vizcaya, 1958, pp. 5-8.


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