Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras navarros

MENAHEM BEN AARON BEN ZERAH (Menahem ben Zerah) (Estella, Navarra, 1310 – Toledo, 1385).

Cargos y oficios

Rabino y codificador talmudista.

Trayectoria

Nació en Navarra, lo más probablemente, en Estella. Su padre, también rabino, era de los deportados de Francia por Felipe IV el Hermoso el año 5066 de la creación, año 1306 de la era cristiana. Los ben Zerah se establecieron en Estella, importante centro del Camino de Santiago, igual que lo habían hecho desde hacía siglos numerosos francos y judíos, por las perspectivas favorables que ofrecía la ciudad navarra. Menahem se casó a la edad de dieciséis años con una hija del rabino Benjamín Abitz que enseñaba Torá en Estella. Todo parecía discurrir de manera apacible para la familia, hasta que ocurrió un suceso luc­tuoso que truncó la marcha de la vida familiar: el incendio y la destrucción de la judería estellesa en el año 1328, el hecho más triste de la historia de Navarra en relación con los judíos. El propio Menahem describe detalladamente los suce­sos: «En el año 5088 de la creación la ira del Señor se inflamó contra su pueblo. Muerto el rey de Francia, que era a la vez rey de Navarra (Carlos el Calvo, 1 de febrero de 1328), las gentes del pueblo se alzaron y confabularon para destruir, matar y exterminar a todos los judíos de su reino». Los actos de vandalismo se cebaron de manera especial con los ben Zerah. «Entre los muertos cayeron juntamente, por la gloria de Dios, mi señor padre y maestro, mi madre y mis cuatro hermanos menores que yo» (Menahem no hace ninguna referencia a su esposa). De toda su familia únicamente se salvó él de forma prodigiosa: tuvo que permanecer desnudo hasta la medianoche, cuando llegó un caballero ami­go de su padre, quien lo liberó de entre los cadáveres, lo llevó a su casa y lo trató con gran misericordia. Una vez rehabilitado de sus heridas, tomó la decisión de marchar a Toledo para estudiar allí la Torá. Sin embargo, antes de cumplir su propósito, pasó dos años en Tudela estudiando bajo la inspección del famoso maestro y rabbi Yoshuá Shuaib. De Navarra pasó en 1331, a la edad de veintiún años, a Castilla, donde permaneció hasta el fin de sus días, sin retornar nunca más a su Navarra natal. Primero recaló en Alcalá y pasó allí un largo periodo de tiempo dedicado a los estudios rabínicos en compañía de Yosef ab-al Aish. Años después se trasladó a Toledo para continuar sus estudios bajo la dirección de Yehudá ben Yehiel. A la muerte de Ab-al Aish (1350), le ofrecieron ocupar el puesto de este como maestro de Torá en Alcalá, que conservó, al parecer, en paz y tranquilidad, durante un largo periodo. Pero la guerra civil castellana (1366-1369) entre Pedro I y su hermanastro Enrique II volvió a perturbar gra- vísimamente la vida del rabino estellés. Durante su estancia en Alcalá le tocó sufrir las durísimas consecuencias de la guerra: «La gente del pueblo depredó y saqueó la mayor parte de las comunidades de Sefarad. Israel quedó sumamente empobrecido. No hubo época como esta desde que llegaron expatriados hasta aquí». Y no fue menor la desgracia en el plano personal: «También yo quedé sin nada de cuanto poseía anteriormente. Me robaron, me saquearon, me gol­pearon, me hirieron y me despojaron hasta del manto que me cubría. No me quedó nada de mis pertenencias excepto los libros, la casa y la tierra». A la vista de semejante situación, un ilustre correligionario, don Manuel Abrabanel, que ocupaba un alto puesto en la corte de Enrique II, propuso a ben Zerah en el año 1369, trasladarse a Toledo para vivir bajo su protección. Allí permaneció el rabino navarro hasta su muerte en 1385, donde dirigió una escuela rabínica y ejerció como rabino en servicio de la comunidad toledana.

Dos son las facetas que más destacan en la rica biografía de Menahem ben Zerah, la de su vocación intelectual y la de su actividad docente. Las ansias de aprender y saber cada vez más sobre la Torá y las disciplinas rabínicas cons­tituyen el hilo conductor que da unidad a su existencia. Llama la atención su profunda formación intelectual que comienza en Estella, continúa en Tudela y llega a su culminación en Alcalá y Toledo. Menahem describe con notable detenimiento el currículum de su formación talmúdica y la categoría científica y humana de los maestros que tuvo la suerte de frecuentar. Junto al perfil de estudioso sobresale la faceta de docente. Entre los títulos enumerados en la inscripción de la lápida sepulcral hallada en Toledo se hace mención expresa del de maestro: «grande, maestro, eminente». La etapa magisterial representa la dedicación fundamental que abarca por completo el periodo de madurez de su biografía. El largo proceso de formación intelectual no podía menos de abo­car en el ejercicio de la docencia, iniciado en Alcalá el año 1351 y continuado en Toledo a partir de 1369, una vez acabada la guerra civil. El hecho de haber llegado a presidir una yesivá en Toledo, ciudad de tan alta tradición cultural durante todo el medievo y donde habían florecido maestros de tanto prestigio en la historia del judaísmo universal, constituye indudablemente un logro muy elevado a nivel personal.

Sin embargo, la faceta principal que sustenta la fama y perpetúa la me­moria de ben Zerah es la de escritor. Redactó su obra titulada Tzeda la-Derek (Provisión para el camino) en Toledo, según la opinión más probable en el año 1373, por tanto, en un estadio bastante avanzado de edad, a los sesenta y tres años. El libro pertenece al género literario halájico. Es una codificación de normas de conducta según la tradición ético-religiosa judía. Nace dentro del marco de la preocupación del judaísmo hispano del siglo xiv por recoger y recopilar las producciones de dicho género redactadas por intelectuales de las generaciones precedentes. Próximas en el tiempo, aunque algo anteriores, son las importantes codificaciones de Jerohan Meshullam, Toledot Adam we- Hawwah (Crónicas de Adán y Eva) y Arbaa Turim (Las cuatro filas) de Jacob ben Yehiel. Además de Tzeda la-Derek se atribuyen a ben Zerah las siguientes obras menores, conservadas solo en manuscritos y que, en realidad, son versiones abreviadas de obras clásicas conocidas: Hobot ha-Lebabot (Las obligaciones de los corazones), compendio de la obra del mismo título del filósofo y poeta Bahya ibn Pacuda (1040-1111); Hilkot Shebitat u. Bedaqa (Normas sobre in­molación y descuartizamiento de animales), compuesta por deseo de su amigo Yosef ben Israel; Menahem Avelim (Consolación de los lutos), extracto de la obra de Nahmánides (1194-1270); y Torat ha-Adam (La ley del hombre) sobre la muerte y el luto.

Los destinatarios de la obra de ben Zerah son, en primer lugar y principal­mente, los cortesanos y altos funcionarios judíos que, a causa de sus ocupacio­nes palaciegas y frecuentes viajes, descuidan el cumplimiento de los deberes re­ligiosos. También y, en segundo lugar, aquellos círculos de intelectuales judíos que minusvaloran las enseñanzas de la tradición propia y se dejan halagar por los encantos de la ciencia griega.

En Tzeda la-Derek se distinguen dos conjuntos perfectamente diferenciados: la sección introductoria y el cuerpo legal que constituye el núcleo central de la obra; de las 603 páginas que abarca el original hebreo según la edición de Fe­rrara de 1554, la introducción comprende únicamente 18 páginas. En la intro­ducción se desarrollan fundamentalmente tres puntos: a) una exposición de la cadena de la tradición judía que se extiende desde los orígenes de la revelación sinaítica hasta la aparición del libro de Menahem; b) el relato de la vida del autor y de los acontecimientos en que tuvo esta lugar, y c) la descripción de las características de la obra y la confrontación personal con la problemática e inquietudes contradictorias que se debatían entre los rectores e intelectuales de la actualidad judío-castellana, especialmente la toledana. La introducción es la sección más personal y literariamente más lograda, según reconoce el autor: «He escrito también un sabor delicado en capítulos introductorios que he ante­puesto a los capítulos legales». No es raro en la literatura rabínica anteponer a los tratados halájicos este tipo de introducciones más o menos elaboradas. La novedad reside en la aportación de datos autobiográficos, así como en la refe­rencia a acontecimientos políticos contemporáneos. Esto es una singularidad de ben Zerah.

Inmediatamente después de la introducción sigue la parte central de la obra propiamente dicha, que constituye un modelo destacado entre las codi­ficaciones halájicas españolas del siglo xiv, catalogada por los expertos entre las tres más importantes del género de la segunda mitad de dicho siglo. En ella desarrolla ben Zerah sus ideas personales sobre la ética judía basándose en la mejor tradición de la historia talmúdica. Pero no solo en el área de la tradición judía, los conocimientos de ben Zerah se hacen también patentes en otros sectores relacionados con las ciencias profanas, como medicina, psico­logía, astronomía y astrología. Se pronunció asimismo en cuanto a la creencia acerca de la venida del Mesías, sobre la que se habían hecho a lo largo de la historia complicados cálculos matemáticos. Menahem se aventuró a impli­carse personalmente en la cuestión. Llegó a la conclusión de que el Mesías llegaría el año 1403. La muerte en 1385 le ahorró la desilusión de constatar lo errado de sus cálculos.

Por lo que respecta a las fuentes de Tzeda la-Derek, Menahem no quiere arrogarse en absoluto méritos indebidos. A su edad y después de haber adqui­rido tan vastos conocimientos sería absurdo hacer gala de originalidad, inten­tando camuflar su entronque con rabinos y maestros que le precedieron. Y tanto más, tratándose de una obra del género halájico. Si bien no minimiza en modo alguno el valor y alcance de su obra, afirma, sin embargo, con toda honradez «no hay que alabarme a mí, sino a los sabios y autores que me han precedido, puesto que yo bebo de sus aguas, hablo por sus bocas y baso mi re­lato en sus libros». Entre los principales sabios de que es deudor, enumera los nombres de Maimónides, Nahmánides, Abraham ibn Ezra y de su contemporá­neo Isaac ben Israel. Se confiesa anclado en la tradición rabínica, seguidor de las huellas de ambos Talmudes, de los geonim, de los tosafistas y, en especial, de Aser ben Yehiel.

Menahem enuncia expresamente el contenido genérico y la división orde­nada de Tzedah la-Derek: «He dividido este libro […] en cinco partes (maama- rim): La primera parte trata de las oraciones y de las bendiciones, junto con sus razones, y de las leyes y temas relacionados con el amor de Dios […]. La segunda parte trata sobre lo prohibido y lo permitido, así como del personal que atiende al tabernáculo […]. La tercera parte se refiere a las leyes sobre las mujeres… La cuarta parte trata de las festividades, entre ellas Hanukká y Pu- rim […]. La quinta parte trata del ayuno, de las lamentaciones y de las normas sobre el luto». En la mayor parte de los temas que preocupaban a los pensa­dores judíos de la época pone de manifiesto un carácter tolerante y amable. Huye de las soluciones extremas y busca siempre la concordia, distanciándose siempre de todo fanatismo y de extremismos doctrinales que caracterizaban a amplios sectores judíos de la época. Resalta de manera particular su gran apertura de mente y comprensión teológica por definir la verdadera creencia religiosa, no a partir de manifestaciones externas, sino de coherencia entre creencias personales y cumplimiento de los deberes inherentes. «Todos los pueblos han sido creados igualmente a imagen divina». Llega incluso a acep­tar que un no judío, que siga la doctrina y los preceptos de su medio cultural, es superior a uno de los nuestros que no obedezca a las propias enseñanzas y mandamientos.

Obras

Tzeda la-Derek (= Provisión para el camino), Toledo, c. 1373. Primera edic. im­presa Ferrara, 1554. 

Trad. castellana de la primera parte: Rodríguez Ochoa, J. M.a, Menahem ben Zerah. Rabino estellés (1310-1385). Aproximación a una cultura que floreció en Sefarad, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2011.

Bibliografía

Freimann, A., «Menahem ben Zerach», Annuario di Studi Ebraici, 1 (1934), pp. 147-167.

Goñi Gaztambide, J., «La matanza de judíos en Navarra, en 1328», Hispania Sacra, 12 (1959), pp. 5-33.

Rodríguez Ochoa, J. M.a, Menahem ben Zerah. Rabino estellés (1310-1385). Aproxima­ción a una cultura que floreció en Sefarad, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2011.

Cita bibliográfica

 Rodríguez Ochoa, J.M., “Menahem Ben Aaron Ben Zerah», Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp.253-256.

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